EL FIN DE LA

'POESIA NICARAGUENSE'

–Prólogo a la parte nicaragüense del libro 'Poesía de fin de siglo. Nicaragua-Costa Rica'. Ediciones Perro Azul. Costa Rica, 2001. Compilado por Marta Leonor Gonzáles, Juan Sobalvarro y Adriano Corrales–.

 

 

 

Por Marta Leonor González y

Juan Sobalvarro

 

 

 

Teniendo como punto de partida nuestro gusto arbitrario, reunimos en esta muestra de poesía de fin del siglo XX, a poetas nicaragüenses que irrumpieron en las dos últimas décadas.

Ya que en Nicaragua se suele esquematizar la literatura por décadas, hemos reunido en la presente muestra a algunos -no a todos- poetas de las décadas del 80 y del 90. En principio porque ambas décadas no han sido antologadas. Y porque las recientes antologías de poesía nicaragüense han creado la idea de que todo se detuvo en los años 60. Además ambas décadas -80 y 90- marcan momentos fundamentales de la historia reciente de Nicaragua.

 

 

Una literatura nicaragüense

 

La vanguardia nicaragüense legó varias actitudes literarias como  perfil de literatura nacional.

El primer legado, el coloquialismo como base: en poesía esto llegó a constituir una de las normas exterioristas; en narrativa derivó en el hiperregionalismo de Fernando Silva donde se recopilaban todos los vicios o las virtudes del habla nicaragüense; y en crítica se magnificaron -hasta la idolatría- las conversaciones de José Coronel Urtecho como ejemplo de crítica nacional por esencia, es decir una crítica impresionista, improvisada, retórica y muchas veces decorativa.

Y el segundo legado fue la obsesión por el poder que dio como resultados en la mayoría de los casos una literatura panfletaria.

 

 

El exteriorismo como escuela oficial

 

Teniendo estos antecedentes, las décadas 80 y 90 son significativas por los cambios implícitos en ellas. La década del 80 es prácticamente la del inicio y fin de la revolución sandinista, lo que creó una atmósfera especial para la literatura. En principio la escuela exteriorista que tuvo como poeta paradigmático y guía a Ernesto Cardenal, se institucionalizó y promulgó ampliamente desde el Ministerio de Cultura y con la creación de los talleres de poesía. El exteriorismo retomó la idea de la vanguardia nicaragüense de que una literatura de identidad nacional debía tener como base elementos del habla. Además inclinada a una corriente ideológica de izquierda promovía la idea del compromiso político. Estas ideas la condensó Cardenal de la siguiente manera:

"La literatura debe prestar un servicio. Debe estar -como todo lo demás en el universo- al servicio del hombre. Por lo mismo, la poesía también debe de ser política. Aunque no propaganda política, sino poesía política.

También en esta antología se ha procurado hacer resaltar la principal tendencia de la poesía nicaragüense; que es la exteriorista. 'Exteriorismo' es una palabra creada en Nicaragua para designar el tipo de poesía que nosotros preferimos. El exteriorismo no es un ismo ni una escuela literaria [...].

El exteriorismo es la poesía creada con la imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos"1.

En la década del 80 el exteriorismo tuvo un gran proyecto de promoción a través de los talleres de poesía que impulsó el ministerio de cultura. Esto además de significar un proyecto cultural masivo, permitió la institucionalización de algunos esquemas, fue así que en los 80 el exteriorismo potenció su aspecto panfletario y los temas entorno a la revolución abundaron en retórica, pero no sólo en poetas formados bajo la corriente oficial, sino incluso en los espontáneos.

A finales de la misma década el poeta Pablo Antonio Cuadra empezó a promover la idea de una poesía del exilio. Es así que Manuel Martínez ve integrado el panorama por "Los Grupos literarios, los Talleres de poesía, los Solitarios, y los que Pablo Antonio Cuadra bautizó como los Poetas del Exilio"2. La idea de una poesía del exilio no fue un rasgo generacional, ni signo de una nueva promoción de poetas, ni siquiera algo que pueda definirse o antologarse, era más bien un intento de hacer oposición al sandinismo usando como fachada la literatura. Erick Aguirre lo enfocó certeramente en su visión de la época: "Por su parte la mayoría de los escritores, o se arrellanaron en la comodidad de la indiferencia y no se molestaron en cuidar de una verdadera autonomía del arte, o se refugiaron en la torre sagrada del anticomunismo, el pesimismo y la retórica severa que parece también obedecer propósitos eminentemente políticos"3

En cierta manera se podría decir que hubo un intento de crear desde círculos ideológicos de derecha la contraparte de la corriente panfletaria exteriorista.

 

 

Poetas de los 80 y la tradición

 

Cabe destacar que el exteriorismo sólo si se le ve como una corriente literaria de izquierda, entra en conflicto con la idea de 'poesía nacional', pero no se debe olvidar que los preceptos exterioristas -literatura coloquial y servicio político- fueron 'inaugurados' por los vanguardistas que no eran otra cosa más que conservadores.

