DEL POST-PENSAMIENTO

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Notas sobre el ser y el espectáculo

- Se hablaba de revolución porque el modo de producción industrial dominaba toda la vida y por tanto todo debía ser revolucionario.
- Ahora todo es una mera actuación, de ahí las generaciones "X", las apatías, las indiferencias. Todo es actuado, cada quien busca su lugar en el gran espectáculo. Ya no es necesario el cambio perpetuo pese a que por inercia el cambio se de. Ahora basta con saber la parte del papel que se tiene en la obra.
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No se actua por perversidad o por algún afan de fingir. Es solamente un modo de ser, una conducta colectiva de la modernidad. ¿De que manera apaciguar la ansiedad de sentir la ligereza de lo sustancioso? Imposible resultar indiferente ante la vista de un desierto poblado por esa suerte de enrarecimiento de la raza que puebla el planeta. Ante el desconcierto el nihilismo resulta impracticable.
- Se juzga con criterios pertenecientes a otras épocas, pero en todo caso, la gran tarea es darnos cuenta de que todo es un espectáculo.
- Procedemos así porque nos hacemos de algún modo de aprehensión en virtud de lo limitada que resulta nuestra capacidad de procesamiento de información. Antes se jugó al amo, al dios o al cambio perpetuo como ahora se juega al espectáculo.
- Nos formamos referentes de realidad para poder circular por la vida. Una vez creados esos referentes de realidad, nos resulta imposible deshacernos de ellos. Lo normal es enredarnos en la telaraña de las redes neuronales que nos resultaron de topezar con la vida.
- Nuestros referentes todo lo permean, son el tamiz por donde pasan todas nuestras percepciones y el punto de comparación bueno para todo.
- Cuando no contamos con el mismo referente de realidad que los demás, simplemente nos volvemos lo otro, el otro, el virtualmente inexistente. Ni percibimos ni somos percibidos. Deambulamos torpemente por la vida, perplejos, sin saber que decir, como comportarnos o como actuar ante las cosas más insignificantes de la vida. Nos Pasa lo que a los indígenas recién llegados a las ciudades.
- Cuando no compartimos los mismos referentes resultamos ofensivos, estorbosos e incómodos para los otros. Somos entonces una verdadera peste.
- Cuando pasamos por genios, resulta que tenemos algunos referentes de más para juzgar a la realidad y para vivirla. Pero seguimos siendo lastimeramente limitados.

 

 


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Actualización al 15 de mayo de 2006

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