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La Madre Nazaria Ignacia nació el 10 de enero de 1889, en Madrid-España.
Fue la cuarta hija (melliza) de 11
hermanos. A la edad de 9 años hizo la Primera
Comunión y fue entonces cuando sintió la primera llamada del Señor:
“Tú
Nazaria, sígueme”. A la que Nazaria repondió: “Te
seguiré, Jesús, lo más cerca que pueda una humana criatura”.
Pasando los años, esta llamada se hacía más fuerte, al mismo tiempo
que Nazaria quería ser libre, vivir y gozar de su juventud. No obstante,
fue generosa y dijo ¡Sí!
La
familia pasó serias dificultades económicas y Nazaria Ignacia, solidaria
con los suyos, buscó modos de ayuda aún a costa de su propia humillación. Por
motivos económicos, la familia, March Mesa, tuvo que trasladarse
a México. En el mismo barco en que viajaban, iba también un grupo
de Hermanitas de los Ancianos Desamparados, coincidencia que posteriormente
la determinó a ingresar con ellas en
1908.
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Regresa a España para iniciar su Noviciado y en 1912 es destinada
junto con 9 compañeras, para una fundación en Oruro-Bolivia. Durante más
de 12 años formó parte de la comunidad de Hermanitas, dedicada con todo
fervor a las obras de caridad propias de su Instituto, estando al cuidado
inmediato de los ancianos, viendo en ellos los miembros doloridos del
cuerpo de Cristo. Salió también a recorrer otras ciudades, pueblos y minas
postulando limosnas para sus ancianitos. Allí de manera especial, sintió que “la mies era
mucha y pocos los operarios” (Lc. 10,2); que el clamor de los
pobres subía al cielo y esperaba una respuesta comprometida.
En
los Ejercicios Espirituales de
San Ignacio de Loyola, en el año 1920, en la meditación del Reino,
ve plasmados sus ideales de trabajar
con todas su fuerzas por la unión y extensión del Reino de Cristo, comprendiendo
que sola poco podía hacer, sintió inmensos deseos de agrupar a otras personas
“Bajo el
estandarte de la Cruz”, concibiendo la Congregación religiosa
como “una cruzada
de amor en torno a la Iglesia”.
En
1920, acompañando a la Religiosas del Buen Pastor que buscaban casa para
fundar en Oruro, llegó al Beaterio de las Nazarenas (antigua propiedad
de los jesuitas, expatriados en 1767), sintió gran repugnancia interior
y deseos de salir pronto, por su aspecto de miserable abandono. Allí en el templo, sintió que Jesús Nazareno
le decía: “Nazaria,
tú serás fundadora y esta casa tu primer convento”. Durante unos años más, luchó contra sus ansias de dar la vida por
la predicación del Evangelio y su particular intuición del misterio de
la Iglesia, la fue guiando hasta formar una nueva familia eclesial.

Las circunstancias históricas y ambientales del nacimiento en Bolivia
de nuevas iglesias locales con escasez de sacerdotes y ausencia de Congregaciones
religiosas nativas; la presencia de sectas enfrentadas con la Iglesia
Católica y, la dura realidad económica, política y social del país, la
motivaron a dar una respuesta audaz.

Mons. Antezana, primer Obispo de Oruro; Mons. Sieffert, Obispo de la Paz
y Mons. Cortesi, Internuncio Apostólico en Bolivia, vieron en todo ello,
la acción del Espíritu y alentándola, apoyaron
este nuevo brote de vida en la Iglesia.

El 16 de junio de 1925, Nazaria sale de las Hermanitas, para iniciar
en el Beaterio la fundación de la nueva Congregación, con un capital de
40 centavos entregados por la ex-abadesa de las Nazarenas. Diez
jóvenes bolivianas de distintos lugares fueron sus primeras compañeras.
Con ellas se iniciaron las primeras obras misionales en las minas: Uncía
entre otras; en el campo: Toledo, Condo, Challapata y Poopó.

