Jacqueline du Pré

 

 

Concierto de Elgar interpretado por Jackie, Adagio

Biografía:

Al principio

El día 26 de enero de 1945 a las once y media de la mañana nació Jackie, la segunda hija del matrimonio entre Iris Greep, pianista y Derek du Pré, acordeonista.

Jackie solo tenia 11 días cuando murió el abuelo, y mama estaba todavía en la clínica. La noticia cayo sobre ella como un rayo, la sumió en el desconsuelo y la confusión; pero a pesar del aturdimiento, estaba entusiasmada y enamorada de su pequeño bebe. Creo que toda la devoción que mama sentía por su padre la transfirió en  aquel momento hacia Jackie; se creo entre ambas un lazo muy intenso, un vinculo extraordinario de amor y dependencia mutua.

Hasta donde alcanzan mis recuerdos mama siempre nos entretuvo con música. Siempre estaba cantando, tocando el piano, dando palmas o llevando ritmos. La música era un juego maravilloso. Mientras tocaba, nosotras bailábamos por la habitación, hacíamos figuras en el aire según fuera el fraseo musical. Nos enroscábamos sobre nosotras mismas, para convertirnos en formas muy pequeñas cuando la música era suave, y dábamos saltos en el aire cuando era fuerte.  Andábamos de puntillas con los hombros inclinados, cuando la música era de misterio y terror, y caminábamos a pequeños brincos al compás de los ritmos punteado. Teníamos que transmitir ferocidad o sufrimiento como una reacción espontánea ante lo que ella tocara.

Un día estabamos en la cocina jugando con las rocas y conchas de papa. Mama, con Jackie en las rodillas, que ya tenia dieciocho meses, cantaba canciones infantiles, armonizadas por para. De repente al comenzar una de esas canciones, Jackie se irguió y continuo cantando la canción completa, por su cuenta y con la voz perfectamente entonada. Yo no comprendí porque era tan extraordinario, pero me di cuenta de que debía ser algo importante porque mama se lo contó a todo el mundo con orgullo. 

Cuando Jackie tenia unos cuatro años, mama de un portazo pillo los dedos de la mano izquierda de Jackie, mama abrió al darse cuenta, pero Jackie ya tenia todos los dedos aplastados y blancos, mientras la consolaba, mama temió haber destruido para siempre toda esperanza de que Jackie pudiera tocar un instrumento musical.

Un día, Jackie estaba en la cocina con mama que planchaba, escuchaban en la radio La hora de los niños, un programa en el que presentaban los instrumentos de la orquesta. Sonaron sucesivamente la flauta, el clarinete y el oboe, seguidos por el violín. En el momento en que el sonido del violonchelo lleno la habitación, Jackie se quedo completamente quieta y presto una gran atención. Cuando termino Jackie le dijo a mama “Quiero hacer ese sonido” ella quedo encantada y en la víspera del quinto cumpleaños de Jackie mama le dejo un violoncelo tres cuartos en su habitación; a la mañana siguiente Jackie despertó a toda la casa gritando: hay una criatura monstruosa en mi habitación.

Ella no había visto nunca tocar el violonchelo y no sabia que hacer con el instrumento. Lanzo gritos de alegría y entusiasmo cuando mama la sentó en la silla y coloco por primera vez el instrumento delante de ella. Mama le coloco el arco en la mano derecha y Jackie lo golpeo con fuerza contra las cuerdas, después le guío la mano, haciendo pasar el arco lentamente sobre la cuerda  re, el violonchelo empezó a sonar. Durante un momento, el sonido pareció quedar suspendido en el silencio. Nadie se movió, hasta que a Jackie se le ilumino la cara de alegría. Se enamoro inmediatamente del instrumento, que pronto se convertiría en su juguete favorito.

Ya desde el principio era evidente que Jackie era capaz de hacer fácilmente lo que se le pidiera. Parecía saber instintivamente que clase de sonido buscaba y como podía producirlo, y daba la impresión de no tener dificultades técnicas.

