CIENCIA, TECNOLOGÍA Y COMUNICACIÓN
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Desde los albores de la civilización, la
humanidad se ha maravillado contemplando el cielo y las múltiples obras de la
Naturaleza. Este deslumbramiento estuvo siempre estrechamente asociado al miedo:
la doble función de la Naturaleza, que crea y destruye, ha alterado y polarizado
nuestras percepciones del cosmos.
La pregunta de por qué existe algo en lugar de nada forma parte indisociable de
ese proceso. Todas las culturas han tratado de explicar el misterio de la
creación, y nuestra tradición científica moderna no se sustrae a esta regla. Más
sorprendente sea tal vez la curiosa correspondencia que existe entre las
explicaciones que daban las mitologías y las que propone la investigación
científica. La gran diferencia estriba en que el procedimiento científico
excluye toda explicación que no se ajuste a fenómenos observables, mientras que
la fe es el único fundamento de las teorías que tienen su origen en los mitos.
En esencia, el pensamiento científico consiste en la capacidad de examinar los problemas desde distintas perspectivas y en buscar explicaciones a los fenómenos naturales y sociales, sometiéndolas constantemente a análisis críticos. El Pensamiento científico se basa, pues, en una reflexión crítica y libre, fundamental en un mundo democrático. Es evidente que el deseo de responder a interrogantes muy variados forma parte de la naturaleza del ser humano.
Existe una herramienta para buscar respuestas o explicaciones, la ciencia.
Podemos decir que una investigación y, como consecuencia, un conocimiento, se
considera científica cuando es posible presentar los hechos en forma de
enunciados, hipótesis, conceptos, teorías explicativas y, a partir de estas,
poder deducir unas consecuencias cuyo grado de comprobación lógica o empírica
nos permiten consolidar o reformular las teorías de las que se parte.
El conjunto de fenómenos socioculturales que se conoce con el nombre de “Pensamiento científico” tiene una dimensión cronológica muy amplia y se basa en: el desarrollo de las poblaciones urbanas, la extensión del comercio y de la industria, la existencia de medios más eficaces de transporte, la ampliación de los mercados, el aumento constante de la producción de mercancías en función de la ampliación de los mercados, la sustitución de los servicios forzosos por el pago al contado, la rápida difusión de la imprenta por toda Europa y el establecimiento de relaciones intensas y permanentes entre intelectuales y científicos del sur, norte y centro Europa (Problema interesante: simultaneidad de la lengua franca (el latín) y de la implantación de las lenguas nacionales).
La mutación socioeconómica, que está en la base de la “revolución científica”, afectó primero a unas pocas ciudades de Italia, Holanda, Alemania del norte y España, luego también a Francia, y Gran Bretaña; y finalmente a Dinamarca y Polonia. Se puede decir que en esta época hubo una interrelación entre la resolución de problemas prácticos que da lugar a las invenciones técnicas, las transformaciones técnicas que alientan el espíritu científico y los descubrimientos científicos que producen nuevos cambios técnicos.
La revolución científica corresponde cronológicamente a la época del Renacimiento. Es la época de Leonardo da Vinci (Manuscritos de 1491 y 1493), de Nicolás Copérnico (De revolutionibus Orbium celestium, 1543), de Vesalio (primera descripción anatómica completa del cuerpo humano: De Humani Corporis Fabrica, 1543), de Vannuccio Biringuccio (Pirotechnia: industria metalúrgica, vidriera y química, 1550), de Georg Bauer, llamado Agrícola (De re metallica, descripción de minerales y metales), de Jean Fernel (sobre fisiología y patología, 1497-1558), del médico-filósofo Paracelso (1493-1541) y los iatroquímicos, en Basilea.
La época (1550-1650) donde se desarrolla
durante la Contrarreforma y las guerras de religión, en Francia (1560-1598),
Países Bajos (1572-1609) y Alemania (1618-1648), el establecimiento de los
Estados Generales en Holanda (1576) y la creación de la Commonwealth (1649). Es
la época de Giordano Bruno (1548-1600), de Tycho Brahe (1546-1601), de J. Kepler
(1571-1630), de Galileo Galilei, de Gilbert (1600, magnetismo, imantación de la
tierra), de Harvey (1628, circulación de la sangre). Es también la época en que
se plantea la cuestión del método científico moderno: Novum Organum, 1620;
Discurso del método, 1637.
Fue aquélla una época sin igual en el plano de la astronomía y de la cosmología.
