MENSAJE DEL EXCMO. SR. PRESIDENTE DE LA
REPÚBLICA,
DR. ARNOLDO ALEMÁN, AL PRESENTAR EL CUARTO INFORME ANUAL
DE SU ADMINISTRACIÓN ANTE LA HONORABLE ASAMBLEA NACIONAL1Managua, 10 de enero del 2001
Con respecto y
complacencia muy especial comparezco ante el más alto
cuerpo colegiado de
la nación, a presentar el Cuarto Informe Anual de la
Administración Pública que me honro en
presidir, dando así cumplimiento a lo dispuesto por la
Constitución Política de la República.
Señoras y Señores
Diputados: Ruégoles se sirvan aceptar mis saludos
cordiales y fraternos,
junto a las expresiones de la más alta consideración de
que sois2
merecedores. Como dignos
representantes del pueblo nicaragüense.
El año 2000, recién
concluido, objeto del presente Informe, además de señalar
el inicio de
un nuevo siglo y milenio, marcó su huella en los
registros de la aún muy joven historia de
nuestros procesos electorales. El hecho inédito de
celebrar elecciones municipales en todo el
país, por separado de las presidenciales y de diputados,
representó un paso firme e
irreversible en el tránsito de sistemas autoritarios y
totalitarios, llamados de derecha y de
izquierda, afortunadamente dejados atrás, a planos
democráticos superiores, sostenidos en
principios e instituciones propias de un Estado de
derecho, justicia y libertades.
Es deber sagrado y
responsabilidad de todos los nicaragüenses salvaguardar
y consolidar
con el mayor empeño los logros alcanzados, conscientes
de los sacrificios y costos
invaluables que han significado. Llegar a la democracia,
con una paz estable y en el marco
de una gobernabilidad con pleno respecto a los derechos
humanos y políticos, al igual que
con el irrestricto disfrute de las más amplias
libertades ciudadanas, ha sido un camino arduo,
lleno de escollos, trampas y laberintos.
Con altos y bajos.
Rectas y Curvas. Mantener el rumbo ha demandado mucha
tolerancia,
firmeza y flexibilidad, afrontándose con entereza los
elevados costos políticos que ello
significa a causa principalmente, entre otros, a erradas
interpretaciones, desinformación y al
embate tendencioso de diversos intereses. Pero nosotros
hemos extendido la visión más allá
del horizonte, actuando con realismo político y teniendo
como meta el bien común y los
objetivos superiores de la Patria.
La construcción del
edificio de la democracia y del complejo andamiaje de sus
instituciones
es una tarea conjunta y solidaria. Muy delicada y difícil.
Proyectándose para que bajo su
techo podamos tener mejores niveles de vida y de
oportunidades, sin diferencias, privilegios
ni exclusiones. Para que todos podamos convivir en armonía,
como en un gran complejo
habitacional en condominio. Sin embargo, sabemos que
todavía no hemos alcanzado la
suficiente experiencia ni una sólida cultura de vida
comunitaria y política. La estructura es
frágil y vulnerable, requiriendo de atención permanente.
Todavía se acusan fallas y
debilidades sensitivas que tendremos que corregir,
apuntalar o
modificar. Pero así vamos construyéndolo, poco a poco,
procurando que
sea sobre bases sólidas y permanentes.
El que tan delicado
evento electoral se haya realizado pacíficamente, dentro
de un entorno
relativamente razonable, con fallas y deficiencias,
aunque no de la mayor significancia,
corregibles como perfeccionables en numerosos aspectos,
pero exento en lo general de
violencia, constituye una manifestación de plausible
madurez cívica.
El índice de abstención
calculado a niveles del orden del 10% redujo la más
deseable
participación ciudadana. No obstante, el indicador
pareciera considerarse relativamente
normal dentro de los parámetros internacionales para
esta clase de eventos.
Los resultados
modificaron algunos escenarios, sin alterar
sustantivamente el peso global ni
las correlaciones de fuerza entre los dos principales
partidos del país, que en conjunto
suman el 82 % de los votos válidos, continuando como
primera fuerza política, tanto por el
número de municipios ganados como por la mayoría de
votos obtenidos el actual partido PLC
en el Gobierno.
Es oportuno señalar que
en estas elecciones participaron solamente cuatro
partidos, que
llenaron los requisitos contemplados en las reformas a la
Ley Electoral, que junto con las
reformas introducidas a nuestra Carta Magna por la
Honorable Asamblea Nacional, entraron
en vigencia a principios del año 2000. Como referencia
es oportuno recordar el número de
26 partidos y alianzas que concurrieron en 1996, sin
incluir en esa exhorbitante3 cantidad
otro universo adicional de participantes a través de
suscripciones populares de carácter local.
