DEL POST-PENSAMIENTO

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La asunción de la vida en México

Por estas tierras los motores principales de la vida son : la intensidad, la precisión y el sentimiento(o lo que es lo mismo: las motivaciones, la inteligencia y ...lo demás).

   La intensidad nos viene con la herencia genética, la cual se refuerza a lo largo de nuestra vida con la conformación de la personalidad y la conducta.

   La precisión es el detalle, el mapa del escenario de la existencia o de sus escenarios posibles. La precisión ocurre con el pensamiento, operada por la conciencia a través del conocimiento. Es lo que llamamos la inteligencia.

   El sentimiento es lo que ayuda a decidir por donde corre la existencia. El sentimiento es la interacción de múltiples funciones cerebrales como la intuición, la premonición, la representación y otras poco conocidas o aún desconocidas pero no menos sentidas.  

   Cada uno de estos tres motores son capaces de dominar la vida de forma independiente, por lo que aislados, suelen aparecer como el espejo de la vida misma o incluso, como la mismísima existencia.

   Por ejemplo cuando alguien se refiere a “la realidad”, no habla de sus propias capacidades perceptivas, sino que parte de que todo mundo percibe lo mismo que el (o ella). Acto seguido, es capaz de "demostrar" que lo que el (o ella) percibe es lo real. En ese instante subordina la inteligencia a su instinto y a su formación sicológica, a la vez que pone en segundo plano al sentimiento. De hecho, ni la inteligencia ni el sentimiento dejan de operar, pero cuando la intensidad toma el mando de la vida ella misma pretende ser más inteligente que el pensamiento y más eficiente que el sentimiento.

   Un caso más dramático aún lo tenemos en el impulso sexual que llega a dominar la existencia toda. Cuando la intensidad toma el mando, el mundo tiembla, todo se vuelve unidimensional se transita entonces en una sola y única dirección.

   Igual ocurre con el pensamiento, que se pretende omnipotente, omnisciente y omnisapiente (aunque sólo sea como aspiración, en perspectiva). Con el pensamiento como rasgo dominante se entra en los azares de la estupidez, del perpetuo tropiezo y el "mañana lo alcanzo". La vida es entonces un cúmulo de propósitos.

   Cuando se impone el sentimiento o este ocurre como factor dominante de la vida, el drama es de otra naturaleza, se entra entonces en un mundo obnubilado, se es presa de los azares de un destino fatal.

   Los nahuas afirmaban que había que construirse un rostro para no dejar que los instintos dominaran. Hablaban que lo único que valía la pena en esta vida eran los cantos y las flores, de esa manera atajaban al pensamiento. Cultivando la inteligencia y normando su conducta equilibraban al sentimiento puliendo con ello a los tres factores de la existencia.

  Debemos a la intensidad la identidad, pese a que la inteligencia se empeña en ser la autora ante la indiferencia del sentimiento. En efecto, pretendemos pasar por la conciencia lo que somos, ahí fijarlo y conservarlo, pero lo único que logramos es alimentar a las conductas instintivas o estereotipadas. La intensidad define quienes somos y lo hace a veces ante nuestro disgusto.

   Podemos entrar al estado nihilista más absoluto pero nunca nos abandonarán nuestros instintos o conductas. Aunque hayamos abandonado la gana por la vida, respiramos. Aunque hayamos perdido el hambre sabemos caminar, hablar y mover el cuerpo y en efecto, caminamos en vez de reptar, hablamos en vez de balbucear o gruñir y movemos el cuerpo en vez de inmovilizarlo.

   Cuando no sabemos que hacer, el instinto se encarga de nuestra vida, la conducta la norma. Podemos ir contra conductas e instintos, como el caso de las anoréxicas, pero incluso ahí el instinto es referencia: hay que olvidar el hambre.

   Cuando conseguimos anular algunos instintos y conductas entramos a la dispersión, a la veleidad de las inteligencia que descubre verdades contradictorias a cada instante o entramos a la fatalidad del destino que nos depara el sentimiento.

   La intensidad es el ancla de la vida, es la pasión, la felicidad, el dolor y todo lo que nos hace sentir vivos.

