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A partir de estos dos últimos años y, supongo que en adelante, toda mi creación se centra en planteamientos puramente subjetivos que parten de lo privado como tema central. Y es que, ciertamente, soy incapaz de afrontar una obra sin tener en cuenta todas las vivencias, suponiendo que son estas las que dotan a cualquier creación de una carga emocional, consciente o no, necesaria para un entendimiento personal que cualquier acto creativo con pretensiones artísticas debe poseer. Si bien el significado de muchas obras de arte en una gran proporción nos queda vedado (la mayor parte de las veces que intentamos descifrar el significado de una obra, al menos en mi caso, se queda en un intento de lo que creemos que puede significar a no ser que estemos hablando de obra literaria, lenguaje este mucho más universal y accesible a la comprensión inmediata de lo que se está narrando), serán a mi entender las emociones las que no quedarán ocultas en la relación comunicativa entre obra/espectador. En definitiva, puedo crear ocultando un significado literal de la obra, en parte porque esta queda concebida primero como un hacer que derivará con el paso del tiempo en un entender, pero no puedo crear sin obviar la carga emotiva inconsciente ligada a cualquier acto humano; esto es, no puedo ocultar los estados de ánimo. Así pues, quiero hacer especial hincapié en estos dos elementos clave ya que, al menos en mi caso, y creo que en el caso de toda condición humana, el entendimiento de cualquier acto humano queda enlazado con posterioridad al hecho de ese mismo acto.

Mi obra última ha estado centrada en torno a la frialdad/calidez de las relaciones humanas. La representación, mediante retratos descontextualizados de gran formato de personajes muy cercanos rodeados de un plano y frío blanco acrílico, no atestiguan más que la tristeza de la soledad pero a su vez también son narradores del deseo de posesión de lo querido.

A su vez, actos como el traslado de rincones privados de mi hogar a salas destinadas a la exposición, en la que las huellas del público quedan registradas al visitar el espacio expositivo no hacen más que reforzar esta idea de la soledad y del vacío que debe ser rellenado.

Como ocurre con toda obra que queda finalmente resuelta el significado se iría complementando posteriormente con elementos enriquecedores que no harían más que afianzar el concepto anteriormente descrito (hecho/entendimiento). Así pues entrarían en juego cuestiones elementales y antagónicas como lo privado y lo público y se cuestionarían a su vez ciertos actos dirigidos esencialmente al comportamiento del expectador en tanto que público expectante interactivo consciente o inconsciente y en cuanto a cómo debe de ser la actuación de este público dentro de un espacio expositivo (hay que tener en cuenta que dentro de la exposición, dentro de mi hogar, se organizó una fiesta –dj. incluido– hecho que influyó notoriamente en su comportamiento: en su ruptura del respeto tradicional a “no tocar la obra de arte” y en la interacción del mismo con la obra).

Estos actos, como ya apunté al principio, quedaron resueltos hace ya un par de años. Estaban a su vez rodeados de un contexto que hoy día me es muy lejano y diferente. Y es por ello la clara diferencia respecto a mi obra actual. Ésta la concibo como una obra de transición, un punto de ruptura con un pasado y un punto de partida para un futuro. Se da, a si mismo, un intento de evolución (y a partir de ahora no seré capaz más que de dar pequeños apuntes muy verdes en lo que a madurez se refiere), marcado por un hecho para mi trascendental: la salida de la universidad y del ambiente soñador artístico, y la entrada a una realidad social (quizás igual de irreal). Si, según Eduardo Reck Miranda, “la Segunda Guerra Mundial – llena de eminentes estadísticas, coronada por el terror del holocausto y por la destrucción masiva de Hiroshima y Nagasaki – representó el verdadero Apocalipsis como revelación de la metamorfosis de un sistema en otro, de una estructura en otra”, podemos afirmar sin temor que toda evolución lleva siempre implícita la muerte de un sistema a favor de la supervivencia de otro segundo que lo supera.

Esta reconversión, esta anulación de sistemas por otros, es lo que trato de materializar en mis nuevas creaciones. Y, como mi problema es que aún no se cual es este nuevo sistema por el que debo optar, pero soy consciente del deseo de evolución, es de lógica que mi nueva obra no sea mas que una representación de la susodicha evolución, de la misma reconversión, que no sea más que la materialización de los miedos de los nuevos tiempos, del cambio, y en primera instancia de la muerte como elemento caracterizador de la destrucción, de la ruptura y de la transformación.

Bajo esta temática estoy realizando obra seriada según dos elementos diferenciados de repetición:

  1. Repetición del objeto. La seriación como método destructivo de los cánones occidentales tradicionales de la representación. La condición del objeto seriado estará muy ligada a las nuevas creaciones en torno al arte contemporáneo (a fin de cuentas, seguimos siendo reflejo de nuestro mundo), rompiendo el microcosmos inviolable formado por una obra de arte mediante su perspectiva en función de un centro ideal diseñado para captar nuestra atención (pongamos como ejemplo una obra renacentista). Todo lo contrario, la percepción ya no se recreará en una obra única, cambiando nuestro modo de asimilar la obra de arte por un todo unificador de las partes que será lo que nos dará la experiencia perceptiva.