Ingreso en una escuela de Londres, donde trabajo con Alison Dalrymple, esta le cambio su criatura monstruosa por  un chelo mas adecuado de un cuarto, lo que no acabo de gustar a Jackie. En la escuela se celebraban conciertos regulares; a la edad de seis años participo en una exhibición de los alumnos más jóvenes de Alison Dalrymple.

En diciembre de 1952, un mes antes de cumplir los ocho años, Jackie recibió la carta de un benefactor anónimo. La carta le decía que, puesto que había hecho tantos progresos con el violonchelo y había trabajado tanto, se le entregaría un nuevo chelo; era un tres cuartos adecuado para concierto.

El 18 de junio de 1953, Jackie y yo participamos en el Festival Coulsdon y Purley. Yo tenia once años y Jackie ocho. Las dos ganamos el premio de nuestra categoría, incluido el canto y el recitado de poesía, pero Jackie obtuvo una puntuación mas elevada que la mía.

A Jackie y a mi no nos gustaba la escuela. Ninguna de las dos tuvimos éxito ni en las clases ni entre nuestros compañeros. No teníamos instinto de grupo y no hicimos ningún intento por integrarnos. Poco entusiastas de las asignaturas escolares, nos limitábamos a ir saliendo adelante. Aunque se dice que las matemáticas y la música van juntas, no sucedió así en nuestro caso.

Un día estando Jackie y yo en nuestro escondite secreto, detrás de unos arbustos en el jardín, ella me miro de repente con una expresión intensa y me confió un secreto entre susurros: no se lo digas a mama, pero... cuando sea mayor no podré moverme ni caminar.

A principios de 1956, Bill (uno de los profesores de Jackie) sugirió que Jackie, que ya contaba con once años, solicitara la beca Suggia, una fuente de financiación para jóvenes violonchelistas. Guilhermina Suggia, la llamativa amante de Pau Casals, fue una de las pocas mujeres violonchelistas que alcanzo la fama en este siglo. Había muerto en 1950 y en su testamento dejo constancia de su voluntad de vender su violonchelo Stradivarius para crear un fondo con el que becar a jóvenes violonchelistas. Se le concedió la beca, esta exigía ejercitarse cuatro horas al día, como consecuencia de esto Jackie abandono la escuela prácticamente a los once años. Mama consciente de que Jackie no podría desarrollarse en una situación normal, se sintió muy aliviada por la beca y por el hecho de que su asombrosa capacidad musical fuera reconocida por famosos profesionales.

A Bill no le sorprendió saber que Jackie casi nunca practicaba, “no se puede disciplinar a determinados temperamentos en contra de lo que , por instinto, sienten que deben hacer. Hay una naturalidad en ellos que no debe destruirse. Le sorprendería descubrir cuanta tensión se crea al decirle a alguien que tiene que practicar durante cinco horas al día. Es como si un medico recetara la misma pastilla para toda clase de enfermedades. A veces el simple hecho de pensar en la música puede ser suficiente. Es la calidad del ejercicio lo que importa, no la duración.”

En Jackie su unían todos los ingredientes: el deseo apasionado de aprender y absorber cualquier música que se le pudiera delante, una rica imaginación, la capacidad para comprender y expresar sentimientos profundos y a menudo complejos con la música y un gran gusto por la interpretación.

Jackie tenia trece años cuando a Bill le pareció que, con su musicalidad instintiva y su don natural, Jackie era capaz de afrontar una obra de tanta intensidad como el Concierto de Elgar. Elgar tenia sesenta y dos años y se encontraba casi al termino de su vida de compositor cuando compuso este concierto para violonchelo, poco después del final de la Primera Guerra Mundial. Es una obra impregnada de una intensa nostalgia; una mirada hacia un pasado que se desvanece y que refleja la conmovedora sensación de agotamiento después de la guerra para acabar con todas las guerras. La música es muy romántica, con exuberantes saltos en la melodía y quijotescos cambios de estado de animo. Además de las dificultades técnicas de la partitura, la música exige una gran capacidad de comprensión.

