El poeta recuerda

 

con una varita

trazó sobre la tierra

un garabato de polvo

yo lo miraba desde lejos

con los ojos del niño que le leía los periódicos

él estaba debajo de la casa

de la vieja casa de madera donde nací y jugué

él dibujaba algo sin saber que yo lo miraba

había un suave resplandor de silencio

en su gesto secreto

en su concentración parecida

a la intensidad de las bestias

cuando ocupan a plenitud su soledad

en medio del campo iluminado

poco antes

lo había escuchado lamentarse

por su reciente absurda tarea de jurado

en el tribunal de distrito de Arecibo

lejos de las labores de la finca

obligado a observar y a decidir

en pleitos judiciales

él que nunca había pisado una corte

ni tenía interés en juzgar ni ser juzgado

porque yo vivo de mi trabajo

y el que aquí la hace aquí la paga

y qué será de nosotros de aquí a cien años

se reía a carcajadas

ni huesos para botones quedarán

 

me acerqué y alcanzó a verme

me llamó con extraña timidez

y apuntando hacia el suelo de tierra la varita

me preguntó con voz ya convertida en sueño

¿cómo se escribe la palabra inocente?

 

[Tomado de:  Balada del hombre huérfano, 1990]

 

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