Poemas

 

Serdán Zelaya

(León, 1965). Médico.

 

 

ROTURAS Y HUMEDADES EN TU NOMBRE

 

Todos tienen un nombre

 

tu no andas ninguno

y entonces creen que no tienes ninguna razón

 

pero yo podría partir mi nombre

y darte un trozo de mi nombre

y te llamaría rotura

 

y el agua podría venir

dar un poco de su humedad

 

y tendrías humedades y roturas en tu nombre

 

y así, talvez te den alguna razón

 

como se descubre la razón del primer diente

en la boca de un niño

 

y esas humedades y roturas de tu nombre

son como la boca de un niño dormido

 

A veces

no tenemos un nombre

y buscamos cumbres

un paisaje para medir la distancia

una caricia para reconocer nuestra cara en su lugar.

 

Y los hombres somos curiosamente iguales

buscando como amar

tener un nombre

somos como un niño sin un primer diente

 

y nos vamos encontrando en las calles

 

“arrancándonos la cara con un gesto furtivo”

 

y somos curiosos

buscando como amar

andamos anocheceres

ruidos dormidos

eternidades doblegadas

 

a veces no tenemos un nombre

y alguien podría llamarnos: rotura y humedad

 

y así perder el miedo a nuestro ser.

 

 

UN NIÑO PEQUEÑO

 

Un niño pequeño que no llega a pan ni herida

porque solo mantiene cerradas sus pestañas

 

mi hijo recién nacido

que no conoce

que el sol y las estrellas

son soles y cielos

 

y solamente va dormido entre los brazos

 

ese niño sin color definido

llegando amarilla o morena su piel

y también a hoja verde su cabeza

y que de tantas apariencias puede no llegar a nada

 

ese niño, que no llega a pan

ni a hostia

y es solo una comunión de orillas.

 

 

LA MAS NEGRA DE MI FAMILIA

 

La mas negra de mi familia, era mi tía Onfalia

sus hermanas

le decían, “sos más negra que la noche”

 

y ella

era también arrecha

 

cuando mi tía se enfurecía

era porque el vaso no estaba en su lugar

porque la toalla se mantenía húmeda

y porque lo pequeño proseguía pequeño

 

fue mas de 50 años maestra de escuela publica

enseñando a los niños de primaria

a sumar sus rostros conmutativos

a ponerle a la “a” su cola más larga y benéfica

y los ponía a repetir en coro que uno mas uno eran solamente dos.

 

Y costo que se jubilara, a pesar de la artritis

y la tos asmática del amanecer

 

porque decía que quería conservar:

“este sueldo de hambre hasta la muerte”.

 

Al morir mi tía Onfalia

a los pocos días nació mi hijo

 

mi tía nunca le llego

a subir la cobija al sobrino mas reciente

y mi hijo nunca pudo repetirle en coro su cara más sencilla

 

ahora mi tía Onfalia

tiene una pizarra negra en el fondo de una noche

y en sus manos tirita una tiza blanca

buscando una aritmética de números ausentes en el cielo oscuro

 

mi tía anónima, asalariada

hecha de señas y adioses

al otro lado de la calle

ya no enseña la primaria en la Máximo Jeréz

 

murió hace mas de 6 meses

y la recuerdo ahora, cuando duermo a mi hijo

en una noche tan oscura como ella

 

recuerdo cuando era niño

y llegue sudado a su casita en León

y me regalo un fresco de mango

que yo termine vomitando

y ella me regaño aun incrédula por mi vomitada

 

mi tía Onfalia

con su cuerpo grueso

y de falda hasta el ojo del pie

andando apresurada como una sombra levantada

frente al sol inclemente de Managua

 

te recuerdo hoy, en una noche tan negra como vos

como si anduvieras arrecostada en la oscuridad

de mi cuarto en penumbras

 

siempre mimándome y regañando en secreto

sin poder conocer en secreto a mi hijo

 

sin poder regalarle un fresco de mango

desde una eternidad

 

 

TODO HOMBRE ES EL PRIMERO

 

La hierba crece abatida por el tiempo,

el río suena entre las piedras

un pájaro se vuelve un punto negro y desaparece en el silencio,

hoy es martes

podía ser lunes,

hoy es el mundo en todas partes.

Soy el único en el paisaje,

que duda del latido de su siguiente corazón

y camino tres, cuatro pasos

contemplo el lodo en mis pies, las montañas lejanas:

¿algún día seré pobre?

¿seré padre algún día?

¿seré eterno al tocar la orilla de una semejanza?

 

Contemplativo, minucioso escribo otras metáforas:

¿Seré el primer hombre,

el primer novio,

la primera piedra,

el primer hombre en reconocer

 

 

 

 

 

Luis Enrique Duarte

(Granada, 1975). Periodista. Aún no tiene libro de poesías publicadas.

 

 

SILUETA ESCOLAR

 

Tu cuerpo es una promesa de muerte.

Es solo un hueco donde cabe mi mano,

donde están enterrados mis hijos.