   La intensidad es el alfa y el omega de la vida, el argamasa del sentimiento y la inteligencia.

   Pero si bien es cierto que la intensidad es punto de llegada y salida, ella sola se diluye, se vacía en un mero impulso. A su vez, tomados por separado, el pensamiento y el sentimiento discurren en la monotonía del cosmos, en la inanidad del todo.

    La inteligencia se ocupa del detalle de la vida: que cual camino es el más corto, que cual viga resiste más, que como obtener agua a partir de los elementos que la componen, etc., etc. La inteligencia acorta caminos, es la que aporta los tabiques de las construcciones de la vida, por ello en su delirio suele creer que es la vida misma.

   Los filósofos nunca creen en la parcialidad de lo que dicen, sino que pretenden estar construyendo verdades atemporales, aculturales e inhumanas. Los escritos filosóficos llegan a parecerse a colecciones de chistes de mal gusto cuando siempre debieran ser el software de la inteligencia.

   El más difícil de tocar de los tres componentes de la vida es quizá el sentimiento, no tanto por complejo sino por olvidado. Es difícil de tocar por su naturaleza tan distinta a la del instinto y a la del pensamiento. Además su dificultad se acentúa por ser producto de la interacción de varias expresiones de la actividad cerebral (intuiciones, representaciones, premoniciones, ideaciones, etc.), lo cual hace más complejo el asunto. De hecho, es tramposo no deslindar esas otros productos cerebrales, pero se tiene tan poca información al respecto que se no hacerse así es imposible decir algo al respecto. No obstante en otros lados toco o tocaré esos pendientes.

   El sentimiento es inaprensible e inexpresable por la inteligencia, si bien  ésta es capaz de tratar aisladamente (mediante su método intrínseco: el analítico) algunos de sus aspectos. Por consiguiente el sentimiento escapa al lenguaje y entra si acaso en los terrenos del habla.

   El sentimiento es interacción, desglose, devenir. Es la vida en acto. Para poder “hablar” del sentimiento hay que dejar de utilizar la lengua. Los hechos, el roce humano, el trabajo, la borrachera, la diversión, etc., etc. son los que “hablan” de él. Jose Alfredo Jimenez en su desesperación por retratar al sentimiento en sus canciones decía "como puedo pagar que me quieran a mi y a todas mis canciones..." De hecho nunca lo retrató pero si lo trasmitió.

   Aparte del habla, los otros referentes del sentimiento son las artes. Particularmente la poesía y la literatura en general son el referente en el lado de la lengua,  como la pintura lo es del lado de la representación. Pero no es necesario instalarse en el arte para entrar a los dominios del sentimiento, basta vivir para estar en él. Vale la referencia porque el arte se ha significado por ser uno de las caminos más fáciles para instalarse en la representación y el ridículo, cuando aquella se hace predominante en la vida a costa del instinto y la inteligencia.

   Otro de los elementos que intervienen en el sentimiento, es la premonición, cuya predominancia en la vida nos lleva a la superstición al catastrofismo y finalmente a la estupidez. De forma similar la intuición nos lleva al infierno de la desconfianza y la insidia, y la ideación nos instala en la fatuidad de la existencia.

   La intensidad se anida en el cuerpo, el pensamiento en el éter y el sentimiento en la vida.  No quiere decir esto que la intensidad y el pensamiento sean ajenos a la vida, al contrario, ellos junto con el sentimiento son la vida. Es sólo que la vida no siente ni piensa.

   Hablar de instintos, sensaciones, percepciones o conductas es hablar de un cuerpo material. Hablar de pensamiento es hablar de nada, es el éter reflejado en la materia y el cuerpo. Mientras que la vida sólo lo es en acto, por ello la casa del sentimiento está en el acto, precisamente entre el antes del acto y  sus consecuencias. Pero como ello es necesariamente un diferencial, entonces el sentimiento está en la vida.

   El cuerpo, la nada y el movimiento (como cosa sola, única), justo la sustancia de la vida, justo la vida misma.

22 de diciembre del 2000
El amanecer de los nuevos tiempos
Jorge Luis A. Muñoz Hdz.

 

 


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