Por Mario Linovesky
Aun cuando este artículo peque de vetusto ya que fue escrito antes de la, por lo menos para mí, jubilosa desaparición física de Yasser Arafat, pienso que resulta importante rescatarlo del arrumbamiento. Ésto por cuanto ocurrió el malhadado 11 de marzo de 2004 (refrendado por muchísimos acontecimientos posteriores y de idéntica sinrazón) y que se proyecta hasta hoy día, hecho que se convirtió en punto de quiebre entre un mundo que ha terminado y uno nuevo que comenzó; y en el que, fundamentalmente, el terrorismo expuso como en vidriera su verdadera esencia. Hasta antes de esa fecha, parecía que el terror tenía blancos precisos. Incluso el 11 de setiembre de 2001 lo pareció. Pero lo de España desecha el modelo, puesto que allí los hombres de las bombas se sacaron la careta y mostraron su verdadero rostro: el de asesinos al voleo y sin la menor justificación. Tanto es así que, habiéndose el pueblo español opuesto mayoritariamente a la guerra en Irak, no obstante, con la excusa de vengar la muerte de miles de iraquíes durante la invasión que todos conocimos, las bombas de los “justicieros” del Islam fueron dirigidas, justamente, contra ellos, los que se habían opuesto al conflicto. O sea contra los que, implícitamente, se habían solidarizado con los enunciados de su causa (árabe). Lo cual demuestra lo irracional de su supuesta “lucha redentora”. Pero, evidentemente, hay humanos que no quieren verlo así. Obnubilados, atosigados, atafagados por arcanas ideologías difíciles de asimilar, siguen insistiendo en que los de los terroristas son movimientos liberadores y escriben al respecto. Se dice por ello que el abogado “encarcela” sus errores y que el médico, “entierra” sus errores; pero el que escribe tiene un peor destino, “publica” sus errores; con los cuales, sobre todo, influye en la formación del sentir y el opinar de otros, lo que los hace más peligrosos, incluso que los mismos terroristas. Mi intención, mi única intención, es que se vaya sabiendo quién es quién y, puesto que el pez por la boca muere, pongo en el escaparate los asertos de un escritor famoso con respecto a estos deleznables actos. No pretendo hacer listas negras, no soy Edgar Hoover ni Joseph McCarthy, cuyas solas menciones me producen repulsa. Sólo quiero que se los conozca y se los refute, llámense como se llamen y tengan los pergaminos que generalmente exhiben, porque a los ciudadanos comunes, en esta guerra artera, no nos queda otra arma que ésta para defendernos: el esclarecimiento.
La persona que me regaló el libro “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, difícilmente hubiese imaginado que iba a despertar en mí tan grande pasión por un autor y su obra. Y, sí, realmente, leer a Galeano, desde entonces, me ha extasiado. Ya sea por su prosa impecable o por su solidaridad manifiesta para con los desposeídos de nuestro continente, acometer la lectura de un texto del uruguayo, resultó siempre para mí un ejercicio saludable y gratificante. Ahora bien, ¿a qué viene este símil de panegírico para con un escritor, sin aparente justificación por tantas loas?. Pues que con él se da un contrasentido: el que una cosa es ese escritor brillante cuando está abocado a su profesión y otra muy diferente cuando se lo saca o se aparta solo de ella. Porque a Galeano, hombre de fama y prestigio, además de exigírsele producción literaria, se lo obliga a opinar y de lo que sea. O, por lo menos, es él quien se siente, obligado por vaya a saber que circunstancias, a hacerlo. Y entonces, en afán por demostrar cuan vastas y ecuménicas son sus inquietudes no vacila en salirse de esa América de las venas abiertas, que, como se comprueba en sus escritos, tan bien conoce y retrata. Así, muy suelto de cuerpo, escribe lo que sigue a continuación:
El patriotismo es un privilegio de los que mandan. Cuando lo ejercen los mandados, ¿se reduce a mero terrorismo? ¿Son terroristas y nada más que eso, pongamos por caso, los actos de desesperación suicida de los palestinos desalojados de su país? El mundo patas arriba nombra al revés. El poder, enmascarado, niega el sentido común. Si así no fuera, ¿podría caber alguna sombra de duda de que el actual gobierno de Israel practica el terrorismo, el terrorismo de Estado, y difunde la locura? A medida que ese gobierno devora más y más tierras y más humillaciones inflige al pueblo palestino, más respuestas criminales genera. Y esos atentados, que matan inocentes, le sirven de pretexto para matar muchos más inocentes y para cometer cuantas atrocidades se le ocurran. |
Don Galeano: lejos está de mi ánimo entrar en polémicas con usted. Con Dios no se discute, se acatan sus determinaciones. ¿Cómo?¿Qué no es Ud. Dios? Y entonces, ¿por qué afirma con tanta contundencia lo que afirma? ¿Tendrá razón Ignacio Copani cuando canta aquello de:
“Somos los Intelectuales
La derecha de la izquierda
Los demás no saben nada
Son unos negros de mierda”?