Aquel día, cuando Jackie se marcho, Bill vio plenamente confirmada su primera impresión de aquella jovencita. Poseía un don musical raro y sin limites. La capacidad artística forma parte intrínseca del individuo, no hay dos modelos iguales. Jackie no era modelo de nadie ni de nada, sino un verdadero original, sin mácula.

Los seres prodigiosos son siempre cautivadores y, una vez instalados en Londres, gentes importantes acudían a menudo a casa para oír tocar a Jackie.

En la forma de tocar de Jackie había algo que inducía a quien la escuchaba a enamorarse de ella. Como hubiera deseado haber encontrado yo también ese algo; pero, en el fondo de mi corazón, sabia que nunca lo encontraría.

A los catorce años ya poseía una gran maestría y una profunda comprensión de la música. Tocaba con un gran sentido del fraseo, y puesto que tocaba por instinto, el estilo de enseñanza de Bill resultaba perfecto, ya que penetraba hasta el corazón de la música antes de abordar el lado intelectual.

A los quince años la fundación Suggia dispuso que Jackie asistiera a clases de perfeccionamiento con Pau Casals. Después de las clases alguien le sugirió a Casals que detuviera el excesivo balanceo de Jackie mientras tocaba, pero el comentario lo enfureció: ¡no se atreva a criticar a esta muchacha! ¿es que no se da cuenta de que toca con el corazón y que sus movimientos forman parte del conjunto?

En 1961, cuando tenia dieciséis años, Jackie hizo su debut profesional. Fue idea de Bill, y ella estaba preparada para tocar en la sala Wigmore que era, y sigue siendo, el tradicional escaparate de los músicos que se enfrentan a la prensa nacional por primera vez. Por cuarta vez su benefactor secreto la regalo un violonchelo, este lo pudo elegir ella misma después de probar varios, eligió un Stradivarius de 1673.

En el transcurso del concierto empezó a desafinar, de repente dejo de tocar y se levanto, dijo: se me ha roto una cuerda y tendré que cambiarla. Al volver continuo tocando como si nada hubiese sucedido.

Nunca olvidare lo  profundamente conmovida que me sentí ese día. Toco como siempre pero, en aquel ambiente, y con su hermoso y rico “Strad” marrón, me pareció más impresionante que nunca. La música fluía como si ella y el violonchelo se hubieran fundido en un único ser. Allí no había obstáculos emocionales o técnicos, se comunicaba sin ninguna inhibición. Jackie y el violonchelo revelaban su verdadera naturaleza a través de la música.

Jackie se había convertido en una estrella de la noche a la mañana. Podría haber hecho cualquier cosa que deseara pero por extraño que pudiera parecer, la confirmación de su genio empezó a preocuparla gradualmente. A ella solo le gustaba tocar el violonchelo. La palabra prodigio no tenia ningún significado para ella.

Salida al mundo

Jacqueline Du Pré

Durante lo s meses que siguieron al concierto en la sala Wigmore, se enfrento con un terrible conflicto interno. La inquietaba darse cuenta de que el mundo la había catalogado como una gran violonchelista. Hasta entonces se había limitado a ser ella misma, a hacer música. Ahora, en cambio, aquella presión externa le imponía una exigencia y unas expectativas que la alarmaban. Por primera vez en su vida se cuestionaba su forma de tocar, pero no encontraba respuestas. Empezó a dudar incluso de las bases mismas de su habilidad. Su depresión se manifestó en forma de una falta de energía. Se quedaba en la cama durante toda la mañana y mostraba poca inclinación a tocar el chelo. No había nada que le produjera verdadero placer.