En ese lugar pueden cavar mineros del infierno,

pues le entregas las migajas al mundo

y te sientes feliz actuando para el ridículo.

Tú te pareces a la soledad que deja el hambre

cuando mata.

Tú te pareces al día imperfecto y a mis lágrimas.

Vas hacia adelante sin tener compasión de los abandonados.

No, tú no eres la misma figura que soñaron poetas en su juventud,

eres la invasión del pánico sobre las montañas y el río.

Tú olvidas fácilmente y no te avergüenzas.

Luego te vas a la cama, sabiendo que no amanecerá más

aunque la ventana esté abierta

 

 

PAN

 

He despertado con un grito marítimo,

veo tras la ventana el edificio gris que no trae recuerdos,

ni pensamientos, ni nada.

Estoy lejos, bastante cerca de la soledad.

Y voy al río, buscando un puente para tirar una moneda

que me devuelva tu cuerpo.

Sólo he visto gansos y cuervos que tampoco me traen recuerdos.

Y te imagino desnuda, húmeda y llana como otras veces,

como en la oscuridad de mi cuarto desordenado.

Caótica en medio de mi propio caos,

sin ninguna decisión tomada, apenas susurrando para no ser descubierta.

Quisiera besarle la espalda al viento

para no recurrir a la memoria

y te dejo salir del apartamento como si fueras real.

Como si no existiera ninguna separación.

Ya no podemos dormir juntos, es decir,

vos estas despierta cuando te sueño,

y vos soñás mientras tomo el autobús a ninguna parte.

 

 

EL APARTAMENTO SOLO

 

El corredor azul donde esta Dios

está bajo mis pies en el segundo piso del edificio 27.

Dios no ha dormido porque el vecino

ha celebrado su cumpleaños toda la noche.

Nadie le dio un pedazo de pastel

y se ha quedado con las ganas y el insomnio.

He tocado el timbre en el apartamento de Dios y una mueca invisible

me ha predestinado a entrar al atrio principal.

Porque la casa de Dios tiene dos habitaciones, una es de la verdad

la otra es la del silencio. Y yo me he quedado en el silencio de Dios.

Me he quedado solo con la impresión de un hombre lejano que no se

parece a mi sueno de la divinidad, porque no puedo creer que

Dios sea ese murmullo que no escucho.

 

 

JUEGO DE MIRADAS

 

En qué horizonte despertará cada pupila

si tus ojos son ajenos al destino.

Yo me esconderé quizá detrás de tu cuerpo

para no verte desnuda

para no verte cazando sueños en el vacío

porque casi nunca esperas,

ni te rebelás contra el horizonte que apenas observas.

Y contemplás la muerte distraída,

porque cada momento es nada.

Te busco en la oscuridad, pero al cerrar los ojos,

es más profundo el recuerdo que llena de luz

los párpados cerrados.

Cómo escapar de la ansiedad instantánea

si al detenerme me observan locamente tus ojos.

Y deseo morirme, luego matarte desde mi muerte.

Para tener amor te basta amar, qué otra cosa se puede hacer

al apagar las luces, no las de la habitación temporal,

sino, aquellas diminutas luces que lleva un hombre adentro,

adentro significa, muy adentro, profundamente en el iris,

en la retícula del pasado, del porvenir, en el ángulo óptico de Dios.

Por eso escribo en un papel una frase para que no la veás nunca.

Pero yo sé que algún día la repetirás sin que la haya pronunciado,

entonces te diré, tenés razón, yo me he equivocado.

Y volveré a repetir el acto ridículo de desmentirme

y tu reirás con feliz ignorancia,

pues yo te he visto antes reír así,

con los ojos llenos de lágrimas.

 

 

FIGURA DE LLUVIA

 

Yo te recuerdo a vos en un día de junio

después del Carnaval.

Te recuerdo corriendo bajo la lluvia vestida de negro

buscando una dirección que hasta hoy no conoces,

ibas quizás tras la muerte bajo las gotas frías

de ese estúpido aguacero,

corriendo con prisa como demente y perseguida,

sin mirar más que el gris del cielo atacado por las nubes

mientras tu pelo mojado y oscuro azotaba el viento.

Cambió entonces nuestro signo del zodiaco y las coincidencias,

vos sos aún esa mujer que corre y corre sin razones

y en ese cuadro tonto te dejaré grabada siempre

porque como yo vas huyendo, huyendo sin saberlo.

Huyendo sencillamente por el placer de no quedarse,

por permanecer en la revolución de la soledad,

la misma que compite a diario con tu amor,

con tu cuerpo galopando desesperadamente

en dirección perpendicular al cielo que no podés tocar,

amando la humedad de los días más tristes,

sin más sueños que escapar de los espacios

y del tiempo que no te heredaron

y de nosotros los que queremos que sigas corriendo

bajo la lluvia, vestida de negro, con el pelo suelto,

los pies descalzos y las ganas de encontrar el camino

correcto que te lleve al final de la calle

donde está la puerta de entrada al horizonte gris

invadido por las nubes oscuras de junio.

 

 

 

 

 

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