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ANTROPOLOGÍA EN XOCHIMILCO
Laura Luvina Muñoz Zempualtecatl
SANTITOS
“Al santo Señor de
Chalma yo le pido con el alma...”
En Xochimilco existe una fuerte presencia de espacios religiosos,
la iglesia de san Bernandino, las cruces de los cerros, las
vírgenes de los paraderos de los peseros etc. Nos encontramos en
estos espacios una diversidad de santos, vírgenes ó
cristos, conviviendo como en el mismísimo paraíso
prometido por Jesús, esta condición o
situación no es nueva en Xochimilco, es la reminiscencia
de situaciones anteriores a la conquista y que se encuentran insertadas
en la actualidad.
En mesoamérica la diversidad de cultos y de dioses
existía, pero esta diversidad contiene elementos sustanciales,
elementos comunes que hacían una sola religión. Decir una
sola religión, no quiere decir unos mismos dioses, ya que cada
cual adoraba a un determinado díos sin pretender que este fuese
el único o el más poderoso. Toda familia se
pretendía descendiente de un Dios, el cual era el fundador de
ese linaje. De esa manera, la única visión que soportaba
esa actitud religiosa era una cosmovisión totalizante.
Prevalecía una idea de orden religioso total, que llevaba a una
variedad de politeísmo, en el cual diversos dioses
convivían sin pertenecer necesariamente a distintas religiones.
El reconocimiento y adoración de varias deidades se
evidenciaba en que solían hacerse ofrendas a los dioses vecinos
en señal de alianza. No se aislaba a las deidades, estas
convivían unas con otras y con los hombres.
En la actualidad a prevalecido esta formación religiosa, ya que
los “santitos” son esas deidades precolombinas. Han cambiado las firmas
y los nombres, pero la sustancia religiosa no. Por “santito” se tiene
lo mismo a un cristo que a un niño Dios, lo mismo al
Señor de Chalma que a la virgen de Guadalupe.
Además, todos sabemos lo milagroso que son los santos. El
Señor de Chalma antes que un cristo crucificado es un santito,
una especie de deidad que para nada se confunde con otro cristo de
alguna otra iglesia. Igualmente el Niñopa, el Santo Niño
de Atocha, o el Niño Doctor antes que niños Jesús,
son santos y cada uno tiene su propia personalidad y actúa como
un díos independiente, capaz de convivir con otros dioses bajo
una misma religión. O sea, como en mesoamerica.
No estamos muy lejos de nuestros antepasados indígenas, pese a
nuestra máscara civilizada, aún nos late un
corazón indio.
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