A finales del siglo XVI Giordano Bruno propone una justificación muy
especulativa del sistema copernicano que tuvo la virtud de llamar la atención de
sus contemporáneos. La teoría copernicana se convirtió en tema de conversación y
debate. Pero Bruno murió en la hoguera en 1600. A Tycho Brahe se debe el
proyecto de creación del primer instituto científico que ha existido en el
mundo: Uranienburgo, en la isla de Hveen, Dinamarca. Propuso también un sistema
copernicano con respecto a la Tierra inmóvil. Johannes Kepler, que fue
inicialmente ayudante de Brahe se estableció en Praga en la corte de Rodrigo II.
A él se debe la idea de las órbitas elípticas. Una fecha de este período
conviene recordar: la década de 1620. En esos años se sustituyó la física de las
cualidades por la Física cuantitativa; el Cosmos jerarquizado por un universo
“indefinido” y el mundo sentido de la percepción inmediata por el mundo pensado
del matemático. Y la etapa que corresponde ya a la época de la Restauración
(1650-1690). Es la época de Boyle, de Hooke, de Huygens. Algunos historiadores
de la ciencia amplían la extensión de esta fase hasta mediados del siglo XVIII.
Si se compara la época de florecimiento de
Leonardo da Vinci (la transición del XV al XVI) con la época de florecimiento de
Galileo Galilei (el primer tercio del siglo XVII) es posible resaltar algunos
cambios significativos:
1. Se ha pasado de la omnisciencia del “hombre del Renacimiento” a la progresiva
separación de los saberes (separación, por ejemplo, de la astronomía y la
mecánica respecto de la teología y de la filosofía].
2.Se mezclan géneros (diario personal/tratado
asistemático/dibujos/diagramas/proyectos) a la delimitación cada vez más precisa
de los géneros (tratado para unos/diálogo para otros).
[Referencia a la línea: Brunelleschi, Leon Battista Alberti [Tratado de la
pintura y De re aedificatoria], Piero della Francesca [De prospectiva pingendi],
Luca Pacioli [Divina proporción], Leonardo da Vinci [Cuadernos de notas/Codice
Atlántico]: Matemática /estudio de las proporciones/ aplicaciones
arquitectónicas/ estudio de la perspectiva/ aplicaciones a la pintura y a la
escultura/ estudio del hombre como microcosmos/ importancia de los estudios
anatómicos/ hombre medida de todas las cosas/ ciudad pintada/ ciudad imaginada
en función de la teoría de las proporciones/ ciudad ideal/ paso del estudio de
los problemas técnicos al estudio de problemas artísticos y a la filosofía moral
y política].
3. Se ha pasado de un punto de vista holístico, globalizador, totalizador,
organicista, a un punto de vista analítico. Por ejemplo, en la discusión sobre
el movimiento anual de la Tierra alrededor del Sol:”Concedamos por ahora que el
mundo es finito, esférico y tiene su centro y no infinito e ilimitado, cosa aún
no probada, y concentrémonos en los argumentos acerca de cuál es ese centro.
Procedamos a la investigación particular de la situación propia de tal centro”].
4. De la matemática como correspondencia con la armonía de las esferas
(movimientos concordantes, música inaudible) a la matemática como instrumento
formal para la explicación de un universo (tal vez) infinito (Bruno, como
afirmación deducida del heliocentrismo copernicano; Galileo como hipótesis
todavía por probar) en el que el lugar de los humanos ha perdido su papel
central.
5. De la concepción cualitativa del movimiento (movimiento como génesis,
generación) a la concepción cuantitativa del movimiento (movimiento local):
critica del organicismo finalista (teleológico) aristotélico y afirmación de la
mecánica.
6. De la idea de movimiento absoluto a la idea de la relatividad del movimiento
local.
7. De la tendencia a la humanización de todo lo existente a la “desmoralización”
(desantropomorfización) de la ciencia.
8. En la organización institucional de los conocimientos, de la “bottega”
(taller) al Instituto, al Laboratorio, a la Academia.
El pensamiento científico del siglo XIX
conoce, por una parte, el apogeo del modelo clásico, pero por otra, también se
hacen visibles las primeras quiebras que terminarán desembocando en la crisis de
fin de siglo y en el tránsito hacia un nuevo paradigma. De todos los temas que
recorren un período dominado por el auge de las ciencias físicas, nos hemos
centrado en la termodinámica, la electricidad y el magnetismo. Pero es que
además, y en virtud de la generalización del método experimental, se constituyen
decisivamente nuevas ciencias como la química o la biología, que a partir de ese
momento van a jugar un papel crucial en la evolución del Pensamiento científico.
El evolucionismo va a marcar probablemente el hito más sobresaliente del período
al construir un paradigma que hace posible una interpretación científica y
coherente de la evolución de la vida y del hombre dentro de nuestro planeta. Va
a animar también los primeros pasos en la genética, que eclosionará después en
nuestro siglo, y más concretamente en los últimos cincuenta años.
