ARTE Y DISEÑO

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ENSAYO SOBRE LA PERCEPCIÓN DEL DISEÑO

Contenido
Introducción
Aportes prehispánicos
Aportes Coloniales
México Independiente
Aportes de la Etapa Revolucionaria
El México Contemporáneo
Identidad, Percepción y Diseño

Introducción
El diseño dista mucho de ser una composición de color, forma o textura, todo trabajo de diseño va más allá de él mismo. El diseño debe insertarse en primer lugar en su tiempo y a partir de él en todos los tiempos o en un tiempo de espera como sucede a menudo con las obras de arte vanguardistas. En segundo lugar se inserta en la percepción particular del autor y de quienes lo perciben y, en tercer lugar, se monta sobre las olas de la moda, que surgen de las campañas publicitarias, de las tragedias públicas o publicitadas o del  mero azar.

Pero quizá ese más allá del diseño se representa mejor en la historia y la cultura humanas. Cada tiempo es la suma de todos los tiempos: los tiempos que ya se fueron pero que se quedaron grabados en los cuerpos y en las cosas; los tiempos que vendrán con toda y su incierta certeza. Cada tiempo es, incluso, la propia vaguedad de su presente, se pierde en él y en él se expresa; a veces de manera confusa, a veces de forma contundente y clara.
Al inscribirse el diseño en su tiempo, ser hijo de su tiempo, lo es también de la historia de ese tiempo o, para ser más precisos, del devenir de ese tiempo. El diseño es esencialmente duración, en la más pura acepción Bergsoniana. La manera en que se produce y expresa el diseño, corresponde con la cultura; la cual no es otra cosa que la historia humanizada. La historia es el devenir no humano de la circunstancia del hombre, expresada en y con lo inerte, lo animal, lo vegetal y lo etéreo. La cultura es la humanización de esa circunstancia. La historia es el que y el cómo, la cultura el modo de expresión de ese que y como. La historia es una especie de objeto, la cultura el estilo de ese objeto, es la envolvente del suceso. En tal sentido todo estilo en el diseño tiene su historia, toda escuela de diseño también. Importa pues conocer la historia en que se inscribe un estilo o una escuela de diseño, importa para conocer la evolución de la cultura en que se inscriben estilos y escuelas.
Hurgar en la historia y en la cultura para fines de composición en el diseño, es imprimir una orientación a la creatividad pero sobre todo, es dotar de eficacia al diseño, es elevar la posibilidad de éxito del diseño en su doble tarea de expresar y comunicar. Un estilo, una escuela de diseño para instalarse en el devenir deben ubicarse a la sombra de un pueblo, de una cultura y por definición, de una historia, tal es la enseñanza que nos brindaron los muralistas mexicanos.
Pero el albergue de un estilo o una escuela en un pueblo no es asunto teorético, sino que es un asunto de enraizamiento en la carne del mismo pueblo que lo sustenta. De eso se han encargado de ilustrarnos las neurociencias. Así pues, la percepción del diseño se realiza a partir de la historia particular del perceptor individual o colectivo. La percepción del diseño a partir del equipamiento humano es una mera colección más o  menos amorfa e impulsos, el sentido de esa percepción lo posibilita la carga histórico-cultural. Por ello, los estudios generales del diseño debieran tratarse como planteados desde la perspectiva que los produce, rescatando los elementos histórico-sociales particulares y separándolos de los que son propios del equipamiento humano, tal como la capacidad perceptual, la respuesta instintiva a determinados estímulos, etc.
De ese modo, cuando aquí referimos la percepción del diseño, hablamos de las redes neuronales que cada particular cultura preforma en los cerebros de sus individuos [1] ; hablamos de la percepción que nos resulta inmediata de acuerdo a nuestro equipamiento neuronal; hablamos de la forma particular de percepción que posibilita nuestra propia historia y en fin, hablamos de los elementos que participan en la percepción que ocurre en México.
De ninguna manera debe desprenderse de lo anterior que se intenta rescatar una visión provinciana propia de miradas etnocéntricas, tan de moda en el planeta. En realidad el planteamiento es bastante más simple: se parte de la percepción del diseño en el entorno mexicano, al margen de que muchos de los elementos citados puedan ser incorporados a la construcción de un discurso más general sobre el diseño.
Así pues intentaremos mostrar algunos elementos histórico-culturales que subyacen en la cultura nacional o lo que pudiese llamarse tal y que conforman una parte importante en la percepción del diseño en el ámbito mexicano, misma que puede exceder nuestras fronteras. No vamos a abarcar ni con mucho a la cultura nacional, sino que nos centraremos en la exploración de aspectos no muy trabajados y que resultan vitales para entender nuestra visión del mundo y del diseño.
 
Aportes histórico-culturales a la percepción del diseño
Aportes prehispánicos.
Datos tempranos de la educación nacional nos introducen en la conciencia de que somos descendientes de los pueblos mesoamericanos y, en tal sentido, reconocemos a nuestra cultura como heredera de muchos de los aspectos de las culturas que florecieron en el ámbito mesoamericano. Pronto identificamos esa herencia en expresiones como la arquitectura mesoamericana, la pintura mural y la historia.
Dentro de esa idea difusa que tempranamente se nos forma, no es fácil distinguir elementos concretos integrados a la vida cotidiana contemporánea y que pertenecen a la herencia precolombina. Justamente esa plena integración a la cotidianidad los hace extremadamente difíciles de identificar ya que no aparecen como un producto histórico, sino como algo plenamente contemporáneo. En este trabajo se van a destacar algunos aspectos que influyen en la percepción que tenemos de la realidad y con ella, la del diseño.
Uno de los aspectos, quizá el más importante, es el de la percepción holística que tenían los pueblos mesoamericanos, la cual reflejaban en actividades, actitudes, conductas y en general en su cultura. La religión que profesaban ilustra bastante bien este aspecto. De acuerdo con López Austin [2] , No se tienen evidencias de la existencia de múltiples religiones mesoamericanas aunque el panteón de dioses era muy amplio. La diversidad de deidades que eran veneradas no era motivo de pleitos, al contrario, los dioses de un pueblo podían ser adoptados por cualquier otro pueblo sin detrimento de los propios. De esa manera se tiene que la religión que profesaban partía de la diversidad y de una visión incluyente que involucraba a la totalidad.
