Atrapado
Caí no se cómo por estos lados, aquí en donde parece que ni el mar existe. Es como estar en el seno materno, nada pasa, todo esta calientito y hasta ganas dan de dormirse. Claro, no se puede dormir, solamente se puede uno dejar llevar por el tiempo, arrullarse con el adormecimiento del cuerpo, de la cabeza y de los ojos. Aquí no sopla el viento, ni hace frío. Tampoco hay pleitos, todos hablan suavecito y como si fueran locutores de alguna radio. Cuando hablan se desean puras cosas buenas, se mandan besos por teléfono y se dicen “cariño”. Siempre se ponen amablemente a tus órdenes.
Hace mucho que anduve en lugares parecidos pero ya hasta se me había olvidado porque anduve de carpintero como diez años. No es lo mismo, de carpintero hasta las manos se te hacen duras y rasposas, te cansas y no como aquí que te cansas de no cansarte.
Le pienso y no se como caí aquí.
Yo no fui pide y pide prestado a todos los parientes y conocidos. Yo solo pedí una vez y hasta eso, pedí poquito pero no lo pude pagar como tenía pensado.
Me hago a la idea de que ando de mojado, que ando en otras tierras y con gentes que no conozco. Igual que los mojados voy a guardar lo más que pueda para mandárselo a mi familia para que pueda pagar la deuda.
No se cuanto tiempo voy a estar aquí, ojalá que de tanto no verme, no acaben olvidándose de que soy yó. No vaya a ser que después ya ni me respeten o que ya ni me entiendan de tanto verme tan poquito. Es que no hace falta que te mueras para que te vayas de la cabeza de tu gente. Como que te vas apagando, haciéndote chiquito rebotando aquí y allá en la cabeza de tus hijos, de tu mujer y de tus amigos hasta que terminas arrumbado en algún rincón de sus recuerdos. Y no es que te hayas ido, sino que es como si no estuvieras, como si fueras un cachivache dejado por ahí. Te empiezas a parecer a la gente de estos lugares que están ahí como si no estuvieran, que quien sabe como le hacen para ponerse grises en medio de tanta luz, porque aquí ni los nublados se notan.
Yo se a que vine pero no se que hago aquí, este no es mi lugar. No me hallo, no porque este a disgusto, no, si hasta café hay. Es como si estuviera en medio de una plática que no se entiende, pero que se está ahí, atento a cosas que entre más se alegan menos se entienden.
Me salgo tempranito y llego ya noche cuando todos están dormidos. Mi mujer es la única que me espera y la que me despide por las mañanas. Ella es la que les cuenta a mis hijos que yo todavía ando por ahí, ella es la que no deja que yo sea un cachivache que quién sabe de donde sale los sábados y los domingos. Hasta esos días se pusieron grises cuando entré aquí.
Yo quiero que sea un sueño, de esos sueños que te llegan solos a fastidiarte y que cuando te despiertas ya no están ahí. O tal vez sea solo que estoy purgando algo que debo, algún pecado que de viejo se me olvidó. Por eso me estoy pellizcando para despertar del sueño, para que mi jefe no vea que me estoy durmiendo.