Gráfica
Alejandro Ramírez: De Taki al TLC
Clara Concepción Astiasarán
Es casi un acuerdo que el graffiti contemporáneo tiene su génesis en esa figura legendaria -Hollywood mediante- que fue Taki 183. La industria del cine no pasaría por alto a un adolescente de New York que en los sesentas iba rayando un rastro acusatorio: su apodo y número de calle.
Ubicado dentro de las márgenes de la cultura Hip-Hop, los Tags que dieron lugar de autoría a esta manifestación, fueron desplazándose hacia zonas de emergencia estética; se concretaría una nueva tipología artística para los años del Pop Art. Luego artistas como Basquiat o Keith Haring lo introdujeron en una dinámica discursiva y crítica para el arte contemporáneo.
El término graffiti surgió para dar nombre a las escrituras en tumbas y monumentos antiguos, pero sus nupcias con el arte se remontan a Lascaux. Para el hombre prehistórico desear su bisonte era perpetrarlo en la piedra, porque comer era -como para algunos todavía- un acto de magia.
Así vi por primera vez a Alejandro Ramírez, haciendo magia. No andaba rayando paredes o registrando basureros, sino que acunaba a los que tienen esta última tarea en el No.1 del ránking de supervivencia.
Embellecedor de la ciudad
Fanático del karaoke y de José José, con quien fue él mismo acunado, su pieza para la Bienal Centroamericana del 2002 era un elogio a la nocturnidad. Los videos incorporaban su imagen o la de sus seres queridos de forma grotesca y paródica. Acentuaba el tono lúdico de su propuesta y no dejaba duda de que los límites entre trabajo y vida estaban bien difusos.
A mediados del 2003 me lo encontré en un café -ahora tienda por departamentos- de cierta calle populosa. Me arrastró a 200 metros para enseñarme un mural en letra esténcil: YO PIENSA. Ramírez había elegido algunos graffitis específicos, reproduciéndolos en una tipología "legal" que dejaba marcada con cinta adhesiva cuando pintaba las paredes de blanco. Se convirtió en un embellecedor de la ciudad mientras que cubría su cuota intelectual editando la literatura urbana.
Las imágenes de este proceso concentraban su fuerza en el registro, coqueteando con cierta estética fotográfica. Símbolos de la Ultra y la 12, Mural (un ejercicio de autocensura donde cubrió sus propios dibujos de estudiante de Bellas Artes), JK (emulando el nombre de una galería local en una caseta de guarda) o el reincidente ¿Quién lo mató?, a propósito de la muerte del periodista Parmenio Medina.
Es cuestionable si este ejercicio de enmienda se incorpore a los códigos de la dinámica citadina. Es más una conducta anárquica, donde Ramírez irrespeta las leyes gubernamentales o las que la marginalidad misma ha construido en garantía de su resistencia. Muy pocos de sus trabajos sobreviven, pero el artista decidió registrarlos, enfatizando su voluntad estética y no su militancia urbana.
Luego de Acción rectificadora del graffiti, llegó Acción limpiadora del graffiti o "el mantenimiento", dándole agua y jabón a la pared y así destacar la escritura y el delito.
Lo que no se publica
No al TLC llamó la atención de Ramírez más de una vez. No es secreto que la opinión pública nacional ha estado muy nerviosa los últimos meses. La firma del TLC pareciera haber empujado hordas de rayadores indignados y la ciudad se ha convertido en el soporte de todo lo que no se publica. Pero cada contingencia política ha desatado la creatividad urbana, como fue el caso de las consignas populares que emergieron en Mayo del 68. Es este tránsito disímil y oportuno en su devenir contemporáneo el que legitima al graffiti, empero de los códigos penales. Si la literatura de un pueblo es la máxima expresión, en San José puedes encontrarla en baños de bares, bancos de iglesias y en las faldas de esas montañas de concreto que son los Mall. El graffiti en manos de Alejandro Ramírez ha comenzado a recuperar su sentido áurico. La complejidad con que dispone la acción artística en traslape con la acción social (o política), renueva esta praxis en el plano reflexivo. En el reciente Concurso de Emergentes, convocado por el MADC, Ramírez enfrentó por medio del graffiti las dos barras de fútbol más temerarias del país, eso le mereció el premio. No el espectáculo ni las revelaciones textuales, sino el desafío, las paredes violentadas del Museo y la reinserción de un modo pictórico sobre el que pesa la depreciación.
Una vez logró aunar sus dos grandes pasiones. Hizo un video, intencionalmente precario, cuando rayaba o pintaba con aerosol la letra de la Qué linda es mi Costa Rica, para su tema de karaoke homónimo. Esa vez pudo ir a la cárcel.
Ahora queda esperar al TLC o que se haga una moción por el graffiti. Para entonces andaremos escribiendo en las paredes nuestro nombre o el número de seguridad social, si sobrevive.
Gráfica: Ciudad de pasaportes en la piel
Adriana Collado Gabriela Sáenz
La exposición nos confrontó con un caleidoscopio de visiones para imaginar y cuestionar Centroamérica desde la ciudad, percepciones que muestran la inestabilidad de su configuración cultural en espacios en los que circula y se negocia lo que en palabras de García Canclini son "imágenes de lo transitorio", imágenes que pretenden mostrar nuestro entorno desnacionalizado, nuestra situación desterritorializada, en la que el arte se presenta en consonancia con el cambiante medio urbano.
Así, los tradicionales conceptos de "arte" y "nación" y la consecuente proyección de un "arte nacional", paralelamente se desdibujan al contrastarse con las evidencias del mundo contemporáneo.
Fronteras movibles
Como una extensión de la exposición Todo Incluido, el sábado 22 de enero se realizó en el Parque de la Merced la actividad complementaria Fronteras Movibles, un evento de intervención de espacios públicos coordinado por María José Monge. La participación de Sila Chanto, Ana de Vicente, Alejandro Ramírez, Roberto Vargas y una lista de tantos otros nombres de transeúntes y usuarios del parque, hicieron posible que la metáfora de los deslizamientos identitarios no solo fuera el fin, sino también el medio de una actividad que se constituyó en escenario para pensar la falibilidad de las fronteras en el hacer arte y en el ser ciudadano. El parque fue el espacio en el que la endeble y ficcional línea que une y separa roles y nóminas encasilladas, incluyendo las de "gestor cultural", "curador", "artista", "obra de arte" y "público" se diluyó, para trazar nuevas y transitorias coordenadas de comunicación en las que se interceptaron mensajes, memorias, acciones, y gentes.
