Bilag 14.3

1
2
3

4

5
6
7

8
9
10

11
12
13
14
15
16
17

18
19
20
21
22
23

24
25
26
27
28
29

30
31
32
33
34
35
36
37
38
39

40
41
42
43

44
45
46

47
48
49
50
51

52
53
54
55
56
57
58
59

60
61
62
63
64
65
66
67
68

69
70
71
72
73
74

75
76
77
78
79
80

81
82

83
84
85
86
87
88

89
90
91
92

93
94
95
96
97

98
99
100
101
102
103
104

105
106
107

108
109
110
111
112

113
114
115
116

117
118
119
120

121
122
123
124

125
126
127
128
129

130
131
132
133
134
135

136
137
138
139
140
141

142
143
144
145

146
147
148
149
150

151
152
153
154
155

156
157
158
159
160
161
162
163

164
165
166
167
168

169
170
171

172
173
174
175

176
177
178
179
180

181
182
183
184

185
186

187
188

189
190
191
192
193
194

195
196
197
198
199
200

201
202
203

204
205
206
207
208

209
210
211
212
213
214
215
216

217

MENSAJE DEL EXCMO. SR. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
DR. ARNOLDO ALEMÁN, AL PRESENTAR EL CUARTO INFORME ANUAL
DE SU ADMINISTRACIÓN ANTE LA HONORABLE ASAMBLEA NACIONAL
1

Managua, 10 de enero del 2001

Con respecto y complacencia muy especial comparezco ante el más alto cuerpo colegiado de
la nación, a presentar el Cuarto Informe Anual de la Administración Pública que me honro en
presidir, dando así cumplimiento a lo dispuesto por la Constitución Política de la República.

Señoras y Señores Diputados: Ruégoles se sirvan aceptar mis saludos cordiales y fraternos,
junto a las expresiones de la más alta consideración de que sois
2 merecedores. Como dignos
representantes del pueblo nicaragüense.

El año 2000, recién concluido, objeto del presente Informe, además de señalar el inicio de
un nuevo siglo y milenio, marcó su huella en los registros de la aún muy joven historia de
nuestros procesos electorales. El hecho inédito de celebrar elecciones municipales en todo el
país, por separado de las presidenciales y de diputados, representó un paso firme e
irreversible en el tránsito de sistemas autoritarios y totalitarios, llamados de derecha y de
izquierda, afortunadamente dejados atrás, a planos democráticos superiores, sostenidos en
principios e instituciones propias de un Estado de derecho, justicia y libertades.

Es deber sagrado y responsabilidad de todos los nicaragüenses salvaguardar y consolidar
con el mayor empeño los logros alcanzados, conscientes de los sacrificios y costos
invaluables que han significado. Llegar a la democracia, con una paz estable y en el marco
de una gobernabilidad con pleno respecto a los derechos humanos y políticos, al igual que
con el irrestricto disfrute de las más amplias libertades ciudadanas, ha sido un camino arduo,
lleno de escollos, trampas y laberintos.

Con altos y bajos. Rectas y Curvas. Mantener el rumbo ha demandado mucha tolerancia,
firmeza y flexibilidad, afrontándose con entereza los elevados costos políticos que ello
significa a causa principalmente, entre otros, a erradas interpretaciones, desinformación y al
embate tendencioso de diversos intereses. Pero nosotros hemos extendido la visión más allá
del horizonte, actuando con realismo político y teniendo como meta el bien común y los
objetivos superiores de la Patria.

La construcción del edificio de la democracia y del complejo andamiaje de sus instituciones
es una tarea conjunta y solidaria. Muy delicada y difícil. Proyectándose para que bajo su
techo podamos tener mejores niveles de vida y de oportunidades, sin diferencias, privilegios
ni exclusiones. Para que todos podamos convivir en armonía, como en un gran complejo
habitacional en condominio. Sin embargo, sabemos que todavía no hemos alcanzado la
suficiente experiencia ni una sólida cultura de vida comunitaria y política. La estructura es
frágil y vulnerable, requiriendo de atención permanente. Todavía se acusan fallas y
debilidades sensitivas que tendremos que corregir, apuntalar o
modificar. Pero así vamos construyéndolo, poco a poco, procurando que
sea sobre bases sólidas y permanentes.

El que tan delicado evento electoral se haya realizado pacíficamente, dentro de un entorno
relativamente razonable, con fallas y deficiencias, aunque no de la mayor significancia,
corregibles como perfeccionables en numerosos aspectos, pero exento en lo general de
violencia, constituye una manifestación de plausible madurez cívica.

El índice de abstención calculado a niveles del orden del 10% redujo la más deseable
participación ciudadana. No obstante, el indicador pareciera considerarse relativamente
normal dentro de los parámetros internacionales para esta clase de eventos.

