ANTROPOLOGÍA Y XOCHIMILCO

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ANTROPOLOGIA EN XOCHIMILCO
Laura Muñoz Zempualtecatl

La llegada  de los muertos

                                                                                            
                                                                                             Cerrar los ojos con la mano amiga,
Y acostumbrarlos para que se diga
Que ya cerrados los hallo la muerte.
Javier Villaurrutia


Seres  vivos, seres  muertos comparten los días 1 y 2 de noviembre. El día de muertos es cuando se recuerda a los que ya no están más en vida, con ellos se comparte la comida, con ellos se recuerda que la muerte es parte de la vida.
Xochimilco celebra estos días conservando muchas de sus costumbres prehispánicas. Los ritos xochimilcas que en estas fechas se llevaban a cabo, eran las ceremonias del maíz ya maduro, es cuando comparten, vivos y no vivos, los alimentos preparados con el maíz.
Para los mexicas las celebraciones de estas fechas se hacían en honor de Huitzilopochtli. Sin embargo, ambas tradiciones, la mexica y la xochimilca, empiezan a ceder ante el embate de la cultura norteamericana, que se viene a sumar a la tradición cristiana. El resultado es una ceremonia de muertos con un olor a show, fe y paganismo prehispánico.
Actualmente en Xochimilco, y en todo México, en las plazas públicas se venden toda una serie de objetos que no corresponden siquiera a la tradición cristiana, más bien corresponden a la cultura norteamericana. El halloween amenaza con sustituir a los muertos.
El 1 y 2 de noviembre se viven de diferentes maneras; una de ellas son las alumbradas en los panteones el primer día. Este evento no es exclusivo de Mixquic. Durante la víspera, en Xochimilco puede verse a la gente preparándose para recibir a los muertos: compran en los mercados las calaveras, los cirios para la aluzada, la fruta y todas las cosas que llevaran el primero de noviembre (en la noche) a los panteones y las que ofrecerán en sus casas.
En los panteones limpian sus tumbas, adornándolas con flores de zempasuchil, nube, floripondio y gladiolas. Por la noche entre la plática y los recuerdos: un buen café. La luz de las veladoras reúne más estrechamente a los vivos y a estos los acerca con los muertos. La calle que lleva al panteón deja a un lado la frialdad de su imagen para volverse alegre y llena de luz, calida para los que llegan a la morada de los muertos; en ella se instalan todo tipo de vendedores dándole a las  entradas de los panteones un ambiente de feria.
Pero no solo en el panteón encontramos a los muertos, en las casas son esperados y recibidos con una ofrenda la cual es preparada por los familiares o conocidos del muerto a recibir. Su comida favorita es preparada, el retrato del difunto se exhibe para que en un acto simbólico disfrute de su bebida favorita (normalmente tequila), fruta (plátanos, naranjas, manzanas, guayabas, tejocotes en dulce), pan de muerto, sal, agua, flores y veladoras, puestas en una mesa adornada con papel picado normalmente de colores rojo, morado, o amarillo con figuras de calaveras charras, la catrina y otros personajes.
Los niños en la noche salen a calaverear con disfraces improvisados o comprados, son trajes de diablos, de brujas, de esqueletos, de vampiros o monstruos,  con sus chilacayotes a los que le sacan la pulpa y le hacen la cara de una calavera, el cual se alumbra por dentro con una vela para  pedir de casa en casa, ó en la calle, dinero o lo que sea. En las casas suelen dar pan de muerto ó fruta de la que está en la ofrenda, pocas veces dan dinero. Los niños cantan algunos fragmentos de canciones como “ya llego la chilindrina a pedir su mandarina” o “ya llego Jorge Negrete a pedir su gollete”. A los que cantan les va mejor.
Muchos niños van a conseguir su chilacayote a la milpa, le dan forma de calavera y luego a la calle a correr junto la muerte para divertirse. Algunos muchachos representan a las ánimas y andan con un ataúd asustando a los niños y a la gente que encuentran a su paso; ellos también piden su calavera.
Así  uno celebra y recibe a los muertos  en la casa, en las calles, en el panteón, a los que  se han ido, a los que tan solo se adelantaron en el camino. Si,  Xochimilco huele a incienso, a zempasuchil, a dulce,  porque la muerte  esta de visita.

 

 

 


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Actualización al 15 de mayo de 2006

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