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Debo poner algo aquí para dar alguna información personal que complete lo escrito, ya que cada quién es parte de lo que hace. En primer lugar debo decir que fui formado y educado por una mujer campesina criada y formada en Sombrerete, Zacatecaz y desarrollada en la Comarca Lagunera, así que mi carácter se orienta más bien a ser lebrón. Aunque soy capaz de aguantar grandes encierros cuando hay por qué, en general busco andar libre y sin rienda. Mi formación campesina incluyó una fuerte dosis de amor propio avalado en historias y leyendas de inciertas grandezas familiares que desde luego no coincidían con nuestra pobreza en la Comarca, la cual l legó a ser extrema. Los zapatos solo nos los poníamos cuando íbamos a la escuela y cuando salíamos al centro y en alguna ocasión más; comíamos sopa, frijoles, chile y tres tortillas que nosotros mismos torteábamos (después de cocer el maíz e irlo a moler). Aún así, cuando llegué a México me decían mis maestros de oficio que el hambre me tiraba pero que el orgullo me levantaba. Debió ser aquello algo notorio, al grado que aún me dicen que soy un tanto despreciativo. La verdad es que si lo soy, pero solo con los pendejos con iniciativa, con el resto de la creación incluso suelo ser adorable.
Fuera de esa formación y mi marcada tendencia hacia los espacios abiertos y la luz (que me hicieron trabajar para el gobierno de Salinas con tal de construirme una casa aluzada y más o menos espaciosa) no parece haber otro dato interesante en mi vida personal que arroje luz sobre mi propensión al autonomismo.
Tengo la misma percepción lagunera de que los intelectuales son pendejos con iniciativa o pendejetes que creen que merecen más de lo que tienen, por ello si me quieren ofender solo insinúen que soy intelectual o algo cercano a ello. En lo personal me descreo de tal percepción ya que es como darme de patadas en el trasero porque mucho de lo que hago es intelectual y aunque no lo quiera me filia con los gusanetes referidos. En todo caso creo que si hasta los ladrones y prostitutas me parecen respetables, por qué no me lo habrían de parecer los intelectuales que al fin y al cabo son raterillos asustadizos, saqueadores de los erarios públicos o prostitutas de ocasión vendidas al poderoso en turno.
Decía mi abuela María Gutiérrez que la necesidad tiene cara de hereje, de ahí que he acabado por hacer cosas que me parecen un tanto infames o de dudosa legitimidad. Por ejemplo eso de trabajar para el gobierno de Salinas fue infame, me consolaba pensando que algún día iba a renunciar y que yo era un infiltrado de la izquierda en las meras entrañas del sistema. En efecto, un día me salí del CISEN y me fui de carpintero (yo era ebanista desde los 17 años en que me graduaron de maestro casquero), no me gustaba la carpintería, pero me eche a los palos quizá como especie de manda por andar juntándome con ojetes.
En el CISEN fui jefe de planeación de inteligencia y ahí pude ver el teje maneje del país y de como pequeñas bandas son las que nos gobiernan, en tanto que otras pequeñas bandas andan disputando el hueso (guerrilleros, grupos de políticos, religiosos, mercanchifles, industriales y toda una cáfila de ratas que se disputan el saqueo que se hace de la población mediante los impuestos). Dentro de esas bandas se cuela uno que otro iluso que propone cosas de a deveras en beneficio del país, pero solamente son utilizados y rara vez les hacen caso. Eso vale para este inicio del XXI y para el último tercio del XX, y es lo que debería cambiar.
Me tuve que meter a trabajar al CISEN porque cuando me regresé de la Comarca no tenía trabajo. Me le pegué a uno que en ese entonces se decía mi amigo, el me ayudó a trabajar en la UNAM y me echó la mano para entrar a gobernación. Después fue mi subordinado y no le gustó, por lo que terminó sin considerarme su amigo. El era guerrillero de los de la 23 de septiembre pero acabó olvidándose de esa etapa de su vida y se echó en brazos del sistema, ahora es un funcionario universitario con un futuro promisorio.
De mi paso por el gobierno aparte de la casa y el taller que puse para sacar de comer, saqué también resentimientos, mismos que no me acabo de quitar. No era para menos, yo, un tipo listo, que era reconocido por compañeros y jefes pero a la hora de repartir los huesos, los lambiscones, los amigos y los parientes eran los que ganaban. Cosas del sistema que cuesta trabajo aceptar y que son las que amenazan con desestabilizarlo, ya que eso mismo se reproduce en todo nivel, desde la izquierda a la derecha pasando por las ultras.
