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040522


Carpe Diem

Catch-22
Luis Figueroa

Guatemala es un catch-22, una situación en la que uno quisiera escapar de la locura que prevalece; y en la que hacerse el orate parece ser la única forma de escapar de aquella demencia.

Catch-22, por cierto, es una novela de Joseph Heller acerca de unos bombarderos durante la II Guerra Mundial.  Es una especie de sátira de época que ilustra muy bien lo locas y absurdas que pueden ser las cosas en todas las épocas.

Tome usted, por ejemplo, las cosas que hace Oscar Berger, un hombre que perdió rápidamente la oportunidad de hacer la diferencia para Guatemala; y que se conforma con
esperar resultados diferentes, mientras hace lo mismo de siempre.

Primero dice que va a relanzar los Acuerdos de Paz.  Aquellos pactos, mortinatos, van a ser resucitados y uno no sabe si es para mantenerlos en estado de coma, o para forzarlos en una sociedad que los rechaza cada vez que puede.

Luego un grupo de diputados responsables le sirve en
bandeja de plata la oportunidad para desembarazar a los guatemaltecos de aquella aberración inconstitucional llamada CICIACS.  ¿Y qué hace Berger? Promete darle resucitación cardiopulmonar y hacerle un extreme makeover, para imponerla a cualquier costo.

Más tarde -a sabiendas de que es presidente
porque tiene que haber de todo; y prácticamente porque los chapines repudiaron al Frente Republicano Guatemalteco y a Ríos Montt, y no tuvieron más remedio que votar por él (yo voté nulo)- no tiene vergüenza alguna de someterse al FRG con tal de alcanzar sus objetivos políticos de corto plazo.

Si eso no es un catch-22, digame ¿qué lo es?  Porque la cosa empeora.

En obediencia ciega a los dictados de poderes paralelos ocultos (como algunas ONG y algunas misiones diplomáticas) la administración Berger ha dispuesto disolver el ejército de Guatemala.

En condiciones en las que prevaleciera la razón un ejército de amplia ocupación territorial como el nuestro debería ser sustituido por un ejército de rápido desplazamiento efectivo.  Uno con altísima tecnología y equipo moderno; de modo que si hubiera que moverse de un lugar a otro, se hiciera
al chilazo.  Así no habría que estar en todas partes, bastaría con poder moverse rápido.

Otra opción racional sería sustituir a la institución armada por una policía que estuviera tan bien equipada, tan bien entrenada y tan bien dotada de presupuesto, que sería casi como un ejército.  ¿Por qué cree, usted, que Costa Rica, que se supone que no tiene ejército, es el país centroamericano que más gastos militares tiene?

¿Deberíamos tener ejército, o una superpolicía? Yo digo que sí.  Porque los mexicanos y los beliceños no tienen empacho alguno en colarse de cuando en cuando.  Porque estamos involucrados en la absurda guerra contra las drogas.  Porque (ponga atención) los zapatistas están a un
paso de perico de la frontera y sus amigos chapines están bien colocados en el Estado.  Porque mientras disolvemos nuestra institución castrense y nuestra policía no se distingue de la delincuencia, adivine quiénes se están consolidando.

Mientras que al ejército se le desprestigia y a los que quedan en él se les eliminan los incentivos positivos, a los que lo abandonan se le dan bonos generosos.  Es posible, entonces, que los buenos dejen la institución armada y se queden en ella sólo aquellos que tengan
otros intereses.  Aquellos para quienes la milicia les sea complemento de otras actividades. 

Por supuesto que es buenísimo que a los oficiales que participaron de la orgía de corrupción del FRG y Portillo se les persiga, se les juzgue y se les castigue.  ¡Como debe procederse con cualquier militar, o civil, involucrado en actos delincuenciales!   Pero a la institución armada que impidió que mi generación creciera en la Cuba o el Mozambique de Centroamérica y a los oficiales y soldados honorables que hay en el ejército no debería humillárseles.

Tengo la impresión de que en medio de este catch-22 hay grupos tratando de ganar la guerra que perdieron antes de los Acuerdos de Paz y que no ganan en las urnas; y creo que la falta de principios que exhibe el grupo gobernante va a servir a aquellos propósitos.

¡No más impuestos! Hoy, a eso de las 10:00 a.m. un grupo de chapines chispudos estará  repartiendo calcomanías de ¡No más impuestos!  Si quiere la suya pase por la Reforma, zona 9, antes del Obelisco.  Y también si quiere echar una mano.  Yo estaré ahí.


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