Por eso muchos de los poetas surgidos en la década del 80 se concilió con la idea de una poesía nicaragüense de larga tradición. Des-de una corriente más o menos exteriorista Martínez lo confirma de la siguiente manera: "De una manera u otra, todos sintetizamos este contexto y el espíritu de la época"4. Y de alguna manera es secundado por las palabras de Aguirre: "Pero en los ochenta, y en Nicaragua, la influencia de esa especie de poesía conversacional, frecuentemente auxiliada del intertexto y tendiente a la reescritura de la historia, de la realidad histórica, tuvo un desenfrenado impulso inicial, sin embargo, también sufrió un desmedro igualmente impresionante, acelerado y visible al finalizar la década. La tentación de totalización se convirtió en tarea ideológica hasta el punto de hacerse intolerable"5.

Pero si bien en los poetas de la década del ochenta se ve el auge de la revolución -que de alguna manera fue consecuencia del 'proyecto de nación' vanguardista-, también en la misma se ve su declive. En ellos se anuncia lo que Pedro Xavier Solís denominó el período post-utópico: "Esta generación todavía en formación, ya posee rasgos propios. Caracteriza a este período post-utópico la evaporación de dos mitos: el mito de la Revolución y, consecuentemente, el mito de una quimérica edad de oro al final del tiempo lineal"6. Y ese declive no sólo fue perceptible desde los círculos de oposición, sino también en la poesía de autores afines al sandinismo en los que se percibía, la in-diferencia y el pesimismo del que hablaba Aguirre.

Lo cierto es que no se puede simplificar a los poetas de la década del ochenta obedeciendo sólo a los parámetros que dictaban las corrientes en boga. Pues algunos sin mayor explicación también realizaron una poesía olvidada de compromisos ideológicos y dando la espalda al realismo que se proponía como tradición. Y aunque algunos se conciliaron con esa idea de tradición no se dejaron simplificar por las normas de los maestros.

Es por eso que en los ochenta se puede hallar a los últimos fieles de la idea de poesía nicaragüense que fundaron los vanguardistas y en los mismos poetas de los ochenta se percibe la incursión por nuevos cauces. Así, las palabras de Julio Valle Castillo son visionarias: "lo que veo es que se está cerrando una forma de hacer poesía, una forma de concebir el oficio poético, una forma de entender el mundo y expresarlo en Nicaragua"7.

 

 

Los nuevos cauces

 

De modo que en los poetas de la década del 90 no parece ser tan impositiva la idea de dar continuidad a una tradición que anuncia su fin o la necesidad de renovación. Desde esta perspectiva, es imposible hallar rasgos comunes estilísticos o temáticos que caractericen un 'espíritu de época' o que sean signo de escuela en boga.

Se contradice o se ironiza la idea de tradición y no falta algún alienado que se reconcilie con ella. Se tratan temas tabúes como el lesbianismo y la homosexualidad, se utiliza el lenguaje procaz. Todo esto como si la 'poesía nicaragüense' se quitara su traje conservador, pero no por un afán de rebeldía sin sentido, si no porque a través de esta poesía hay distintas realidades expresándose y no son las realidades que los discursos hegemónicos impusieron como lícitos dentro de la literatura. Conscientes de que se habita un mundo y una Nicaragua diversa.

Por otro lado, que no haya un condicionamiento político en ellos implica que no aparecen en sus poesías nombres de caudillos, partidos, sectas; ni hay un velado adoctrinamiento, dogma, evangelización, propuesta de nación, etc. Es decir, es una poesía que se hace con independencia de los discursos políticos y estéticos hegemónicos.

Si por mero experimento nos tocara hacer un perfil del esquema de belleza que se impuso desde la vanguardia, lo expondríamos de la siguiente manera: una sociedad agraria, patriarcal, con su caudillo develado. A los bohemios bucólicos y enamoradores, los complementarían las mujeres amantes y domésticas. Este esquema no funciona ya para la mayoría de poetas surgidos en la década del 90. El sentimentalismo amoroso ha quedado a la zaga. La postura de las mujeres escritoras es mucho más escéptica, dominante e irónica, que las de sus antecesoras feministas. Estilísticamente, en los 90 se ha potenciado la idea de que se puede hacer literatura libremente, la libertad formal es asumida no con la idea de ruptura o experimental de las vanguardias, sino porque ya es completamente admitido que "uno escribe como le da la gana y acerca de lo que le da la gana" y aunque esto pueda parecer mera insolencia, también se puede traducir en forma tan simple como "libertad de palabra". Por otro lado no existe un rasgo que ha sido común en Nicaragua y es el de imitar a una corriente literaria extranjera o nacional.

En pocas palabras, la poesía escrita en Nicaragua por los poetas de la década del 90, es clara señal de nuevos tiempos para la literatura y prueba de que los escritores del presente tienen una visión distinta del mundo y la sociedad en que viven. Por eso no hace falta más tiempo para antologarlos.

 

NOTAS

1. CARDENAL, ERNESTO. 'Poesía nicaragüense'. Editorial Nueva Nicaragua. Segunda Edición, 1986.

2. 'Memoria: Encuentro de poesía actual en Nicaragua. Managua, Nicaragua del 21 al 23 de marzo, 1994'. Fundación Internacional Rubén Darío. Pág. 68.

3. AGUIRRE, ERICK. 'Juez y parte'. Instituto Nicaragüense de Cultura. 1998. Pág. 98.

4. Idem nota 2. Pág. 66

5. Idem nota 3. Pág. 72

6. Idem nota 2. Pág. 64.

7. Decenio No. 17. Agosto 2000. Pág. 37.

 

 

 

DOS POETAS NICARAGÜENSES

 

Serdán Zelaya

Luis Enrique Duarte

 

 

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