Sede        Otras columnas


Opi 040131 Figueroa


Carpe Diem


Diálogo
Luis Figueroa

Para un aniversario de la Revolución del 44, escribí un artículo en el que sugería que superáramos la efemérides y viéramos al futuro.  En consecuencia, una columnista de apellido Rodas me trató de “columnista de pacotilla” y tergiversó gravemente lo que yo había dicho, hasta el punto de que donde yo dije “viejitos nostálgicos” ella entendió “viejitos idiotas”.  No hay derecho, ¿verdad?

Poco tiempo después escribí otra columna criticando la actitud de algunos grupos feministas y posmodernos en la Conferencia de El Cairo, sobre población.  Acto seguido, otra columnista, Asturias, me trató de “dinosaurio” y la emprendió contra otros comentaristas y yo.

Hace unos años escribí que, aunque me gusta el brócoli, no dejo de comer hamburguesas y que no sería buen vegetariano.  Como respuesta, fui acusado de “comecadáveres,” de parte de un lector enfurecido.

En la radio, hace unas semanas, un funcionario La Rue se descompuso tanto cuando no pudo rebatir mis argumentos críticos sobre la dictadura cubana que no pudo sino decir “No se ni siquiera con quién estoy hablando”.  Nada de argumentos, sólo descalificación.

Recientemente mis amigos Maite Rico y Bertrand de la Grange, autores del magnífico libro ¿Quién mató al obispo? han sido descalificados y ofendidos por Margarita Carrera, Marco Antonio Flores, y la ODHA, entre otros. 

Acabo de meterme en el asunto de la CICIACS, que creo que es perjudicial para la construcción de un verdadero estado de derecho en Guatemala, y lo que enfrento no son argumentos racionales sobre el fondo del asunto, sino una caricatura descalificadora de parte de José Manuel Chacón.  Afortunadamente, en buena compañía.

¡Hasta mi amiga, Iduvina, dice que los que nos oponemos a la CICIACS lo hacemos porque tememos ser investigados!  La descalificación, y a veces la ofensa, están demasiado presentes en el diálogo (¿diálogo?) chapín.

Honradamente estoy seguro de que  para combatir los nefastos cuerpos de seguridad clandestinos, haríamos mejor en fortalecer nuestras instituciones de seguridad y justicia, en vez de engendrar órganos paralelos.  De verdad estoy seguro de que en Guatemala ya hay demasiados privilegios como para multiplicar el número de instituciones y funcionarios exentos de impuestos y de responsabilidades. 

En octubre pasado, durante la inauguración del espacio para diálogos socráticos en la Universidad Francisco Marroquín, el maestro, Julio César De León Barbero, explicó los Diez Mandamientos del Diálogo, del Instituto sobre la Paz Global.  Y en beneficio del intercambio productivo de ideas, para la construcción de una Guatemala mejor, propongo que, en lo que cabe, los adoptemos cuando discutamos.

1. Honrar a los demás y escucharlos profundamente con absoluta sinceridad.
2. Enfocar la agenda mientras se buscan los puntos comunes para el consenso, pero excitar los pensamientos grupales reconociendo diversidad de puntos de vista.
3. Abstenerse de intervenciones irrelevantes o inmoderadas.
4. Reconocer las contribuciones de los demás en la discusión antes de relatar las observaciones propias respecto a las de ellos.
5. Recordar que el silencio también habla; hablar sólo cuando se tenga una contribución que hacer.
6. Identificar los puntos de diferencia críticos para una mayor deliberación.
7. Nunca distorsionar los puntos de vista de los demás para promover el propio.
8. Formular los acuerdos sobre cualquier artículo de la agenda antes de avanzar al siguiente.
9. Sacar las conclusiones de un acuerdo para la política y acción de grupo.
10. Agradecer a los colegas por su contribución

No digo que un poco de ironía e ingenio retórico, al estilo del genial Clemente Marroquín (En el mundo de la polémica, 1971) no aderecen una buena discusión; pero de eso, a desenfocar el tema, descalificar y ofender hay demasiada distancia. 

Si la
CICIACS es buena que por favor expliquen por qué.  Yo estoy seguro de que para justificar la existencia de privilegios debe haber una mejor explicación que aquella de que “como todo el mundo lo hace, nosotros también”. 

Discutamos con razones y evidencias;  pero empezar por decir que porque uno está a favor del estado de derecho, o del mercado, es un antipopular (que no es lo mismo que antipopulista), para luego no argumentar nada...eso no ni tiene gracia, ni nada.

Sede
Hosted by www.Geocities.ws

1