Mario Linovesky

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Mario Linovesky nació en la ciudad de Bahía Blanca, República Argentina, el 30 de julio de 1941, en el seno de una familia judía de origen ashkenazi. En su casa, por lo que recuerda desde que obtuvo el uso de la razón, se hablaba en igual proporción tanto el castellano como el idisch, y no pocas veces se mezclaban ambos idiomas, convirtiéndolos en un “span-ish” al uso nostro que desorientaba a sus vecinos goim. Entre sus antecedentes judíos se cuenta el haber tenido un bisabuelo rabino, lo que no significa mucho si se tiene en cuenta que Karl Marx fue nieto de rabino y no por eso menos antisemita. Por el nombre de ese bisabuelo lo llamaron siempre sus padres y así lo conocieron sus amigos de la infancia: Meitze. A los 13 años se hizo cargo de sus responsabilidades judías, desentonando una a una todas las canciones que componen el ritual del Bar Mitzvá. De ahí en adelante incumplió metódicamente con casi todas las mitzvot y se transformó en un ser cuestionador. De cualquier modo, imbuido por el ambiente laico y pro israelí que señoreaba en su hogar, activó primeramente en el Dror (movimiento sionista que más tarde se llamó Ijud Hanoar Hajalutzí) y luego en la Tnuat Lamerjav. Esto no duró mucho tiempo, porque a los 17 años se sintió llamado por las campanas de la izquierda militante y se distanció por obra de ella de todo lo que oliese a sionismo. Sin embargo, pasados unos años desposó a una mujer no judía, la que, para su sorpresa, lo hizo regresar a sus raíces. De allí en adelante se fue acercando poco a poco a las instituciones judías y en el año 1985, en compañía de su esposa y sus dos hijos, hizo “aliá” a Israel. Dueño de un espíritu inquieto, se preocupó allí de conocer y entender a las gentes que poblaban el Estado así como a sus vecinos palestinos (con alguno de los cuales hizo amistad personal) y se enamoró del país. No obstante también allí trabajó como obrero en una fábrica donde se manipulaban materiales tóxicos y enfermó por esa causa. Obligado por las autoridades a buscar un nuevo empleo, dada su “avanzadísima” edad (contaba por entonces con 48 años) no pudo conseguirlo. Esta realidad y su sí que pobre hebreo, causa principal por la que debió pasar la Guerra del Golfo sin entender gran cosa de los noticieros, lo llevaron a regresar a la Argentina. Con todo la experiencia le sirvió para convertirse en defensor de Israel, con el rango de fanático y de allí en más no dejó de luchar, con todo el arsenal del que disponía, por el judaísmo y el sionismo. Contrariamente a lo que algunos pocos creen, y algunos muchos ni eso, Mario Linovesky no es escritor, sino que se vale la escritura para defender sus ideales. Ha comprendido que debe pelear por su judaísmo, porque judío es y dicha “mácula” es irreversible. Y ha llegado a la conclusión que la mejor manera de escudar su historia de 5766 años, es, justamente, trabajar codo a codo con los que resguardan el Estado Hebreo y a esa lid se ha dado de lleno. Y no queda más por agregar.
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Colaboraciones especiales
Rafael T. Perez

Dori Lustron

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