Finalmente no se puede olvidar que uno de los hechos más notables de la época,
desde el punto de vista de la economía y la sociedad, es la generalización y
ampliación de la revolución industrial, con los desarrollos técnicos
consiguientes.
1. La química como ciencia y la figura de Lavoisier.
2. Los inicios de la termodinámica, la electricidad y el magnetismo.
3. La síntesis del electromagnetismo y la óptica en Maxwell.
4. El evolucionismo.- Antecedentes: el transformismo.- La figura de Darwin y sus
teorías de la selección natural y la adaptación.- El conflicto con el
creacionismo.
5. La generalización del método experimental y su aplicación a la Biología.
6. La revolución industrial y el desarrollo de nuevas técnicas.
7. La visión clásica del mundo y su crisis.
La pluralidad y complejidad científica de
nuestro siglo hace imposible abarcar todas sus posibilidades por lo que es
necesario escoger una línea que se pueda tratar con un mínimo de coherencia. La
dificultad de temas de sumo interés, como la mecánica cuántica o la biogenética,
obliga también a soslayar tales aspectos. El cuerpo de conocimientos básicos que
se ha elegido es el del átomo, la teoría de la relatividad, y la visión del
universo que de ella y de la termodinámica se derivan, es decir el universo en
expansión. El surgimiento de la teoría de la información, por la incidencia que
sobre la informática y la cibernética tiene, es también digna de ser incluida,
al menos en sus concepciones básicas.
1. El descubrimiento del átomo.
2. La teoría de la relatividad y sus paradojas.
3. El universo en expansión.
4. El principio de entropía y sus implicaciones.
5. El surgimiento de la teoría de la información.
6. Los problemas éticos de la ciencia y la técnica.
7. Los problemas ecológicos de la ciencia y la técnica.
El saber científico ha dado lugar a
notables innovaciones sumamente beneficiosas para la humanidad. La esperanza de
vida ha aumentado de manera considerable y se han descubierto tratamientos para
muchas enfermedades. La producción agrícola se ha incrementado enormemente en
muchos lugares del mundo para atender las crecientes necesidades de la
población. Está al alcance de la humanidad el liberarse de los trabajos penosos
gracias al progreso tecnológico y a la explotación de nuevas fuentes de energía,
que también han permitido que surgiera una gama compleja y cada vez mayor de
productos y procedimientos industriales. Las tecnologías basadas en nuevos
métodos de comunicación, tratamiento de la información e informática han
suscitado oportunidades, tareas y problemas sin precedentes para el quehacer
científico y para la sociedad en general. El avance ininterrumpido de los
conocimientos científicos sobre el origen, las funciones y la evolución del
universo y de la vida proporciona a la humanidad enfoques conceptuales y
pragmáticos que ejercen una influencia profunda en su conducta y sus
perspectivas. Además de sus ventajas manifiestas, las aplicaciones de los
avances científicos y el desarrollo y la expansión de la actividad de los seres
humanos han provocado también la degradación del medio ambiente y catástrofes
tecnológicas, y han contribuido al desequilibrio social o la exclusión. Un
ejemplo: el progreso científico ha posibilitado la fabricación de armas muy
perfeccionadas, lo mismo tradicionales que de destrucción masiva.
En nuestros días, aunque se perfilan avances científicos sin
precedentes, hace falta un debate democrático vigoroso y bien fundado sobre la
producción y la aplicación del saber científico. La comunidad científica
políticos deberían tratar de fortalecer la confianza de los ciudadanos en la
ciencia y el apoyo que le prestan mediante ese debate. Para hacer frente a los
problemas éticos, sociales, culturales, ambientales, de equilibrio entre ambos
sexos, económicos y sanitarios, es indispensable intensificar los esfuerzos
interdisciplinarios recurriendo a las ciencias naturales y sociales. El
fortalecimiento del papel de la ciencia en pro de un mundo más equitativo,
próspero y sostenible requiere un compromiso a largo plazo de todas las partes
interesadas.
El desarrollo tecnológico exige una base científica sólida y debe orientarse resueltamente hacia modos de producción seguros y no contaminantes, una utilización de los recursos más eficaz y productos más inocuos para el medio ambiente. La ciencia y la tecnología también deben orientarse decididamente hacia un mejoramiento de las posibilidades de empleo, la competitividad y la justicia social. Hay que aumentar las inversiones en ciencia y tecnología encaminadas a estos objetivos y a conocer y proteger mejor la base de recursos naturales del planeta, la diversidad biológica y los sistemas de sustentación de la vida. El objetivo debe ser avanzar hacia estrategias de desarrollo sostenible mediante la integración de las dimensiones económicas, sociales, culturales y ambientales.