ANTROPOLOGÍA EN XOCHIMILCO
Luvina Muñoz Zempualtecatl
Tras El Telón
de la Fiesta II
De la vida colectiva que se realizaba en territorio
xochimilca antes de la llegada de los españoles y después
de ellos, se sabe poco, sin embargo, de lo que se sabe tenemos la
certeza de que fueron los festejos religiosos a través de los
cuales se manifestaron algunos de los rasgos más importantes de
la vida colectiva en Xochimilco. De hecho, a la llegada de los
españoles la convivencia comunitaria se dio principalmente a
través de las festividades religiosas. Hubo y hay otras formas
de de organización social, como las que se dan mediante redes de
solidaridad mixta (laico-religiosa), que han logrado subsistir en
esta nueva era de globalización.
La colectividad que se ve en algún festejo, a pesar de que
muestra una gran participación y despliegue, lo es solo en
parte. Mucha de la organización que se despliega durante una
fiesta, no es mas que el producto de un reducido grupo de personas,
generalmente las directamente involucradas, quienes se encargan de
integrar a amigos y parientes generando un pequeño pero
eficiente grupo organizador que llega a dar la impresión de que
se está ante un gran grupo comunitario. Es así que en los
festejos que se dan en territorio xochimilca (y prácticamente en
todo el sur del D. F.), aunque en el clímax de la
celebración aparece mucha gente, el sentido de
colectividad lo da un grupo en particular.
Las celebraciones que referimos son de orden público, es decir,
las posadas, la fiesta del santo patrón, la encontrada, el 15 de
septiembre, etc., las cuales no organiza ni patrocina una marca
comercial, ni se tiene que acarrear con publicidad desbordada a
la gente, son fiestas organizadas por y para la gente.
El ambiente que suele darse en los preparativos de las celebraciones es
de reserva. Para ser invitado a los preparativos de un festejo se tiene
que tener una estrecha relación con el anfitrión,
de otra manera difícilmente se va aceptar trabajar en el festejo
sin que medie pago alguno. La cercanía entre quienes organizan y
trabajan para una fiesta genera un sentimiento de pertenecía con
el otro y con el festejo mismo. No es usual que alguien llegue de
espontáneo queriendo ayudar, hay que construir la
relación con el anfitrión y con el grupo que organiza y
trabaja para el festejo. De esa manera se construyen relaciones que
llegan a ser duraderas que eventualmente pueden traducirse en la
perpetuación de rasgos importantes de vida colectiva como la
fiesta.
No obstante que los trabajos para los festejos son hechos en gran
medida por vecinos, amigos y parientes, que junto con la familia
anfitriona logran fiestas tan espectaculares como las del
Niñopa, tal grupo es en realidad pequeño. Es decir, no se
logra involucrar a toda la comunidad, salvo en el disfrute de la fiesta
misma (lo que ya es una gran ganancia). Fuera de la fiesta, las
comunidades permanecen dominadas por la lógica social
general, que es la que organiza el resto de la vida, el trabajo, la
obra pública, etc. No se logra trascender significativamente a
la fiesta para cosas en que naturalmente debiera tener presencia la
comunidad. No se es conciente de la fuerza de organización
autónoma y colectiva.
Sabemos que gran parte de la comunidad queda fuera de la fiesta cuando
podemos constatar que muchos festejos permanecen desiertos, ya que la
gente llegó, comió y se fue. Es decir, hizo acto de
presencia y se marchó. En muchas ocasiones es triste ver que
solamente una pareja baila ante la animada intervención de un
grupo y la resignada presencia de los anfitriones. Son muchos los casos
como el que se menciona, por lo cual no se puede hablar solamente de
mala organización, sino principalmente de una ausencia de
involucramiento de la comunidad.
Sin embargo, aunque la colectividad que se crea lo es principalmente
para la fiesta, este tipo de acontecimientos nos puede llevar a generar
identidades sumamente resistentes, que son generadas básicamente
por principios diferentes u opuestos a los que imponen las
instituciones de la sociedad. En xochimilco la persistencia de sus
costumbres relativas a la fiesta, puede entenderse mediante ese
mecanismo de resistencia a los embates de una cultura de la ciudad que,
en el sur del D. F., es un tanto ajena.
La dispersión que genera el hecho de salir a trabajar todo el
día fuera de Xochimilco se ve compensada en gran medida por los
festejos religiosos, ya que una persona que por su trabajo empieza a
ser ajena a la región, logra integrarse a la misma en alguna de
sus muchas fiestas. De hecho, las fiestas construyen un sentido de
identidad, construyen la forma en que los xochimilcas se observan a si
mismos. Sin embargo, lo más importante está en que la
fiesta posibilita la construcción de relaciones que bien
podrían dan con una auténtica vida comunitaria y
autónoma, en estos tiempos en que la realización del
individuo ya no encuentra posibilidades en la sociedad globalizada.
Podemos concluir afirmando que, si bien tras el telón de la
fiesta no hay una vida colectiva generalizada, si hay una gran
convivencia que posibilita y prepara para cosas mayores.