LA GIOCONDA



Es difícil tratar de hacer comentarios a la Gioconda. La fascinación que
ha ejercido a lo largo de los siglos y el poder que tiene sobre la mirada
del espectador obstaculizan un análisis objetivo, dado el icono en que se ha
convertido para la cultura del mundo moderno y contemporáneo. En ella se
citan todas las características de la pintura de Leonardo: el empleo del
sfumato, esa técnica que difumina suavemente los rasgos hasta hacer indefinibles
los contornos; el hermoso paisaje del fondo, agreste, salvaje y de un
matizado tono azul que lo hace desaparecer en un degradado invisible;
la ambigüedad del rostro, la indefinición sexual que la hace parecer una
mujer, un adolescente... un mito de androginia que tiene referencias
inacabables con teorías filosóficas y religiosas; y, por encima de todo,
la sonrisa más melancólica y misteriosa de la historia del hombre.
El retrato es el de Madonna Lisa, la señora Lisa, la esposa de Francesco
del Giocondo, de donde toma su sobrenombre, sinembargo no
podemos dejar de lado que se especula que hay
una copia de la monalisa hecha por un español la que se dice
si es la señora Lisa, y que la pintura de Da Vinci no
es otra persona mas que el mismo. Leonardo retuvo consigo el
retrato hasta su muerte, no dejó de trabajar en él y, por supuesto, jamás
se lo entregó a su cliente. De sus manos pasó a la colección real de Francia
y hoy puede verse en el Museo del Louvre, protegida por un panel blindado y
envuelta en un remolino de turistas que la fotografían sin cesar.



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