No podemos afirmar que la aceptación de dioses ajenos fuese producto de una actitud  tolerante, ya que el sometimiento por vía de la guerra que practicaban los mesoamericanos no apoya la acepción de tolerancia. La aceptación de dioses ajenos se explica mediante dos hechos, la existencia de una religión de base conceptual común, aunque de expresión deífica múltiple y la percepción holística de la realidad que entiende a cada cosa funcionando en una totalidad. Cada cosa es una expresión particular de la totalidad. A su vez, la totalidad es indivisible y solamente se capta como tal y no a través del análisis o la síntesis.
Esa misma percepción holística se reflejaba en la organización de base de los pueblos mexicas, los cuales mantenían un fuerte vínculo comunitario expresado en el calpulli, tierras comunitarias de los pueblos. Aún hoy existe el tequio en Oaxaca, que es el trabajo que se presta gratuitamente para la realización de obras colectivas. Laurette Séjourné [3] constata con cierto horror (muy propio de un occidental) que los individuos de ¿san mateo del mar?, pueblo de Oaxaca, se definen únicamente en el colectivo sin que presentasen ningún rasgo del individuo egoísta occidental.
La propia fiesta, cuyos rasgos fundamentales subsisten en lugares como Xochimilco, expresa esa visión incluyente. La fiesta en Xochimilco es ante todo un festejo que refuerza al colectivo. Es un mecanismo de reparto de riqueza, de dispendio de recursos y, en cierto modo, de vida; ya que se pueden invertir años de vida ahorrando tan solo para ofrecer una fiesta fastuosa. La fiesta homologa y acerca.
Así pues, la organización base de los pueblos mesoamericanos, al partir de una acepción holística del universo, se manifiesta en un fuerte sentimiento gregario que se refleja a su vez en la conducta, las costumbres y la cultura en general. Este concepto es básico para entender lo más profundo del ser nacional, que por cierto no pasa por la Malinche ni por la chingada como afirmaba Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad.
La visión totalizante del universo que practicaban los mesoamericanos se expresaba (y en ciertos lugares lo hace aún hoy) de manera impresionante en sus cultivos, en los cuales en una misma porción de tierra se sembraban maíz, frijol, calabaza y chile. Impresionante por la visión ecologista que implica, ya que el maíz hacía el trabajo del arado aflojando la tierra y los restantes cultivos compensaban algunos de los nutrientes que la tierra perdía. El cultivo mencionado era capaz de proporcionar una alimentación balanceada en cuanto a minerales, proteínas y vitaminas necesarias para el humano.
Esa visión totalizante hace que la visión mínima sea la de entorno, es decir, que se perciben elementos aislados con sus mecánicas particulares, sino elementos insertados en un todo con el cual y mediante el cual interactúan.
Esa manera de mirar tiene implicaciones profundas, ya que privilegia funciones cerebrales como la intuición, la representación o la ideación por sobre el pensamiento. Lo cual significa la erección de mundos disímiles a los que actualmente conocemos, con bases preceptúales completamente diferentes. Las implicaciones tienen también consecuencias materiales profundas, ya que en el modo de concebir se funda el hacer. Los mesoamericanos propendían al grupo, en la actualidad se propende a la pulverización del cosmos.
En suma, la percepción totalizante del universo que practicaban los pueblos mesoamericanos se reflejaba en aspectos como:
1.      Una religión politeísta y múltiple
2.      Un fuerte sentido de pertenencia a un grupo
3.      Amplia capacidad de trabajo colectivo como el expresado en el calpulli y el tequio
4.      Percepción ecologista de la naturaleza y por tanto, gran capacidad de interacción equilibrada entre el hombre y la naturaleza.
5.      Actitud solidaria particular y genérica como la expresada en la fiesta.
Estos aspectos aunque transformados a lo largo de la historia del país han persistido hasta la actualidad. En cada época histórica sufrieron transformaciones particulares hasta llegar al estado en que actualmente los reconocemos; estado desde el cual, en conjunto de otras características, adquiridas también a lo largo de la historia, constituyen la columna vertebral que posibilita, sobredetermina y norma la percepción y la cultura nacionales en la mayoría de sus aspectos. Estamos ante aspectos que permean a las culturas y subculturas nacionales, sin ignorar que algunas manifestaciones culturales pueden resultar ajenas a lo planteado, tal y como sucede en algunas manifestaciones rocanroleras o abiertamente pronorteamericanas.
Aspectos como los tratados son los que permiten hablar de una cultura nacional, pese a que aún faltan estudios determinantes al respecto. 
Que se haya conservado la definición politeísta y múltiple de la religión mesoamericana parece una afirmación temeraria, pero nos sabemos adoradores de santos múltiples, múltiples vírgenes marías y de Guadalupe, los cuales conviven en la aceptación de la gente aunque pueda no profesarse una devoción particular por determinado santo o virgen. Incluso, en Xochimilco existe el vocablo "El santito" (utilizado particularmente  entre los "chalmeros" que acuden año con año a las peregrinaciones para visitar al señor de Chalma), para designar lo mismo a imágenes o estatuillas de cristos, vírgenes, niños dioses y todo lo que pertenezca al orden de lo divino.
A nadie se le ocurre que el Señor de Chalma sea lo mismo que el Señor del Veneno, aunque todos saben que en ambos casos se está ante un Cristo crucificado. Evidentemente si llegase a ocurrir tal identificación, las actuales peregrinaciones a Chalma podrían dirigirse a la catedral metropolitana, lo cual no ocurre en la realidad ni se percibe por donde o de que manera pudiese suceder.
Ejemplos como el anterior, son abundantes, lo que en la práctica nos habla de la existencia de múltiples deidades con personalidad propia. Los santos son deidades asociadas a un territorio, propensión muy propia de la tendencia toponímica mesoamericana a la hora de nominar lugares. De ese modo tenemos al Señor de Chalma, al Santo Niño de Plateros, a la Virgen de San Juan, etc.
El diseño no ha explotado cabal o conscientemente este rasgo politeísta y múltiple de nuestra cultura, aún esperaríamos que el diseño sacara partido de este rasgo, quizá debiera acercase al arte de los muralistas que fueron quienes mejor han plasmado nuestra cultura en sus imágenes.