Confluencias
La actividad Fronteras Movibles se realizó como parte del Programa Confluencias, espacio que de forma complementaria a las exposiciones que produce el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, tiene como objetivo propiciar la convivencia entre las obras de arte contemporáneo, los artistas que las producen y el público general. En este caso particular, varios artistas y una promotora cultural pensaron una gama de acciones a desarrollar en el Parque de la Merced, que dieran cuenta de la percepción de la ciudad de aquellos que frecuentan el parque. Se pretendía además que dichas acciones posibilitaran una vivencia de la ciudad y el arte como experiencias lúdicas. Por esta razón, la actividad no suponía la instalación de una obra artística en una coordenada física de la ciudad, sino la creación de un suceso que desde el arte se entramara con el tejido humano de la urbe. Fue así como el sábado 22 de enero, ciudadanos anónimos fueron responsables de dar vida, no a un objeto llamado "arte público o urbano", sino a una experiencia pública en donde más allá o más acá del "arte", ajenos y apropiados de las intervenciones, situados en la misma línea fronteriza donde ya no se distingue un afuera y un adentro, el arte perdiera su aura sacra y su valor mercantil para convertirse en vivencia de un suceso inusitado en el seno de lo urbano.
La pertinencia de estas actividades patrocinadas por una institución a la vanguardia del arte contemporáneo de la región, va más allá de generar nuevos escenarios que se intercepten con la vida cotidiana de la ciudad. Implica también un alto para reflexionar acerca de la posibilidad misma de un todo incluido, una frontera movible y una confluencia pero con un desplazamiento a la inversa; una que emitida desde esos interlocutores anónimos de la ciudad, des-localizara a quienes trabajan en las trincheras institucionales...; es decir, de una acción que un día cualquiera hiciese que un grupo de visitantes del Parque de la Merced se desplazara al museo y lo interviniera con propuestas propias de sus actividades, mientras los usuarios del museo con curiosidad interactuaran con ellos sin dejar de preguntarse ¿de qué se trata esto? ¡Ojalá sigan viniendo!
Página flotante
Contra-crítica
Clara Concepción Astiasarán
Una visión alternativa de la reciente Bienarte y sus premios, en exhibición en la Galería Nacional
... en función del azar / que poco cambia la realidad / de los presentesÖ Leer Grandioso bingo, texto inédito de Luis Chaves, me devolvió el punto azaroso que dilucida un concurso. Sin perder esta perspectiva, me arriesgo a lanzar algunos criterios sobre la reciente edición de Bienarte, certamen que decide la representación tica en la Bienal Centroamericana.
A pesar del poeta, quien duda de la incidencia del azar en la vida cotidiana (o en la producción artística local en este caso), Bienarte dejó a muchos, fruto del sufragio, entre la utopía y la desilusión.
Con un jurado avalado por la alta rigurosidad de sus prácticas (Víctor Zamudio-Taylor, Ana Sokoloff y Luis Camnitzer), las expectativas del evento superaron otras ediciones. El resultado es una muestra correcta, equilibrada y generosa, mientras la museografía destaca nichos de lecturas que recorren el entramado urbano, el discurso sociológico, la comunicación y la irreverencia estética, hasta las lecturas más poéticas. Lo más meritorio es el catálogo de nuevos nombres en la palestra del arte costarricense, que pareciera darle lugar a otras prácticas.
¿Por qué Bienarte nos deja, sin embargo, cierto sinsabor?
Partamos del viejo axioma de que los premios son siempre injustos; en ellos opera la subjetividad del jurado y un conjunto de factores extra-artísticos. Ricardo Ávila, Vanesa Biassetti, Andrés Carranza, Roberto Guerrero, Adela Marín y Roxana Nagygeller son los artistas con la gran responsabilidad de representarnos en la cita del 2004. A partir de esta selección quiero situar mis reflexiones.
"Producir para la Bienal"
En la edición pasada, Virginia Pérez Rattón destacaba un fenómeno que acontecía en estos eventos, el "síndrome Bienarte". Nominaba así una práctica muy extendida en nuestro contexto: producir para la Bienal. La crítica no implicaba la respuesta de participación ante la oportunidad, sino la capacidad "mágica" de los artistas de desaparecer y reaparecer cada dos años, argumentando la falta de espacios expositivos.
Andrés Carranza es uno de los cuestionados. Sus reflexiones y soluciones tienen que esperar por un curador o una muestra de esta magnitud; de lo contrario, acumular este tipo de obra excedería las limitaciones espaciales, la tolerancia y el cumplimiento de las "buenas costumbres". De sus propuestas rescato, a pesar de lo espaciadas, el mantener un tono coherente que ha ido madurando. Incorporar su práctica como arquitecto (manejo de estructura y de espacio), aporta signos de exclamación a este trabajo.
Penoso es en cambio que algunos decidan, a partir de un concurso, retomar su carrera con profesionalismo y seriedad, desestimando a aquellos para los que el oficio del arte es un ejercicio intelectual, una práctica rigurosa y un compromiso diario.
Pequeñas imposturas
Vanessa Biassetti presenta dos piezas de lo que llamaríamos "riqueza de mundo interior", muy a tono con los rituales de la femineidad. Su gesto más honesto radica en la titulación. Por el aire y Por las ramas, es quizás la forma más poética de nombrar lo epidérmico, lo etéreo y lo vacuo. Sería oportuno aplicar la honestidad a la hora de explicitar las referencias en un contexto que cada día se va haciendo más culto visualmente, y donde las alusiones a Rolando Castellón y Cecilia Paredes rayan en la obviedad.
Las sutilezas del discurso antropológico, mal aplicadas al discurso feminista, laceran la obra de Adela Marín. Su propuesta nos deja a medio camino entre el ser humano y Dios, algo que los más entendidos reconocen como limbo. La estética fotográfica que ahora propone tuvo su clímax en la década de los noventas, donde se hacía pertinente la reflexión socio-antropológica, como la de Víctor Vázquez o Luis González Palma. Marín provee a su obra de cierta dulzonería que minimiza toda investigación seria al respecto.
Roberto Guerrero apuesta por la auto-representación. Mi objeción sería a la escogencia de ciertos íconos, pues es bastante improbable que para un costarricense, Stalin conforme parte de su imaginario. La carga ideológica de esa presencia en su obra podría, lejos de darle valor agregado, destinarla al vicio de la impostura.