Un compatriota suyo, llamado Aquiles Fabregat, también escritor y muy bueno, solía pontificar que: “lo malo no está en decir estupideces, sino en decirlas con énfasis” . Y Ud. enfatiza demasiado, créame. Porque a su pregunta-afirmación: El patriotismo es un privilegio de los que mandan. Cuando lo ejercen los mandados, ¿se reduce a mero terrorismo? ¿Son terroristas y nada más que eso, pongamos por caso, los actos de desesperación suicida de los palestinos desalojados de su país? por respuesta correspondería un terminante SI, aunque Ud. sugiera el no. Claro que Ud., antes de hablar y al sólo efecto de comprobarlo, debería sentarse en algún café de Jerusalem y esperar que entre uno de sus “desesperados” y detone la bomba que lleva oculta entre sus ropas. O hacerse un viajecito en un autobús urbano por esa misma ciudad y vigilar si la embarazada con rasgos árabes que en él viaja hace estallar su voluminosa panza, matando a los niños que viajan junto a Ud y que se dirigen a la escuela tan sólo a estudiar. Veríamos si luego de esas riesgosas experiencias Ud, continua opinando como lo hace, o apuntando que es Israel el único causante de tales actos y se lo merece, o meramente sigue declarando que a los desesperados palestinos suicidas les asiste en todos los casos la razón. Además, los conflictos humanos, desde siempre, se han dirimido entre las partes implicadas. Desde las peleas entre guapos tan excelsamente descriptas por Borges, hasta las disputas entre naciones. Y si un tercero se ve involucrado, en ese caso es porque tiene intereses o motivos para estarlo. Cosa que no ocurre con el accionar de los palestinos y más adelante veremos porqué. Claro que Ud. Don Eduardo, lo visualiza de manera muy diferente, dado que en su texto, aunque Ud. se preocupe por enmascararlo, campea una manifiesta tendenciosidad. A tal punto que Ud. no toma en cuenta u omite a propósito que, en el berenjenal que estamos metidos todos, los trances bélicos se cuentan por decenas. Guerras civiles o entre países, agresiones a etnias o a minorías, combates y ataques por esto o aquello. Sin embargo, en medio de tamaño Mare Mágnum, Ud. se ocupa en resaltar y elípticamente acusar, al único país que, por razones de sobrevivencia, está obligado a atacar para defenderse.
A propósito de ese interrogante que Ud. plantea, en el año 1985, por el mes de mayo, viajé en compañía de mi familia a Israel. Estuvimos un día en Italia. En esa oportunidad y listos para continuar el vuelo, me llamó la atención y también me molestó, las muchas incomodidades a las que nos vimos sometidos por parte de la Seguridad Israelí dentro del aeropuerto Da Vinci. Entonces no entendí tantas idas y venidas y tantas requisas que se nos hicieron. Pero, apenas un mes más tarde, la noticia de un suceso ocurrido en el tal aeropuerto, me hizo comprender la razón: un comando de “desesperados” palestinos armados con metralletas había irrumpido en el lugar y había asesinado ( sí, asesinado ) a varios pasajeros que esperaban abordar un avión de El Al y a tres carabinieri italianos. Recuerdo especialmente ese episodio, ya que por sí sólo desbarata sus afirmaciones, Don Galeano. Sí, por las razones que fueren, sus victimados palestinos debían luchar contra Israel: ¿me puede explicar por qué demonios lo hicieron en la alejada Italia, matando a turistas judíos (no a israelíes) y a ciudadanos de aquel país peninsular? Simplemente, porque eso es terrorismo y no un acto de desesperación. Los terroristas matan a quien sea, sin preguntarle siquiera si simpatiza con su causa. Porque su fin último y evidente, es mantenerse en el candelero y afirmar su protagonismo, caiga quien caiga. Piense si circunstancialmente se hubiese encontrado Ud. en medio de aquella matanza; ¿qué inscripción tendría hoy su lápida?. ¿O al ver que era Ud., hubiesen apuntado para otro lado? Más cerca de su casa, ¿si Ud. hubiese pasado el 18 de julio de 1994 a las 10 de la mañana por la vereda de la Amia en Buenos Aires? ¿qué le habría ocurrido, si no volar despedazado por los aires? ¿O piensa que al verlo, el terrorista esperaría a que Ud. se aleje antes de explotar el edificio? Y ese atentado, los desesperados combatientes por la liberación de su patria lo cometieron en la vereda de la calle Pasteur de la Capital Argentina , a 12.000 kms. de su domicilio . ¿Tiene eso algo que ver con el Medio Oriente y la lucha de un pueblo oprimido? Y encima, éstos no son hechos aislados, sino que se repitieron y repiten en el lugar de la tierra que a Ud. se le ocurra buscar.
