copyright - asgraphic - alex segal - modiin - israel
Mis primeros articulos

 

JE... JE... ¿QUÉ?

Por Mario Linovesky

 

La muerte, por su propia esencia, no es algo para tomar a risa. Desde luego que no lo es, aunque haya muertes que producen no poco regocijo entre la gente del común. Por ejemplo cuando la policía abate a un homicida múltiple, que mató y prometió seguir matando, sin solución de continuidad. En ese caso, inevitablemente, toda persona de bien respira aliviada, por cuanto, si el peligroso individuo continuaba con vida, era su propia vida (la de las personas inocentes) la que estaba amenazada. Llámeselo como quiera llamárselo, el Jeque Ahmed Yassin era un asesino serial, cuyo único objetivo consistía en eliminar físicamente y en primer término a los judíos (después seguirían los demás, ya que el terrorismo fundamentalista por propia ideología no se detiene en un solo pueblo) , en donde estuviesen y con quien estuviesen; visto lo cual, con un estricto sentido de la justicia, el Ejército Israelí, en clara acción de guerra, lo pasó a “peor” vida. Y no se me corrija, digo a “peor” vida porque en caso de existir Dios, lo que desde luego es posible, ese repugnante individuo sin duda se estará cocinando en los fuegos del Infierno en compañía de Adolf Hitler, José Stalin y tantos otros excrementos como ellos que asolaron con sus crímenes a la humanidad. No cabe agregar mucho más sobre el ajusticiamiento de este malhechor, con su muerte se cumplió con el elemental derecho a la supervivencia; hoy de cientos de israelíes y mañana de quien le tocase en mala suerte. Lo interesante, cómico, ridículo, grotesco, burlesco o chocarrero, alrededor de este justo sucedido, fueron las reacciones de aquellos que, a la corta o a la larga, habrían de ser sus víctimas. La España paradigmática (¿cuándo no), donde pocos días atrás había sonado el despertador del terrorismo con un estruendo imposible de ser ignorado siguió no obstante durmiendo, si bien en un sueño pesadillesco. Y puesta a elegir, como zombi temblequeante, lo hizo por un Chamberlain redivivo, que aun meses antes de asumir efectivamente su magistratura eligió el deshonor de hincarse ante sus enemigos, sin atinar a la menor defensa. Fiel a su sugestivo apellido, como buen zapatero, nos hizo saber que se pondrá a los pies de cualquiera que se lo exija, sin importarle si ello es bueno o malo para las democracias del mundo y para su propio país. Y todo esto con la anuencia de la izquierda gritona que lo llevó al poder, aunque éste será un poder escaso y enteramente dependiente del humor de los grupos terroristas. Además, ya se vislumbran algunos efectos de lo que será la zapatería española en el futuro cercano. La reacción por caso de algunos medios periodísticos del país que será por él gobernado, con respecto al pase a retiro sin regreso del Je...Je...que Yassin no fue para nada menos patética, mostrándonos lo que en esa nación se viene con respecto al terrorismo de aquí en más. Salvo honrosas excepciones, como por ejemplo el Diario Libertad Digital y algunos otros pocos que llaman a las cosas por su nombre, en la mayoría de los medios españoles se derramaron las consabidas lágrimas de cocodrilo por el “asesino” abatido y las no menos consabidas condenas al accionar israelí. Llegando al Diario El Mundo, donde la cobertura sobre el acontecimiento fue realmente vomitiva. Por aquello que “una imagen dice más que mil palabras” el tal Diario publicó una cadena de fotografías hermanadas en hipervínculo, en las que con un menesteroso click al ratón se veía ora a palestinos llorando sobre un cadáver retorcido, ora a una multitud de esos mismos palestinos clamando venganza a los alaridos y, por último, ésto no podía faltar, el rostro compungido, transido de dolor, del compinche de andanzas del muerto (aunque aparezca disintiendo con él): Arafat. Resumiendo: un asco. Sobre todo por los comentarios propios, llenos de mala leche y sugerencias anti israelíes.

Otro tanto ocurrió con la medrosa Europa, la cual, fiel a su nueva política de “temer y conceder”, se ocupó de denostar lo que ellos llaman “asesinato de un líder espiritual”. Claro, para ellos un asesino deja de serlo, en tanto esté investido con alguna dignidad eclesiástica o de mando y sea oído por una gran cantidad de gente capaz de hacer cuanto ese delincuente les ordene. En esa tesitura, escuchamos también la condena de un tal Vladimir Putin, un hombre que antes de ejercer la presidencia de Rusia, se desempeñó como jefe de la KGB. Responsable directo de la muerte de cientos o miles de personas, justamente él, ante esta ejecución, se mostró espantado por la impiedad de Sharón. No estuvo solo en el dolor por supuesto, lo acompañaron presidentes, primeros ministros y cancilleres de toda Europa, quienes, asemejándose a un rebaño de carmelitas descalzas, a un conjunto de colegialas inexpertas a quienes la muerte acoquina, también se manifestaron espantados por la barbarie israelí. Allá ellos. Si aun no se han dado cuenta (o quieren ignorar de ex profeso) que gracias a sus políticas apocadas ante el terrorismo ya lo tienen metido en su propia casa, allá ellos. Y allá sus inermes y asustadas poblaciones, que, día a día, seguirán mirando por encima del hombro con la seguridad que hoy les toca a ellos. Queda entonces y sólo para ayudarlos, rezar todos para que reaparezcan un Wiston Churchill o un Charles De Gaulle (no los mismos Churchill y De Gaulle en persona porque lamentablemente del otro mundo donde están no se vuelve, pero sí, por lo menos, con los mismos cojones que ellos) para reemplazar a sus espantadizos dirigentes actuales. Caso contrario seguiremos viendo a los franceses buscando bombas a lo largo de sus vías férreas, a los ingleses reforzando las guardias en embajadas y edificios públicos y al resto de los habitantes del “viejo continente” implorando no ser las próximas víctimas, pensando de paso, como lo hacían los españoles, que ellos no tienen cuentas con el Islam fundamentalista y que por tal se encuentran a salvo de cualquier ataque. Hasta que la realidad, ignorante de tamañas utopías, los despierte con un grande estruendo. Porque deben saber los europeos que para los fundamentalistas musulmanes ellos son “infieles” y la interpretación que aquellos hacen de los suras de su libro sagrado, habla de su conversión al Islam o, caso contrario, la muerte. Por eso, precisamente, son fundamentalistas. Deben enterarse también los europeos, que las “madrazas coránicas” no son un invento de Pilar Rahola para asustarlos, ellas existen y en estos mismos momentos están adoctrinando a miles de pequeños en el amor a la muerte a nombre de su religión. Aprendan por ello de paso, los cobardes consumidores de petróleo, de Israel, país pequeñito rodeado de potenciales asesinos, el cual, contrariamente a la actitud de un mundo paralizado por el miedo, se calzó las botas y salió a cazarlos.