Por otra parte, el carácter gregario de la gente, aunque ha ido en retroceso debido al empuje del individualismo egoísta, aún está presente en gran parte de nuestro territorio e incluso allende nuestras fronteras. Sabido es que en Los Ángeles, California, existen comunidades indígenas muy extensas y en general en las comunidades de origen mexicano, aún en las más arraigadas en los EUA existen costumbres que indican la sobrevivencia de gregarismo como sería el apoyo eventual que se ofrece a paisanos migrantes y la realización de fiestas colectivas en torno a la Virgen de Guadalupe que se realiza en algunas comunidades texanas.
¿Cómo representar el gregarismo en el diseño? Ese es, desde luego, asunto de diseñadores, pero puede resultar una fuente interesante la pintura mural y la relectura de códices y frescos precolombinos.
El trabajo colectivo, que no es exactamente trabajo de equipo, es quizá el más dañado, a consecuencia de las formas capitalistas de empleo de la actualidad, en las cuales es el individuo el centro de la contratación; sin embargo la gente aún responde a iniciativas de trabajo colectivo siempre y cuando haya transparencia y evidencia de la necesidad de tal trabajo. Lo anterior sin contar que en el área mesoamericana, particularmente en el sureste, aún es dado encontrar acciones colectivas cotidianas.
Vale aclarar que el trabajo colectivo está orientado a la convivencia, mientras que el trabajo de equipo se orienta a la eficiencia. Uno es producto de las sociedades antiguas mientras que el otro es un clásico producto capitalista.
La interacción equilibrada entre el hombre y la naturaleza únicamente la conservan los pueblos indios quedando solo restos ente los no indios. Los restos de la interacción totalizante hombre-naturaleza, entre los no indios se han constituido en un conflicto entre la percepción holística y la percepción dirigida (dominada por el pensamiento), propia de occidente. El conflicto consiste en que mientras que la práctica de la cultura en general se orienta a la experiencia, a la acción vívida y por tanto a una percepción holística, la cultura impulsada por los medios masivos de comunicación se orienta a una percepción dirigida orientada fundamentalmente al consumo (en términos más generales estamos ante una orientación dirigida hacia la valorización del capital). Este conflicto se expresa dramáticamente en el bajo nivel de lectura que muestra la mayoría del pueblo mexicano, actividad de la cual no siente necesidad en tanto que se enmarca dentro de una percepción dirigida, contraria a los restos de percepción holística que se conservan.
La actitud solidaria también se ha visto muy disminuida por la competencia que ha enfrentado con el individualismo egoísta. Curiosamente mientras que subsisten rasgos más o menos generalizados de actitudes gregarias en las grandes ciudades, la solidaridad particular y generalizada subsiste casi únicamente en comunidades campesinas y en enclaves citadinos tradicionalistas muy delimitados tales como el barrio de Tepito y Xochimilco. Esta contradicción se posibilita en tanto que el empleo capitalista organiza de manera corporativa, lo cual favorece el gregarismo tradicional, mientras que la noción de competencia choca con la de solidaridad.
La manifestación más importante de la solidaridad es la generalizada, la cual se manifiesta mediante la fiesta. La fiesta en tanto que es un mecanismo de dispendio colectivo homologa a los individuos previniendo acumulación excesiva de riqueza. Ejemplos de lo anterior lo tenemos en Xochimilco, en donde se pueden gastar pequeñas fortunas en una fiesta sin que se tenga mayor preocupación por mejoras en el consumo cotidiano o en el equipamiento del hogar, por citar solo algunos ejemplos. Así pues la fiesta es un doble mecanismo de solidaridad. Por un lado hay solidaridad en el consumo dispendioso que implica la fiesta, y por otro lado hay solidaridad social al acumular para compartir. La solidaridad se manifiesta en el acto de la fiesta y antes de esta, mediante el ahorro. Evidentemente hay muchos más aspectos a destacar en torno a la fiesta, pero no es el propósito agotarlos en este trabajo.
En suma, podemos decir que en lo más profundo del ser nacional se conservan rasgos netamente indígenas que son los que están poniendo el sello peculiar de nuestra cultura y nacionalidad. Si esto es así, convendría al diseñador explotar estos y muchos otros rasgos que quedan fuera de este estudio. Valdría la pena estudiar la llamada artesanía indígena y rastrear otros rasgos que la definen para, con ese ejemplo, intentar algo en el diseño.
Obras como el árbol de la vida o las pinturas en papel amate parecen mostrar esa noción totalizante de que se habla. Habría que explorar las posibilidades de diseño en los aspectos citados mediante los cuales se expresa la percepción holística indígena.
Habría que esperar aún a los diseños que se constituyeran en paradigmas de un diseño mexicano. El trasfondo arquetípico de nuestra cultura es en realidad solamente una envolvente, una marca de agua que sustenta cada diseño particular paradigmático. Habría que destacar esa envolvente de tal manera que sin dejar de ser trasfondo, pase a los primeros planos del diseño. Pero sobre esto volveremos adelante.
Aportes coloniales
Con la llegada de los españoles ocurren varias desgracias a los pueblos mesoamericanos, la mayor de ellas es la gran mortandad ocasionada por las pestes involuntariamente traídas por los europeos. La población nativa se redujo drásticamente quedando destrozadas su identidad su cultura y su sociedad. No obstante como los indígenas victoriosos, al lado de Cortés en su guerra contra los aztecas, quedan al frente del gobierno de sus comunidades, la cultura indígena puede perpetuarse en una medida desproporcionada, que no correspondía con el grado de desarticulación en que quedaron los pueblos indios después de las pestes y que tampoco concordó con el ascenso de los españoles al poder central.
Para que se tenga una idea de lo que se habla, se estima que de una población de más de 30 millones de indígenas, estos se redujeron, después de las pestes a unos 6 millones de nativos. Incluso viene a mermar la presencia indígena la incorporación de esclavos negros al panorama cultural. En efecto, para compensar la falta de mano de obra se recurrió a esclavos negros, quienes inauguran nuevos caminos culturales para nuestro país.
En el panorama de desastre indígena, solamente puede explicarse la persistencia de la cultura indiana por el hecho de que fueron precisamente los mandones indígenas los que se hicieron del gobierno de los pueblos a la caída del mandato mexica.
Pese a que los españoles rápidamente habían aprovechado su liderazgo en la guerra contra los aztecas, para hacerse del gobierno central, y pese al derrumbe de la población indígena, las raíces indianas no se debilitaron, por el contrario, se vieron fortalecidas al quedar al frente de los gobiernos comunales. Los españoles se vieron precisados  a reconocer a sus aliados indígenas y a llenarlos de privilegios, lo cual acrecentó el prestigio de los nobles indios.
