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Anatomía y
funcionamiento del Aparato Cardiocirculatorio
El cuerpo humano está
formado por millones de células especializadas en diferentes funciones y
que constituyen los distintos sistemas y aparatos que forman el
organismo.
Estos sistemas y
aparatos tienen misiones interrelacionadas entre sí y fundamentales para
el funcionamiento del conjunto. El aparato digestivo facilita la llegada
de los nutrientes necesarios para la vida de cadacélula, al mismo tiempo
elimina aquellas sustancias de desecho innecesarias para laalimentación.
El aparato respiratorio se encarga del aporte de oxígeno (O2) utilizado
en la combustión de los nutrientes, también de la eliminación del
anhídrido carbónico (CO2) producido durante el metabolismo de la célula.
El riñón limpiará la sangre y eliminará al exterior, con la orina,
conducida por los tubos excretores (uréteres, vejiga y uretra) los
productos nocivos para el organismo formados en lacombustión celular.
El Sistema Nervioso con
una central (el cerebro) y una complicada red nerviosa, al igual que una
gran computadora, se encarga de coordinar el funcionamiento de todos los
sistemas y aparatos, incluido el cardiovascular
En cualquier ciudad
organizada, y el cuerpo humano es una perfecta organización, es
necesario un conjunto de vías de comunicación que facilite la llegada de
los alimentos (y de oxígeno) a cada grupo deelementos que están
trabajando. En elorganismo se realiza a través de un enorme sistema de
tuberías que forman el aparato circulatorio. Estas tuberías se ramifican
de una forma casi infinita con el fin de alcanzar a todas las células
del cuerpo. Dentro de ellas circula la sangre, elemento líquido que
transporta diferentes sustancias (nutrientes y de desecho) y células con
diferentes cometidos. Los glóbulos rojos (hematíes) se encargan de
transportar el oxígeno y el anhídrido carbónico, las plaquetas tienen
como misión fundamental el reparar las posibles lesiones que se
produzcan en el sistema de cañerías, con el fin de taponar las mismas
formando trombos (coágulos), mientras que los glóbulos blancos tienen
una labor fundamentalmente defensiva.
La sangre se mueve
dentro del sistema de tubos de distribución gracias al corazón que no es
más que una bomba muscular que al contraerse expulsa la mayor parte de
su contenido.
El
corazón está formado por cuatro cavidades, dos aurículas y dos
ventrículos. Cada aurícula está conectada con su correspondiente
ventrículo a través de unas compuertas (válvulas) que sólo permiten el
paso de la sangre en dirección anterógrada. La válvula que comunica la
aurícula y el ventrículo derecho se llama tricúspide, y la que comunica
las cavidades izquierda la mitral
La contracción del
ventrículo izquierdo impulsa un volumen de sangre (volumen de expulsión)
hacia una gran tubería y a través de una válvula llamada aórtica. Esta,
conocida como arteria aorta, se encargará de distribuir la sangre por
todo el organismo, después de múltiples ramificaciones. Es como la red
de cañerías de una gran ciudad, que se encarga de conducir el agua a
cualquier domicilio por pequeño que este fuese.
La arteria aorta
canaliza sangre rica en oxígeno que favorece el metabolismo celular del
cerebro a través de las arterias carótidas, de los brazos por las
humerales, de las piernas por las femorales, etc.
Existen otras tuberías
que se encargan de hacer regresar la sangre hacia el corazón tras el
metabolismo celular. La célula ha utilizado el oxígeno para la
combustión de los nutrientes y ha producido anhídrido carbónico que es
preciso eliminar. El torrente sanguíneo rico en CO2 regresa a través de
una red de cañerías (venas) que van desaguando, como ocurre con los
ríos, en otras de calibre cada vez mayor, de forma que ingresan en el
corazón como dos grandes venas llamadas cavas. La cava superior recoge
toda la sangre venosa, rica en CO2, de la cabeza y las extremidades
superiores. La cava inferior la del resto del cuerpo.
Las venas cavas llegan a
la aurícula derecha, y la sangre por ellas conducida al ventrículo del
mismo lado, atravesando la válvula tricúspide. El ventrículo impulsa la
sangre hacia los pulmones, pasando la válvula pulmonar, por una tubería
que se ramifica en dos, una para cada pulmón, y que se llama arteria
pulmonar. En cada pulmón las arterias se ramifican como un gran árbol.