Para ayudarla se recomendó que asistiese a clases de yoga, fundamentos básicos de la música, etc. Pero finalmente se decidió que le diera clase una amiga, Joan Clwyd. Jackie acudió a clases de ingles e historia. Joan, se quedo atónita al saber, por ejemplo, que Jackie nunca había viajado sola en metro. Sin embargo también descubrió que Jackie poseía un intelecto de lo mas notable,  que era perspicaz, tímida, capaz de juzgar bien el carácter de los demás y encantadoramente honrada. Se convirtió en su confidente mas intima y Jackie le contó que no le gustaban los cambios que se avecinaban. Se sentía confusa y  deprimida y no estaba segura de que le gustara convertirse en violonchelista profesional.

Jackie se vino a vivir una temporada con mi marido y conmigo a la granja Church, allí se recupero del todo. Su forma de tocar era cada vez más poderosa y segura de su misma. Su dominio, libertad y entrega cautivaron al publico, haciéndoles olvidar sus vidas cotidianas. Cada persona del publico sentía que tocaba exclusivamente para ella, esa era su fuerza.

Sus representantes se hicieron cargo de su temporada de conciertos. Organizaron su debut con el Concierto de Elgar, este concierto señalo el inicio de la relación especial de Jackie con este concierto. Su singular interpretaron era fresca y entusiasta y eclipsaba todo lo que se había hecho hasta entonces. Sabia llegar al centro de la música y lo expresaba de un modo tan transparente que el publico se quedaba embelesado.

En cierto modo, su asombrosa madurez emocional había supuesto un gran problema para ella. De pequeña, estas intuiciones le permitieron elevarse por encima de su edad. No es sorprendente que no pudiera entenderse con las niñas de su edad. Ella era diferente y, por lo tanto, un blanco de burlas. Encontró su salvación en el violonchelo, que le permitió liberar todos aquellos sentimientos de una forma que no solo sería comprendida, sino enormemente apreciada y disfrutada.

Poco tiempo después Jackie se independizo, pero seguía dependiendo de mama para elegir la ropa, hacer la colada, etc. Fue una época de nuevas experiencias para ella y desafío a la vida con una energía explosiva. Emergió entonces con rapidez todo el poder de su feminidad. Magnifica interlocutora, brillante mímica y armada con un gran repertorio de chistes fuertes, a estas alturas era arrebatadoramente sexual. Por lo visto todos los hombres que la conocían se enamoraban de ella. Tenia un magnetismo irresistible.

Como los dúos con piano eran una parte importante en el repertorio de Jackie se le aconsejo que se asociase a un pianista. Se recomendó a Stephen Kovacevich, que como ella también había sido un niño prodigio. Formaron una buena pareja artística, y no tardaron en establecer relaciones sentimentales, aunque el estaba casado.

Jackie paso una temporada en Moscú, recibiendo clases de Rostropovich. Él le transmitió seguridad en si misma. Es posible que la afinidad entre ambos se produjera gracias a que los dos seguían métodos de trabajo muy similares. A pesar de la insistencia en el ensayo, el no hablaba de técnica sino de sentimiento y de configuración de la música, lo que se correspondía con las enseñanzas de Bill. En la fortaleza de Rostropovich encontró seguridad en si misma. Finalmente encontraba a alguien cuya filosofía era la misma que la suya. Ahora podía relajarse y dejar de intentar analizar su técnica.

En el invierno de 1964 en una fiesta conoció a Daniel Barembiom; esa noche tocaron juntos la Sonata en fa mayor de Brahmas con una inusual comunión musical, formando una unión tan fuerte que las palabras sobraban. Hubo una química inmediata entre ellos y, a medida que transcurría la noche , quedo claro para los dos que estaba sucediendo algo extraordinario.

Daniel era dos años mayor que Jackie. Nació en Argentina, hijo de judíos rusos, también había sido un niño prodigio. Se hicieron rápidamente inseparables ella ya no tuvo tiempo para su circulo habitual de amigos. En 1967 contrajeron matrimonio.

Jackie era en el fondo una campesina inglesa, tímida y con poco mundo. Le encantaba la naturaleza, caminar bajo la lluvia y se sentía feliz con las cosas más sencillas. A pesar de su talante impetuoso, era tímida y detestaba la publicidad o tener que promocionar sus trabajos. Era distraída, a menudo no sabia ni el día que era.