El contraste entre el número de participantes en uno y
otro proceso es muy significativo,
ajustándose al mundo de las realidades y de una
verdadera representatividad.
Fueron cuestionables las
pretensiones aisladas e irresponsables, con matices de
amenazas y
llamados a la ruptura del orden que hicieron algunos
sectores radicales. Al pretender
imponer por el terror, la violencia y la fuerza sus
intereses partidarios o personalistas sobre
la voluntad popular. Afortunadamente la firmeza y
tolerancia evitaron que el proceso se
saliese del cauce legal. Cualquier empañamiento que pudo
haber ocurrido sería imputable
exclusivamente a dichos caracterizados elementos,
agrupadas en unidades de aparente
nomenclatura paramilitar, que, bajo el pretexto de una
supuesta "defensa del voto", en
diversas ocasiones reportadas, pretendieron "arrebatarlo
no defenderlo", entorpeciendo el
normal funcionamiento de las Juntas Receptoras.
Imploro a Dios que jamás
nos permita olvidar las lecciones aprendidas y las
experiencias
vividas, en años no tan distantes, a fin de que nunca
nos salgamos de la ruta del civismo y
la democracia, sin adjetivos, que es la única que nos
permite llegar a crear un clima estable
de paz, tranquilidad y concordia, a fin de que podamos
impulsar juntos un pleno y dinámico
desarrollo integral, teniendo a la persona humana como el
objetivo fundamental de todos los
grandes esfuerzos y aspiraciones nacionales.
Llamados irresponsables
a la intolerancia y la violencia, parecen haber quedado
como
resabios extraviados en el laberinto de un tiempo
irreversiblemente perdido. Habiendo aún
quienes anuncian amenazantes como fatídicos pregones su
retorno al pasado. Con el puño
airado y gritando consignas de odio y revanchismo.
Olvidan que todavía retumba el eco de
tanto dolor por los caminos, valles y montañas. Por las
calles, veredas y cauces de ciudades,
pueblos, caseríos y barrios.
Nadie desea volver a
escuchar esas voces siniestras y desfasadas que ya una
vez empujaron
a nuestro pueblo a los más insondables abismos.
No podemos volver a ser
engañados por falsos profetas, alucinantes espejismos,
palabras
melosas, máscaras y cantos de sirena. Ya esos tiempos de
tinieblas quedaron sepultados, sin
fe ni esperanzas de resurrección. Sin embargo,
reconocemos que el mundo, los tiempos y
circunstancias han cambiado, pero, infortunadamente hay
personas que siguen siendo las
mismas y que seguramente volverían a hacer lo mismo que
hicieron en el pasado con el
país.
Solamente la unión
patriótica de todas las fuerzas democráticas con
memoria histórica y
visión del futuro, deponiendo diferencias e intereses
partidistas y personalistas pueden
asegurar el que Nicaragua continúe, pese a sus
tropiezos, avanzando en su proceso de
democratización, de los cambios sin violencia y de las
profundas transformaciones.
Me he detenido en estas
reflexiones al entrar en un año que será eminentemente
político, al
celebrarse elecciones presidenciales y de diputados en el
mes de noviembre. Ello marcará un
parteaguas en el devenir histórico y político de
Nicaragua. La disyuntiva es: Si seguimos
Avanzando o si Retrocedemos. La decisión es de los que
votan. En ellos está el destino de
Nicaragua.
Acabamos de salir de una
elección para entrar casi inmediato en otro proceso
electoral. Son
ejercicios agotadores, desgastantes y costosos, pero
esenciales y fortalecedores de la
democracia. Desde ahora hago un ferviente llamado a la más
efectiva participación de todos
los nicaragüenses, para que ejerzan su derecho al voto
con plena conciencia de su
trascendencia, y que sepan y quieran defenderlo al costo
que sea. Con energía y valor
ciudadano. Esa es el arma cívica más eficaz e
insustituible. El primer gran reto es derrotar la
¡Abstención!
Desde sus inicios, el
Gobierno enfatizó que su principal objetivo económico
iba a
concentrarse en la lucha contra la pobreza y la generación
de empleo productivo, en un
marco de estabilidad económica y de crecimiento
sostenible.
Hoy, después de cuatro
años de gestión gubernamental, con agrado podemos
verificar el
cumplimiento en buena medida de estas grandes metas, las
que han sido alcanzadas a pesar
de confrontar un entorno financiero internacional
adverso, caracterizado por los
excesivamente altos precios del petróleo y los
deprimentes bajos precios del café. A ello
habría de agregarse los devastadores y trágicos efectos
del huracán Mitch.