Como un atentado a los amantes de la academia y del orden, aplaudo dos decisiones del jurado: Ricardo Ávila y Roxana Nagygeller. El jurado tuvo a bien tomar el riesgo de premiar a un pintor naïf, echando por tierra tantos prejuicios alrededor de esa práctica. Ávila, con aparente ingenuidad, usa la T.V. como soporte, evidenciando dilemas locales, en consonancia con problemáticas allende el marco regional. Por otra parte, Nagygeller ha venido desarrollando un trabajo visceral, donde viola las normas morales y éticas del contexto. Se hacía oportuno que un jurado foráneo reconociera esas fronteras entre la vida, el arte y la ética, que la artista no solo ha hecho flexibles sino que cada día extiende al límite de la fisura, y a las que agrega el cuestionamiento a la representación.
Sobre las omisiones, Adrián Arguedas parece tener el récord en Bienarte. A pesar de que Play Land y Estrategias para un juego son las muestras más sólidas de los últimos tiempos, su figura no. 3 de la Serie "Las cualidades del blanco" se vio descontextualizada; no respondía así a las preocupaciones estéticas y conceptuales a las que Arguedas nos tiene acostumbrados. Otra sorpresa fue Alejandro Ramírez. El video Acción vandálica en mi linda Costa Rica y la documentación de su Acción rectificadora de graffitis son el gran enigma de la Bienal. Ramírez, quien fuera la revelación de la edición pasada, ha estado trabajando con sus formatos preferidos: el video y la calle. Me atrevo a enunciar la calle como formato pues ha recuperado el contexto urbano y un modo popular de expresión como el graffiti, situándolos en zonas de legitimación, y demostrando a sus contemporáneos que la producción no depende de un espacio físico concreto.
Valdría destacar otras propuestas de rigor en Bienarte: Ana de Vicente, Errol Barrantes; intentos interesantes como los de Florencia Madrigal, Yamil de la Paz...
Es probable, como sugiere el poeta, que esta selección no altere "los destinos del arte costarricense". Celebro la iniciativa de este evento, que ofrece a los artistas un espacio de confrontación y diálogo, a pesar de mis disidencias. Y espero sobre todo que los seleccionados recuerden que los artistas no son "esa gente que vive del sentimiento". El trabajo hay que respetarlo, como el panadero amasa el pan de los pobres, cada mañanita de Dios.
Gráfica: Desenmarañar fronteras
Luis Fernando Quirós
[email protected]
Todo Incluido, imágenes urbanas de Centroamérica es una exposición conjunta que presentan, en el seno del FIA, el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo y Teorética, en ambas sedes.
De Centroamérica, me encanta vivenciar sus fronteras, laboratorios para las ciencias sociales: flujos migratorios oficiales o mojados, juegos de poder, influencias, mordidas, largas filas y ventanillas, compra-venta y lavado de divisas, nociones de adentro-afuera, el vos y el tú; además, limítrofe trasiego del "todo incluido" como mecanismo de atracción y apropiación de mercados turísticos.
Pero también, fronteras de mayor estatura, las de su imaginario: el arte, símil de recorrer mapas de íconos urbanos y rurales que redibujan el hilo oscilante de su memoria.
Como relectura de Santiago Olmo -uno de los curadores- diría que en la muestra existen "tantas fronteras" como miradas que la contemplan: la frontera de la ciudad, centro, periferia, barriada, mara, pandilla, la del extrañamiento y los afectos; las fronteras del enfrentamiento y la crisis social, de lo incluido o lo excluido, lo alto y lo bajo, o la luz que demarca sombras. Es una composición polifónica de capas superpuestas que transparentan un velo a veces irónico o lúdico, pero argumentado con profundo pensamiento.
Sin espacio para referirme a todo lo incluido, este comentario sostiene lo que queda después de la segmentada visita al MADC -TEOR/éTica.
Lo que queda
Quedó en mi mente el video "Nueve", de Brooke Alfaro, que contiene algo más que choques pandilleros en Barraza; lo no verbal es un incisivo sujeto portador, kinésica pura, donde hablan miembros, manos, cuerpos, y estiman un erotismo de la masculinidad de quienes provocan y ostentan el poder.
En este mismo lindero panameño, desequilibrantes juguetean las "PostArt", de Jonathan Harker.
Y "Mogo", espacio de pensamiento y visualidad contemporánea, producido por Walo y Gustavo Araujo, exhibido en Teorética.
Puente entre la frontera ticopanameña, Abigail Hadeed evoca extrañamiento por la luz y esos espacios porteños de Colón y Limón: "El Caribe irá en ti siempre"; susfotografías me quedan como relectura de Kavafis.
De Costa Rica quedaron las piezas de Ana de Vicente, minimalismo vivenciado en las vías urbanas contenedoras de humanidad, y la flota de transporte público.
Provocativas son las propuestas "Vida bajo los puentes", de Eugenia Picado; las ventana-espejo, de Fabián Zúñiga; el "Proyecto urbanístico de ingeniería blanda", de Sila Chanto; las rectificaciones de Alejandro Ramírez, y las marcaciones "cuidadosamente pintadas", de Federico Herrero.
Se transparentan las pieles citadinas y marcas de su territorialidad en las piezas de Roberto Vargas y Carlos Capelán. Y réplicas de una pintura sagaz en "tempo" actual son Play land, de Adrián Arguedas, y las ojeadas a la cotidianidad de Loida Pretiz.
Nicaragua levanta el recuerdo sufrido, búsqueda de nuevas fronteras y el tratamiento desenfadado de la realidad: son elocuentes las fotografías y video "Documentos" , de Ernesto Salmerón. "Ciudad tendida", de Oscar Rivas, es visión de una Managua cartográfica donde contrapuntea un hoyo negro, la laguna de Tixcapa y el antiguo búnker, metáfora de lavar el pretérito. Resonancias violentas se advierten en "Los niños de mi ciudad", de Rodrigo Pacheles, y "Peluche", de Wilbert Carmona. Queda el semblante sostenible de "Man-Agua", de Óscar García, y jocoso pero punzante "Los lampazos", de Raúl Quintanilla.
Claudia Gordillo ciñe evocaciones simbólicas del "templo en ruinas", que reedifica en cada espectador.
Es viva la evocación hondureña y su zona de Comayagüela con sus vestigios post-Mitch, desdibujados con gestualidad enrojecida por tanto lodo terrestre: "Tegucigalpa 1999", de Xenia Mejía.