Tal situación pone en una situación desesperada a quienes no eran nobles, dentro de los que se contaban los negros, los indios pobres, y todas las mezclas de razas que se generaron, mestizos incluidos. Los pobres de la colonia eran explotados por la nobleza indígena y la española, quedando reducidos a una triste condición de impotencia que los hace desarrollar estrategias para evadir tan cruel explotación.
Los pobres encabezados por los indios, crean una rara conducta de desprendimiento y abandono sin perder sus raíces culturales. Son famosas las quejas de los gobernantes en donde exponen lo que hacían los indios para buscar su libertad: huían sin mostrar apego a nada, ni a casa, ni a cosas ni a esposa ni a hijos y sin mostrar lealtad alguna. Sin embargo, cuando se amancebaban rápidamente reproducían su cultura dentro de la nueva estrategia de mutismo obligado por la dominación en que los tenían.
Acostumbraban a callar ante el blanco. Por desgracia no tenemos reportes de los mandones que nos permitan saber si la estrategia del abandono y el silencio también se les aplicaba a las autoridades indígenas.
Los pobres de la capital observan una conducta en contrario, son sustancialmente cínicos. Pero ese rasgo de los pobres citadinos no domina a la cultura, por la elemental razón de que la población de las ciudades era infinitamente minoritaria respecto de la que vivía fuera de ellas.
De esta situación nace un rasgo dominante en la cultura nacional: la discreción, la cual es muy cara aún hoy a los habitantes de los estados del centro y sureste del país, incluyendo al D. F. No estamos ante una discreción represiva, sino ante algo que responde a una estrategia de vida: se trataba de la sobrevivencia, no de un dispositivo de control. Aún hoy en el Distrito Federal y en las comunidades indianas se observa ese rasgo que favoreció la corrupción impulsada en épocas recientes. Esos rasgos, discreción y propensión gregaria, posibilitaron la dominación de un partido político durante setenta y un años, pese a su negra historia de corrupción y fraudes.
La discreción inaugurada en la colonia no es silencio, es una estrategia para no proporcionar información al patrón; información que normalmente era utilizada para fines de dominación. De esa manera nunca se supo que pensaba el indio, cuáles eran sus planes y sus afectos. Tal actitud concuerda con la propensión a actualizar la existencia más que a intelectualizarla, desprendida de esa percepción holística de la realidad que heredaron de sus ancestros.
La propensión a actualizar la existencia podemos decir que nace como tal en la colonia. Sin embargo habría que reconocer que hay una propensión indígena, y en general de los pobres, a actualizar su vida más que a intelectualizarla. Ello es así en tanto que no tenían seguridad alguna que permitiera crear una vida estable, lo cual siempre ha impulsado a los pobres de todos los tiempos a inventar su vida a diario. En la colonia, la única posibilidad de contar con alguna estabilidad para un pobre era el vasallaje total ante españoles o mandones, y no todos estaban dispuestos a sufrirlo. Incluso, en el caso del vasallaje total, el pobre se veía forzado a actualizarse continuamente, ya que el vasallaje no era garantía de abundancia.
La propensión a la actualización es compatible con la percepción holística precolombina, ya que la totalización de la interacción genera situaciones inéditas a cada momento. Por ello para el indígena no es extraño adoptar dos conductas aparentemente contradictorias: desprenderse absolutamente de todo, conservando su cultura para ejercerla como un asunto estrictamente privado.
Lo anterior puede mirarse como una interpretación muy forzada, pero la documentación existente no deja lugar a dudas y nos describe indígenas que pese a haberse desprendido de todo, jamás abandonaron su definición cultural, de ahí la sobrevivencia de la cultura indígena como trasfondo arquetípico de nuestra actual cultura.
En la etapa colonial surge un rasgo interesante que parece chocar con la discreción comentada y es la fastuosidad con que se celebran las fiestas en muchas partes de la república. Tal fastuosidad es en realidad un aporte de la intervención eclesial en el reordenamiento de las comunidades indias después de las catástrofes de las epidemias que diezmaron a los indios. Para rehacer a las comunidades indígenas se tuvo que recurrir a la celebración de misas espectaculares que ayudaran a la recomposición comunitaria. Muchos indios vagaban desolados porque habían perdido a su familia e incluso a la mayoría de su comunidad, por ello la iglesia, en un afán de prevenir una disolución social, recurre a la invención de misas coloridas y llenas de espectáculo.
Puede afirmarse que los colores chillantes tan comunes entre la gente del pueblo derivan de esas acciones eclesiales de la colonia, por ello en la actualidad no es raro encontrar producciones de diseño, dirigidas a las clases populares, bastamente coloridas en base a colores contrastantes y chillantes. De hecho, una revista muy popular entre el llamado "populacho" lo era la "Alarma", en donde el color rojo y el amarillo eran los dominantes.
En aspectos como la revista citada y en la cartelería que anuncia eventos populares el diseño sí ha aprovechado, consciente o inconscientemente, un aspecto de la formación social mexicana, así sea en sus posibilidades mínimas. No obstante no han sido aprovechados los aspectos que tienen que ver con la discreción y la actualización de la existencia, aspectos de los cuales da sobrada muestra la gente de nuestro tiempo.
Ciertamente que la tendencia a la discreción es predominante en el área mesoamericana del país, la cual comprende la región centro y el sureste; pero la propensión a la actualización está presente en todo el territorio, si bien es cierto con intensidades dispares. El primer rasgo puede aprovecharse localmente, el segundo local y generalmente.
¿Cómo se dibuja la discreción? ¿Cómo se representa la tendencia a la actualización de la vida? ¿Cómo se trabajan los colores chillantes sin caer en la vulgaridad? Las metáforas provincianas fueron representadas por el realismo mágico mediante exageraciones. Así, la cola de la novia que aparece en la película "Como agua para chocolate" es interminable. La representación aparece simplista, pero es un buen comienzo. Ese comienzo lo tendría que intentar el diseño respecto de aspectos como los mencionados y que constituyen la definición del ser nacional. 
México independiente
Los aportes que enriquecen nuestra cultura y que nacen en la época que va del inicio de la independencia al porfiriato son sustancialmente dos: la consolidación de la pluriculturalidad de ese tiempo y el surgimiento del modelo de mexicano, o si se prefiere, del arquetipo de hombre, que igual servirá de modelo a mujeres y hombres.
