De la realidad
Producimos realidades aferradas, realidades que se resisten a dejar este mundo (como la conciencia de la vida). Son aberraciones de la existencia, son abortos espurios que pretenden usurpar lugares que no les corresponden. Son entidades tiránicas que se imponen a fuerza de depredar a las vivencias legítimas que produce la existencia. .
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Las realidades (tan efímeras como chinchosas) deben ser combatidas. No se tiene que usar el argumento lacrimógeno de pelear por los pobres. Eso pertenece a tiempos de Pepe El Toro. Por mera salud mental, por el solo equilibrio emocional, por el amor de dios, por eso debe la realidad ser combatida.
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Me ofende ver que una cáfila de mediocres ahora estén apoderados de los puestos de mando de la sociedad. Ya echaron a los políticos que se sentían herederos de la revolución. Los menores, los siempre dispuestos a agachar la mollera, ahí están. ¿Cuándo les llegará a ellos su proceso electoral?
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Me decía alguien que yo era un resentido social. Supongo que quiso decir que yo culpo a la sociedad de mis males y que por ello muerdo a todos. Me puse a pensar ¿y si lo fuera? Socialmente hablando ¿sería yo un ser estrictamente normal? O sea ¿no es eso el ser de nuestro tiempo?. Lejos de enfurecerme me hace sentir lo anclado que estoy en mi época, y eso, más que molesto es decepcionante, entristecedor.
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Me dijeron demagogo, arengador ¿soy demagogo que convence? ¿arengador que incita? Ciertamente que de demagogo y arengador tengo mucho pero nada de sus efectos lógicos. Como arengador soy una decepción, como demagogo un fracaso. No es que no sea bueno como uno o como otro, lo soy, de hecho soy excelente. Es solo que padezco cáncer en esas facetas de mi personalidad: Soy un descreído de mi discurso, lo cual me permite razonablemente dudar de esas virtudes que me atribuyen. (lo dicho como demagogo soy bueno).
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Todo el tiempo tengo demonios revoloteándome en la cabeza. Pienso maniáticamente en algo grande, en esas cosas que sin ser buenas o malas permean los rincones de la vida. Pero soy Bastante Incapaz, nunca he reunido la suficiente energía para corretear a una dama, tomé las que ahí había, las que no tenía que enamorar, las que no opusieron resistencia. Mis ideas también son femeninas.
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Sin embargo soy un dogmático, descreo mi discurso únicamente porque se que lo dicho tuvo su historia, su momento y sus circunstancias, es decir, porque se desvaneció su sustento. Sin embargo junto con Castoriadis creo que los sustentos son como las gravedades: una propiedad del ser.
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La realidad es chocante, molesta, estorbosa. Es como traer un moco indeseable colgando de la nariz. La realidad es el cáncer de la existencia.
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El problema con la realidad es que no se puede nada contra ella. No puede dinamitársele porque sería aceptarla, no puede negarse por lo mismo. Es un pedo indecente, que te sigue a donde caminas.
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No se si el mundo apesta a gente, o la gente apesta a realidad.
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Cuando dicen: “arrastraba su miserable existencia” Da la impresión de que ese alguien nunca se dejó embaucar por la realidad al grado de preferir una existencia desgastada, hecha jirones, arruinada, estéril y que se caía de vieja.
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La realidad como aborto de la existencia
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Un buen comercial sería: “Lo original es la existencia, no acepte imitaciones reales”
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Realmente la realidad no es interesante, es un mero apéndice que cuelga de los bolsillos de los hombres, que se amolda a los monederos de las damas y que tiene por vocación el ridículo. Los interesantes son los pillos que la citan, que se amoldan a ella y que la usan para todo.
Junio 8 del 01