Permanece, de El Salvador el sinsabor de "El asco", de Castellanos Moya y la narrativa de Jacinta Escudos. Además, "Ciudad encajada", de Simón Vega, "Topopostes", de Rodolfo Molina, neoengendro de los eternos próceres sobre una ciudad que fenece.
Frontera aparte es la instalación "Hogar, dulce hogar", de Rónald Morán; un proverbio expresa que "en casa donde se dicen las cosas con sumo silencio, ahí suceden cosas", pues Morán elabora la apariencia algodonada del blanco en una habitación donde se ciernen los tapujos de la sociedad actual.
Frontera contestataria es la guatemalteca, como el pensamiento detrás de cada performance de Regina Galindo en su "¿Quién puede borrar las huellas?"; la prisión pegada al rostro de las imágenes de Luis González Palma -tanto como "Cárcel de árboles", de Rey Rosa.
Inclusiones certeras, como la métrica entre un punto y otro, o la marcha sobre residuos de carbón de un "30 de junio", ambas de Aníbal López; o cuestionante, como es Moisés Barrios pintando la parafernalia y el glamour que exhiben las vitrinas de "Banana Republic", que Barrios recicla en su marca.
Cerrando límites
Quedan otros comentarios sin hacer, como "Paisaje olvidado", de Luciano Capelli y Mercedes Ramírez.
En tanto fronteras del arte regional aún hay mucho que decir, que pensar para atraer otras miradas hacia estas, a pesar de mostrarlas en Madrid, a pesar de Mesótica II y su actitud regeneradora, a pesar del acucioso visor investigativo del arte ístmico y caribeño de una experimentada Virginia Pérez-Ratton, otra curadora de Todo Incluido.
Gráfica: Donde quiero estar
Clara Astiasarán
Los costarricenses Cinthya Soto y Alejandro Ramírez presentan sus obras en Casa de América, en España
No recuerdo dónde estaba la noche del pasado 26 de noviembre. Ese día, comisariados por Virginia Torrente -responsable de artes plásticas de Casa de América, en España-, los ticos Cinthya Soto y Alejandro Ramírez pusieron punto final al programa de exhibiciones en el 2004. Las más recientes políticas y directrices de Casa de América han favorecido al arte contemporáneo de esta parte del mundo, y este año pasaron por allí la venezolana Emilia Azcárate, la muestra fotográfica "Bogotá: cinco sentidos" y la brasileña Sandra Cinto, entre otras propuestas. Así la visibilidad del arte costarricense, que desde hace unos años constituye el trabajo de curadores, artistas e instituciones locales, tuvo su caja de resonancia en las propuestas que Soto y Ramírez articularon en España.
Horizonte para el arte local
Aunque para muchos está claro que decidir no siempre es fácil, y que además el ejercicio curatorial no es una "elección" arbitraria, el diálogo que pueden establecer las obras de estos dos artistas ofrece una mirada compleja y pertinente de la producción artística costarricense. Porque aunque la obra de un artista no resume el trabajo de otros tantos, la sólida producción que ha avalado el reciente trabajo de Soto y Ramírez abre -definitivamente- muchos horizontes para el arte local.
Cinthya Soto (Alajuela, 1969) reside hace ya varios años en Suiza. En "Interfaces", la apuesta de Madrid, incluye algunas obras conocidas y estrena otras, procurando que su discurso afiance el cuestionamiento a la representación que se ha vuelto persistente en su trabajo. Su obra cada día nos somete a un ejercicio de transacciones y tensiones entre lo real (natural) y lo tecnológico que caracteriza su obra. Fotografías de gran formato, proyecciones sofisticadas y laberintos lingüísticos, encubren la propuesta de Soto cuando nos induce a una constante deconstrucción de su gramática visual. "Interfaces" habla de crear interferencias en el paisaje cotidiano, de disuadirlo y sabotearlo, mientras la artista invita a interactuar con esa segunda y tercera naturaleza, que disiente siempre de la anterior.
Costa Rica es pura vida vida
Para Alejandro Ramírez (Costa Rica, 1978) la presentación de "Costa Rica es pura vida" es su primer ejercicio personal institucional. Digo institucional, porque cada uno de sus trabajos como curador y colector del graffiti en el contexto urbano, constituyen otro modo de hacer muestras personales. Mientras Ramírez se apropia de forma conciente del espacio público -no sin la cuota de trasgresión y resistencia correspondientes- otros se dedican a reclamarle a la institución arte, lo que no ha resuelto ni Dios ni el gobierno. Una de las piezas que más me impacta en la muestra es una serie de fotografías, donde el lenguaje de signos de las maras locales evoca un "Costa Rica es pura vida", una pieza a la manera del Lesco (Lenguaje de señas costarricenses) que utilizan los sordomudos. Esta forma de comunicación es usufructuada por las pandillas para establecer códigos de comunicación oral, a diferencia del graffiti, pero que en comunión con este posee toda la carga de la marginalidad. Ramírez exhibe un conjunto variopinto que va desde el graffiti al karaoke, pasando por su trabajo en video y fotografía, ya conocido por el público local.
No recuerdo dónde estaba la noche del pasado 26 de noviembre. Teniendo en cuenta que la Casa de América se encuentra en Madrid -ciudad que, al menos, nos lleva ocho horas de ventaja- mi noche del día en cuestión comenzó a las 11:00 a.m., hora nacional. Tal vez estaba bebiendo desde temprano, por aquello de que en Europa es tardísimo (parafraseando a una amiga y fotógrafa); y acompañando -como solo se puede hacer en la distancia- a los que me recuerdan desde cualquier lugar del mundo que es aquí donde quiero estar.
¿El ajedrecista o el graffitero?
• Sin duda algo grave nos está pasando como sociedad
Carlos Alonso Vargas
[email protected]
Espero no haber sido el único ingenuo lector que, al encontrar en el suplemento Áncora del pasado 22 de febrero un artículo de dos páginas enteras y con varias fotos, con el gran título “Alejandro Ramírez”, pensó que se refería al joven ajedrecista costarricense que tantos triunfos ha cosechado. Mi extrañeza comenzó cuando vi el subtítulo: “De Taki al TLC”. Yo no sabía qué era “Taki” (¿acaso alguna esotérica jugada de ajedrez?); pero definitivamente el TLC no guardaba relación alguna con el joven ajedrecista. La extrañeza se convirtió en desconcierto cuando observé que el contenido de las fotos eran varios letreros de esos que pintan en las paredes los pandilleros y agitadores. Y pasó a ser estupor cuando comencé a leer el artículo: resulta que no versaba sobre el simpático adolescente de la boina roja, sino que era la exaltación gloriosa de un personaje homónimo cuyo “arte” consiste precisamente en pintarrajear las paredes de la ciudad con los susodichos letreros, cuyo nombre políticamente correcto es graffiti.
