ARTE Y DISEÑO

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ARTE Y DISEÑO

 

Cuando me propuse escribir una breve reflexión sobre el arte y el diseño gráfico, nunca pensé en las serias complicaciones que el tema conlleva y que van desde la distinción necesaria entre el arte propiamente dicho y el diseño gráfico como disciplina (que en ocasiones linda con aquel), hasta la discusión del origen (gestación) de ambos, lo cual pasa necesariamente por aspectos espinosos como lo político, lo social y lo subjetivo entre otros.

La relación entre arte y diseño gráfico pasa por la elucidación de sus contactos y sus diferencias para (en este caso) establecer la especificidad del diseño. Dicha relación comprende también una discusión acerca de los ámbitos de despliegue del arte y del diseño, de la perspectiva estética que se desprende de la especificidad de los mismos, de su alcance tanto en el plano real como en el subjetivo con su respectiva problematización (del tipo: ¿qué es lo real?, ¿está o surge?, ¿emerge o deviene?, etc.). En fin, como puede apreciarse, el mapa de las relaciones entre el arte y el diseño gráfico da para mucho más que un artículo e incluso, la discusión de unas pocas de esas relaciones puede resultar más de un libro.

El panorama planteado parece embrollado, ello es debido a que se parte de una hipótesis atrevida: el diseño gráfico puede entenderse como un "arte mayor", un arte de nuevo tipo, un arte colectivo que involucra directamente a la sociedad que lo produce, en el tiempo que lo genera. Dicha hipótesis supone una concepción de arte que se sumerge en nuestras modernas sociedades en que la comunicación masiva es un sello distintivo. En ese marco, las líneas siguientes son sólo algunos apuntes que buscan iniciar una discusión/reflexión en torno al tema y que eventualmente pueden ser el germen de una investigación mayor.

El diseño gráfico como "arte mayor" no se entiende como arte en el sentido tradicional. Como "arte mayor" no es superior al arte tradicional ni es mejor. Si bien es cierto que en varios aspectos el diseño parece superar al arte tradicional, tal apreciación es una mera implicación ideológica. En realidad el diseño es otra cosa muy distinta al arte tradicional: es el arte de nuestro tiempo, el arte moderno por excelencia. En rigor, no es el arte contemporáneo (el que se hace hoy, en este tiempo), sino el arte que corresponde al nuevo estatuto tecnológico, a las nuevas formas de comunicación, el arte propio de esta época caracterizada por sus movimientos contradictorios de globalización-tribalización. Por un lado la globalización es una realidad cada vez mas acabada, por otra parte, surgen con ímpetu inusitado los nacionalismos (noción básica para el diseño gráfico que en otra ocasión se tratará).

En el sentido expuesto, llamaré "arte tradicional" a lo que todos conocemos como arte, y al diseño gráfico: "diseño". Cabe la distinción para conservar la idea del diseño como un arte de naturaleza diferente al arte tradicional. No se trata de "dignificar" al diseño emparentándolo con el arte tradicional, ni sobrevaluarlo ya que acabaría por ridiculizarlo. La idea va más allá: se trata de destacar al diseño como potencial de comunicación humana, ajeno a la coerción del poder, en donde la creación colectiva es la que trasciende. Desde la perspectiva del diseño, conviene más destacar sus diferencias con el arte tradicional que sus coincidencias. Éstas, por su evidencia, suelen dar pie a largas discusiones. Así pues, por su gestación el arte tradicional es fundamentalmente una manifestación individual, mientras que el diseño parte fundamentalmente de una perspectiva colectiva.

En rigor, todo hombre es hijo de su tiempo, lo cual significa que antes que creación individual, toda obra (de cualquier individuo) es inicialmente creación colectiva, creación de su tiempo. Esto es, todo individuo solamente cobra sentido como hombre si es un producto social (si no es así, se está ante lo que se quiera, menos ante un hombre). Y todo hombre en cuanto tal produce y reproduce a su sociedad con sus actos y con sus obras; al menos en la misma medida en que esas obras y esos actos puedan producir efectos discordantes con esa sociedad. Ciertamente que entre los artistas se da el hecho de que discurren entre la "realidad real" y su "realidad subjetiva" o realidad particular. Es decir, el sustrato de la obra de un artista tradicional y el de un diseñador es el mismo: es ante todo una creación colectiva.

Ahora bien, a partir de esa significación colectiva el artista tradicional se enconcha en su subjetividad, en su manera particular de entender tal significación. Así, el arte tradicional aparece como una significación colectiva curvada, atípica, vista al trasluz de la historia particular de cada autor. De hecho, la significación colectiva como tal puede (o suele) no aparecer, pues se expresa de manera atípica, transformada, de tal manera que resulta irreconocible o, en el mejor de los casos, poco identificable. Por ello la realidad del artista tradicional no corresponde necesariamente con la "realidad real". La obra de arte tradicional es más valiosa como expresión de una subjetividad particular que como expresión de una subjetividad colectiva (necesariamente subyacente en ella).