El 12 de febrero de 1927, se declara erigida canónicamente la Congregación
religiosa diocesana de las Hermanas
Misioneras de la Cruzada Pontificia, “hija primeriza, tierna, legítima
de la Iglesia boliviana”, en palabras del Obispo, Mons. Antezana.
El 8 de junio de 1935, la Congregación
recibe el Decreto laudatorio y así ésta, pasa a ser de Derecho Pontificio.
El día 9 de junio de 1947, el Instituto
recibió la aprobación definitiva de las Constituciones y el nombre de
Misioneras Cruzadas de la Iglesia,
ya muerta Nazaria Ignacia.
Según las Constituciones,
escritas por la Madre Nazaria Ignacia, “El Instituto de las Misioneras
de la Cruzada Pontificia, tiende
a realizar la acción social de la mujer, con la mayor perfección posible
y tiene por fin especial la difusión del catecismo entre niños y adultos
y quiere como distintivo característico suyo, ser
reconocido por su particular unión con el Santo Padre”
La
Madre dirá también: “Que
en amar, obedecer y cooperar con la Iglesia en su obra de predicar el
Evangelio a toda criatura, está nuestra vida, el ser lo que somos”.
“Este es nuestro
espíritu: guerrero, fiel, nada de cobardías, todos amores, amor sobre
todo a Cristo y en Cristo a todos.
Repartirse entre los pobres, animar a los tristes, dar la mano a los caídos;
enseñar a los hijos del pueblo, partir su pan con ellos, en fin, dar toda
su vida, su ser entero por Cristo, la Iglesia y las almas”
Y es así como, en fidelidad
a su iglesia, a su pueblo y a su tiempo, las “pontificias”, con el carisma,
impulso y vida de la M. Nazaria Ignacia, atendían en Oruro a niñas abandonadas,
visitan a los presos, catequizaban en las parroquias y en los cuarteles,
preparaban las visitas pastorales en las minas y en los campos. Buscaban la promoción de
la mujer, a través de la profesionalización y la defensa de
sus derechos, con la fundación, en Bolivia, del primer “Sindicato de obreras” de América
latina. “Liga católica de Damas
Bolivianas” que tenia por fin el mejoramiento religioso, moral, cultural
y económico de la sociedad boliviana, especialmente de las clases pobres
y obreras. Con publicaciones que ayudaban a que
ocupen su lugar en la sociedad y en la Iglesia.
El
10 de diciembre de 1938, fundó en Buenos Aires, Argentina una Asociación de señoritas con el
nombre de “Margaritas Pontificias
del Pilar” su fin era formarse para trabajar después en la Acción
Católica. Y otras muchas, largo
de describir, Talleres
y Escuelas para niñas pobres del pueblo… que tenían el mismo fin,
la promoción de la mujer. Para ayudar a los obreros y desempleados, se quitaban de su
propio pan, mendigaban para ellos, organizaban Asociaciones, “Comedores populares”, “Ollas del Pobre” donde, además
del alimento, se buscaba junto con ellos, solución a sus problemas.
Su preocupación por
los últimos y no atendidos, la llevó a crear el
“Hogar de pobres” que atendían a pobres
desamparados que tocaban ya al fin de sus vidas; niñas paralíticas, dementes
y ciegas abandonadas de todo auxilio; ancianitas inhábiles, defectuosas
y ciegas, que necesitaban toda clase de ayuda para seguir subsistiendo
los cortos días que le quedaban en la tierra. Los
más desechados encuentran
cariñosa acogida en él. Entre otras de sus preocupaciones destaca, los jóvenes y la unión de las familias,
a los que dedicó, ella y las primeras hermanas, gran esfuerzo. También
la unidad de los cristianos,
llegando la Madre a pedir a todas sus religiosas que pidieran y trabajaran
para que haya: “Un solo rebaño y un solo Pastor”

Durante los 10 primeros años, la Congregación
estaba presente en: Bolivia, Argentina, España y Uruguay.
En
Bolivia estaban presentes: En Cochabamba, La Paz, Potosí, y Santa
Cruz, realizaban y ampliaban su labor, respondiendo a circunstancias
concretas. En tiempos de guerra dejaron sus conventos para atender los
“Hospitales de sangre” y, después, a los huérfanos de guerra, a quienes
consideraban miembros de su propia familia. Nazaria Ignacia muere en Buenos Aires-Argentina el 6 de julio de
1943, dejando gran fama de santidad. Sus restos son trasladados a la casa
Matriz de Oruro (Bolivia), según su deseo, el 18 de junio de 1972.

La Conferencia Episcopal boliviana,
las Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia y el Pueblo de Bolivia,
pidieron a S.S. Juan Pablo II, que la M. Nazaria Ignacia sea reconocida
en su santidad y mostrada al pueblo de Dios como ejemplo posible de imitación
e inspiración, para los jóvenes, familias y evangelizadores. Fue Beatificada
por S.S. Juan Pablo II en Roma, el 27 de Septiembre de 1992 y proclamada
su fiesta el 6 de julio de
cada año.
El
Sr. Nuncio de S.S. Giovanni Tonucci, se expresaba así al anunciar oficialmente
al pueblo de Bolivia su Beatificación: “No dudo de que este primer fruto
de santidad en tierras bolivianas abrirá el camino a tantas otras almas
para seguir el ejemplo de la Madre Nazaria, VERDADERA PROFETA DE LA NUEVA
EVANGELIZACIÓN”.
María
Luisa Calero, mci
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Para mayor información y consulta pueden dirigirse a:
Hna.
Maria Luisa Calero, mci
Email: [email protected]
Psje Los Leones 272, San Martín de Porres
Lima 31 - PERÚ
Hna. Cristina Ventura, mci
Email: [email protected]
C/ Madre Nazaria, 3 (Casa General)
28044 Madrid – ESPAÑA
René Cueto, feni
Email: [email protected]
Calle S. Galvarro Nº 1764 (Casa de la Fundación)
Oruro - BOLIVIA
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