Seamos realistas. Para pintar esos rótulos no se necesita más creatividad que la indispensable para escoger el color del spray ni más genio que la astucia para no dejarse ver de la Policía. (Porque pintar paredes públicas es ilegal; o ¿también en eso soy ingenuo?) Cierto es que de vez en cuando contienen frases ingeniosas, como las que también salen en las cantinas y en las barras de pachucos. Pero, si todo eso se enaltece como arte (con sus consabidos parámetros de estética y crítica, según se puede inferir del artículo), y si se presenta con gran despliegue en un prestigioso suplemento cultural, es que algo grave nos está pasando como sociedad.
¿Qué clase de trastrueque ha ocurrido en nuestro sistema de valores? ¿Acaso hay punto posible de comparación entre la disciplina, el esfuerzo y el genial raciocinio de un campeón de ajedrez, y la cuestionable conducta de un tocayo suyo a quien la mamá no le enseñó que uno no pinta las paredes? ¿Acaso es que ahora apreciamos más el actuar en la oscuridad y el hacer trampa que el demostrar auténtico ingenio y valía humana?
Tal vez se me podría replicar que soy un ignorante, y que hace años que los graffiti se consideran un arte. Pero eso no haría sino corroborar mi punto. Debo anotar que ese mismo día, en el suplemento deportivo de La Nación, que no suelo leer, sí me encontré una buena crónica sobre las andanzas de Alejandro Ramírez, el otro, el de verdad.
Crítica de artes plásticas
Filtro de una cultura en acción
Aurelio Horta
1er Concurso Centroamericano de Artistas Emergentes
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, ubicado en el Centro Nacional de Cultura (CENAC, avenida 3, calles 11 y 15)
De martes a sábado, de 10 a. m. a 5 p. m.
El artista, que viviendo su presente urge de interrogarlo y lo participa activamente, no pretende representar sino más bien investigar sus incertidumbres.
Es, al igual que su conciudadano, un hombre emergente. Lo trascendente le queda demasiado distante.
Él simplemente intenta mantener al día un boleto de ida y vuelta.
Esa actitud no sólo ha estado presente, sino que ha sido bien calibrada por el jurado de este 1er Concurso Centroamericano de Artistas Emergentes, cuyo veredicto sobre 286 obras y 197 artistas, sin dejar de considerar la posibilidad de cualquier otro posicionamiento en relación con los premios, avala la transparencia inteligente de esas nuevas prácticas y lenguajes artísticos que saltan de la congestión globalizadora, escenificada a diario por una adicción pública al Gran Espectáculo de lo ordinario.
Esta oportuna convocatoria del MADC, pone arriba del tapete un índice importante para las estrategias culturales contemporáneas (incluyo aquí las correspondientes a la formación artística), la necesidad de una sólida y eficiente conceptualización del problema arte frente al acontecimiento social, la política, el autorreconocimiento, y ese nudo permanente del riesgo de la conciencia y el hombre.
De aquí que sea muy importante la autorreflexión del artista, y la fundamentación de su proyecto concursante, el cual cobra un peso bruto porque debe referir esa proximidad conceptual que da carácter a una incisiva visualidad que compromete nuevos alternativas de medios expresivos, de hecho, una posibilidad emancipatoria de esa Liga Mayor que hoy es la cultura en el fuego cruzado de la globalización.
En los casi dos minutos del video Síncope de Christian Bermúdez, el emplazamiento en que nos sitúa el regulador del tránsito sirve casi de radiografía de ese implacable tumulto de la homogenización, revelador también de la capacidad humana ante cualquier ruedo. Muy sugestivo y más irónico en el Money Talks de Lucía Madriz, con su simulacro estilizado en una alfombra de arroz y frijoles; o en la obra de Mónica Morales, una de las seis menciones, donde el juego de los afectos y las convenciones inútiles traspasan la materialidad de unos guantes y vestido blanco aparentemente nacidos de una sentencia social.
Jorge Albán, otra de las menciones, prolonga, en un video, el instante de esa experiencia cotidiana que es el mito colectivo del impulso vital, ahora con una recia especulación de sentido antropológico, visitado también por Interesantísimo, fotografías impresas en manteca de cerdo e instaladas con iluminación de Ana Yansy Chaverri.
En una lectura ideológica de la muestra, esta se orienta a procesos de conflictos de la sociedad de hoy, cuestión que manipula críticamente el Potro montador de Esteban Piedra, merecedor del tercer premio, en el cual podrían inscribirse muchas de las contradicciones actuales del hombre en su gesta de vivir a diario, justamente como ser humano. Regina José Galindo de Guatemala, en ¿Quién puede borrar las huellas? ,narra fotográficamente las pisadas entintadas en sangre que recorren el tramo del Edificio de la Corte hasta al Palacio Nacional.
El colombiano Omar A Rivillas, simula casi sarcásticamente unas tortugas que son juguetes de aviones de guerra con cascos militares, mientras que El autorretrato o Retrato ontogénico de Mimiau Fung Hsu, tuerce la mirada a los contrapunteos de la migración en su fuga permanente de la diferenciación, tema del que se apropia los fragmentos de una realidad documentada en las cartas que componen Arte Postal , de Karla Mata.
El Primer Premio lo alcanzó Alejandro Ramírez, de Costa Rica, con Acción de darle mantenimiento al graffiti y Acción para enfrentar dos barras de fútbol, obras en las que el espesor del enunciado, como expresamos al principio sobre el cruce conceptualismo - emergencia, mucho decide en su relación con la intervención artística.
Esas implicaciones son para el espectador visitante muy transparentes en los dos videos de Donna Conlon (Panamá-EE.UU.), ganadora del segundo premio, y que dejan un sentido de gozo al sacar el pensamiento de su ruta obligada. Eso es lo que hace la marcha de las hormigas, ellas todas dispuestas a arrasar el camino con su ingenuidad ¿cultural o animal?, portadoras asimismo de la contradicción y el traspié, tan común como cuando se llevan los cordones de los zapatos desatados, tema del otro video, ambos un buen ejercicio del activismo cultural que proponía el concurso.
