ANTROPOLOGIA EN XOCHIMILCO
Jorge Luis Muñoz
El Aluzamiento de los
Muertos
Con mucho, la noche del día de muertos es la más bella
noche mexicana. En Xochimilco, Tlahuac y todo el sur del D. F. el uno
de noviembre para amanecer el dos, los panteones se llenan de luces y
de colores para recibir a los muertos grandes. Hay música por
doquier, gente rezando o platicando al pie de la sepultura de sus seres
queridos. El ambiente es festivo aunque varía de panteón
a panteón. Invariablemente la gente es amable y siempre se
muestra dispuesta a compartir lo que ha llevado para recibir a sus
muertos.
La ceremonia de aluzamiento comienza con la instalación de
cuatro cirios en la tumba del muerto que se visita, se le ponen
ofrendas y la tumba se adorna con flores. Según se disponga de
dinero, se le puede llevar música de norteños o de
mariachi al muerto. Si no se dispone de mucho dinero, una grabadora
basta.
En Tlahuac reciben a los muertos con una lumbrada a las puertas de las
casas. Es para que los muertos no se pierdan. En Xochimilco no se
prenden lumbradas en las casas pero si en los panteones. Se prenden
lumbradas tanto parta calentarse como para completar el aluzamiento de
los muertos.
Entre los antiguos nahuas, “al hombre, al morir, se le destinaba alguno
de los tres lugares conforme al género de muerte:
acompañar al Sol, el Tlalocan o el Mictlán. El primero se
le deparaba, como ya se señaló, a los guerreros muertos
en combate o sacrificio y a las mujeres muertas en parto, ya que se
consideraba esto último como una guerra en que el niño
era el prisionero. Los guerreros acompañaban al Sol desde su
nacimiento por el oriente hasta el mediodía, en tanto que las
mujeres lo hacían desde el mediodía hasta el atardecer.
Por eso a este último rumbo del universo se le llamaba
Cihuatlalpam o rumbo de las mujeres.”
”Al Tlalocan iban todos aquellos individuos muertos en relación
al agua, incluidos los que morían por un rayo. Se le describe
como un lugar de eterno verano y de verdor constante. En él
residían el dios del agua y sus ayudantes, los tlaloques.”
”El Mictlán era el noveno y último nivel del inframundo.
A él iban quienes morían de muerte natural o de
enfermedades no relacionadas con agua.” (Eduardo Matos).
Para los mexicanos el problema no es la muerte, lo es la vida y su
incertidumbre, por ello la fiesta de muertos se celebra con particular
fervor. El día de muertos vienen los que ya gozan de
certidumbre, los que ya dejaron de sufrir, por eso se les recibe con
una ofrenda con lo que más les gustaba y se les levanta un altar
con el que se les venera como a dioses.
En el valle de México existe aún una marcada angustia por
la vida, de hecho, uno de los sueños del mexicano es vivir sin
trabajar. Tal es la angustia que comunica la vida. Jose Alfredo
Jiménez refería esta angustia con sus continuas
referencias a que la “vida no vale nada” decía: “comienza
siempre llorando y así llorando se acaba”