En noviembre de 1970 nuestro padre contrajo ictericia y le recomendaron descansar. Jackie estaba de gira por Estados Unidos y por las llamadas telefónicas sabia que papa empeoraba. Jackie siempre había sido la que podía contar rápidamente con el apoyo de mama. Ahora, los papeles se invertían y era ella la que controlaba y apoyaba tanto a mama como a papa. Posiblemente, fue la primera vez que se sintió capaz de hacer algo por la familia y se puso a funcionar a toda maquina. Poco después a papa le detectaron un cáncer de hígado, probablemente le quedaban unas semanas de vida. Mama se volcó con papa, se mantenía en constante vigilia a la cabecera de su cama. Papa estaba estable y poco después mostró señales de mejoría; los médicos daban saltos de alegría cuando vieron que el hígado había aparecido inexplicablemente limpio. El 13 de enero salió de la clínica.

Mientras celebrábamos la recuperación de papa, Jackie se mostró retraída. Le pregunte si se sentía bien. Y me contesto: las cosas están mal, no duermo viajo como un fantasma, me alojo en hoteles fantasmales y Danny siempre esta irritado conmigo. Parece como si no hiciera nada bien. No me lo paso bien cuando no tengo conciertos. Tengo que estar con el, pero no quiero estar.

Se marcho unos días mas tarde. La combinación de sentirse abandonada por mama, de no sentir ilusión por estar con Danny y de hallarse rodeada de músicos, pero sin tocar, hacia que se sintiera profundamente deprimida.

Un día a principios de la primavera de 1971, sonó el teléfono. Acepte una llamada a cobro revertido de Estados Unidos. Cuando Jackie se puso hablaba de un modo casi inconsciente. Me dijo que ella y Danny habían discutido, y que estaba tomando calmantes. Por lo visto, el médico le había dicho que quería ingresarla  en un sanatorio mental por su propia seguridad. Me rogó que fuera allí y la trajera de regreso a casa.

Durante los días siguientes, los altibajos emocionales de Jackie fueron alarmantes. A veces se precipitaba al jardín, a jugar con los niños, y al momento siguiente se encontraba en la cama sollozando.

Jackie en su desesperación y desdicha lanzaba coléricos dardos no solo contra Danny, si no también contra papa y mama a los cuales no quería ver, y con quienes no quería hablar.

A medida que la situación de Jackie se estabilizaba, Kiffer, mi marido, empezó a decir que necesitaba encontrar un ancla a la que ella pudiera aferrarse. Se consiguió un gran progreso cuando un amigo suyo le recomendó que leyera Razón, demencia y locura de R. D. Laing.

En nuestra familia, siempre sabíamos exactamente que sentían los demás sin necesidad de decirlo con palabras, del mismo modo que Jackie y yo nos comprendamos instintivamente. Ninguno de nosotros sabia por entonces como analizar, como hablar lógicamente de un problema. Ahora, retrospectivamente, comprendo que nuestra fuerte comunicación subliminal tendía a convertir en n extraño a todo aquel que no perteneciera a la familia.

Kiffer y yo llegamos a la conclusión de que Jackie necesitaba algo mas de lo que éramos capaces de darle nosotros. Quedamos para hablar con una antigua amiga de la familia, cuyo marido, violinista profesional, después de que le extirparan un tumor en la columna y darse cuenta que no podría volver a tocar, se convirtió en un destacado analista freudiano. Él le puso en contacto con un colega suyo, Walter Joffe, a Jackie le encanto. Al principio le relataba a Kiffer todos los detalles de sus sesiones, pero poco a poco su dependencia con él fue disminuyendo.

No se como Jackie se reconcilio finalmente con Danny, pero imagino que, al remitir su confusión y depresión pudo  afrontar mejor la situación.