Los resultados modificaron algunos escenarios, sin alterar sustantivamente el peso global ni
las correlaciones de fuerza entre los dos principales partidos del país, que en conjunto
suman el 82 % de los votos válidos, continuando como primera fuerza política, tanto por el
número de municipios ganados como por la mayoría de votos obtenidos el actual partido PLC
en el Gobierno.

Es oportuno señalar que en estas elecciones participaron solamente cuatro partidos, que
llenaron los requisitos contemplados en las reformas a la Ley Electoral, que junto con las
reformas introducidas a nuestra Carta Magna por la Honorable Asamblea Nacional, entraron
en vigencia a principios del año 2000. Como referencia es oportuno recordar el número de
26 partidos y alianzas que concurrieron en 1996, sin incluir en esa exhorbitante
3 cantidad
otro universo adicional de participantes a través de suscripciones populares de carácter local.
El contraste entre el número de participantes en uno y otro proceso es muy significativo,
ajustándose al mundo de las realidades y de una verdadera representatividad.

Fueron cuestionables las pretensiones aisladas e irresponsables, con matices de amenazas y
llamados a la ruptura del orden que hicieron algunos sectores radicales. Al pretender
imponer por el terror, la violencia y la fuerza sus intereses partidarios o personalistas sobre
la voluntad popular. Afortunadamente la firmeza y tolerancia evitaron que el proceso se
saliese del cauce legal. Cualquier empañamiento que pudo haber ocurrido sería imputable
exclusivamente a dichos caracterizados elementos, agrupadas en unidades de aparente
nomenclatura paramilitar, que, bajo el pretexto de una supuesta "defensa del voto", en
diversas ocasiones reportadas, pretendieron "arrebatarlo no defenderlo", entorpeciendo el
normal funcionamiento de las Juntas Receptoras.

Imploro a Dios que jamás nos permita olvidar las lecciones aprendidas y las experiencias
vividas, en años no tan distantes, a fin de que nunca nos salgamos de la ruta del civismo y
la democracia, sin adjetivos, que es la única que nos permite llegar a crear un clima estable
de paz, tranquilidad y concordia, a fin de que podamos impulsar juntos un pleno y dinámico
desarrollo integral, teniendo a la persona humana como el objetivo fundamental de todos los
grandes esfuerzos y aspiraciones nacionales.

Llamados irresponsables a la intolerancia y la violencia, parecen haber quedado como
resabios extraviados en el laberinto de un tiempo irreversiblemente perdido. Habiendo aún
quienes anuncian amenazantes como fatídicos pregones su retorno al pasado. Con el puño
airado y gritando consignas de odio y revanchismo. Olvidan que todavía retumba el eco de
tanto dolor por los caminos, valles y montañas. Por las calles, veredas y cauces de ciudades,
pueblos, caseríos y barrios.

Nadie desea volver a escuchar esas voces siniestras y desfasadas que ya una vez empujaron
a nuestro pueblo a los más insondables abismos.

No podemos volver a ser engañados por falsos profetas, alucinantes espejismos, palabras
melosas, máscaras y cantos de sirena. Ya esos tiempos de tinieblas quedaron sepultados, sin
fe ni esperanzas de resurrección. Sin embargo, reconocemos que el mundo, los tiempos y
circunstancias han cambiado, pero, infortunadamente hay personas que siguen siendo las
mismas y que seguramente volverían a hacer lo mismo que hicieron en el pasado con el
país.

Solamente la unión patriótica de todas las fuerzas democráticas con memoria histórica y
visión del futuro, deponiendo diferencias e intereses partidistas y personalistas pueden
asegurar el que Nicaragua continúe, pese a sus tropiezos, avanzando en su proceso de
democratización, de los cambios sin violencia y de las profundas transformaciones.

Me he detenido en estas reflexiones al entrar en un año que será eminentemente político, al
celebrarse elecciones presidenciales y de diputados en el mes de noviembre. Ello marcará un
parteaguas en el devenir histórico y político de Nicaragua. La disyuntiva es: Si seguimos
Avanzando o si Retrocedemos. La decisión es de los que votan. En ellos está el destino de
Nicaragua.

Acabamos de salir de una elección para entrar casi inmediato en otro proceso electoral. Son
ejercicios agotadores, desgastantes y costosos, pero esenciales y fortalecedores de la
democracia. Desde ahora hago un ferviente llamado a la más efectiva participación de todos
los nicaragüenses, para que ejerzan su derecho al voto con plena conciencia de su
trascendencia, y que sepan y quieran defenderlo al costo que sea. Con energía y valor
ciudadano. Esa es el arma cívica más eficaz e insustituible. El primer gran reto es derrotar la
¡Abstención!

