CUENTOS

a portada
Portada > Cuentos > Chalma
...


CHALMA

 

Ver pasar gente, gente y más gente. No era divertido pero ahí estaba. Por él no hubiera ido, pero pensaba que le convenía, era su tarea escolar. Estaba en medio de una romería, la música estallaba por dondequiera y había mariachis, norteños y gente comiendo, bebiendo y sonriendo en plena calle sin un solo policía que se escandalizara. De hecho no había visto policía alguno.
Se fue adentrando al bullicio, vio el curado de tuna y lo quiso probar, era dulce, era bueno, lo bebió como miró se lo bebían algunos, de un solo tirón. Comenzó a animarse.
A su lado un señor saboreaba su pulque, sin pensarlo mucho lo saludó, el hombre alzó su vaso como brindando, ambos sonrieron abriendo el camino de las preguntas.

  • Yo voy a cumplir mi manda señor, a nada más. Uno no camina tanto por gusto. Yo vengo desde Tlahuac cada año… cada año. Pero no se hace largo, no duele, ora si que uno ni siente el cansancio; cuando hay una manda que pagar la gratitud es lo primero.

 

  • Una manda es un favor, una deuda. Yo le pedí a mi santito que aliviara a mi mujer, estaba mala de su pierna, en el hospital ni nos ayudaban, pero se alivió; ahora ya ni le duele cuando camina, por eso estoy aquí.

El hombre bebió un largo sorbo, todavía mirando dentro de su vaso continuó.

  • Mi santito es bueno conmigo, mi santito no me deja solo nunca. Es el santo de toda mi familia, de mis padres y mis abuelitos, en paz descansen. San Antonio… San Antonio nunca nos falla. En la casa siempre tiene su veladora prendida y todos los años venimos.

 

  • Ahora venimos mis hermanos y yo, antes venía mi mamá, ella traía comida, traía ollas y cazuelas llenas de comida que ella misma cocinaba, las cargábamos todos y llegando a Chalma comíamos los que veníamos en la procesión aunque no fueran de la familia.

El muchacho creyó oportuno preguntar, animado por la confianza que el hombre le daba.

  • No, eso no se cobra muchacho, no es por negocio, todos somos sirvientes y deudores de nuestros santitos. Todos. Y todos tenemos que ayudarnos. ¿Si no quién?

 

  • Yo lo hago por gratitud joven, lo hago porque quiero y porque me gusta, el dolor de mis piernas es nada en contra del favor que me hizo San Antonio. Imagínese qué diría si llego a Chalma en un camión, no se sentiría contento, no le daría las gracias, sería una falta de respeto. En camión nunca.

Tuvo la clara sensación de lo inoportuno de su pregunta. Intentó corregir interesándose por el camino.

  • Siempre nos vamos por aquí, es la ruta que nos sabemos y es por donde están los guías. Toda la carretera hasta el Ajusco y de ahí cruzamos el cerro. Se llega muy rápido. Imagínese la vuelta por el otro lado, no llegaríamos muchacho.

 

La charla siguió, el muchacho estaba ya hipnotizado, entonces oyó la música.

  • Eso es además muchacho, es diferente, qué haríamos ocho horas sin música, sin una cervecita. Hasta sirve para agarrar fuerzas y hacernos corto el camino. Cargar es cansado y luego con la boca seca… ¡No muchacho!

 

  • Ya tiene mucho, me acuerdo que la primera vez que vine era el novenario de mi bisabuela, dios la tenga en su gloria, veníamos tristes y llorosos, pero si viera el contento que se siente llegar, usted también regresaría, ya hacen quince años, quince años.

Se quedó ahí, parado. Miraba el río de gente que bajaba como descendiendo de alguna época remota. El hombre se despidió, lo invitó a unirse a su familia, para que comiera, para que los viera y para que viera a sus santos. Farfulló algo, se disculpó y transitó el camino de sus ensueños camino a su realidad. Siempre recordó que vio otro mundo, aunque nunca supo decir cuál.

 


a portada

CONTACTO
logoMail
[email protected]

Actualización al 15 de mayo de 2006

Hosted by www.Geocities.ws

1