En primer lugar, con el México independiente se pierde la mínima cohesión que proporcionaba la corona española, surgen multitud de regiones virtualmente autónomas que son dominadas por los poderes locales. El modelo señorial medieval de Europa se aplica de manera más o menos natural, aunque con las características mexicanas que le van a dar un carácter suigéneris. No es el caso realizar aquí un estudio comparativo entre los modelos señoriales mexicano y europeo, pero vale mencionarlo en tanto que facilita la comprensión de su consecuencia inmediata: el hacendado.
El surgimiento de múltiples regiones da origen a una consolidación impresionante de las tendencias culturales que naturalmente surgieron en diversas partes de la república. El México precolombino era pluricultural, pero la pluriculturalidad que surge en el México independiente es de otra naturaleza, es la pluriculturalidad que llega a nuestros días con toda su riqueza indiana y mestiza.
Cada cacique o hacendado gobierna su hacienda a su libre albedrío, bajo el modelo medieval en el cual solamente se exigía el producto del trabajo y la sumisión manifiesta. Tal modelo naturalmente permitía el desarrollo de tendencias que terminaban incluidas en el cuerpo cultural regional, el cual a su vez, alimentaba la educación de los futuros terratenientes, formando así un círculo virtuoso que daba origen a las regiones. Estas no solamente se distinguían por sus características físicas, sino por la práctica cultural de su sociedad. De esa manera, en el golfo lo mismo florecen sociedades castellanizadas que pueblos indios como los Tenek y Nahoas de la Huasteca.
López Cámara [4] narra la debilidad del gobierno central del México independiente, en el cual incluso los asaltantes eran capaces de imponer condiciones de peaje a los viajeros que cruzaban por "su territorio".
En este México el liberalismo resulta extremadamente exótico, no tanto por la estructura de poder como por la estructura cultural. Sin embargo la persistencia del liberalismo como forma de disputa del poder a los hacendados va a conformar un revestimiento a la forma señorial del poder que dura hasta nuestros días. En lo que conocemos como la etapa independiente, es cuando se conforma el discurso republicano-democrático partidista como expresión de un modelo centralizado de poder. Contradicción aparente que coincide con la realidad señorial y el discurso republicano-democrático opositor y que no resulta exótico a la cultura que practicaba el pueblo.
Estas aparentes contradicciones integradas a la cultura le dan un carácter especial a la cultura nacional, el cual no es fácil de desentrañar. Sin embargo, podemos afirmar que sin la percepción holística de la realidad, difícilmente podían haber convivido nociones tan contradictorias como federalismo-centralismo y desapego-conservación de la cultura.
Tocante al diseño, el dato de la pluriculturalidad le resulta indispensable, ya que en la realidad va a enfrentar regiones en donde un color, una figura, una tonalidad o un gesto tienen significados distintos. No puede aplicarse el mismo diseño en regiones física y culturalmente diferentes. Por ejemplo, el la parte norte del país en la cual dominan los sepias en el ambiente físico, naturalmente se sugieren estos colores y sus contrarios (por evocación) en la aplicación del diseño. Del mismo modo los azules y dorados se antojan como dominantes en los cielos o los ambientes de las composiciones. Desde luego, no pueden ponerse cotas a la sensibilidad, por lo que solamente se trabaja sobre la parte informática del diseño. Esto es, la mayoría de los ejemplos a los que aquí recurrimos, parten de ilustrar o reforzar el mensaje que necesariamente tienen los trabajos de diseño. La parte sensible del diseño pertenece al ámbito de la imaginación ingobernable, por lo que escapa a las intenciones de este trabajo. No ignoramos que también podríamos alimentar la imaginación artística, pero eso es asunto de cada sensibilidad, por lo que sus caminos son insospechados.
Culturalmente hablando es posible que el diseño dirigido a un entorno norteño tuviese un mayor impacto si se valiera de los modismos fónicos y léxicos regionales. Ahí hay aún problemas por resolver, ya que en una misma región existen varios modismos fónicos y léxicos; esto es particularmente notable en las áreas urbano y rural de una misma región. Una posible solución, a experimentar en la práctica, sería la de privilegiar los rasgos prevalecientes en las clases medias de las ciudades, que finalmente son los que tienden a dominar los medios. Otra posibilidad es la de privilegiar los rasgos del sector social al que va dirigido el mensaje del diseño. El primer caso valdría para mensajes dirigidos a un amplio espectro cultural, el segundo a entornos culturales específicos. En aspectos como estos aún queda mucho por investigar. Por desgracia, la investigación en diseño es una materia muy poco desarrollada.
En entornos difíciles como los de las ciudades, en donde predominan los grises, es posible trabajar por evocación, pero en estos casos la evocación ya no es necesariamente el verde o el azul, sino que se vuelve policroma, polimorfa y polifacética. Es decir, estamos ante el diseño que en la actualidad naturalmente se ha producido en las ciudades.
Así pues, en la etapa independiente es en donde se fragua el sustrato del México contemporáneo con su pluriculturalidad y el carácter de sus gentes. Este último rasgo es quizá el más complejo y polémico ya que se han escrito infinidad de obras que pretenden dar cuenta del carácter del mexicano y que tendrían en la etapa independiente una de sus principales fuentes.
El hacendado que surge en el México independiente ciertamente que es el prototipo del individuo y del carácter nacionales, pero éstos son a su vez una síntesis histórica de características de los señoríos prehispánicos y medievales. Uno en su versión modificada por el propio desarrollo de los gobernantes indígenas en la etapa colonial y el otro en su versión colonial española. Es decir, el hacendado mexicano tiene su propia historia y no es una mera suma de características indianas y medievales.
Refuerza el surgimiento del hacendado, como modelo, el hecho del aislamiento de las regiones, lo cual posibilitó la emergencia de una figura que todo lo podía, que todo lo arreglaba y que era referencia para todo lo que sucedía en un determinado territorio. Por ello es posible su emergencia como modelo, y no solamente como el tirano dueño de vidas y almas de una determinada región. Juan Rulfo va a representar, en Pedro Páramo, perfectamente la imagen del hacendado como modelo. Pedro Páramo no es otro que una variedad exótica de semidiós que rige los destinos de un pueblo, mismo que perece cuando él se cruza de brazos.
