Musica
Victor Jara

Biografia (1938-1973)
Víctor
Jara es una persona muy importante en la música y la cultura de Chile. Su vida
es una reflexión de su país, de los tiempos en que él vivió, y de su filosofía
personal. Víctor Jara empezó en un pueblo pequeño de Chile y con su talento
musical y su amor grande por la gente de Chile, se convirtió en una figura muy
conocida e influyente en el mundo de la música.
Nació en 1938 en Chillán, provincia de Ñuble, al sur de Chile. Sus padres eran, campesinos del pueblo su padre, Manuel, era un labrador y su madre tenía muchos trabajos menores. El padre de Víctor Jara era alcohólico y su casa no era muy feliz porque había muchas peleas y su padre golpeaba a su madre. Después de algunos años, el padre se fue para trabajar en el campo, y la madre de Víctor Jara, Amanda, tuvo que criar a Víctor Jara y sus hermanos. Ella era muy trabajadora, y, en palabras de Víctor Jara, su optimismo daba fuerza a la familia. Ella era una parte muy importante de la vida de Víctor Jara. Ella cantaba y tocaba la guitarra, y le enseñó a Víctor a tocar la guitarra y también le enseñó muchas canciones chilenas. Su madre fue una gran influencia sobre el estilo de Víctor Jara.
En 1953, con rudimentos de guitarra y llevado del
propósito de entrar en la universidad, se traslada a Santiago, pero en la
capital cambia de idea y se matricula en la Escuela Nacional de Teatro, donde
estudiará dirección desde 1957 en tanto, siguiendo el ejemplo de su madre, que
le iniciara en el folclore de su país, actúa en pequeños locales y en centros
educativos interpretando canciones chilenas para ganarse la vida. En 1961 Víctor
concluye sus estudios de especialización y graba el single 'Palomita,
verte quiero', una canción popular. Al año siguiente se convierte en el
director artístico del Teatro de la Universidad de Chile, desde donde pasará a
dirigir en 1964 la Academia de Folclore de la Casa de Cultura de Ñuñoa, en la
capital.
Permanecerá algún tiempo en este
cargo, aunque sin desatender en ningún momento sus inquietudes musicales, que
canaliza a través de su participación en el conjunto de música popular
Quilapayún, del que será director artístico hasta 1968, y realizando asimismo
sus propias composiciones, como 'Te recuerdo, Amanda', escrita en homenaje a su
segunda hija, a la sazón recién nacida. Pero será en 1967 cuando publique Víctor
Jara, su primer álbum, al que seguirán Pongo en tus manos abiertas
(1969), que coincide con el respaldo que presta a la candidatura de Unidad
Popular del doctor Salvador Allende, y en 1970, fruto de un rico e intenso
periodo de creatividad, Canto libre, El derecho a vivir en paz y La
población, álbumes de gran belleza y fuerza poética que le convertirían
en uno de los máximos exponentes del resurgimiento y la innovación de la canción
popular en Latinoamérica, sobre la que diría: "Nuestro deber es luchar
segundo a segundo para darle a nuestro pueblo su propia identidad, su
identificación con el folclore, que es el lenguaje más auténtico que posee el
pueblo y, a través de la canción popular, ayudarle a entender la realidad, la
de sus amigos y enemigos y, a través de la música, ayudar a nuestro pueblo a
desenmascararlo todo, a transformarlo todo: no con profecías paternalistas,
sino junto a ellos".
Coherente con su compromiso político
el 11 de septiembre de 1973 se encerró con multitud de universitarios en las
dependencias de la Universidad Técnica del Estado, al oeste de Santiago, para
difundir su protesta y mostrar su oposición al cuartelazo de las fuerzas
armadas chilenas contra el legítimo Gobierno de Allende, que encabezó el
general Augusto Pinochet. Será prendido al cabo de unas horas de asedio, tras
ser tomado el centro por las tropas. Falleció el 17 de septiembre, a causa de
las torturas que le habían infligido sus guardianes, en el Estadio Nacional de
Santiago, donde permanecía preso junto a miles de compatriotas.
Canciones
Los Secretos

Historia:
Tres eran tres los hermanos Urquijo. A saber -y por
orden-, Javier, Enrique y Álvaro. A pesar de que el apellido pudiera unirles a
una de las familias más ricas de España. lo cierto es que el suyo era un hogar
de clase media del madrileño barrio de Arguelles en el que un día cayó por ahí
una guitarra. La trajo el padre de los tres. Un hombre que por profesión
viajaba mucho y al que le gustaba la música clásica, el jazz de Duke
Ellington, el ragtime y disfrutaba de un aceptable equipo de música. ¡Una
guitarra para tres inquietos mocosos que estaban acostumbrados a oír buena
musica en casa!. Tan seguiditos y tan peleones, se disputaban el instrumento con
el que se ponían a sacar las canciones que les gustaban. Las de Dylan, las de
Jackson Browne, Crosby, St las, Nash and Young, Los Byrds... eran los setenta.