Videocreación
Imagen rebelde
El 2do Concurso Centroamericano de Videocreación Inquieta Imagen, organizado por el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, otorgó esta semana premios a obras contestatarias
Juan Devis, Karin Schneider y Nicolás Guagnini, jurados latinoamericanos del 2do Concurso Centroamericano de Videocreación Inquieta Imagen resaltaron en su veredicto algunas corrientes en las obras de muchos de los artistas de la región: temas locales, globales y sus interrelaciones son síntomas recurrentes. Entre ellos, los conflictos identitarios propios de sociedades híbridas, el rescate de memorias personales que resuenan en la memoria histórico-social, la conflictiva relación dominante entre los Estados Unidos y el Tercer Mundo, la condición de la mujer, las posibilidades del cuerpo y la sexualidad, y el impulso hacia la pureza formal.
El jurado consideró excluyente exhibir solamente solamente seis obras -tres ganadoras y tres menciones- de una producción vasta, variada y valiosa. Por lo tanto, un tercer conjunto de obras fueron seleccionadas para ser exhibidas en la modalidad single channel.
Para la selección de las obras premiadas, se utilizaron los siguientes criterios: rigor conceptual y formal en la ejecución de la obra, basado en una ingeniosa utilización de los medios, ideas efectivas, precisa edición de audio y sonido.
Así, de las 84 obras de 77 artistas que se presentaron al concurso, fueron seleccionados 17 videos para la muestra, de los cuales 10 serán proyectados en single channel, y tres Premios en igualdad de condiciones, una Mención Especial y tres Menciones.
Single Channel:
Brooke Alfaro. Panamá. Buscando".
Natasha Pachano. Costa Rica. Labial.
Naufus J. Ramírez. Guatemala-Canadá. Deseo interpuesto. Andrés Carranza. Costa Rica. Espacios.
Regina José Galindo. Guatemala. Labios.
Jonathan Harker. Ecuador-Panamá. ¿Cómo se llama la obra?
Álvaro Sánchez. Guatemala. Monotony.
Sandra Monterroso. Guatemala. La esencia de la vida.
José Alberto Arce. Costa Rica. Susurros.
Mimian Hsu Chen. Costa Rica. ¿Estoy en el cielo?.
Menciones
-Donna Conlon. Panamá -EE.UU. Singular, solitario. Una serie de zapatos únicos encontrados en la basura son utilizados por la artista para caminar en diferentes terrenos. Documenta una acción-performance, a la vez que se constituye en motivo de tal acción, mapeando la sociedad a la que los desechos pertenecen.
- Ana De Vicente / España-Costa Rica. La luz. Un juego persistente entre una persiana y el sutil movimiento de la sombra de un cuerpo, crean una obra con un claro rigor formal solucionado con elementos mínimos.
-Alejandro Ramírez. Costa Rica. Mi querido pueblo ambiguo. Utilizando la calle y la reacción de los transeúntes, toca un tema de actualidad ineludible, apropiándose de metodologías televisivas. Intenta deconstruir mitos constitutivos de la identidad nacional local y su relación con la ambigüedad.
Mención Especial
- Artistas de la calle. Honduras. Nos vale verja (Regina Aguilar, Alejandro Durón,Roberto Buddhe, Eduardo Bahr). Un video cómic que denuncia la violencia y la censura ejercida en el contexto reciente de la sociedad hondureña, interactuando con un segundo video que registra la presentación pública del performance colectivo de Los artistas de la gente, como un acto de resistencia y activismo político.
Premios
- Edgar León. Costa Rica - México. Memorias del porqué. Euqrop led Airumen. El uso de una doble imagen especular en la instalación resalta las manipulaciones en el discurso de la prensa. Presenta poéticamente un conflicto en el que se entrelazan intereses económicos, asuntos raciales y geográficos.
- Lucía Madriz. Costa Rica. Dolor de cabeza. Utilizando la relación básica cámara-artista, expresa las condiciones simúltaneas de sometimiento y resistencia recurrentes de la mujer en la cotidianidad de las relaciones con el sexo opuesto.
- Ernesto Salmerón y Mauricio Prieto. Nicaragua-Colombia. Documento 1/29", . Una ajustada manipulación y edición de imágenes y sonidos traen un pasado político traumático al presente. Parodia e incorpora el sub-género del videoclip, insuflándole contenido documental. Preciso y perturbador como memoria, la historia reaparece con la persistencia y la velocidad de los recuerdos.
Gráfica
Intromisiones para restituir la esfera público
María José Monge
En el arte público, el tránsito que va del monumento y la documentación al que se sirve de la intervención y la acción, ha contado con tentativas tímidas y limitadas en nuestro país. No obstante, el fin de semana pasado esa vía alterna del arte público encontró un tráfico favorable en el evento Tránsitos/Trans-sitios, producido por la Fundación TEOR/ética, y acaecida en el marco del 1º Festival de Verano Transitarte, organizado por la Municipalidad de San José.
La apuesta por el accionismo y la intervención pública modificó el entorno temporalmente, sirviéndose de lo impredecible y de la ubicación del transeúnte en una posición estelar de la puesta en escena, convirtiéndolo así en actor y autor de un gesto que oscila entre el arte y la vida, entre lo cotidiano y lo inusitado. Un acto que, en suma, constituye un alto para reformularse dentro de lo cotidiano. Ya sea como consumidor y usuario de un sistema articulado conforme a las leyes del mercado; como cómplice y testigo de la desintegración social que ha acompañado los procesos de modernización urbana; o como perpetuador pasivo de las contradicciones implícitas en el orden global contemporáneo; todos estos, grados de conciencia propiciados en las acciones de Tránsitos/Trans-sitios: tanto por el lavacar, de Errol Barrantes, por el servicio de canje de dólares y los parches de zacate de Joaquín Rodríguez del Paso, por el interior doméstico usurpado con la frase "Costa Rica es pura vida", de Alejandro Ramírez, o por el emplazamiento de un muro de adobe por parte de Esteban Piedra, entre otros.
Despertar la conciencia
La estampa de elementos que induzcan al re-conocimiento del contexto urbano en la experiencia conciente de uno de sus fragmentos, es otra de las estrategias empleadas como un llamado de atención sobre la inconciencia que tienen los individuos del entorno y de su rol en la construcción de este; tal y como lo provocaron las pintas de monumentos cívicos de Yamil de la Paz, los afiches pegados por Ana de Vicente en puntos susceptibles de pasar desapercibidos, o la develación de la estructura del entramado urbano, realizada por Adriana Castro.