Las más pequeñas
ramificaciones sueltan el CO2 que regresa a la atmósfera a través del
aparato respiratorio, y recogen el oxígeno. Es necesario recordar que
son los glóbulos rojos los encargados del transporte de dichas
sustancias.
La sangre rica en
oxígeno regresa al corazón, por cuatro venas (dos de cada pulmón) que
desembocan en la aurícula izquierda. A través de la válvula mitral llega
al ventrículo izquierdo que, al contraerse, reinicia el ciclo.
Este mecanismo se repite
con una frecuencia media de 60-80 veces por minuto. Si consideramos que
el volumen de sangre expulsado en cada contracción es de aproximadamente
60-80 cc tendremos como consecuencia que el corazón moviliza
aproximadamente cinco litros de sangre por minuto (gasto cardíaco por
minuto), en condiciones normales o de reposo. En resumen:
GC. = VL x FC
G.C. =
gasto cardíaco por minuto; V.L. = volumen latido de expulsión; F.C. =
frecuencia cardíaca por minuto
Durante el esfuerzo, el
gasto cardíaco puede multiplicarse por cuatro o por cinco. Este aumento
se efectúa fundamentalmente por un incremento en la frecuencia cardíaca,
que en personas jóvenes puede sobrepasar las 200 pulsaciones por minuto.
El volumen latido también puede llegar a duplicarse en los sujetos sanos
y, sobre todo, en los atletas de alto nivel.
El aumento del gasto
cardíaco con el ejercicio físico es consecuencia de los mayores
requerimientos energéticos por parte de la musculatura que está
trabajando. Existe un aumento en el aporte de sangre por unidad de
tiempo (hasta 20 litros por minuto) y, por tanto, de nutrientes y de
oxígeno.
El corazón es la máquina
que, aumentando su frecuencia de latidos, consigue mantener el flujo de
sangre que los músculos precisan para la realización del esfuerzo.
Tratándose de un músculo
que trabaja, también precisará más energía y, por tanto, de un mayor
aporte de sangre. Las arterias encargadas de nutrir la víscera cardíaca
son las dos primeras derivaciones de la aorta, que se denominan
coronarias, derecha e izquierda según su localización de salida. La
coronaria izquierda después de un corto recorrido (tronco de la
coronaria izquierda) se divide en dos grandes ramas: la descendente
anterior y la circunfleja.
Quedan así formadas las
tres arterias coronarias responsables de la irrigación de otras tantas
zonas o territorios del corazón.
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Modificaciones Cardiovasculares del Entrenamiento
AJUSTES
CARDIOCIRCULATORIOS DURANTE EL EJERCICIO
La presente monografía
analiza los esfuerzos físicos en sujetos sanos, no deportistas de alta
competición, y en pacientes con cardiopatías. Es por ello, que durante
la misma se expondrán, de forma fundamental, las modificaciones
producidas por los deportes de tipo aeróbico o dinámico, que son los más
recomendados en este tipo de personas.
El aumento de trabajo,
en un amplio grupo muscular, origina unas necesidades metabólicas más
elevadas. Como consecuencia de ello se producen modificaciones
cardíacas, respiratorias y vasculares, e importantes cambios en la
irrigación de los distintos sistemas y aparatos del organismo. Las
modificaciones serán distintas según se analicen los músculos que
trabajan y los que permanecen en reposo.
En los músculos que
trabajan se produce un aumento del calibre de las arterias (vasodilatación),
con el fin de incrementar el flujo de sangre y de nutrientes. Dicho
flujo puede ser hasta quince veces superior al de reposo. Esta
vasodilatación en la zona muscular activa se debe a «llamadas»
producidas por factores locales. El aumento de calibre de las arterias
estará directamente relacionado con la intensidad del trabajo efectuado
y, por tanto, en función de las mayores necesidades de energía. También
se produce una vasodilatación de la red venosa, encargada de regresar
hacia el corazón y los pulmones la sangre rica en CO2 y pobre en O2.