Con respecto a Arafat y a que es un gobernante “democráticamente” elegido por su pueblo, tenga Ud. cuidado con las expresiones que suelta; hay palabras de las que no se vuelve. Cualquiera sabe y los propios lugareños más que nadie, que en los territorios regidos por la Autoridad Palestina, desde siempre que señorea el terror. Y es este un terror, dirigido contra sus propios ciudadanos. El “ajusticiamiento” de palestinos por haber sido hallados culpables de “colaborar con el enemigo” (Israel), no es otra cosa que matar, justificando con esa acusación el crimen, a los disidentes políticos del “democrático” Arafat. Un sujeto que se ha robado los dineros que a manos llenas le prodiga la asustada Europa para que no les haga terrorismo en su propio suelo y cuyo fin último “debería ser”: el paliar las penurias que sufren “sus” palestinos.
Por el contrario, en lo que concierne a Sharón, le disguste a quien le disguste, él si fue elegido democráticamente por la mayoría del pueblo israelí. Y cuando concluya su mandato, si es que no gana en los nuevos comicios, entregará el poder y se irá a su casa. Y aun estando en el poder, tampoco puede hacer lo que se le antoja, cosa que sí hace su colega palestino. Sus decisiones deben ser, y son, refrendadas por la Cámara de Representantes, caso contrario se archivan. Ahora, volviendo al democráticamente elegido (además de ser egipcio y no palestino, fedayín terrorista, asesino de miles de personas de su pueblo y de otros pueblos, traidor, mentiroso, ladrón y... Premio Nóbel de la Paz¿¿¿¿????) Arafat: ¿cuándo, como hará Sharón si pierde, se irá a la casa? La respuesta es tan obvia, que resulta pueril emitirla: ¡¡¡Nunca!!!. No lo hará, como que tampoco firmará la paz con Israel. Porque si hiciera esto último, se acabaría su trayectoria. Todos los pergaminos que puede exhibir, hablan de un hombre con fusil o bombas, jamás de un estadista. Entre los palestinos suelen decir: “seguramente sobreviviremos a Sharón, pero, ¿sobreviviremos a Arafat?” ¿Mi deseo sincero?: Que Alá los ayude...
Con respecto a la valla de separación ¿qué decir?, su parangón con el muro de Berlín no resiste el menor análisis. El paredón caído en el 92, no sé si Ud. se habrá enterado, fue construido por el gobierno de Alemania Oriental para que de allí no huyese su propia gente. Por el contrario, la valla de Israel se levanta para evitar que asesinos “desesperados” y lo que es más importante “extranjeros”, entren a matar a sus ciudadanos. De hecho, nada tiene de semejanza una construcción con la otra.
Pues bien, Galeano, como admirador suyo que era, le diré que me ha usted decepcionado. Podría, de querer seguir encontrando contrasentidos a su texto, hacer varios encadenamientos y derivar en que es Ud. antisemita, por más que de tanto en tanto escriba algo a favor de los judíos. ¿Por qué? Se ha puesto Ud. del lado de los que quieren destruir a Israel y que no habrán de cejar jamás en su intento. Y el destino de Israel, lo dije, lo digo y lo repetiré hasta el hartazgo, está directamente ligado al de todos los judíos del mundo. De modo tal que si desapareciera Israel, y como están las cosas, todos los judíos del mundo sufrirían horrorosas consecuencias. Simplemente porque, en caso de una posible persecución, más real de lo que muchos quisieran creer, no tendrían quien los reciba o rescate.
Don Galeano, le juro que me gustaría estar equivocado en todo lo que le dije, pero pienso en mi pueblo. Y no por solidarizarme con mis, y sus, sufridos latinoamericanos, renunciaré a luchar, con cuantas armas estén a mi alcance, para que nadie intente, por los motivos que fueren, “reabrir” las venas de mis sufridos judíos.
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