A principios de enero de 1973, poco antes de cumplir 28 años, Jackie interpreto el Concierto de Lalo en Canadá. Los críticos se quejaron de su interpretación poco equilibrada y de que a menudo se saltaba notas. Jackie nunca había tenido criticas como estas.

Al regresar Jackie me contó que desde hacia algún tiempo notaba que las manos no le respondían bien. No es que no hubiera ensayado o que no tuviera los músculos a tono, sino que constantemente tenia la sensación de que las manos no se le calentaban adecuadamente. Consulto con varios médicos que no le supieron decir nada.

Su regreso oficial al mundo de la música se había organizado para el 8 de febrero, interpretaría el Concierto de Elgar. El sonido broto e la sala, penetrando en el alma de cada uno de los presentes. Pero los dos primeros silencios fueron más lentos de lo habitual, la orquesta no estaba preparada y se le adelanto. Se produjo un incomodo desequilibrio entre la orquesta y Jackie. Siempre había existido esperanza en esta música y en su forma de tocarla; ahora, sin embargo, el gozo había desaparecido. Estaba asistiendo a una crucifixión. En un solemne juicio final, lo único que escuchaba allí era la despedida de mi hermana. La actuación de aquella noche fue una pesada carga. Para mi el mensaje fue inconfundible. Pero nadie mas quiso escucharlo. Al final el publico se levanto con vítores y aplausos. El rostro de Jackie se ilumino y permaneció de pie, teniendo ante sí a un público que la adoraba pero que no la comprendía.

Jackie cancelo dos conciertos en 1972 y 1973 debido a una “misteriosa enfermedad”. Finalmente en octubre acudió a su medico, y poco a poco empezó a desvelarse la verdadera historia de lo que había estado ocurriendo. Le informo que desde hacia un año había empezado a notar dificultades para utilizar las manos. Había ocasiones en que la mano izquierda no podía presionar sobre las cuerdas del violonchelo y que la mano derecha tenia dificultades para sostener el arco. También notaba insensibilidad e inflamación en las piernas, visión borrosa en el ojo izquierdo y debilidad en la espalda.

El doctor sospechó la existencia de un trastorno neurológico y le recomendó que visitara a un neurólogo, este le aconsejo que acudiera lo antes posible a Londres para someterse a una serie de análisis. Finalmente el 16 de octubre de 1973 se le diagnostico esclerosis múltiple.

Devastación

Yo me entere del diagnostico por las noticias el día que acababa de llegar de Francia. Cuando acudimos a verla Jackie estaba animada y aliviada de tener por fin un diagnostico. Ninguno de nosotros conocía las terribles pruebas que la aguardaban, y todos dimos por sentado que se recuperaría.

Mama había sido muchas veces criticada por la forma resuelta con la que animo a Jackie a tocar. Ahora, la enfermedad de Jackie había enojado a mucha gente. ¿Por qué se había destruido a Jackie de ese modo? Alguien tenia que cargar con las culpas, esta vez fue mama. ¿Estaba relacionada la enfermedad de Jackie con el estrés? ¿Había sido causado ese estrés por las presiones de mama desde una edad temprana? Mama nunca se había cuestionado la forma que tuvo de criarnos. Ahora que Jackie estaba enferma, las presiones sobre mama aumentaron y empezaba a culparse a si misma por todo lo ocurrido, como haría cualquier madre. Mama lo había hecho todo por asegurarse de que el don de Jackie pudiera florecer y consolidarse. Ahora, todo se había malogrado debido a la desconocida fuerza de su terrible enfermedad degenerativa.

Cuando su vida se acomodaba a la rutina, la tragedia volvió a golpearla. Walter Joffe muro repentinamente; para ella esto pareció el fin del mundo, su lugar como psicoanalista de Jackie fue ocupado por Adam Limentani, este lo sabia todo sobre ella. Joffe nunca le había comunicado el nombre, pero lo mantuvo bien informado.

Danny deseaba mantener sus compromisos musicales cerca de Inglaterra y se ocupo de la dirección de la orquesta de Paris y empezó a acomodarse a un estilo de vida muy diferente.