El reclamo de la experiencia individual activa, la toma de conciencia sobre sí misma, los entrecruces entre la experiencia individual y colectiva, y las (dis)tensiones entre lo público y lo privado como fenómenos constituyentes de la vivencia urbana, son algunas de las apuestas reincidentes también en los proyectos presentados que, como en el taller serigráfico ambulante de Sebastián Mello, apelan a restituir la participación del individuo mediante la personalización misma del acto productivo y de distribución de la imagen.
Letargo multitudinario
La aparente simplicidad de estos gestos no está exenta de un comentario político. Señalan las contradicciones de la sociedad contemporánea que, si por un lado reclama la presencia de una ciudadanía activa, por otro, ha sellado ya su pacto con un proyecto global que reduce la participación ciudadana a una condición de letargo multitudinario. Como irónicamente lo abordaron las obras de Ramírez y Ernesto Villalobos, la vivencia urbana se devela entonces también como una experiencia tamizada de relaciones de poder que sigilosamente se infiltran en nuestras vivencias íntimas y públicas edificando nuestro sentido de comunidad.
Así, actividades como Tránsitos/Trans-sitios nos invitan a repensar el arte en tanto motor y herramienta de procesos socioculturales a través de los cuales nos vamos dando forma como colectivo; en este caso concreto mediante la restitución del sujeto en la esfera pública, latente en la provocación de estrategias que generan la des-ubicación, el re-conocimiento y la re-construcción de la ciudadanía, en un momento en el que la inoperancia simbólica y material de los proyectos nacionales y la crisis de sus modelos urbanos, desalientan el interés por participar activamente en la vida pública y hacen de la ciudad una entidad inaprehensible por la complejidad e imprecisión de sus mecanismos de articulación.
Vida Urbana en el arte costarricense
Elena del Castillo/ EFE Reportajes
Alejandro Ramírez es un editor de la literatura urbana que se refleja en los graffitis de San José, mientras que el interés de Cinthya Soto se centra en las sutilezas de la percepción. Ambos jóvenes presentan en la madrileña Casa de América sus últimas obras de videoarte y fotografía y las explican para EFE-Reportajes.
La comisaria de la muestra, Virginia Torrente, explicó a EFE-Reportajes que la idea principal de la exposición es dar a conocer la obra "de dos artistas jóvenes costarricenses muy diferentes y poco conocidos en España. En la Casa de América mostramos hace tiempo el arte de otra costarricense, Priscila Monje, pero no se puede decir que sea una joven artista puesto que su obra ya está muy consolidada".
La principal aportación de la nueva generación de artistas costarriecenses pasa necesariamente por la visión de Alejandro Ramírez acerca de lo que ocurre actualmente en la capital de Costa Rica, con su mirada urbana desde dentro y desde fuera del graffiti en un trabajo un poco antropológico.
Por el contrario, a Cinthya Soto le interesa más que nada cómo se puede jugar con lo que se percibe. A través de sus obras no se pueden entrever las referencias de cómo es la vida en su país, porque vive y trabaja en Zurich y casi se ha convertido en una artista del mundo. Ambos han sido objeto de varios reconocimientos y galardones, como el Premio Nacional de Artes Plásticas de Costa Rica, que soto recibió en 2002.
FOTOINSTALACIONES PARA "INTERFACES"
Cinthya Soto (Costa Rica, 1969) presenta sus piezas bajo el común título de "Interfaces", con el soporte principal del video y la fotoinstalación, dentro de un paisaje de sutil sarcasmo. Desde 1997 ha realizado una treintena de exposiciones, entre las que destacan varias bienales de arte.
Afincada en Zurich (Suiza), mantiene contacto directo con su país: "No tengo vínculos con Zurich, sólo quería venirme a Europa nada más terminar mis estudios. Arranqué con el grabado porque esa fue mi especialidad en la universidad. Después empecé con la fotografía como otra técnica de reproducción. A partir del 2002 me introduje en el video, pero ya desde mis inicios hice fotoinstalación".
Le interesa que "la gente sienta es que es un agente muy activo y que participa en las obras". Hay piezas que sin eso no tendrían ningún sentido como ocurre en "Estudio al revés" donde un objetivo está captando constantemente los movimientos del espectador cuando se acerca.
La pieza "Al otro lado de la simultaneidad" pone en juego la representación, hace pensar que la fotografía es un recorte y que lo que se muestra es sólo una parte. Las imágenes fueron tomadas simultáneamente "para que seamos más conscientes de que cuando se mira a la vez se es observado". Es la misma idea de "El yo desdoblado", desde la visión de una misma persona "en la situación extraña e incómoda de poder mirar hacia a algún sitio y encontrarse consigo mismo".
En otras obras introduce la idea de que "la vista no es única, cada vez que se mira cambia el vínculo que se tiene y nunca se ve la totalidad sino fragmentos, dependiendo de la posición en la que uno se ponga". El video "Es una flor (no) es una flor (no) es una flor" juega con el sensación de que lo tecnológico nos parece más natural que la naturaleza misma, para lo cual se representación una flor sin la flor misma y de esa forma se descubren otras posibilidades de naturaleza. Es un análisis de cuánto hay de natural en lo artificial y viceversa en un intento de crear nuevos contextos y comprobar, una vez más, que todo es un artificio, el arte es un artificio.
UN "MAR" EN UNA HABITACIÓN
La videoinstalación y fotografía "Neptun" presenta la candorosa y trágica historia de un pececillo de plástico que empieza a interactuar en un espacio que no le corresponde porque no está en el mar, sino en una habitación. Con el desarrollo de las imágenes, poco a poco, se le crea un mar artificial para este pez artificial porque éste se había dado cuenta de que el mar era sólo un mar de calendario y quiere irse de allí.
La obra "Un corazón cálido para un pensamiento frío" se soporta en retroproyecciones a un espejo y de éste a una pantalla de cristal, con el resultado de una imagen quebrada, refractada. Fue pensado para un "encuentro o intercambio con artistas nórdicos", "con esta pieza juego con los polos, me gusta contraponer; en este caso son dos paisajes, uno el contrapunto del otro".
En la videoinstalación "El juego de la percepción" hay una parte de la percepción "que se pierde porque no es real, la situación va del monitor al proyector. Ver es una experiencia, la retomamos y tendemos a cerrarla, pero hay más cosas. Por eso intento mostrar que todo lo que se ve es relativo".
EL TRABAJO CON LAS UÑAS
Alejandro Rámirez (Costa Rica, 1978) fue ganador de la bienal costarricense y obtuvo el Primer Premio de artistas emergentes centroamericanos en 2003. Presenta sus obras bajo el común titulo "Costa Rica es pura vida", donde la imagen y la música aúnan sus fuerzas para mostrar que el arte aún puede existir sólo para expresar el aspecto más popular y político de la sociedad de una gran ciudad. Graffitis y pintadas se redescubren para gritar injusticias y situaciones concretas que responden a problemas concretos.