  2. Repetición de la temática. Diferentes posibilidades en torno a una misma problemática (esta es la solución al fallo que cometí en la presentación de la obra). La temática como elemento unificador de objetos artísticos diferenciados entre sí: “¿qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinación de experiencias, de informaciones, de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles”.

A su vez, esta ruptura del tradicionalismo mediante la repetición adquirirá todo su significado mediante un elemento conductor de la modernidad, base (junto con la aparición de la velocidad tras la revolución industrial) de la evolución del arte hasta nuestros días: la luz, desde los repetitivos estudios en la obra de Caravaggio hasta la aparición del cinematógrafo que crea la ilusión de la realidad (animación) mediante la repetición de imágenes lumínicas (permite sucesos infinitos, pero asimismo la fragmentación atómica de las percepciones).

La luz, este elemento trasgresor inconsciente, este elemento evolutivo (de la obra original como unidad, a la repetición unificadora) si, como hemos dicho anteriormente, toda evolución consta de la muerte de un sistema en favor de otro que lo supera: ¿no sería la luz la representación pura del elemento caracterizador del cambio?¿no seria en este caso la luz la representación de la muerte de uno para la vida de otro?¿no seria la representación de la reconversión?¿la reencarnación?¿una nueva vida?

Por otro lado, sabemos que en los pueblos primitivos se reconoce la creencia de que el destino de los muertos queda vinculado a una estrella en el cielo.

De este modo la luz de la estrella sería una continuidad de la vida de esa persona fallecida definiendo su personalidad en función de la intensidad de la luz. Brillo o palidez.

De la misma manera q un relámpago (luz) no tendría sentido sin su trueno (sonido), el elemento sonido adquiere un alto grado metamórfico en la evolución del arte último del siglo XX y principios del XXI; como ejemplo, numerosas actuaciones de artistas como Nam June Paik que nunca fueron realizadas con el objetivo de ser grabadas y conservadas. Sólo existían en el momento de la acción, rompiendo así con criterios tan extendidos como la durabilidad en la obra de arte. El caso más claro: la figura del dj.

En palabras de Christine Van Assche: “en proceso sónico, la instalación sonora se presenta en su vertiente de performance, inevitablemente evolutiva, con el peligro de que la obra de arte pueda perder sus límites, tal como piensan algunos críticos”

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Objetivos.

¿Qué es lo que pretendo cuanto trato de abordar mi creación?

Lo primero que debería apuntar es el deseo de comunicación con el observador (arte para ser observado), comunicación creadora no tanto de ideas personales mas o menos acertadas que suelen caer en las profundidades abismales del artista romántico (algo de lo que peco continuamente y que suelo guardar para mí), sino mas bien despertadora de emociones (arte para el espectáculo) en el espectador independientemente de cual sea el escenario en el que la obra quede reproducida.

Soy consciente del cambio de intenciones que se ha ido manifestando en la producción última del arte contemporáneo. Este cambio de intenciones queda bien definido por el intento de ruptura de la marginalidad a la que ha estado sometido el arte y el artista en todo este último siglo, prácticamente desde la evolución del impresionismo. Así pues, “público, denominaba el escritor realista Emile Zola a los que se paseaban arriba y abajo por las exposiciones del Salón, eventos organizados en París por la Academia de Pintura y Escultura, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVIII. Lugares donde sólo por y para el arte, se reunía por primera vez el gran público que era considerado juez natural”. Es quizás este público lo que está definiendo el intento evolutivo de la contemporaneidad.

En la exposición Universal de 1855, Delacroix, Ingres y otros pintores significativos o no para la historia del arte compartirán escenario dentro del espacio expositivo con maquinaria y otros productos destinados al ocio y a recrear la vista del burgués tales como artilugios ópticos, panoramas o dioramas entre otros. Aparecerá aquí el concepto de público de masa (de consumidores). Así pues Baudelaire escribirá tratados aconsejando al público que se produzca una transformación necesaria en cuanto a cómo perciben lo que les rodea, observador privilegiado de lo que se daría definitivamente en un futuro no muy lejano: la vocación artística no se podría separar de la “marginación”.

Bien, ¿cuál es el fallo que cometió el artista en el desarrollo de estos hechos? La defensa de su status de creador, de originalidad de la obra, de persona iluminada nunca le ha permitido aceptar la crítica del que no entiende (grave error). El director del MOMA de Nueva York; Alfred H. Barr, decía en 1937 que el arte abstracto no era una clase de arte que las personas apreciaran “sin ningún estudio previo y cierto sacrificio de los prejuicios”. La realidad del asunto era que, mientras las masas apreciaban el kitsch, lo artesanal, los artilugios (nuevas tecnologías de su época), la elite intelectual solamente ha apoyado los experimentos de vanguardia. Hoy día el mundo del arte, estudiador de toda esta problemática acepta que vivimos en una sociedad del espectáculo, acepta que no sólo el arte de los países desarrollados es el válido, acepta que arte puede ser cualquier excusa, cualquier elemento creado por el artista o apropiado y ensalzado por él como obra de arte, ha ampliado sus fronteras hasta límites que rozan su desaparición. Pero ha sido una reacción tardía a un problema de aceptación de la sociedad en torno a la obra de arte.