Sin Pedro Páramo todo Comala torna viejo, intemporal, como escapado de la vida. Las personas discurren como fantasmas, de hecho, hombres y fantasmas son indistinguibles. Páramo era la diferencia entre la vida y lo difuso; él arranca lo vital a lo intemporal y vierte orden y sentido en lo disperso. Eso es el hacendado en el imaginario colectivo, y no el macho golpeador e irresponsable que nos endosó la cultura occidental.
Lo que se ha identificado como el "macho mexicano" no es otra cosa que una versión deformada del hacendado surgido en la etapa independiente. Tal macho no es sino producto de la propaganda occidental que combatía ciertas actitudes de su propia cultura y que por imitación hicimos extensiva a la nuestra.
Existe una abundante literatura [5] sobre el mexicano en donde se describen ampliamente las características del modelo nacional, solo que tales descripciones normalmente tienen una gran carga negativa, por lo que habría que releer tales obras con una óptica más bien histórica para poder aprovechar las descripciones que se hacen, tanto a nivel del diseño como de otras disciplinas.
Para el diseño es muy importante releer la literatura que describe al mexicano en tanto que es ahí en donde va a encontrar material sobre características reinterpretables mediante colores, formas texturas y todos los medios propios de esa disciplina.
 
Aportes de la etapa revolucionaria
La etapa revolucionaria hace dos aportes fundamentales a la definición del ser nacional. Por un lado el hacendado cambia de nombre y se convierte en "político" con sus diferentes versiones: líder, caudillo, diputado, cabecilla, entre otros. Por otra parte, impulsado por el retorno del líder, resurge el gregarismo como pauta generalizada de organización. De ese modo, es posible que Cárdenas, nacido de la revolución, pueda institucionalizar a la organización corporativista como la única con el derecho de ser tomada en cuenta. En esta época podemos constatar la reedición de un hecho ancestral para nosotros: la actualización del cacique (indio, mandón o hacendado)
El viejo pleito entre federelistas y centralistas se resuelve con esa nueva versión de hacendado que es el político. Tomando la estafeta del hacendado, el político es ahora el todopoderoso, el que ayuda, el que facilita el trámite, el que da casa, el que defiende, el compadre y en general, la presencia del poder en el seno de las comunidades.
El ámbito de poder del político ya no es la hacienda, sino la institución, el sindicato, la organización o la empresa. De hecho cubría varios de estos ámbitos, ya que desde el poder se podía alimentar a la empresa y el propio poder implicaba la dominación de cierto sector organizado: sindicato u organización.
Ser político era ser empresario, funcionario y líder (sindical o de organización política o social), era disponer, al igual que el hacendado, de un poder indiscutible sobre el sector que dominaba. Evidentemente que con el discurrir del tiempo la figura medieval que encarnaba el hacendado fue puliéndose al grado que el dominio sobre la vida se limitó al dominio sobre los medios para sustentarla. De esa manera se convierte en un hacendado modernizado. Ya no domina brutalmente la vida, ahora lo hace indirectamente.
Los liderazgos más representativos nacidos de la etapa revolucionaria los constituyeron Fidel Velázquez, líder de la CTM hasta su muerte y Joaquín Hernández Galicia, la quina, quien fue llamado así porque se decía que era más bueno que un medicamento llamado "Quina laroche"; ya que gustaba de ayudar ostentosamente a quien se acercaba a él a solicitar su manto protector.
El modelo de hombre-mujer sigue siendo el hacendado, pero ahora su expresión es el político. De forma similar, la impulso esencial de organización social es el gregarismo, la noción de pertenencia a un grupo. Esa noción es la que da coherencia a los cuerpos sociales organizados que inaugura Cárdenas.
El accionar cálido del líder en las comunidades cohesiona al poder con la gente y da presencia a la gente en el poder. Ese mismo accionar cálido va a dar origen a la corrupción y a la componenda. Todo se arregla "en confianza", "entre cuates". Bajo esta perspectiva no es raro que en México haya gobernado un partido único por 71 años. De hecho, los viejos líderes de ese partido, el PRI, murieron tranquilos en sus camas, lo que muestra el grado de éxito alcanzado teniendo como fundamento un accionar dentro de una cultura basada en el sentido profundo que guarda la gente.
En otras palabras, el sistema político surgido de la revolución explotó admirablemente las características culturales de la población, y ello le permitió una gran aceptación y estabilidad, incluso en situaciones extremas de corrupción y agitación política. Un diseño fundado en el ser profundo de la gente necesariamente tendría resultados similares.
Las películas de mediados del siglo pasado constituyen una manera más o menos fácil de conocer, gráficamente, lo que la gente trae en la cabeza como parte de su cultura profunda.
En la etapa revolucionaria el México profundo se actualiza, encuentra nuevas maneras de expresar lo mismo, acusando solamente cambios de forma y de expresión. Es decir, la cultura se renueva, se revitaliza y se proyecta en nuevos horizontes. Ese rasgo de revitalización del contenido profundo de una cultura es lo que normalmente le da fortaleza y la proyecta intemporalmente.
Así como la etapa del México independiente produce la figura inédita del hacendado como modelo nacional, a partir de los sustratos señoriales indígena y del medioevo europeo, la etapa revolucionaria produce toda una nueva cultura sustentada en las mayorías depauperadas de la población. Esta cultura surgida de la revolución retoma el modelo del hacendado actualizándolo en el político personificado como líder, funcionario o caudillo.
A mediados del siglo pasado esta cultura ya está conformada y comienza su proceso de consolidación y revisión; proceso en el cual juega un papel determinante toda la cinematografía que da origen a personajes como Cantinflas, Tin Tan, etc. incluyendo a todos los personajes de Pedro Infante, quien es el más representantivo de esta tendencia en tanto que lo mismo personifica al arquetipo del hacendado que a un personaje del pueblo. Ello explica la inmensa popularidad de que goza aún actualmente toda la producción de éste último, y ayuda a entender el giro alcohólico que el mismo artista imprimió a la cultura que Oscar Lewis llamará "de la pobreza" [6] ; rasgo que la hizo odiosa y ayudó para que fuera etiquetada como machista.
El corporativismo que imprime Cárdenas a la vida organizada de la nación coincide plenamente con la historia del país. Se existe, se és a partir de la organización y esta se funda a partir de la confianza y de la calidez natural de la gente. La pobreza es tolerada en aras del grupo y se justifica como pura y fundamento de todo lo bueno. Nadie es nada ni puede hacer nada si no tiene un compadre, un amigo un padrino o una palanca poderosa en quien confiar. El estado torna así en el gran padre, el que protege a todos. Ya avanzado el siglo pasado cantinflas reclama todavía a los personajes públicos su responsabilidad en la conducción de la vida pública, en la enseñanza, en la seguridad, etc. Es el boom paternalista del estado nacido del gregarismo de la gente.
