ARTE Y DISEÑO

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EL ARTE COMO POSIBILIDAD Y
COMO CREATIVIDAD

 

El arte tal y como aparece en la moderna sociedad, parece contagiado de las mismas orientaciones que guían a la economía: su creatividad se concibe como asintótica y su posibilidad de desglose infinita. No hay arte sin creatividad. La creatividad debe ser basta, exuberante y orgiástica. Imperan los lineamientos de la producción industrial: continuamente deben generarse más formas, más ideas, conceptos, texturas, sonidos, ritmos, metáforas, imágenes, etc. en una línea de producción ininterrumpida. Si un estilo logra resonancia, la consigna es explotarlo, exprimirlo, importa poco si revienta: se debe producir mucho, generar infinitas variaciones de lo mismo.

Esa forma de asunción de los productos del arte se asemeja a la producción de mercancías en donde priva la variedad, la novedad que venda, que abra nuevos mercados o que amplíe los existentes, que estimule el consumo para que finalmente el capital crezca.

Es curioso ver que en las llamadas sociedades primitivas el arte tiende a estereotiparse pese a que también se da la creatividad y la emergencia de nuevas propuestas. En estos casos no existe una idea de arte como producción asintótica. Evidentemente en estas sociedades el arte no discurre separado de la sociedad, no es una parcela de esta sino una actividad más de la sociedad, actividad que discurre integrada a la religiosidad, a los ciclos económicos, etc.

La producción artística en nuestras modernas sociedades supone la estimulaci6n de las subjetividades individuales, mientras que en las primitivas lo que priva es el estímulo de la colectividad. En estas sociedades el artista es a la vez labriego, miembro activo de una familia extensa (con las obligaciones que ello supone) y puede ser autoridad civil o religiosa a la vez que gestor y, en suma, un individuo más, común y corriente dentro de su comunidad (lo cual implica que tiene una dotación de habilidades más o menos equiparables con las de cualquier individuo de su sociedad, y con más o menos las mismas posibilidades que cualquier otro de destacar en base a tales habilidades).

La parcelación de los haceres en nuestra sociedad condena a padecer un infierno al artista, lo obliga a sumergirse en su otredad como única vía para ser original y creativo. Sumido en su yo, el artista padece el extremo de sus sensaciones, conceptos, percepciones y todo aquello que lo separa de su sociedad y que tiene que cultivar si es que aspira a la originalidad.

Nuestros artistas tempranamente captan su triste destino y la mayoría de ellos se preparan para una vida atípica que puede ir de la bohemia al abandono. Su destino se asume como un apostolado en donde el padecer es lo normal. Lo mismo le sucede al filósofo y a todo creativo: Se tiene que salir de la sociedad para poder vivir en ella. Esa contradicci6n lacerante es el real estigma de nuestros artistas.

¿Pero de donde ha salido esa noción de infinitud de la posibilidad del arte? Evidentemente de la lógica económica que priva en el capital. La lógica de la productividad como base de la ganancia es al parecer la responsable de la prostitución del arte. Pero más allá de la economía, nace del pensamiento, el cual se caracteriza por la infinita posibilidad de combinación de los elementos que lo conforman (y que son de naturaleza distinta a él tales como la intuición, la ideación, la representación, etc.). El pensamiento establece ligas arbitrarias necesariamente asignificativas, lo cual de suyo le abre posibilidades de combinación infinitas. Esa posibilidad crea una ilusión: La posibilidad de creación es infinita, y si lo es para todo, también lo es para el arte.

Al cierre de cada época histórica nos damos cuenta que hemos estado dando vueltas en círculos y que en realidad las "infinitas" posibilidades de desarrollo no han sido sino variaciones (o repeticiones más o menos disfrazadas) de lo mismo y que en tal virtud terminan por hastiarnos. Cada nueva época nos muestra hasta el cansancio lo limitado que resultan esas que llamamos nuevas formas de significación, de composición, etc.

Tal parece pues que creatividad y posibilidad del arte no son sino otras tantas formas de comercialización de nuestra época. Lo trágico es que el artista no puede escapar a ello, por la sencilla razón de que a diferencia del primitivo, no tiene comunidad a que acogerse, salvo las pequeñas sectas de "iluminados" que suelen ser rumiaderos de resentimientos.

Ante este oscuro panorama, el artista-hombre podría ser una alternativa para el arte. El abandono de las sectas a cambio de la fusión con su sociedad parece ser un buen camino para el artista. El arte tendría entonces un nuevo cauce: el que le marque el hacer colectivo del grupo que lo ejerza. Sin embargo, hay malas noticias, aún hay que inventar esa sociedad o favorecer la emergencia de tendencias que la inauguren. Pero no todo son malas nuevas, quedan las alternativas del azar y del deseo.

Nov del 2000
Jorge Luis Muñoz

 


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Actualización al 15 de mayo de 2006

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