Una sana conducción
económica ha permitido al país mantener un ritmo de
crecimiento
económico promedio del 5.4% anual, a la vez de haber
generado 357 mil nuevos empleos
productivos. En tal forma la tasa de desempleo se redujo
del 16.0% prevalecientes a fines
de 1996 al 8.5% en el año 2000.
También, las favorables
condiciones económicas permitieron reducir la tasa de
deslizamiento
anual del córdoba con respecto al dólar del 12% al 6%
en 1999, lográndose una estabilidad
del tipo de cambio incuestionable. Por otro lado, la
inflación se ha mantenido bajo control, y
en el año 2000 observaremos por tercer año una inflación
por debajo de los dos dígitos.
Permítanme señalar
igualmente estos otros indicadores: El gasto social público
se
incrementó de US$244 a US$400 millones de dólares; La
inversión pública pasó de US$345
a US$442 millones de dólares; ya la inversión privada y
extranjera han resurgido,
observándose importantes proyectos privados en el sector
residencial, turístico y energético.
Por otra parte, en el área
de reformas estructurales, se ha recorrido un camino muy
accidentado pero con efectos positivos, al tener que
cerrar bancos estatales, privatizar
empresas públicas, reorganizar el Estado, sanear las
finanzas públicas y fortalecer al sistema
financiero. Todo ello ha facilitado el acceso a un
financiamiento externo concesional, y a
conseguir alivios de deuda externa concedidos por el Club
de París.
Durante el año objeto
del presente Informe tuvo que enfrentarse la quiebra de
bancos
privados, originada por prácticas financieras
irresponsables como la clara apariencia delictiva
de directores y funcionarios de los mismos, que abusaron
de la confianza que el público
había depositado en ellos. El Banco Central apoyó al
sistema financiero para evitar daños y
efectos de incalculables consecuencias e incluso de su
eventual colapsamiento, utilizando
casi US$150 millones de dólares para tal fin.
Las quiebras tan
reprobables sucedieron a pesar de que el año pasado se
fortalecieron las
leyes financieras encaminadas a aumentar la solidez y
seguridad bancaria. Con decisiones
pragmáticas podemos decir que superamos esta crisis, y
que estamos haciendo todos los
esfuerzos para que estos acontecimientos traumáticos y
tan lamentables no vuelvan a
ocurrir, ni que sus responsables queden impunes al margen
de la justicia, tras haber
lesionado severamente la confianza y credibilidad de los
nicaragüenses. Es algo intolerable.
Las diversas acciones
tomadas estuvieron enmarcadas dentro del Programa de
Estabilización
y Ajuste Estructural (ESAF), acordado con el Fondo
Monetario Internacional (FMI). Nicaragua
ha cumplido cabalmente, con admirable disciplina sus
compromisos con los organismos
financieros internacionales, pese a los grandes costos y
sacrificios que han representado.
Para volver a ser económicamente
viables y tener un futuro con certidumbre y
oportunidades, insertarnos a la modernidad y dentro del
inescapable proceso de la
globalización, tuvimos que sujetarnos al referido ESAF,
como puerta obligada para accesar al
Programa "HIPC", de condonación sustancial de
nuestros ingentes pasivos
externos.
Esa expectativa es lo único
que justifica el uso de tan amarga y dolorosa "medicina".
La
afrontamos con entereza y con visión de largo plazo.
Cierto es, que aparentemente en la
demora de este prolongado proceso o agonía interminable
de la espera han influido diversos
factores y coyunturas, unas de naturaleza no
necesariamente económico-financieras, y otras
muy sui generis que han venido afortunadamente superándose
Hemos expresado en
muchas ocasiones de que en la marcha del desarrollo hemos
cometido
errores y omisiones; diferido o pospuesto obras y
proyectos prioritarios; desatendido o no
dado las más prontas como mejores respuestas a tantas
urgencias, carencias y necesidades.
Lo lamentamos con toda sinceridad. Nuestros exiguos
recursos y limitaciones, junto al peso
abrumador de la deuda externa heredada, y de los inmensos
costos impuestos por las
indemnizaciones a nacionales como a extranjeros, son
parte medular de la respuesta.
Constituyen asfixiantes gravámenes provenientes del
pasado, que nos anclan penosamente
en el mar de la pobreza, de la que vamos apenas tratando
de salir gradualmente.
