Mi ponderadísimo General de Artillería en la Reserva del Ejército Español y analista del Centro de Investigación para la Paz: Don Alberto Piris
Me dirijo a Ud, a los efectos de manifestarle mi admiración por su artículo intitulado: Israel, el Estado Asesino, así como también mi consternación por la mala acogida que sus asertos, lindantes con la más pura filosofía, han tenido en ciertos sectores adversos a la sana convivencia entre los hombres. Digo ésto porque esos ciertos sectores, no entiendo porque tan molestos con sus dichos, han desatado sus lenguas ponzoñosas en contra de su hombría de bien. ¡Y las cosas que dicen y lo que le cuestionan!. En primer término hacen cálculos, y dado que es usted General de la Reserva, concluyen que por edad ha servido usted en el ejército en épocas de Franco. Afirman por lo tanto que ya sea por uno u otro motivo, por acción u omisión, ha sido usted cómplice de esa España, Estado Asesino, pero de sus propios compatriotas. Piden por lo tanto que arregle antes sus cuentas con sus connacionales que sobrevivieron a vuestra depredación de la península desde Guernica (con la inestimable colaboración de la aviación nazi) hasta la muerte del enano moral y físico al que no había manga que no le anduviese larga y bajo cuyo mando usted ha pasado parte de su carrera o toda. Las malas lenguas no se detienen en ello empero, piden además que recuerde que su España también fue Imperio y que siéndolo esquilmó y asesinó a los indígenas americanos de peor modo que el actual Imperio (a EEUU, seguramente se refiere usted), lo está haciendo con los pobres árabes inventores del terrorismo suicida. Y en cuanto a su afirmación de que Israel está cobijado por ese Imperio, le solicitan que recuerde que sus víctimas del Islam, además de ser abrumadoramente superiores en número (+ o – 400.000.000 contra 5.500.000 israelíes) , también tuvieron el amparo, el azuzamiento, la provisión de armas y las resoluciones políticas a favor, tanto del otro Imperio que se llamó Unión Soviética, así como de los satélites de ésta, de la Unión Europea y de todos los países del área musulmana.
Les he oído decir también que es usted tendencioso y mentiroso, por cuanto se contradice continuamente en lo que ellos llaman libelo o proclama fascista. Porque usted habla de una “aplicación sistemática de una multiplicada Ley del Talión” o sea que reconoce que previo a cualquier acción israelí hubo una provocación del lado árabe. Y entonces admite, aunque trate de disimularlo, que de ese comportamiento árabe nacen las desobediencias de Israel a la resoluciones de la ONU (votadas por la mayoría árabe petrolera) porque fueron sus rivales quienes desobedecieron antes la primera y fundamental votada por ese organismo antes de caer en manos del chantaje islámico: la partición de esa tierra que los romanos del principio de esta era nominaron caprichosamente Palestina, en dos estados, uno judío y el otro árabe; desencadenando así un efecto dominó, que trajo las cosas a su situación actual. Me preguntan también si, tal como usted afirma tajantemente, Israel humilla y oprime a quienes “al fin y al cabo son los ocupantes originales de esas tierras”, puede presentar alguna prueba que lo confirme; ésto es, documentación fehaciente de que antes de la segunda mitad del siglo XX hubo en la zona algún país llamado Palestina, si tuvo gobierno y cual fue, qué moneda usaba, cuál era su bandera, su Constitución u organización jurídica, así como historia y otras tantas cosas que son imprescindibles para ser considerado como nación.
Pues bien, como comparto su punto de vista y me he puesto a defenderlo de los ataques que antes le mencioné, le pido por lo menos me dé algún asidero para hacerlo apropiadamente. Porque sucede que hoy la gente ha dejado de tragar sapos y pide precisiones. No basta que nos desagraden los judíos, sino que para negarles una patria necesitamos de testimonios algo más sólidos que la mera antipatía. Y releyendo su artículo, no encuentro esos argumentos, sino solamente odio. Lo que me deja sin armas para poder defenderlo y a usted en una posición, discúlpeme el exabrupto, de imbécil, que por eso mismo se ha metido a opinar sobre cosas en las que ni siquiera toca de oído. Los que me cuestionan se animan a más y dicen cosas que me hacen dudar de mi posición como defensor suyo. Por ejemplo que usted tiene formación militar, lo que implica que es usted una persona estructurada para obedecer ciegamente a sus superiores y ordenar a quienes tiene bajo su mando, siguiendo reglas preestablecidas que niegan cualquier tipo de interpretación fuera de lo que ellas explicitan. No les está permitido a ustedes dudar y por ende tampoco pensar. Entonces, dicen, la escritura, fuera de las planillas que seguramente tendrán que llenar, les está vedada por cuanto requiere del pensamiento libre. Sería, afirman, como si en caso de que España entrase en guerra, el mando de sus tropas fuese confiado a Fernando Savater o a ese hijo de... la señora Pérez Reverte.