La filantropía y el cristianismo caracterizan a la cultura popular nacida de la revolución, rasgos a los que se sumará el existencialismo conforme la contemporaneidad individualista se hace presente en la cultura, como veremos adelante. Evidentemente nos referimos a lo que pasaba en la mayoría de la población, porque en los sectores medios de la sociedad se gestaba otra tendencia que al fundirse con la cultura de la pobreza dio un giro inesperado a la cultura contemporánea.
En las clases medias imperaba, al igual que desde tiempos de la colonia, el gusto por lo otro, lo extranjero, de hecho se rendía culto persistentemente a lo que occidente postuló como universal. De esta tendencia nace una cultura del arrabal caracterizada por una actuación y una conducta generalizada profundamente enraizada en la herencia cultural ancestral pero revestida de una admiración hacia lo otro, lo proveniente de occidente.
La cultura del arrabal es ante todo una estrategia grupal de subsistencia. En otros tiempos se plantearon estrategias similares con resultados sorprendentes: el indio sobrevivió a una explotación despiadada y los pobres de la revolución impusieron su sello a la cultura nacional. Aún en plena fascinación por Occidente, la cultura de la gente se transforma en una estrategia de vida.
¿Cómo aprovechar los aportes revolucionarios en el diseño? De nueva cuenta estamos ante un problema que corresponde resolver a los diseñadores. Sin embargo, en principio podemos pensar que los rasgos asociados con la autoridad, el paternalismo, la calidez y el éxtasis por occidente, etc. podrían sugerir tonalidades, formas, texturas, etc. que prefiguraran las características de la cultura emergente de la revolución. Lo profundo sigue siendo, para la época que referimos, el carácter gregario de la gente, su propensión politeísta tolerante, la tendencia a la imitación del hacendado y la discreción, entre otros rasgos que aquí no se estudian.
Podemos decir que aspectos como los mencionados son los que traen en mente la mayoría de los mexicanos, por tanto, un diseño basado en tales rasgos, facilita la percepción nacional.
El México contemporáneo
El México contemporáneo aporta nuevos elementos a la identidad nacional. Por primera vez puede hablarse de una cultura nacional gracias a los medios masivos de comunicación que expanden el sustrato cultural heredado por todo el territorio e incluso más allá de nuestras fronteras hasta centroamérica y los Estados Unidos. Pese a que persisten manifestaciones culturales regionales, la herencia cultural de las distintas etapas históricas de México permanece como soporte general de la cultura nacional.
Hay pues una continuidad cultural en cuanto a lo sustantivo de la cultura. En cuanto a sus formas, comienzan a agregarse otros elementos, propios de la cultura occidental dentro de los que destacan el individualismo, la percepción dirigida y la propensión al consumismo. Dichos elementos resultan contradictorios con el sustrato heredado y están dando origen a nuevas formas culturales y posiblemente a una cultura inédita. Por lo pronto, han dado origen a las típicas conductas histéricas características de los pueblos en proceso de pérdida-recomposición de su cultura.
Los nuevos elementos que aporta Occidente a la cultura nacional están siendo incorporados por el diseño contemporáneo, en tanto que parte de la influencia recibida, es justamente el diseño.
La marca de la contemporaneidad es la histeria. Esto es necesariamente una mala noticia para el diseño, en tanto que difícilmente pueden desprenderse elementos estéticos de una situación poco agradable. La actitud histérica echa a perder casi cualquier planteamiento estético que la acompañe.
Poco se puede decir al respecto, que tenga que ver con la generación de ideas útiles al diseño, salvo que el diseñador, ante esta situación de histeria, deba tomar partido ya a favor del México profundo, ya a favor de Occidente o de una hipotética modalidad de fusión. Quizá lo más que se pueda hacer consista en esclarecer los rumbos de la histeria, pero ese es más asunto social que del diseño.
Al mundo indígena subyacente a la cultura nacional se opone el mundo occidental impulsado por el capitalismo. El resultado no puede ser menos pasmoso: una cultura altamente histerizada en la que no se acaban de descomponer ni readaptar los elementos heredados ni de asimilar la influencia occidental.
Los personajes característicos de esta etapa cultural son individuos histéricos visiblemente afectados en la conducta. Las diferencias son enormes entre los vagos de mediados del siglo pasado, que produjo el cine y los gritones del actual que ha promovido la televisión. Vagos como Cantinflas ejemplificaban la lucha por la sobrevivencia a la que enfrentaron los más pobres del país, los histéricos de la actualidad ejemplifican el conflicto de estar fundiendo dos culturas que se resultan contradictorias en sus elementos definitorios.
La fusión es física, ya que las clases medias más occidentalizadas han sido acercadas a las clases pobres herederas del sustrato histórico nacional. Los medios masivos de comunicación se han encargado de la fusión y difusión cultural en su necesidad de impactar por igual tanto a las clases occidentalizadas como a las más arquetípicamente mexicanas. De ahí ha nacido la histeria, misma que no era tan notoria en épocas pasadas en las que las clases occidentalizadas y "las otras" corrían cada cual por su propios rumbos, mutuamente se influían, compartían espacios, pero andaban por rumbos distintos.
Ejemplo de lo anterior lo representan los intelectuales pasados o contemporáneos, los cuales antes que detenerse, valorar y abrevar en su historia, parten de aseveraciones nacidas al calor de otras circunstancias, de otras culturas y de otra historia. 
Identidad, percepción y diseño
La visión holística del mundo la ejemplificaron admirablemente los muralistas mexicanos. La pintura mural reúne en una sola superficie planos diversos de la realidad y los presenta como interacción pura, misma que no es posible captarla cabalmente en un nivel conceptual sino solamente en niveles más profundos en los que interviene el cerebro derecho. El concepto comunica, el arte expresa. O mejor dicho, el concepto tiene como función principal la comunicación, en el arte la función principal es la expresión.
Por el lado de la percepción, los conceptos se entienden mientras que las expresiones se captan. En rigor,  lo captado solamente adquiere sentido si a la vez se capta la expresión que conlleva, rasgo que funda a las lenguas; mientras que la expresión en tanto que se capta, puede llegar a entenderse. Es por ello que se puede argumentar sobre cualquier obra de arte de manera indefinida e incluso sosteniendo, acerca de una misma obra, puntos de vista contrarios. Situación similar sucede con algunos conceptos cuando se les asignan nuevas significaciones, es decir, cuando se toca su parte expresiva.