Mientras tanto, el
cerebro ha recibido información del aumento de trabajo de un grupo
muscular. Esta perfecta computadora da órdenes para que los vasos
(arterias y venas) de otras zonas (músculos en reposo, región abdominal,
etc.) disminuyan su calibre y la sangre se distribuya hacia las zonas de
mayor trabajo. Esta redistribución es muy importante y una reacción
compensadora fundamental, durante el ejercicio. Se produce una
disminución del flujo hacia el riñón, el hígado, bazo y, sobre todo, a
nivel intestinal, y un aumento hacia los músculos en movimiento.
El corazón responde a
los mandatos del sistema nervioso con un aumento de la frecuencia
cardíaca y de la fuerza de contracción de los ventrículos. Como
consecuencia lógica, existen unas mayores necesidades de nutrientes y de
oxígeno por parte de este músculo.
Las modificaciones
cardiovasculares para un ejercicio ligero son las hasta ahora descritas.
Sin embargo, cuando el esfuerzo es intenso o se mantiene mucho tiempo,
se ponen en marcha otras adaptaciones. Éstas son consecuencia del calor
producido durante el trabajo muscular, del mismo modo que ocurre en
cualquier máquina que trabaja.
La pérdida de calor se
produce como consecuencia de una vasodilatación cutánea, y por el
mandato de los llamados centros termorreguladores localizados en el
cerebro. La mayor cantidad de sangre que pasa por la piel facilitará la
pérdida de temperatura del organismo actuando como un refrigerante. Qué
duda cabe, que la temperatura ambiente y el grado de humedad puede
favorecer o no la pérdida de calor. Es un hecho demostrado que los
mejores tiempos, en carreras de fondo, se consiguen con temperaturas
ambiente bajas y cercanas a los 5 ºC. Una dificultad en la
«refrigeración» secundaria al calor precisará de un mayor paso de sangre
a nivel cutáneo, y un «robo» de flujo sanguíneo a nivel de los músculos
en movimiento y, como consecuencia, peores marcas.
La redistribución de la
sangre durante el ejercicio tal y como se ha expuesto, demuestra lo
equivocado y peligroso que puede ser algunos patrones de conducta de
muchas personas que quieren perder peso.
Es bastante habitual que
realicen ejercicios después de las comidas. Durante la digestión existe
un mayor aporte de sangre hacia el aparato digestivo, con el fin de
recoger los alimentos necesarios para el funcionamiento del cuerpo. La
práctica deportiva precisará de más sangre hacia los músculos que
trabajan, con «robo digestivo» y las consecuentes complicaciones (corte
de digestión). Los efectos negativos se agudizarán si el ejercicio es
intenso y prolongado, por la necesaria refrigeración cutánea.
La realización de
ejercicio, en verano, para perder peso nos muestra con demasiada
frecuencia a personas obesas corriendo al mediodía (40º de temperatura)
y con ropas de invierno o incluso de plástico. La enorme dificultad para
la refrigeración del organismo que trabaja puede producir complicaciones
muy graves.
Existen, por otra parte,
cambios a nivel respiratorio como consecuencia de que el ejercicio
aumenta, de forma considerable, la absorción de O2 y la eliminación de
CO2. Se produce un aumento de la ventilación, gracias al incremento en
el número de respiraciones por minuto y del volumen corriente (cantidad
de aire que ingresa en los pulmones en cada inspiración).
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EFECTOS DEL ENTRENAMIENTO DINÁMICO
La práctica habitual de
ejercicio físico produce cambios en distintos aparatos y sistemas, que
en principio mejoran la calidad de vida de la persona que la realiza, y
en muchos casos puede evitar o retrasar la aparición de diversas
enfermedades. Pueden ser resumidos en diferentes apartados:
1. El aumento en la
capacidad física o funcional es la respuesta habitual de cualquier
persona, sana o no, que realice el entrenamiento. Está en relación al
nivel previo, a la intensidad y duración del entrenamiento y a la edad
del sujeto. En personas sanas sedentarias la capacidad física puede
aumentar hasta un 30 por ciento, pero en algunos casos, como ocurre en
las personas que han permanecido en reposo por períodos de tiempo
superiores a tres semanas, las ganancias se sitúan en un 100 por 100.
