| Sede Otras columnas 051210 Carpe Diem El fantasma Luis Figueroa I. Un fantasma recorre las calles de Guatemala: el fantasma de miles y miles de personas que no están preparadas para enfrentar por sí mismas y con dignidad la vejez, o una invalidez eventual. ¿Cuál es la causa de semejante iniquidad? Yo veo dos: una es la ausencia de un estado de derecho que favorezca el crecimiento económico; y otra, la existencia de un seguro social que es piñata, que es trinchera ideológica y que condena a ancianos e inválidos a vivir de pitanzas. El verdadero propósito de un sistema de previsión social es la generación de fondos para cuando uno ya no puede producirlos porque ya está viejito. Pero también si uno ya no puede generarlos por haber quedado inválido, o viudo (en el caso de que uno dependa financieramente de su cónyuge). A primera vista este es un problema social, con una fortísima carga emotiva; ya que nadie, con sangre en las venas, quiere ver a sus viejitos y a sus enfermos pasando penas. Empero, en el fondo, es un problema financiero, que tiene una solución financiera y legal. Un buen sistema de previsión social se asienta sobre un marco que nos permite, a las personas, ahorrar durante nuestra vida laboral activa para luego usar el dinero acumulado cuando llegue el momento del retiro, o cuando uno ya no pueda trabajar. Si uno no ahorra durante la vida laboral, uno y su familia quedará desamparado cuando llegue la vejez, o cuando llegue una desgracia. Y en esas condiciones, uno se convierte en una carga para los demás. Por razones ideológicas, principalmente de orden socialista, el sistema previsional guatemalteco se parece a una pila que tiene más grande el desagüe que el chorro. Todos echan agua a la pila, pero a la hora de ir a sacar agua de ella, la mayoría del líquido se ha ido por el caño. Y el día llegará en que la pila se seque. Esto es porque, en una mala interpretación de la solidaridad, los ideólogos y corifeos del socialismo en la previsión social prefieren la igualdad en la miseria, a la desigualdad en la prosperidad. Para ellos es mejor el sistema colectivista, aunque no funcione; que uno que sea mejor para los ahorrantes, sólo porque este sea individual y porque garantice la propiedad. ¿De qué se trata el sistema de ahorro individual? Básicamente se parece a una libreta de ahorro y las ventajas son varias. Primero, es de su propiedad (y no de todos); segundo, usted puede ver cuánto va creciendo su ahorro; tercero, usted puede cambiar de administrador si no le gusta cómo están manejando sus ahorros; cuarto, al final recibirá todo el fruto de sus esfuerzos y los intereses, en lugar de cómo ocurre en el sistema colectivista actual en el que talvez reciba lo que quede, si es que queda algo. ¿Es este un sistema excluyente? De ninguna manera. El sistema de cuentas individuales es ventajoso para los más pobres, y para los que no lo son, porque garantiza su propiedad y su dignidad. Pero en última instancia, como una de sus gracias es que no es monopólico, el actual sistema podría seguir funcionando en forma paralela al nuevo, para los que confían en él. Bonos de solidaridad, pensiones arbitrarias y otros remiendos no sustituyen a un buen sistema previsional de ahorro individual; y lo peor es que esos chapuces más la ideologización del tema, impiden que nos ocupemos efectivamente de nuestros viejitos y de nuestros enfermos. II. Hablando de espectros, otro espanto que acecha es el proyecto secreto de la DINA chapina; esto es el proyecto de CICIACS que, al amparo de las sombras y con el propósito de que no sea conocido ni discutido por la sociedad civil, prepara la Comisión Presidencial de Derechos Humanos. III. ¿Leyó, usted, que a Alfonso Portillo lo protege Beatriz Paredes, “una de las mujeres con mayor poder en el Partido Revolucionario Institucional”, en México? Este Portillo tiene pegue, ¿o no? ¿Se acuerda, usted, de que aquí lo protegía la mal recordada embajadora Prudence Bushnell? Sede |