Contrabando 

     Contrabando de Edgardo López Ferrer, Colección Espada y Flor, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1990.  Ilustraciones de Luis Alonso, tipografía de Marisa  Rosado.

 

En Contrabando, López Ferrer paga una deuda  tardía con la literatura puertorriqueña y su trayectoria de poesía social, especialmente la asociada a la revista de poesía Guajana, a la que pertenece desde sus inicios.  Tarda dos décadas en recoger su obra dispersa en la revista para dar constancia de su quehacer en estas faenas. 

 El título Contrabando proviene de una cita de Ortega y Gasset de la Estafeta Romántica que dice:   Pues no otra cosa que contrabando es introducir en nuestro país mentefacturas poéticas...El poemario está divido en 4 breves secciones enumeradas por número romano.  En la I aparecen los poemas:  Poema, No es la piedra, El extraño, Soneto ( Como hombre me pierdo), Soneto (Me voy muriendo); en la II: Más que palabras, No podrán, Oyendo hablar a Carlos Feliciano, Acerca de la paz, A veces, Soledad, Memoria de la luz, Soneto (Déjame que descienda... y Soneto (Sólo al dolor...); la IV:  Las manos ( nana dialética), Pequeña canción a Carlos Adolfo.

El opúsculo cae dentro del apoesía de verso humanitario, conciente del dolor del ser humano y de la contrición ante las injusticias.  Participa además de la poesía social y protestaria característica de cierta parte de la poesía más conocida del grupo Guajana de los años sesenta.    Hay en López Ferrer un quehacer literario comedido e intenso.  La reflexión ontológica esta de sustrato en sus versos como una arquitectura de unidad en todos estos poemas.  La sencillez de la palabra no implica que sea poesía sencilla.  Es un artificio que guarda la hondura del poema profundo y a la vez sensato:  no abusa de la imagen, la controla.  El verso es rítimico sin juego y busca el efecto del impacto directo.  A pesar de esto sus poemas sostienen una apasionada visión de mundo protestaria no sólo ante la injusticia social sino ante la propia existencioa del hombre ante la vida. 

El poeta gusta del soneto y el verso libre de manera simultánea y en ambos se maneja con brazo seguro.  Al incorporar en su yo poético el yo de un nosotros cuando canta de sí, se sobreentiende que lo hace de otros:

            Como hombre me pierdo en la amargura;

            camino con la muerte sobre el hombro.

            Oigo gritar a Dios y n me asombro

            porque llevo su cuerpo, su figura.

(Soneto, p. 13)

             Hay es su poesía la conciencia del morir y del asertivo deseo de vivir:

                        Escribo.

                        Tiempo soy,

                        muerte segura.

                        Vivo y respiro

                        por la luz

                        de la palabra,

                        y a veces digo

                        amor,

                        querida,

                        alma. 

(Más que palabras)

             O en estos versos:

                        A veces

                        el amor toca a la puerta,

                        nos levanta

                        la mirada

                        y nos dice

                        que aún estamos vivos. 

(A veces)

             En el poemario se dan los temas del amor, la soledad, la guerra y la solidaridad humana.  En Sobre la paz, nos dice:

 

                        No vengo 

                        a abrumar con el cuento

                        de una metafísica nuclear.

                        Tampoco quiero hablar

                        de la contradicción

                        entre política 

                        y la ciencia;

                        mucho menos

                        de una apocalíptica

                        teología de la paz.

                        Hirochima y Nagasaki

                        no admiten

                        esa fría academia aritmética

                        del holocausto.

            Tiene, entre otros, un hermoso poema de amor, que dice:

 

                        Por tu mano que el tiempo me cercena,

                        por tu voz, por tu boca día a día

                        cumplo en tu corazón una condena. 

(Soneto, p.26)

            El poemario finaliza con un poema de bienvenida a un hijo recién nacido.  En el mismo, contrasta la llegada del infante con el mundo en guerra (seguramente la de Viet Nam).  Sin embargo, lo termina con una nota de esperanza:

Pero

                        aunque

                        toda la sangre

                        nos señale,

                        sonríe

                        abre tu corazón

                        y cierra bien

                        el puño

                        para que no se escape

                        la alegría

                        con que

                        contruiremos

                        el mundo.

El libro es breve, pero no escaso.  Recoge entre sus páginas un buen muestrario del estilo de López Ferrer, quien aunque guarda cierta similitud con los poetas de su grupo: ( el uso de los temas protestario, la aparición de las consignas, la solidaridad socio-política), también recalca su individualidad de estilo y su presencia singular dentro del grupo Guajana, de donde procede su entronque generacional.  Contrabando, como juego de palabras: contra el bando (opuesto: los otros, los opresores, los insolidarios), es buen poemario dentro de la vertiende de la poesía social y, por supuesto, es más.

                                                                        Reynaldo Marcos Padua

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