Finalmente estamos
llegando a la cima, confiando en que los beneficios
esperados habrán de
experimentarse al menos en su etapa inicial, en el curso
de este año. Aunque4 hemos
estado conscientes de que el programa del "HIPC"
que nosotros hemos sembrado y abonado
con tanta disciplina, cuido y hasta estoicismo será
ampliamente cosechado por el próximo
Gobierno, pero sus beneficiarios serán ¡todos los
nicaragüenses! Eso es lo que cuenta.
Al iniciar el quinto y
último año de mi Gobierno deseo refrendar mi total e
irrenunciable
compromiso con la democracia, el Estado de derecho, el
desarrollo económico con justicia
social y mi plena solidaridad con los campesinos y con
los más pobres de mi pueblo.
Será mi mayor como más
sentida prioridad, lo digo por convicción liberal,
vocación
humanista y de todo ¡corazón! el combatir con
denuedo y sin descanso el terrible flagelo
del desempleo junto con las lacerantes carencias y
dolencias insufribles, que infringe
despiadadamente la miseria a grandes sectores de nuestra
sociedad.
En este recorrido de
cuatro años, privilegiamos y continuaremos privilegiando
la insustituible
estrategia cívica del diálogo para alcanzar un clima de
paz y estabilidad, que nos permitiera
impulsar el progreso, dentro de parámetros razonables de
convivencia y equidad, que sólo
pueden darse dentro de un Estado de derecho que propicie
un mínimo esencial de
gobernabilidad.
Con orgullo y satisfacción
proclamo que durante mi Gobierno liberal no ha habido ¡ni
habrá
jamás! un sólo preso político, ni jamás se irrespetará
ni limitará ni un sólo ápice la más
absoluta e irrestricta libertad de prensa, como tampoco
dejarán de respetarse ¡ni por un sólo
instante! todas las libertades, derechos humanos y
ciudadanos de los nicaragüenses.
Dije y repito que sin
gobernabilidad no es factible librar con éxito una lucha
frontal contra la
pobreza, ni fundamentar las bases de un desarrollo
sostenible.
Igualmente hago propicia
esta solemne ocasión para reafirmar mi preferencia por
¡las obras
y no las palabras o promesas! Años de inmovilismo, apatía
y abandono hemos dejado atrás.
Priorizamos en una
primera etapa los sectores estratégicos de la
infraestructura básica,
tanto física como institucional. Ha demandado tiempo y
muchos esfuerzos el ir rompiendo
barreras, esquemas mentales y actividades pasivas y
fatalistas, opuestas al cambio y al
progreso. Pero ahora, los cambios y progresos son ¡evidentes!
Nicaragua no es la misma
que recibimos en 1997. Y seguiremos cambiando y avanzando
incansablemente hasta el
último día de mi mandato constitucional.
Al igual que en los tres
años anteriores de mi administración, hemos procurado
con especial
esmero y en correspondencia al más elevado respeto y
consideración al Poder Legislativo de
la Nación, que el documento que contiene en forma
extensa y en detalle las principales
obras, acciones y actividades realizadas durante el
cuarto año de mi mandato constitucional
a cargo del Poder Ejecutivo de Nicaragua, se encuentre
oportunamente en manos de todos
los miembros de esta alta Representación Nacional.
En la última etapa de
la jornada pretendemos afianzar las instituciones y
acrecentar la
participación de la sociedad civil y de los ciudadanos
en los procesos y decisiones básicos en
la vida nacional.
Para que corrijamos y
afinemos juntos los rumbos, restaurando o reparando las
grietas o
fisuras que puedan haberse producido o provocado
involuntariamente en celeridad de la
marcha social. En los roces y fricciones. Por las
oposiciones y resistencias. Por los vacíos,
flujos y reflujos. Altas y bajas. Por los vientos, mareas
y turbulencias del quehacer político y
de las sanas como duras luchas cívicas por el poder público
de la Nación.
Señoras y Señores
Diputados ante esta Honorable Asamblea Nacional, foro máximo
de la
República: En presencia de ustedes y del pueblo nicaragüense
pido al Señor de las Naciones,
que nos guíe e ilumine en este difícil año de
contienda electoral que estamos iniciando,
dándonos sabiduría, fortaleza, tolerancia, cordura y
prudencia, para que continuemos sin
tropiezos por el camino cívico de la democracia que
retomamos en 1990, para no volver
jamás al pasado, para seguir conviviendo y progresando
juntos, en paz y armonía, sin dar
pasos para atrás, y respetándonos entre nosotros
mismos, como hijos que somos de una
misma ¡Patria!
Que Dios Bendiga a
Nicaragua
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