Actualmente, y como solución a esta problemática, se está dando una reacción en torno a los nuevos artistas emergentes hartos de ser un laboratorio de experimentos formales, de juegos que no conducen mas que a si mismos, pretenden un lenguaje que aborde los problemas cotidianos tales como asuntos propios de la política de identidades. Ya no se trata de hacer un arte para educar al público, sino para comunicarse con él.

Si bien esta obra que aquí presento habla de mí mismo y mis deseos de cambio (me es muy difícil objetivizar mi obra), lo que pretendo en una mayor instancia es sacar a la luz una obra que tenga en cuenta los gustos del público (que, por cierto, vienen a ser los mismos gustos q los míos) por el espectáculo, por lo sorprendente de los artilugios, por las emociones, por lo banal, lo kitsch, lo artesanal, lo bonito, lo feo, y en un amplio grado por los problemas sociales camuflados por la sensación. La comunicación directa mediante el espectáculo, la destrucción del distanciamiento del objeto artístico “intocable” mediante su funcionalidad.





Metodología.

Antiguamente, en los tiempos de Grecia y Roma, la concepción del artista estaba más cerca del hombre de oficios que del concepto actual de independencia y originalidad. Así, tanto en la carpintería y la navegación como en la pintura y la escultura, el artesano/artista tenía que combinar una capacidad intelectual para captar principios con un entendimiento práctico, cierta destreza y gracia. De este modo, no es de extrañar que la palabra que actualmente traducimos como arte en Grecia se denominara techné y en Roma ars. Ambas icluían muchas de las actividades que hoy día relacionaríamos con oficio.

Lo que más llamaba la atención en la antigua concepción griega del artesano/artista era la ausencia del moderno hincapié en la imaginación, la originalidad y la autonomía. En general, la imaginación y la innovación eran apreciadas como parte del oficio cuando se trataba de producir algo con un propósito determinado, pero no tenían ese carácter enfático que poseen en los tiempos modernos.

A comienzos del siglo XX se dio un movimiento que, recuperando esta antigua concepción, opuso resistencia al sistema establecido de las bellas artes intentando reunificar arte y oficios y restaurar el propósito social del arte: la Bauhaus (1919-1932). Así en palabras del fundador Walter Gropius “los arquitectos, los escultores, los pintores, debemos volver a los oficios… No existe una diferencia esencial entre el artista y el artesano. El artista es un artesano exaltado. En algunos raros momentos de inspiración, momentos que están más allá del control de su voluntad, la gracia del cielo hace posible que su obra florezca como arte. Pero la destreza en su oficio es esencial a todo artista. Ahí reside una fuente de imaginación creativa. Dejadnos crear un nuevo gremio de artesanos, sin las distinciones de clases que levantan una arrogante barrera entre el artesano y el artista. Juntos vamos a crear una nueva construcción del futuro”. Al reproducir las palabras de Gropius no significa que esté en total acuerdo con su concepción, pero si que resulta interesante su intención, no de volver a la artesanía, sino de aglutinar arte, oficio y técnica en la formación de los diseñadores y arquitectos como propósito de cambio al hecho de dar sentido a un arte que cada vez quedaba más separado de la sociedad.

Si esto ocurría a principios de siglo, “en estos últimos años hemos visto también como el diseño ha manifestado su aprovechamiento del arte, utilizando su misma estética e imágenes. Cuadros de Mondrian han aparecido en zapatos, tapicerías, estampados, caramelos, queriendo acercar el valor del que el arte había sido portador hasta ahora”. Si el diseño usa las mismas imágenes que el arte y además, el primero va cargado de una funcionalidad que el segundo se reserva únicamente a su uso contemplativo, ¿qué sentido tiene el arte si queda restringida su funcionalidad a la contemplación? Sólo con echar un rápido vistazo a los canales de la televisión, nos encontramos con que éstos están surtiéndonos continuamente de anuncios publicitarios que funcionan igual que muchas obras de arte que podemos encontrarnos en cualquier institución destinada a la exposición, ¿que los diferencia de una obra artística? La única diferencia es que con el arte aun queda respetada la libertad de expresión, cosa que, en televisión por ejemplo no sería posible. El mundo que nos rodea es un mundo de censura encerrado en una creencia simulada de que somos libres, y la paradoja del asunto está precisamente en que la función del arte última debería ser la de despertar conciencias cosa que no puede permitirse a través de instituciones galerísticas en la que el arte sólo es visto por una inmensa minoría y cuya finalidad es el comercio de un producto para esa pequeña sociedad adinerada.

Para llevar a cabo mis objetivos usaré esta metodología:

  1. Construcción de objetos artísticos/funcionales creados con materiales asequibles, baratos, destinados a una compra/venta igualmente asequible.

  2. Elaboración de un proyecto realizable en el que quede respetada la libertad de expresión y que funcione en un contexto distinto al galerístico, dada su total ineptitud y su fomento a la desaparición del arte.






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