Las peleas hicieron que la guitarra se llenara de remiendos para disimular los
golpes y desconchones y poder seguir sacando algún sonido coherente. Harto de
riñas, un día papá Urquijo la guardó con llave en un armario. Los niños tenían
que estudiar y dejarse de tanta música y... ¡menos discos, ea!, así que de
paso soltó una de las piezas claves del tocadiscos para que tampoco consumieran
las tardes colgados con sus escasos Lps. que escuchaban una y otra vez. Punto.
Pero el padre viajaba mucho, y el pequeño de los tres era un investigadorcillo
de esos que desmenuzan todos los cachivaches habidos y por haber. Alvaro
consiguió poner en marcha el equipo 'a cerradura. La música podía con los
tres hermanos Urquijo. Era más que una necesidad, más que un mero juego entre
chavales.
Batallitas de abuelo
Es como un cuentecito, pero es mejor empezar la historia de Los Secretos por el
principio más remoto que añorar desde la primera línea los tiempos de la
Movida Madrileña. La Nueva Ola pasó, fue una cosa estupenda y bla, bla, bla,
pero hace tiempo que ya suena a batallita de abuelo lo de regodearse en ella.
Muchos de los fans de ahora de Los Secretos no habían ni nacido en 1980, no les
interesa nada que les hablen del Rock Ola o El Sol. ni de Onda 2, salvo como
mero documento, y los que pudieron vivirlo, tendrán su propio recuerdo y
sensación, así que es mejor no estropeárselos. Va a empezar a pasar como lo
que se decía entonces de los que venían con la milonga de los sesenta, los
hippies y el mayo francés: "si te acuerdas tanto de los sesenta es que no
los viviste". Pues eso. Los Secretos vivieron los ochenta, están viviendo
los noventa y no es difícil aventurar que seguirán vigentes todavía el próximo
siglo. Total, está a la vuelta de la esquina y ya han sobrevivido a lo peor. Y
sobrevivir así con tantas calamidades como han tenido que superar sólo se
logra si detrás hay una obra de peso, esto es, una música valerosa, una
historia razonable, en definitiva, un enorme bagale de canciones hermosas. De
aquella guitarra descuajeringada a empezar a tomárselo más en serio fue cuestión
de nada. Y casi sin querer. Por casa de los Urquijo pasaba mucho Canito, un
colega del colegio de uno de ellos y como de la familia. Tenía una batería y
sabía hacer canciones. Total que los cuatro empezaron a hacer ensayitos. Ya
eran Los Secretos, uno de los primeros grupos que dieron sentido a la movida.
La movida otra vez ... realmente es que es inevitable referirse a ella si se
habla de Los Secretos. Sociológicamente ya está muy explicada, el fin de la
dictadura, el punk inglés, Tierno Galván, la libertad, el relevo
generacional..., así que abundar en lo de los agitados comienzos de los ochenta
y de Madrid como ciudad de moda es una pesadez, sobre todo para los propios
Enrique y Alvaro, únicos dos supervivientes de la primera formación oficial.
Así que, bueno, va ligado a la historia del pop que los grupos lo pasen mal al
principio. Eso hace cambiar, madurar y de alguna manera es una selección
natural para sobrevivir y comprobar de verdad quién puede seguir en un negocio
así. A pesar de que tenían una injusta fama de niños bien y no tardaron en
grabar su primer disco pudiendo elegir entre varias compañías, Los Secretos no
vivieron unos comienzos como para echar cohetes.
Trepidación
Los tres primeros años de Los Secretos como tal, del 80 al 83, con Pedro en la
batería sustituyendo al fallecido Canito, fueron tan trepidantes como
fascinantes, pero dejaron un regusto amargo. Los cuatro vieron que se podían
dedicar a la música, algo que nunca habían soñado. Un debú prometedor, y dos
siguientes Lp's, "Todo sigue igual" y "Algo más" que no habían
respondido a las expectativas, pero por lo menos sirvieron para sobrevivir a las
primeras cribas de los grupos de la movida. Muchos de los que habían empezado a
la vez que ellos, no consiguieron ni grabar el segundo disco. Y estaban ya en
otras historias.