Desde sus inicios, el Gobierno enfatizó que su principal objetivo económico iba a
concentrarse en la lucha contra la pobreza y la generación de empleo productivo, en un
marco de estabilidad económica y de crecimiento sostenible.

Hoy, después de cuatro años de gestión gubernamental, con agrado podemos verificar el
cumplimiento en buena medida de estas grandes metas, las que han sido alcanzadas a pesar
de confrontar un entorno financiero internacional adverso, caracterizado por los
excesivamente altos precios del petróleo y los deprimentes bajos precios del café. A ello
habría de agregarse los devastadores y trágicos efectos del huracán Mitch.

Una sana conducción económica ha permitido al país mantener un ritmo de crecimiento
económico promedio del 5.4% anual, a la vez de haber generado 357 mil nuevos empleos
productivos. En tal forma la tasa de desempleo se redujo del 16.0% prevalecientes a fines
de 1996 al 8.5% en el año 2000.

También, las favorables condiciones económicas permitieron reducir la tasa de deslizamiento
anual del córdoba con respecto al dólar del 12% al 6% en 1999, lográndose una estabilidad
del tipo de cambio incuestionable. Por otro lado, la inflación se ha mantenido bajo control, y
en el año 2000 observaremos por tercer año una inflación por debajo de los dos dígitos.

Permítanme señalar igualmente estos otros indicadores: El gasto social público se
incrementó de US$244 a US$400 millones de dólares; La inversión pública pasó de US$345
a US$442 millones de dólares; ya la inversión privada y extranjera han resurgido,
observándose importantes proyectos privados en el sector residencial, turístico y energético.

Por otra parte, en el área de reformas estructurales, se ha recorrido un camino muy
accidentado pero con efectos positivos, al tener que cerrar bancos estatales, privatizar
empresas públicas, reorganizar el Estado, sanear las finanzas públicas y fortalecer al sistema
financiero. Todo ello ha facilitado el acceso a un financiamiento externo concesional, y a
conseguir alivios de deuda externa concedidos por el Club de París.

Durante el año objeto del presente Informe tuvo que enfrentarse la quiebra de bancos
privados, originada por prácticas financieras irresponsables como la clara apariencia delictiva
de directores y funcionarios de los mismos, que abusaron de la confianza que el público
había depositado en ellos. El Banco Central apoyó al sistema financiero para evitar daños y
efectos de incalculables consecuencias e incluso de su eventual colapsamiento, utilizando
casi US$150 millones de dólares para tal fin.

Las quiebras tan reprobables sucedieron a pesar de que el año pasado se fortalecieron las
leyes financieras encaminadas a aumentar la solidez y seguridad bancaria. Con decisiones
pragmáticas podemos decir que superamos esta crisis, y que estamos haciendo todos los
esfuerzos para que estos acontecimientos traumáticos y tan lamentables no vuelvan a
ocurrir, ni que sus responsables queden impunes al margen de la justicia, tras haber
lesionado severamente la confianza y credibilidad de los nicaragüenses. Es algo intolerable.

Las diversas acciones tomadas estuvieron enmarcadas dentro del Programa de Estabilización
y Ajuste Estructural (ESAF), acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Nicaragua
ha cumplido cabalmente, con admirable disciplina sus compromisos con los organismos
financieros internacionales, pese a los grandes costos y sacrificios que han representado.

Para volver a ser económicamente viables y tener un futuro con certidumbre y
oportunidades, insertarnos a la modernidad y dentro del inescapable proceso de la
globalización, tuvimos que sujetarnos al referido ESAF, como puerta obligada para accesar al
Programa "HIPC", de condonación sustancial de nuestros ingentes pasivos
externos.

Esa expectativa es lo único que justifica el uso de tan amarga y dolorosa "medicina". La
afrontamos con entereza y con visión de largo plazo. Cierto es, que aparentemente en la
demora de este prolongado proceso o agonía interminable de la espera han influido diversos
factores y coyunturas, unas de naturaleza no necesariamente económico-financieras, y otras
muy sui generis que han venido afortunadamente superándose

Hemos expresado en muchas ocasiones de que en la marcha del desarrollo hemos cometido
errores y omisiones; diferido o pospuesto obras y proyectos prioritarios; desatendido o no
dado las más prontas como mejores respuestas a tantas urgencias, carencias y necesidades.
Lo lamentamos con toda sinceridad. Nuestros exiguos recursos y limitaciones, junto al peso
abrumador de la deuda externa heredada, y de los inmensos costos impuestos por las
indemnizaciones a nacionales como a extranjeros, son parte medular de la respuesta.
Constituyen asfixiantes gravámenes provenientes del pasado, que nos anclan penosamente
en el mar de la pobreza, de la que vamos apenas tratando de salir gradualmente.