¿Qué le parece si mejor una de estas tardes, poniendo de relieve nuestro espíritu cristiano (¿Cristo?, ¿Jesús?, Dios mío, otro judío y nosotros lo adoramos) nos vamos los dos a una corrida de toros y nos solazamos viendo como un montón de valientes compatriotas combaten, torturan y finalmente linchan a un novillo traicionero y lleno de mala fe y dejamos que árabes e israelíes diriman solos sus problemas?
Un abrazo
Manolo
Israel: El Estado asesino
Alberto Piris*
Estrella Digital . España, 10 de agosto.
Si el Estado de Israel no fuese el hijo predilecto del Imperio, y si en éste los grupos de presión pro judíos no gozasen de la gran influencia que ejercen en la política de Washington, la espiral de violencia que tiñe de sangre las tierras palestinas hubiera sido ya abordada por la comunidad internacional con métodos más contundentes. ¿Fue peor la opresión serbia del pueblo kosovar? ¿O la que aplicaba Indonesia contra los timorenses? ¿O la de Sadam Husein sobre Kuwait?
El desprecio continuado por las resoluciones de Naciones Unidas, la aplicación sistemática de una multiplicada ley del Talión, la constante humillación y opresión del pueblo palestino -que, al fin y al cabo, es el ocupante original de las tierras de las que fue violentamente expulsado- son factores que, en mayor grado que ningún otro, contribuyen a la desesperada situación actual. El terrorismo palestino no podría sostenerse y crecer como lo está haciendo si no estuviera ayudado por el odio que engendra la política criminal del gobierno israelí.
Es casi obligado estar de acuerdo con lo que desde Amnistía Internacional se ha manifestado al respecto: "El recurso a los asesinatos de Estado por el gobierno de Israel contra los palestinos sospechosos socava el imperio de la Ley y acelera el ciclo de violencia en esta zona". Según fuentes palestinas, más de sesenta personas han sido asesinadas selectivamente desde que comenzó la actual Intifada a finales de septiembre del pasado año, muchas de las cuales pertenecían al partido de Arafat. En total, en diez meses de violencia han muerto unas 670 personas, de los que más del 85% son palestinos.
Los asesinatos selectivos son ejecutados por el Ejército israelí o por los servicios secretos, el temible "Shabak". En éste se conoce la existencia de una amplia red de agentes palestinos que trabajan en los territorios ocupados y que son los encargados de localizar a los activistas que han llevado a cabo actos terroristas o incluso a los que planean efectuarlos. Los aspirantes a formar parte de los comandos infiltrados entre la población palestina sólo son aceptados cuando superan la prueba de mezclarse con el público de un mercado local y hablar con compradores y vendedores sin levantar sospechas. De ahí la profunda desconfianza que está creciendo entre los palestinos y el brutal tratamiento que se da a esos espías cuando son descubiertos.
Las armas utilizadas son muy variadas. Se puede recurrir al cañoneo desde carros de combate o al lanzamiento de misiles desde helicópteros armados, como sucedió en Nablus hace pocos días, donde murieron ocho palestinos, entre ellos dos niños. En Belén, un jefe local de la Yihad Islámica, según informó la BBC británica, escapó a duras penas cuando cuatro militares israelíes disfrazados de árabes abrieron fuego contra él utilizando metralletas UZI. También se utiliza el procedimiento típicamente etarra de colocar una bomba en el automóvil del palestino a asesinar.
Un ministro del gobierno israelí ha explicado, sin andarse con rodeos, la política adoptada: "Puedo afirmarles, sin que haya lugar a dudas, que si alguien ha cometido un acto terrorista o planea realizarlo, será aniquilado. Esto es eficaz, preciso y justo". Lo ha dicho Efraím Sneh y, al hacerlo, muestra una vez más el desdén de Israel por la justicia, al convertir al Estado en juez y verdugo sin más trámites.
Hará bien el Gobierno de Israel en empeñarse en una campaña mundial de mejora de su imagen, según ha dejado entender recientemente. El pueblo que sufrió el Holocausto, el que se esforzó en crear unas condiciones de vida igualitaria, solidaria y justa entre emigrantes de muy distintos orígenes y empezó a configurar una sociedad digna de admiración y respeto en muchos aspectos, está rigiéndose ahora por gobernantes que parecen más inspirados en los métodos de la Alemania nazi que en lo que debería ser normal en una democracia desarrollada. La humillación, persecución y destrucción sistemáticas de la sociedad palestina pueden ser comparadas ya, cada vez más ajustadamente, con lo ocurrido en los guetos donde sufrió, en otros tiempos, el pueblo judío.
*General de Artillería en la reserva del Ejército español y analista del Centro de Investigación para la Paz
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