La capacidad física
máxima de una persona puede ser medida y equivale al llamado consumo
máximo de oxígeno (VO2 máx). Indica el volumen, en litros de oxígeno,
utilizado por el organismo en un minuto. Se puede cuantificar a partir
de la ventilación pulmonar (aire que ingresa en los pulmones en un
minuto), midiendo directamente las fracciones de oxígeno en el aire
inspirado y espirado.
Las investigaciones
sobre el consumo de oxígeno han demostrado que, en ausencia de
enfermedad pulmonar, está directamente relacionado con el gasto cardíaco
(cantidad de sangre que el corazón moviliza por minuto) y con la
extracción de oxígeno en la fibra muscular, por unidad de tiempo.
El consumo máximo de
oxígeno (capacidad física máxima) se acompañará de un aumento límite en
el gasto cardíaco máximo y en la extracción de oxígeno, para el
funcionamiento metabólico de las fibras musculares, a nivel máximo.
El gasto cardíaco por
minuto depende, como ya se indicó, del volumen latido de expulsión y de
la frecuencia cardíaca por minuto.
La frecuencia cardíaca
máxima que un sujeto puede alcanzar durante un esfuerzo extenuante
depende de la edad y, tras diversos estudios, se ha visto que puede ser
calculada de una forma muy simple:
Frecuencia cardíaca máxima = 220
edad
La frecuencia cardíaca
máxima no varía con el entrenamiento, por lo que el aumento en el gasto
cardíaco tras el mismo dependerá de un mayor volumen de expulsión. Éste
puede llegar a duplicarse en los atletas jóvenes, pero es muy poco
significativo en los adultos y puede decirse que no existe en los
enfermos cardíacos y en los ancianos.
La extracción de oxígeno
a nivel de la fibra muscular puede ser medida calculando el oxígeno que
conducen las arterias tras haber pasado por el pulmón y el que queda en
las venas, tras haberlo cedido para el metabolismo celular. A esta
medición se le denomina diferencia arteriovenosa de oxígeno.
La diferencia
arteriovenosa de oxígeno aumenta de una forma muy significativa tras el
entrenamiento aeróbico. Las biopsias musculares (análisis de pequeños
trozos de músculo), antes y después de entrenamiento, han demostrado que
existe un incremento en el tamaño y número de las mitocondrias que son
los pequeños hornos existentes en las células para «cocinar» los
elementos nutrientes. Un aumento en las mismas por unidad celular
origina una mayor capacidad de trabajo.
Si
resumimos podremos decir que en base a la siguiente fórmula (de Quick):
Consumo máximo de oxígeno =
frecuencia cardiaca máxima * volumen latido máximo* diferencia
arteriovenosa máxima
La mejoría obtenida con
el entrenamiento se produce fundamentalmente a nivel de la fibra
muscular. Tiene gran importancia a la hora de considerar que los
enfermos con cardiopatías muy severas pueden obtener beneficios en su
calidad de vida, tras realizar programas de ejercicio físico.
Existe clara evidencia
que para cargas de trabajo submáximas (no extenuantes) idénticas, el
sujeto entrenado presenta una reducción en el aporte de sangre hacia los
músculos ejercitados, y que se ha encontrado en valores del 15 al 30%.
Es consecuencia de la
mayor extracción de oxígeno por unidad muscular y ocasiona un menor
trabajo cardíaco para los esfuerzos de la vida cotidiana.
2. Tras el entrenamiento
se produce un descenso en la frecuencia cardiaca de reposo y a
nivel de ejercicio submáximo. Por ejemplo, una persona que antes del
entrenamiento tenía una frecuencia de pulso de 80 por minuto y que al
hacer un esfuerzo consistente en subir dos pisos de escaleras pasaba a
120, tras el mismo puede descender a 70 y a 100 respectivamente.
En las personas sanas
existirá una menor sensación subjetiva de fatiga. En el paciente con
angina de pecho, el dolor suele presentarse a un mismo nivel de
frecuencia cardiaca. Si apareciera a 120 por minuto, en el ejemplo
apuntado, la persona enferma tendría molestias al subir un piso y podría
quedar asintomatico después del entrenamiento.