Finalmente estamos llegando a la cima, confiando en que los beneficios esperados habrán de
experimentarse al menos en su etapa inicial, en el curso de este año. Aunque
4 hemos
estado conscientes de que el programa del "HIPC" que nosotros hemos sembrado y abonado
con tanta disciplina, cuido y hasta estoicismo será ampliamente cosechado por el próximo
Gobierno, pero sus beneficiarios serán ¡todos los nicaragüenses! Eso es lo que cuenta.

Al iniciar el quinto y último año de mi Gobierno deseo refrendar mi total e irrenunciable
compromiso con la democracia, el Estado de derecho, el desarrollo económico con justicia
social y mi plena solidaridad con los campesinos y con los más pobres de mi pueblo.

Será mi mayor como más sentida prioridad, lo digo por convicción liberal, vocación
humanista y de todo ¡corazón! – el combatir con denuedo y sin descanso el terrible flagelo
del desempleo junto con las lacerantes carencias y dolencias insufribles, que infringe
despiadadamente la miseria a grandes sectores de nuestra sociedad.

En este recorrido de cuatro años, privilegiamos y continuaremos privilegiando la insustituible
estrategia cívica del diálogo para alcanzar un clima de paz y estabilidad, que nos permitiera
impulsar el progreso, dentro de parámetros razonables de convivencia y equidad, que sólo
pueden darse dentro de un Estado de derecho que propicie un mínimo esencial de
gobernabilidad.

Con orgullo y satisfacción proclamo que durante mi Gobierno liberal no ha habido ¡ni habrá
jamás! un sólo preso político, ni jamás se irrespetará ni limitará ni un sólo ápice la más
absoluta e irrestricta libertad de prensa, como tampoco dejarán de respetarse ¡ni por un sólo
instante! todas las libertades, derechos humanos y ciudadanos de los nicaragüenses.

Dije y repito que sin gobernabilidad no es factible librar con éxito una lucha frontal contra la
pobreza, ni fundamentar las bases de un desarrollo sostenible.

Igualmente hago propicia esta solemne ocasión para reafirmar mi preferencia por ¡las obras
y no las palabras o promesas! Años de inmovilismo, apatía y abandono hemos dejado atrás.

Priorizamos en una primera etapa los sectores estratégicos de la infraestructura básica,
tanto física como institucional. Ha demandado tiempo y muchos esfuerzos el ir rompiendo
barreras, esquemas mentales y actividades pasivas y fatalistas, opuestas al cambio y al
progreso. Pero ahora, los cambios y progresos son ¡evidentes! Nicaragua no es la misma
que recibimos en 1997. Y seguiremos cambiando y avanzando incansablemente hasta el
último día de mi mandato constitucional.

Al igual que en los tres años anteriores de mi administración, hemos procurado con especial
esmero y en correspondencia al más elevado respeto y consideración al Poder Legislativo de
la Nación, que el documento que contiene en forma extensa y en detalle las principales
obras, acciones y actividades realizadas durante el cuarto año de mi mandato constitucional
a cargo del Poder Ejecutivo de Nicaragua, se encuentre oportunamente en manos de todos
los miembros de esta alta Representación Nacional.

En la última etapa de la jornada pretendemos afianzar las instituciones y acrecentar la
participación de la sociedad civil y de los ciudadanos en los procesos y decisiones básicos en
la vida nacional.

Para que corrijamos y afinemos juntos los rumbos, restaurando o reparando las grietas o
fisuras que puedan haberse producido o provocado involuntariamente en celeridad de la
marcha social. En los roces y fricciones. Por las oposiciones y resistencias. Por los vacíos,
flujos y reflujos. Altas y bajas. Por los vientos, mareas y turbulencias del quehacer político y
de las sanas como duras luchas cívicas por el poder público de la Nación.

Señoras y Señores Diputados ante esta Honorable Asamblea Nacional, foro máximo de la
República: En presencia de ustedes y del pueblo nicaragüense pido al Señor de las Naciones,
que nos guíe e ilumine en este difícil año de contienda electoral que estamos iniciando,
dándonos sabiduría, fortaleza, tolerancia, cordura y prudencia, para que continuemos sin
tropiezos por el camino cívico de la democracia que retomamos en 1990, para no volver
jamás al pasado, para seguir conviviendo y progresando juntos, en paz y armonía, sin dar
pasos para atrás, y respetándonos entre nosotros mismos, como hijos que somos de una
misma ¡Patria!

Que Dios Bendiga a Nicaragua

Hosted by www.Geocities.ws

1