En la pintura mural también aparece manifiesto el gregarismo nacional. Son muchos los murales en que los hombres aparecen en grupos, rodeados de la totalidad en que actúan. El diseño quizá tendría que encontrar nuevas formas simbólicas de expresar esa tendencia del mexicano a definirse en grupo, porque el diseño además de expresar, tiene la misión de comunicar.
Es un hecho que no podemos soslayar que en nuestra cultura también está ya presente el individualismo burgués, tal y como lo concibe Castoriadis [7] : un individuo "perpetuamente distraído, saltando de un "placer" a otro, sin memoria y sin proyecto". Tal individuo definido al interior del grupo podría dar por resultado un nuevo modelo de hombre, más libre, pero con una libertad comprometida con el grupo que lo sustenta. En todo caso, para efectos del diseño cabe tomar ambas referencias, la grupal y la individualista.
La recurrencia a los fenotipos nacionales maya, olmeca y nahuatl principalmente, fueron parte importante en el rescate de la marca profunda de la cultura nacional. Con tales fenotipos se adquiría una suerte de marca que el diseño podría actualizar. Pero independientemente de los fenotipos, existen formas físicas rescatables para el diseño, identificables para distintas épocas: toda la arquitectura precolombina, los monumentos coloniales, las casas de abobe, de palma o carrizo, etc. Del mismo modo existe toda una fauna que pintores como Toledo han rescatado exitosamente y que pueblan de colores y formas a sus trabajos.
Aspectos como el politeísmo no han podido ser rescatados quizá porque podrían ofenderse algunas conciencias religiosas ortodoxas, pero tal rasgo está ahí esperando maneras inteligentes de rescate, tales que sin ofender a nadie, puedan expresar el sentir profundo de la gente. Muchos de los intentos realizados al respecto han resultado un tanto burdos. Vígenes enseñando los senos, o guadalupanas en poses extrañas no han alimentado la imaginación profunda.
La convivencia de lo espectacular festivo y lo discreto en la conducta comunicativa nacidos en la colonia ya han sido explotados mediante el color y la actitud de los personajes de la pintura y el cine. En la música popular conviven ambos aspectos de manera brillante: un mariachi o un simple acordeón acompañan espectacular, alegre y en ocasiones, estruendosamente a una voz plañidera que narra autenticas desgracias. José Alfredo Jimenez lo resumía así: "No tengo trono ni reina ni nadie que me comprenda pero sigo siendo el rey".
El rescate de la personalidad modelo contenida en la figura del hacendado posiblemente remita a trazos, colores y símbolos mediante los cuales puedan expresarse rasgos como fuerza, firmeza, aplomo, orgullo y potencia que corresponden a los rasgos señoriales del hacendado. Los trazos podrían aplicarse a gestos faciales, musculares y en general en la expresión corporal, independientemente de que en combinación de formas, colores y texturas pudiesen crearse símbolos y expresiones que remitiesen a los rasgos en cuestión. Los personajes de cine de mediados del siglo pasado explotaron ampliamente estos rasgos con un éxito que llega hasta nuestros días, ese ejemplo pudiese ser guía para una nueva exploración.
Quizá lo más rico a rescatar por el diseño mexicano sea la pluriculturalidad aún existente. Pese a la presencia aplastante de los medios masivos de comunicación a nivel nacional, han persistido las diferencias culturales regionales y se han acentuado aún en el marco de la globalización, dentro de una tendencia al parecer mundial. Las diferencias regionales se han llevado, incluso, más allá de nuestras fronteras y desde allá se han fortalecido, tal es el caso de la música popular que ha actualizado al corrido y diversas corrientes musicales regionales.
Hay aspectos que resultan sumamente atractivos para alimentar la imaginación aunque son muy difíciles de captar desde un texto. La actualización de la existencia, aún vigente entre indios, campesinos y pobres de las ciudades, unidas a la percepción holística que implica la actualización, invitan a mirar a la realidad de frente sin las anteojeras del concepto o del pensamiento. De ahí puede surgir la imaginación pura (que no imagen). Por desgracia una vida actuante no puede ser conceptualizada ni el holismo encerrado en un concepto. Ambos pertenecen al orden de la experiencia. Y aquí tendría que dejar de escribir para que continuara el diseño.
Por último, me limitaré a señalar algunas tareas que resultan de aquí para el diseño: crear sustratos que respondan a nuestra historia y que puedan ser la marca de agua de nuestro diseño. Crear envolventes que esparzan el tufillo de lo nacional en dondequiera que se presente un diseño mexicano y desde luego, crear diseños concretos que se conviertan en paradigmas que cimenten y motiven la creación de nuevas obras ancladas en nuestra historia. Un ejemplo: en el diseño occidental predomina el sustrato tecnológico capitalista (calidad, perfección, variedad, metalismo, etc.) y la envolvente va desde el impulso al consumo hasta la exaltación del individuo egoísta (la envolvente no coincide necesariamente con el mensaje). Y que decir de los diseños concretos Occidentales: pasan por su propia historia.
 
 
 
 


[1] Para entender cabalmente como la cultura se retrata en el sistema nervioso del hombre, ver Sensación y Percepción de A. R. Luria, Ed. Planeta, Méx., 1994, y la amplia gama de textos que existen sobre neurociencias.
[2] Manzanilla, Lopez Lujan Coords.  Historia antigua de México Vol. IV, CNCA, Méx., 2001 
[3] Séjourné Laurette. FCE, Méx.
[4] López Cámara Fco. La estructura económica y social de México en la época de la reforma, Siglo XXI Ed. Méx. 1980.
[5] Bejar Navarro, Raúl. El mexicano, Ed. UNAM, Méx. 1983. Monroy, Oscar. El mexicano enano, Ed. Ed. Época, Méx. 1980. Carrión Jorge, Ed. Nuestro Tiempo, Méx. 1970; entre muchos otros.                                    
[6] Lewis, Oscar. La cultura de la pobreza, Ed. Época   México, 1985.

[7] "Hoy", nota aparecida en "La Jornada Semanal" del diario "La jornada" del 19 de feb de 1997.

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Actualización al 15 de mayo de 2006

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