Ruth Ann Cannings se ocupo de cuidar a Jackie en su casa durante 12 años. Pronto se dio cuenta de que Jackie no era la clase de persona que permite que la compadezcan y tomo la decisión de no reprimir nunca la independencia de Jackie, para quien era muy importante hacer por si misma todo lo que pudiera.

Por navidad de 1976, Jackie oyó decir que su nombre aparecía en la lista de condecoraciones de Año Nuevo y que se le había concedido la Orden de Imperio Británico. A pesar de que hasta entonces se había mostrado reacia a conceder entrevistas, de repente empezó a aceptar  invitaciones para acudir a emisiones de radio, programas de televisión e incluso un concierto (toco el tambor en una interpretación de la Sinfonía de los Juguetes), y se entrego a la enseñanza y a ver a sus amigos. Se había dado cuenta por fin de que solo dependía de ella el hacer algo con su vida, y de que aun le quedaban muchas cosas por hacer y de las que disfrutar.

Aunque solo podía producir un sonido débil, seguía sintiendo la necesidad de tocar el violonchelo y a menudo Bill Pleeth la visitaba y tocaban juntos. Le encantaba escuchar sus propias grabaciones, era su forma de volver a vivir los momentos mas importantes de su vida, y contribuía a  recordarle su propio talento.

Varias veces se le pregunto como se las arreglaba para dar clase sin echar mano del violonchelo, ella contestaba que si hubiera podido tocar, los alumnos se hubieran limitado a copiarla, sin haber sus propias interpretaciones. En lugar de eso tenia que desenmarañar la música con palabras.

Gracias a la amistad de Jackie con el violonchelista Moray Welsh, fue invitada a participar en una serie de la radio en la que personalidades conocidas elegían sus fragmentos de poesía favoritos y los leían. La idea de encontrarse ante el publico y de hacer reír a la gente formaba parte de su modo de ser, así que le alegro la propuesta.

A lo largo de 1982 la salud de Jackie empeoro con rapidez. Únicamente los amigos mas cercanos y la familia la visitaba, por las criticas, su cólera cruel,  y los dardos envenados que lanzaba contra todos. Pero Ruth Ann se aseguraba de mantenerla activa.

En el verano de 1984, mi hija Clare que había estudiado violonchelo en el Real Colegio de Música durante dos semestres, anuncio que no podía tocas mas debido a un problema de espalda, y cuando este mejoro no demostró inclinación alguna por tocar.

Mama murió el 27 de septiembre de 1985. transcurrieron varios días antes de que Jackie aceptara la muerte de mama. Papa se sentía profundamente angustiado y aturdido, padecía parkinson y mama había sido su apoyo hasta ahora. Ambos Jackie y papa la necesitaban exclusivamente para su propia supervivencia. Ya no estaba con ellos el sostén de sus vidas.

Tras la muerte de mama Jackie empeoró rápidamente, ya no podía hablar ni coger nada.

El 15 de octubre de 1987 Ruth Ann nos llamo para decirnos que Jackie había empeorado de repente. Me dejaron a solas con ella y empecé a contarla cosas de nuestra infancia. Fue uno de los momentos mas intensos que había pasado jamás con ella.

Incluso en la muerte, esa personalidad otrora vital y poderosa me ataba con nudos emocionales. Me sentía una vez mas perdida, privada de algo muy querido, desconcertada, confusa y triste. La queria mucho y, sin embargo, me havia herido profundamente. Me sentía muy orgullosa de ella y nos habíamos divertido y alegrado mucho juntas. Había anhelado ser la interprete que ella fue, mientras que ella anhelo los hijos que yo tenia y la vida que llevaba.

Al medio día llego Danny desde Paris, Piers y yo les dejamos solos, fue el ultimo que la vio con vida.

El funeral se celebro según la tradición judía con la mayor rapidez posible.