Mis cargos de conciencia en gobernación no eran pocos, ya que había sido militante convencido de un grupo clandestino no guerrillero identificado por su órgano informativo como "La Mecha", en el cual estaban Rogelio Vizcaíno y algunos otros que hay andan en El partido naranja. El grupo era escisión de otro llamado "Voz Proletaria" que a su vez era escisión de la Liga Espartaquista, así que yo pertenecía a una izquierda de abolengo desde mis veintiún años. Cuando dejé al grupo seguí dando guerra, inventamos la movilización en una clínica del IMSS (la 76) pero un grupillo de ultras infiltrados nos echó a perder todo, querían mangonear, ser dirigentes a guevo. Lo que les sobraba de deseo protagónico les faltaba de seso.
Después de lo del IMSS, en donde inventamos la Coordinadora y "democratizamos" a la clínica 76, me dedique a estudiar, primero en la escuela de física y matemáticas del poli y después en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (aquí si terminé). En la ENAH me tocó vivir el marxismo más absurdo y religioso. Vi desfilar a ultrillas que acabaron en Gobernación. En el CISEN, una militante convencidísima en la ENAH, decía: "Ser marxista a los 24 es una necesidad, pero serlo después de los treinta es una pendejada". Así acababan los marxistas, por eso abandoné al marxismo.
En el CISEN viví de cerca el fraude de Salinas y me entretuve ahí unos cuatro años, que sumados a los casi dos que me la pasé en mi tierra, mas los de estudio, me tuvieron alejado de la militancia como siete años. Saliendo de Gobernación me enrolé en una investigación antropológica en la Huasteca y luego en el PRD, traía ya algunas ideas sobre autonomía, me había impresionado el Maknovismo y se me fijó la idea de que por ahí era la cosa. Estando en la Huasteca nos enteramos del alzamiento del EZLN, poco estuve ya ahí. Nuestro jefe García Percástegui que según él fue luchador social, se la pasaba mendigando empleo en el FONAES, eso y el alzamiento zapatista me convencieron de regresarme a México. Debo aclarar que ese convencimiento no era tal, lo digo así porque así resultó después, pero tal convencimiento en mi se manifiesta de manera no pensada, es como la cabra que tiende al monte, no porque esté convencida de irse, sino solamente porque se va.
En México me conecté al PRD, en ese tiempo éramos unos cuantos perredistas en Xochimilco, y entre esos pocos nos repartíamos el trabajo. Por ejemplo, otro compañero y yo, junto con mi familia, nos encargábamos de la montaña, y así de uno o de a dos nos tocaban grupos de bariios y pueblos enteros.
Cuando ganó Cárdenas el DF, ganamos nosotros todo en Xochimilco y ahí empezó la debacle del partido, el poder lo corrompió.
Llegó la ola del zapatismo a Xochimilco y algunos perredistas y otros independientes formamos la CND local y por ahí anduvimos reuniéndonos más de un año. Nunca sacamos nada claro salvo la fecha de próxima reunión. Yo les insistía en que intentáramos algo distinto a la pura grilla, les proponía que si no había una mejor propuesta pusiésemos un taller para hacer muebles o cosas de madera para iniciar alguna producción comunitaria (aprovechando que yo era ebanista y que tenía mi propio taller en donde ejercía de dueño, maestro, vendedor, almacenista, etc.). Algunos dieron jalón e hicimos tablitas de picar para el día de las madres que una compañera maestra vendió en su escuela. No pasó de ahí, pero como yo insistiera en que había que invitar a todo mundo para armar una organización de proyectos múltiples, en donde el que entrara se comprometiera con alguno o con el suyo propio, acabaron expulsándome los zapatistas "puros" cuando ya éramos la ridícula cantidad de 5 militantes en activo.
En el PRD los militantes viejos y los no tanto fuimos relegados por los nuevos amos. Todavía le hice la lucha como asesor de Yola Torres, amiga íntima de Bejarano, pero ahí me trataban como acarreador de votos. Tuve que salir por mi propio pie. Dejé una nota a Yola con solo dos frases, una regresándole su palabra de compadrazgo y la otra renunciando. Algunas notas de mi paso como asesor de Yola están en la sección de política . Ya ahí quería yo intentar algo distinto a cachar votos, pero no se pudo.
Me fui entonces con otros bejaranistas, Juan González y el ahora Delegado Faustino Soto, pero ellos solo estaban interesados en los huesos al igual que Yola, me mandaron a despachar a un estanquillo (bueno, casi). Pagué una deuda que tenía y renuncié.
Dejépor la paz al PRD y le hice la lucha por el MTS, el cual fundammos y nada, no pegó. Esperé pacientemente por la otra campaña y lo que resultó fue un grupo de activistas movidos por el activismo puro al ritmo de qui-ta-te-tu pa ponerme-yo.
Para este 2006 veré por donde soplan los vientos, aunque ya sin mucha esperanza. En este show de mamarrachos dan ganas de irse mejor al desierto, al cabo que allá nací.

22 de mayo de 2006

 

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Actualización al 22 de mayo de 2006

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