Oscuridad... y luces
Entonces llegó el apagón. Los tres años en candelero pasaban factura. Los
Secretos podían repetir la historia de tantos otros grupos de vida efímera. Al
fin y al cabo eso era el pop: consumo inmediato y rápido, de usar y tirar. Y
ellos eran, sobre todo, un grupo de pop ("pop por la cara" como decía
entonces Gonzalo Garrido, uno de sus máximos valedores, desde su añorado
programa Dominó en Onda 2). El tercer disco apenas aportó canciones para la
historia y Los Secretos cayeron en la desidia que contagió a los grupos de
guitarras el advenimiento del techno y los nuevos románticos.
Frío, frío
Sí, comenzó el trienio más triste de la banda. El regusto amargo tardó en
quitarse. El rollo de la droga pudo acabar con el grupo que más expectativas
había creado cuando empezó sólo tres años antes. Los Secretos ya no eran más
que Enrique y Alvaro, dos hermanos con fama de caminar por el lado peligroso,
sobre todo, efectivamente, Enrique, el reservado.
Vale, lo escabroso ya está contado. El periodo oscuro, salvado escasamente por
unas actuaciones bajo el nombre de San José por los garitos de Madrid, le sirve
a la banda para reflexionar y saber por dónde no debía volver a pisar. Haber
tocado fondo es útil también para quitarse por fin el regusto amargo y empezar
con nuevos bríos. La escasez de canciones en tantos años se suple con un
preciosista MiniLp de retorno, "El primer cruce". Los Secretos ya no
son sólo un grupo de power-pop, hacen de pronto algo parecido a la música
vaquera, incluso la imagen de carpeta trae un poco el polvo del lejano oeste.
Los Secretos se refuerzan con la batería de Steve Jordan, el bajo de Nacho Lles
y las guitarras, lap steel y mandolina de Ramón Arroyo.
El chico del dobro
En el nuevo sonido del grupo fue decisiva la aportación del nuevo miembro Ramón
Arroyo, un músico curtido en el circuito de bares de Madrid que tocaba dobro,
steel guitar, mandolina y guitarra, aunque al hecho, el propio Ramón le quita
importancia.
¿Chicos tristes?
Los Secretos encontraban un camino posible. "Continuará" fue su álbum
siguiente. Alvaro y Enrique llevaban las riendas pero dejaban intervenir al
resto de componentes, entonces meros asalariados. La languidez de la cadencia
musical country y las eternas letras de amores deshechos, frustraciones, celos,
mala suerte, de chavales desvalidos que no encontraban su sitio en la sociedad y
chicas que se iban con otros más guapos les empiezan a acarrear fama de
muchachos tristes, que aún hoy conservan. 0 más que eso, de grupo que utiliza
la tristeza como sensación primordial que transmitir.
La cosa va marchando, Los Secretos recuperan el tiempo perdido y se les
considera un grupo por fin establecido. ¿Qué les falta?. El disco en directo.
Ea, pues. ¡Helo aquí!. Se unen con la cadena 40 y en una mañana dominical de
Gran Musical retransmitido en directo, graban su doble en vivo. Hay invitados de
lujo, Sabina el más inverosímil, y se incorpora a los teclados Jesús Redondo,
al que había conocido Javier Urquijo en la mili en Burgos unos años antes.
Teixidor, Granados y Sabina ayudan a Los Secretos a repasar su propia historia.
Esos ocho años de altibajos. Consiguieron el primer disco de oro de su carrera.
Realmente ya eran un grupo establecido. Es el fin de la etapa de retomo y el
inicio de la que les trae hasta este 96.
Secretos, S.L.
Jesús Redondo pasa a ser miembro de pleno derecho del grupo, al igual que Ramón
Arroyo. Los Secretos se convierte oficialmente en cuadeto. Enrique, Alvaro, Ramón
y Jesús constituyen legalmente una sociedad a porcentaje. Los Secretos tal y
como son hoy. Ayudados otra vez por Steve Jordan y Nacho Lles, los Secretos
graban en 1989 "La Calle del Olvido". El sonido es limpio, la banda
está más volcada que nunca en reconfirmar su estilo. Esa forma de hacer música
valorando la melodía y cuidando con primor las letras que ya nunca han
abandonado. 'No seré yo' o 'Qué solo estás' se convierten en imprescindibles
en su repertorio pero es en la que da título al álbum donde alcanzan el máximo
de ese sonido que trae ecos de la frontera mexicana, de la música charra, que
no hay que olvidar que nace en Salamanca, patria chica de la abuela de los
Urquijo que les canturreaba canciones de su tierra cuando eran solo niños.
Dos años después "Adiós Tristeza" no consigue quitarles el
sambenito de chicos tristes, pero es que ellos no lo pretendían. El título es
engañoso pues abunda en referencias al desamor, a la soledad y a la ansiedad. lñaki
Conejero y Paco Beneyto tocan el bajo y la batería y los seis se lanzan a la
carretera en un verano de crisis de conciertos. 'Frío', un himno a la desolación
y referencia terrible a la angustia de la droga creado por Manolo Tena, y 'Ojos
de gata', que empezó escribiendo Enrique con Sabina pero que luego cada cual
continuó a su manera, comparten atención con otras canciones en la mejor
tradición de Los Secretos.