Allí sobre una alargada mesa con ruedas, en la tranquila habitación forrada con paneles de madera, estaba el ataúd de Jackie, cubierto con un sudario negro. No se cuanto tiempo volvimos a encontrarnos por fin a solas y pude decirle muchas cosas. Le dije en silencio que la quería, y me despedí de ella.

El rabino que oficiaba su funeral se acerco y me dijo a solas: Muchos afirmaran que fueron sus mejores amigos, muchos aseguraran que solo ellos comprendieron lo que necesitaba. Pero los recuerdos que guarda usted de su hermana son únicos. Sus propios recuerdos. No permita que nadie se interponga entre ellos o que se los arrebate, no lo olvide nunca.

El funeral fue sencillo y conmovedor. El rabino hablo primero de los años de gloria con Danny y luego llego la oscuridad: pocas personas conocen la grandeza que alanzo entonces, la nobleza y el desarrollo interior al descubrir una nueva fortaleza dentro de su misma, incluso cuando su cuerpo se convirtió en su prisión. Pero no podemos negar la frustración, la amargura, la enorme cólera que broto durante su larga noche de sufrimiento. Eso quedo equilibrado por su sentido del humor, por el compasivo trabajo que realizo por otros que sufrían la misma enfermedad y por su continuo disfrute de la vida. Jackie ocupo un lugar singular en nuestras vidas porque perteneció a ese raro grupo de personas que bendicen el mundo. Arthut O´Shaughnessy escribió:

Somos nosotros los que hacemos la música,

los que soñamos los sueños,

caminamos por solitarios rompeolas,

y nos sentamos junto a desoladas corrientes.

Perdidos y abandonados del mundo,

sobre los que brilla la pálida luna,

somos, al parecer, los que movemos

y agitamos el mundo continuamente.

Los proyectos en que se iniciaron en su memoria permitieron que nuestra relación con Jackie conservara un espíritu positivo. Pero siempre se centraban en Jackie, la figura, lo que nos permitía no adentrarnos en los recuerdos y mantener a raya el dolor. Todavía no habíamos empezado a darnos cuenta de que nos alejábamos de emociones muy poderosas.

A uno de los actos que se ofreció en su memoria acudimos yo y mi hermano Piers. En cuanto Jackie apareció en pantalla, me quede petrificada. El comentario versaba sobre su genio y su magnifico talento, pero la expresión de sus ojos me conmovió. No vi a Jacqueline du Pré, la gran violonchelista; vi a mi hermana tras una fachada profesional. Quede impresionada ante la espantosa vulnerabilidad de Jackie, en claro contraste con la seguridad y la calidad vibrante de su interpretación musical.

Mas tarde, durante la cena, estaba tan alterada que apenas pude hablar. Pocas personas se daban cuenta de lo mucho que el propio talento de Jackie la había aislado. Ante el  publico siempre había ofrecido una personalidad atrevida y alegre pero en su interior luchaba consigo misma y son su papel como una de las violonchelistas mas exquisitas del mundo. Aunque comprendía perfectamente el deseo de disfrutar de la bendición de sus grandes dotes artísticas, no podía contemplar pasivamente como se acotaba públicamente a mi hermana debido a su genio, un genio que había sido destructivo, no solo para ella personalmente, sino también para nuestra familia.

Un día Piers y yo revolviendo entre los papeles encontramos cartas que nos había mandado. Las fuimos sacando una tras otra. De repente, fue como si la propia Jackie nos estuviera hablando. Su personalidad exuberante, su picaresco sentido del humor, sus alocadas observaciones sobre la gente y la vida, estaban de nuevo con nosotros. Parecía como si todos volviéramos a reír juntos.

 

HILARY DU PRÉ
 

Obras para violonchelo:  

 Preludio de la primera suite de Bach por Yo-yo Ma

Courante de la tercera suite de Bach por Mischa Maisky

Gigue de la primera suite de Bach por Mischa Maisky

The unforgiven  por Apocaliptyca

Cant dels ocells por Mischa Maisky

Minueto de Boccherini por Mischa Maisky

 

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