Pese a que se habla de genios que se adelantaron a su tiempo o se ubicaron fuera de su época, en realidad estamos ante hombres que expresaron particularidades de su tiempo, mismas que estaban fuera de las corrientes principales de expresión de ese tiempo, razón por la cual fueron ignoradas y rescatadas a posteriori (cuando así sucedió).

Por su parte, el diseño gráfico es una expresión de la subjetividad colectiva, y ahí radica su mayor valor y potencial. El diseñador aunque también se expresa a partir de su subjetividad (misma que finalmente impregna su obra al igual que el artista tradicional), su principal tarea es buscar puntos de contacto con el resto de sus congéneres. Es decir, busca la intercomunicación humana a la vez que intenta expresarla a la manera del arte.

Es innegable que la subjetividad de cada individuo distorsiona las visiones colectivas de las que parte. Tal distorsión será la base de la originalidad y la creatividad (tema pendiente de tratar). No obstante esa distorsión, el diseñador intenta comunicar, tiene la voluntad de comunicar; el sentido de su hacer es comunicar. Es cierto que el diseñador (quiéralo o no) también plasma su subjetividad en su obra, pero tal subjetividad solamente cobra sentido en el marco de la comunicación humana. La obra del diseñador no pierde su sello personal por comunicar, ni es ajena al colectivo por estar impregnada de su subjetividad. Así como el artista tradicional impregna de significaciones colectivas a su obra, el diseñador impregna de subjetividad a las suyas.

Entonces, mientras que el arte tradicional tiende a enconcharse, el diseño propende a expandirse dentro de los límites de su sociedad. Mientras que el arte tradicional es creación para entendidos ( por más que los murales sean intentos de creación para las masas), el diseño lo es para todos (afirmación polémica que sin embargo es corolario de lo hasta aquí expuesto. En todo caso es tema adicional de discusión que aquí no se tocará).

El diseño crea y recrea las significaciones colectivas, el arte tradicional crea y recrea significaciones particulares. El arte del diseño se apoya principalmente en la subjetividad colectiva, el tradicional, en la subjetividad particular.

Lo que conocemos como arte en esta época está estrechamente ligado al poder. En los hechos el poder da y quita el título de arte y solamente desde una perspectiva ñoña se pretende endosar el adjetivo "arte" a lo que por su naturaleza es otra cosa (artesanías, música popular, etc.).

La segunda gran diferencia entre el arte y el diseño estriba en el potencial de éste. El arte tradicional intenta expresar una subjetividad se entienda o no, se capte o no se capte. Por su parte la obra producto del diseño siempre aspira a ser entendida, captada.

El diseño al inscribirse en la comunicación interhumana amplía la capacidad de comunicación del hombre al valerse de medios que exceden a la palabra (la palabra naturalmente limita la comunicación al inscribirse en los dominios de la lengua. Sólo cuando la palabra se inserta en el habla se libera. Es cuando su significación se enriquece y amplia las posibilidades de comunicación. Así como la lengua es sujeción, el habla es liberación).

El diseñador se vale de múltiples medios en su tarea de comunicación (color, forma, textura, lengua, etc.) y es esa posibilidad múltiple encaminada a comunicar, lo que imprime un potencial extraordinario al diseño. El arte tradicional a lo más que llegó fue al cine (que no es poca cosa), en donde una multitud pasiva admira las capacidades de un director y su equipo. Por su parte, el diseño es el punto de contacto colectivo, el punto de confluencia de subjetividades.

Desgraciadamente gran parte del diseño sigue esos pasos del cine. Lo que es peor, el diseño mercenario solamente aspira a vender, ser un apéndice de cualquier publicista que pague "bien". Pero el diseño mercenario no es todo el diseño, tal cual el arte elitista no es todo el arte.

Por su propia naturaleza el arte tradicional no ha podido desprenderse del poder. Su acepción sensiblera lo ha llevado a la corrupción, de tal manera que expresa más al individualismo burgués que la sensibilidad humana. El diseño es joven y aunque ha nacido de la necesidad mercantil y madurado en ella, puede retomar el camino que el arte perdió: ser expresión humana antes que del poder, ser la acción de un pueblo antes que su autocontemplación. El arte por individualista terminó por ser contemplativo, el diseño por interactivo se corresponde más con la acción que con la contemplación

 

Jorge Luis A. Muñoz Hdz.
2000-10-21
(versión corregida y aumentada de la aparecida en "Matiz" no. 7/1997)

 

 


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Actualización al 15 de mayo de 2006

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