En 1993 "Cambio de planes" muestra a un Alvaro mucho más decidido a
inmiscuirse en las tareas de compositor no sólo de músicas, además de
atreverse a cantar más tiempo. Juanjo Ramos es el que toca el bajo y el resto
sigue igual. Se puede considerar un disco de transición, porque sienta el
precedente de que la responsabilidad de creación no recaigas casi por completo
en Enrique. El binomio Urquijo/Urquijo se convierte en un tándem eficaz para
sacar adelante una obra bien construida. Asimismo, la perfecta compenetración
con los miembros más recientes de la banda se deja notar en la incorporación
de Jesús al equipo compositor, al firmar al alimón con Enrique el tema 'Cambio
de planes'. La experiencia de tanta carretera se deja notar, pero no menoscaba
ni un poquito la misma pasión por la sensibilidad y el buen gusto por la melodía
con la que empezaron 14 años antes. Un volkswagen escarabajo rojo ilustra la
podada más colorista de toda su discografía, es casi de cómic y el dibujante
no es otro que Ramón Arroyo que se convierte así en un aventajado artista
pop-art.
Los Problemas, un paréntesis de Enrique
Ese mismo año Enrique graba por su cuenta un álbum con Los Problemas, un grupo
que creó unos años antes para tocar en invierno cuando Los Secretos
descansaban de las giras. Rancheras clásicas, versiones distintas de canciones
antiguas, propias y ajenas, conforman un disco minimalista, preciosista y
curioso donde colabora Ramón Arroyo y destaca el acordeón de Begoña Larrañaga,
con la que Enrique sigue tocando por los baretos de Madrid.
La vista atrás
"Dos Caras Distintas", de 1995, es el último disco oficial de la
carrera del grupo. Por aquello de hacer el número 10 en la discografía de Los
Secretos se puede considerar el de la reflexión. El de echar la vista atrás y
ver dónde se ha llegado: no está mal, no hay muchos otros grupos de pop en
España con diez discos bajo el brazo. Alvaro de Cárdenas es el que en esta
ocasión se encarga del bajo y el que se une a la gira con la que lo presentan
por toda la geografía española. Además coincide con la decisión de Los
Secretos de cambiarse de oficina de management para que ésta, con entusiasmo de
refresco, les ayude a iniciar una nueva etapa. Siempre se dice del último que
es el disco de la madurez y el tópico se podría aplicar. Pero "Dos Caras
Distintas" no es sólo eso. Es la confirmación definitiva de dos maneras
diferentes, aunque complementarias, de abordar un sentimiento compartido de cómo
debe ser una canción. Enrique y Alvaro componen de modos distintos pero
confluyen en un mismo punto. Y Ramón y Jesús están ahí añadiendo el matiz.
Epílogo, o final feliz
Con sus canciones a cuestas Los Secretos han seguido estos últimos años sin
dejar un verano de pasear por España su conocido repertorio. Da igual que el
concierto sea de pago o se incluya en la fiesta mayor de cualquier pueblo,
siempre sus canciones son coreadas por un buen montón de asistentes. Y cada año
ofrecen 30 o 40 actuaciones con la misma ilusión con la que empezaron, pero con
un sonido impecable y unas condiciones infinitamente mejores, Son estos últimos
años muy fecundos donde Los Secretos han consolidado su personalidad y estilo
únicos. Discos que mantienen un buen nivel de aceptación entre el publico y
les hace estar meses en las listas de los más vendidos. Tiempo en el que, a
pesar de que la historia con Los Secretos vaya sobre ruedas y tienen muy claro
que eso es lo que más les gusta, además cada uno de los cuatro se ha metido en
movidas diferentes: Enrique, con Los Problemas; Alvaro, con Los Impostores; Ramón,
con Los Problemas, Flying Gallardos, High Sink, y demás; y Jesús, con El
Reverendo y Jambalaya en eso de Tres Pianos, Fiying Gallardos. Y tiempo en el
que, sobre todo, Los Secretos han sabido ganarse por fin un respeto, un serio
respeto.
A pesar de seguir ahondando en la melancolía y la tristeza, no van de nostálgicos,
no explotan el recuerdo de la movida, al que tienen todo el derecho del mundo
pues nada hubiera sido igual si ellos no hubieran existido nunca. Y, aunque se
trate de un recurso muy usado, se podría añadir que una gran parte del pop
español que ha venido después no habría nacido jamás.
Sacado del cuaderno "La historia de Los Secretos"