Israel por supuesto debe también cuidarse como cualquiera, en eso no hay diferencias con el resto del mundo, pero el cuidado israelí, por la posición geográfica que ocupa, tiene sus fuertes fundamentos. Porque ahí nomás, muy cerca, en una zona de fronteras imprecisas, se encuentra el nido de las peores víboras que ha dado la humanidad y que buscan su destrucción. Ofidios traicioneros y mendaces, que no hesitan en echar mano a cualquier recurso con tal de salirse con la suya. Veamos detalles: Israel, país vecino a ellos con el que firmaron cantidad de tratados sin cumplir ninguno, es el blanco exclusivo de sus mentiras. Mentiras a tal punto pueriles, que solamente los muy imbéciles pueden creerlas. Esto lo digo para que “a quien le quepa el sayo, que se lo ponga”. Un caso de mentira pueril, tan evidente que no habría siquiera que refutarla, sería el del presunto ahogo que los israelíes someten al pueblo palestino, al que no permiten ni aún reunirse para charlas de café. Eso lo dicen sus dirigentes y embajadores a todo aquel que les presta oídos. Pero, en los medios periodísticos de todo el mundo, pudimos leer su rápido desmentido. Tras la muerte del tal Hajmed Yassin, su organización terrorista, que debería activar se supone que en las sombras, elige al sucesor del muerto en una asamblea de miles de sus combatientes, en un... estadio de fútbol. Con ésto sólo alcanzaría para despertar a los dormidos, pero hay más, Porque tras ello el elegido, un dentista con un inmenso grano en la nariz (¿le habrá salido por mentiroso) llamado Abdel Aziz Rantisi, hace declaraciones a todos los corresponsales que se lo soliciten. En lugar público. Y en ellas se ocupa de aclarar que su lucha, como antes la del jeque Yassin, no es contra los judíos, sino contra el ocupador de su patria. Claro que para esa lucha, evade decir que utiliza esa gran falsificación llamada Los Protocolos de los Sabios de Sión, que el propio zar de Rusia, para cuyo uso fueron confeccionados por su policía secreta, los desechó por estúpidos. Y esos Protocolos, además, fueron elaborados en los finales del siglo XIX, única y exclusivamente contra los judíos, puesto que Israel por entonces no era más que el sueño de unos pocos. Entretanto, en ese inmenso “campo de concentración” que Israel hizo de los territorios palestinos, jóvenes fanáticos, enmascarados, enardecidos, fuera de todo tipo de control y con uniformes de combate, gritan consignas anti israelíes y hacen disparos al aire, con los fusiles... que dicen no tener. ¿Hace falta agregar algo más? ¿En un “campo de concentración” nazi o parecido, podrían hacer multitudinarias asambleas para elegir a un jefe terrorista, este jefe hacer declaraciones a la prensa de todo el mundo y miles de individuos disfrazados de combatientes no cesar con sus disparos hacia el cielo, teniendo por blanco a Alá?

A esta altura de los hechos, ¿cabe alguna duda que los palestinos, o los que los asesoran, están tomando por idiotas a todos los habitantes del planeta?. Porque salvo los de la izquierda militante, ya recibidos de idiotas por su dogmatismo insultante, los demás, los que quieren vivir en paz y concordia, no lo son y deben darse cuenta que lo que ocurre en Oriente Medio no es lo que les cuentan los diarios.

La diferencia entre un tipo de gente y otra es demasiado innegable y sólo los ciegos no la vislumbran. Para ejemplo, se conocen casos de soldados israelíes que impelidos por las circunstancias y para defenderse, debieron matar al enemigo. Y ese solo hecho, legítimo porque estaban en guerra no lo pudieron sobrellevar en sus conciencias y acabaron suicidándose. Mientras que del otro lado, se está preparando a niñitos de escuela primaria, para matar aún a costa de sus vidas. O sea que “unos se matan por haber matado, en tanto que los otros se matan para matar”. Y ésto, lo deben advertir las personas de buena voluntad. Aba Eban, un brillante diplomático israelí, decía que: “las personas actúan inteligentemente, sólo cuando han agotado toda otra posibilidad”. En este caso, en homenaje a su memoria y en homenaje a nosotros mismos, demostrémosle que no tenía razón

Hosted by www.Geocities.ws

1