El artista explicó que "trabajo a partir de la trasgresión de lo trasgredido, una trasgresión como el graffiti encima del cual efectúo algún tipo de intervención, desde limpiar el graffiti de manera simple e inocente hasta hacer un graffiti y diluirlo con guaro, la bebida popular costarricense, un licor muy potente".
"Lo más importante para mí es la simbología urbana. Acompaño a las piezas con canciones patrias de mi país que yo transformo en un contexto hip hop o pop. De repente es medio ofensivo para un costarricense. Con esa transgresión quiero sensibilizar más al espectador".
El artista ha escogido para esta exposición fotoinstalación y lo que él llama "documentación de la obra real que está en los muros de edificios de Costa Rica, aunque hoy por hoy quizá ni siquiera existe porque es un graffiti que la gente ha podido rayar encima. Lo que yo hago es documentar lo que fue una obra por lo menos dos o tres días porque llegó otro graffitero y le cambió el sentido. Yo a veces varío el sentido del mensaje, pero también simplemente lo embellezco para quitarle hierro si es que es ofensivo".
Ramírez dejó la escultura por el video hace tres años, aunque también trabaja con fotografía: "Lo que me interesa es una acción que yo luego documento".
El artista explica que "me siento parte del movimiento nuevo de artistas centroamericanos que estamos exponiendo y estamos ansiosos por sacar el trabajo porque la tensión se está dando y hay que aprovecharse de eso. Existe el mito de que en Costa Rica se da un arte muy ingenuo, naïf, pero no es del todo cierto. En esta exposición no se ve ese arte".
"Trabajamos con las uñas porque tenemos muy pocos medios, pero los aprovechamos al máximo. El mérito está no tanto en lo hermoso de la obra sino en su concepto, en un arte políticamente fuerte que se distingue del de otros países. Nos diferencia oponernos a la corrupción de los políticos y al vandalismo agresivo. Costa Rica está despertando porque en este momento ya hay dos políticos encarcelados por corrupción y no vamos a permitir más que se nos pase por encima".
Casa de América (Madrid) hasta el 23 de enero 2005
www.casamerica.es
Gráfica
Urgencias
Clara Astiasarán
El Museo de Arte y Diseño Contemporáneo alberga hoy a los que pretenden emerger una dinámica de compromisos y actitudes: los "Emergentes" oxigenan el quehacer centroamericano.
Ahora que las relaciones entre márgenes e instituciones han sido replanteadas por maniobras cada vez más persuasivas de incorporación de lo alternativo al trazado hegemónico, los emergentes lo tomaron con gravedad. Mientras tanto, cierto público se resigna a que rayar paredes, romper piñatas y hacer tortillas de colores tenga relación con el sublime término de arte.
Aunque los premios siempre acarrean opiniones divergentes, la figura del concurso se mostró pertinente. La muestra visibiliza a Centroamérica como un espacio de producción simbólica y problemática cultural, mucho más complejo y sofisticado que todas las exigencias del mercado y el circuito del arte. Se hacía necesario esta plataforma de polifonía creativa, para ver asentadas las estructuras de la región en todo sus engranajes (etnográfico, lingüístico, político, retórico), cuando los canales de comunicación tienden a lo endeble.
Atención a la ciudad
La museografía aporta la sal a ese caldo de cultivo, sugiriendo el diálogo constante de las obras. De los nichos de lecturas y referencias conceptuales, se distingue la atención a la ciudad, en una región donde esta -salvo excepciones - no ha sido centro de la construcción simbólica o identitaria. La ciudad se ve atravesada por infinitos cuestionamientos: el caos citadino, la crisis urbanística o habitacional, la ciudad como documento, lo anodino, lo estético, el escenario del discurso político, las formas del lenguaje urbano (o callejero), el peligro, el encierro, la memoria electiva y la propia construcción de la historia. Allí está presente en las obras de Alejandro Ramírez, Errol Barrantes, Roberto Vargas, Christian Bermúdez, Ana de Vicente, Natasha Pachano, Alicia Zamora, Jhafis Quintero, Gabriel Galeano, Álvaro del Cid, etc.
Irreverencia ante los patrones
La información en las sociedades actuales tuvo su incidencia. La saturación, la catalogación afectiva, la manipulación, el amarillismo o la enajenación contenidos en las propuestas de Adriana Castro, Micky Fábrega, Ronald Morán, Albán Camacho y Marco Guevara. Así como lo políticamente correcto -en consonancia con lo lúdico-, y la irreverencia ante los patrones de lo femenino, lo moral, lo educativo, lo doméstico, lo ético, están presentes en la obras de Lucía Madriz, Esteban Piedra, Adán Vallecillo, Miguel Imbach y André Dumani, Ana Yansi Chaverri, Mónica Morales, Ricardo Miranda y Roxana Nagygeller.
Referencia, autorreferencia
Obras ligadas a lo autorreferencial o la memoria tienen acá soluciones más contundentes, apartándose del lirismo vacuo: Mimian Hsu, Daniel Soto o Ernesto Salmerón. Este último regresa al tema de la autoría al incorporar el objet trouvé dentro del proceso intertextual en su producción. Siguiendo la línea de inclusión de referencias, están las citas "artísticas" a Brooke Alfaro (Alejandro Ramírez), Flavio Garciandía (Martín Baltodano), Oscar Muñoz (Ana Yansi Chaverri), Antonio Caro (Gabriel Galeano y Leonardo González), entre otras.
La variedad a nivel formal y la excelente presentación de las obras dieron valor agregado a los intereses conceptuales. Entre las resueltas con transacciones (o ajustes perversos) que alteran cualquier paisaje simbólico, estético o ideológico, destacan Money talk, de Lucía Madriz; Tácticas de sugestión, de Omar Rivillas; Coexistencia, de Donna Conlon; o las de incidencia colectiva: Tortillerías, de Adán Vallecillo, y Acción para enfrentar dos barras de fútbol, de Alejandro Ramírez. También la violencia, la globalización, los procesos de homogeneización y la vulnerabilidad del sistema artístico, tuvieron su lugar en Emergentes.
Las urgencias son siempre eso. Brindarle a la producción artística contemporánea un poco de oxígeno: sirvió para reafirmar que tiene vida.