También se ha demostrado
que existe un descenso en las cifras de tensión arterial, tanto en
reposo como en el esfuerzo. En la mayoría de las personas con
hipertensión arterial leve, las cifras pueden controlarse con pautas
dietéticas y de ejercicio físico, sin necesidad de tratamiento
medicamentoso.
El descenso en la
frecuencia cardiaca y la tensión arterial durante un mismo esfuerzo da
lugar a un menor trabajo del corazón. El aumento de la frecuencia
cardiaca origina unas mayores necesidades de oxígeno por parte de la
fibra cardiaca, y el incremento en la tensión arterial, traduce una
mayor resistencia por parte de las arterias al vaciamiento del
ventrículo izquierdo.
3. En el sujeto sano, y
sobre todo en los atletas, aumenta la capilaridad muscular (mayor
número de arterias por unidad muscular entrenada), favoreciendo la
oxigenación. A nivel cardíaco se ha encontrado un aumento en el calibre
de las arterias, favoreciendo la irrigación del miocardio.
Tiene interés, en gran
medida anecdótico, los hallazgos de la autopsia practicada a Clarence De
Mar, conocido en USA como Mr. Maraton. Durante los 49 años de su
actividad deportiva finalizó más de 1.000 carreras de larga distancia,
incluyendo 100 maratones de 42 km o superiores. Murió como consecuencia
de un cáncer. El diámetro de las arterias coronarias era 2 o 3 veces
superior al habitual en los corazones de similar peso.
En los pacientes con
lesiones obstructivas de las arterias femorales, responsables de la
irrigación de las extremidades inferiores, se ha demostrado que el
entrenamiento favorece la aparición de circulación colateral. Este tipo
de circulación son nuevas vías que, rodeando la zona obstructiva,
favorece el riego de las piernas.
Existe evidencia, según
los experimentos realizados en animales, de que el ejercicio habitual
puede facilitar la aparición de circulación colateral cuando existe
obstrucción de las arterias coronarias. Se demuestra sacrificando al
animal y estudiando profusamente el corazón.
Este hecho, encontrado
en algunos casos, es muy difícil de demostrar en el hombre, ya que
requeriría la repetición de cateterismos (coronariografías), hecho
dudosamente justificable desde el punto de vista ético.
4. El entrenamiento
modifica de forma favorable los niveles de grasas en la sangre.
Disminuye el colesterol total, el LDL-colesterol (colesterol «malo») y
los triglicéridos y aumenta el HDL-colesterol (colesterol «bueno»).
Este conjunto de
acciones son beneficiosas al interferir de forma positiva en la
aparición de ateroesclerosis. Se incrementa la actividad fibrinolítica
del plasma, o capacidad para disolver los coágulos sanguíneos.
5. Permite un mejor
control de las cifras de glucosa, en pacientes diabéticos
disminuyendo las necesidades y las dosis de insulina o antidiabéticos
orales. El ejercicio físico está aconsejado por los Endocrinólogos,
porque además favorece la pérdida de peso, ya que la obesidad suele ser
muy frecuente en esta enfermedad.
6. Aumenta los
niveles de hormona del crecimiento de gran importancia en los niños.
7. Disminuye la
pérdida de calcio de los huesos, y aumenta la flexibilidad
articular, sumamente importante en ancianos y en mujeres a partir de la
menopausia.
8. La práctica habitual
de ejercicio disminuye el hábito tabáquico, con incidencia
beneficiosa sobre la ateroesclerosis.
9. El entrenamiento
disminuye el trabajo respiratorio, al mejorar la cinética del
diafragma, músculo fundamental en la respiración. Se produce una menor
sensación de fatiga con el esfuerzo.
10. Es un hecho
constatado por los psiquiatras que el ejercicio disminuye los niveles
de ansiedad y depresión, y aumenta la autoconfianza y las ganas de
vivir.
La mayor parte de los beneficios descritos no
se consiguen con el entrenamiento anaeróbico o estático puro. Este
último aumenta la fuerza muscular, comprimiendo las arterias que van en
su interior, aumentando las resistencias al vaciado del corazón y puede
ser peligroso en los pacientes coronarios al incrementar el trabajo
cardíaco de forma desproporcionada. |