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Mis primeros articulos

Porqué ayer no a Sharón; porqué hoy sí a Sharón

 

Por Mario Linovesky

 

Discúlpeseme la reiteración porque algo sobre esto ya he escrito, pero si a uno lo abofetean y “nuevotestamentorísticamente” pone la otra mejilla y recibe una segunda bofetada, uno principia a disgustarse. Y si no obstante en lugar de reaccionar uno le da la espalda a su agresor y éste se aprovecha de su indefensión y le da una patada en el trasero, su disgusto, por lógica, aumenta. Pero si pese a todo ello uno persiste en su actitud pacífica y no contesta y al quererse retirar para terminar con la provocación comprueba que la salida está bloqueada por una multitud de sujetos quienes también a su vez habrán de golpearlo, uno finalmente acaba por rebelarse.

Por caso, yo siempre he sido un pacifista; y no de los del montón, sino un pacifista a ultranza. La guerra para mí fue, es y seguirá siendo un evento detestable y a la que algún día, si además del arrollador avance tecnológico logramos un idéntico adelanto en nuestra condición humana, habremos de desechar definitivamente. Claro que me refiero a la guerra que se pueda declarar a otro, con la aviesa intención de obtener ventajas usando la fuerza. Ahora bien, si por el contrario alguien me ataca, aunque no me agrade deberé defenderme. Y si es mi misma existencia la que está en juego, lo haré con todas las armas que encuentre a mi alcance.

Soy pues, digamos, como un gran contenedor (si se me permite el parangón) que va recibiendo las contrariedades de la realidad, cada una de ellas representada por una gota que cae en su interior y comienza a llenarlo. Poco a poco yo, el gran contenedor, por obra de los golpes empiezo a colmarme, hasta que llega el punto en que una última gota habrá de desbordarme. Hecha la similitud, reemplacemos ahora los elementos y pongamos en lugar del contenedor desbordado, o sea yo, al Estado de Israel, y los continuos ataques a que lo someten los árabes palestinos, como las gotas que fueron atiborrándolo . Un contenedor que además, por mi condición de judío, seguiré siendo yo... y cuantos judíos existan sobre la tierra.

En tal contexto, conviene hacer números y también meterse en la historia, para advertir como el contenedor se ha ido llenando y los motivos por los que desbordó. Es difícil, por su enormidad, determinar cual fue la primera gota que cayó en el tal recipiente y, a esta altura, tampoco resulta demasiado importante saberlo. Mucho más relevante, para estar al corriente de donde estamos verdaderamente parados, será determinar cómo y porqué casi todo el mundo nos acusa de ser los provocadores de un genocidio. La respuesta es que no hace falta contar con una especial agudeza, para darse cuenta que se está perdiendo la más importante de las batallas. Que, aunque se trate de otra reiteración, es la publicitaria.

Dejaré por ello para más adelante (por el tiempo que sea) mis discrepancias con Sharón, con quien, en tanto exponente de la derecha ideológica, me separa casi todo. Porque hoy la trama de lo que nos aqueja es muy diferente. Hoy por caso me interesan de él su condición de guerrero y sus reflejos para tomar decisiones en momentos de riesgo. Porque enfrente tenemos un enemigo artero, malintencionado y criminal, que ha confundido a su pueblo y al mundo manejando la mentira.

Las completísimas sinopsis que hacen, por ejemplo, Marcos Aguinis o Gustavo Perednik (las que recomiendo leer detenidamente) me eximen de incursionar en detalles históricos. Basta con repasar sus muchas notas al respecto. Me queda entonces sólo hacer una síntesis, y esta es: que los palestinos atacaron siempre primero y con la infame finalidad de hacernos desaparecer del mapa. Cosa que sus niños, además de aprender a amar a la muerte matando, se instruyen hasta hoy en la escuela primaria. En los inicios, cuando vendían las tierras a los inmigrantes judíos (allá por los finales del siglo XIX y principios del XX y hasta la creación del Estado de Israel) y luego pretendían recuperarlas por la fuerza, usaron cuchillos y rifles. Más tarde, cuando gracias a sus constantes ataques los israelíes se armaron convenientemente, usaron las bombas humanas. Y por último echaron mano a su arma más letal, la que mejor saben usar y la que más daño infligió a sus enemigos por elección (nosotros, los judíos) : su lengua ponzoñosa, traicionera y mendaz.

Hoy el escenario es, aunque las declaraciones públicas de sus dirigentes se hayan atenuado un poco, catastrófico. Sobre un tablado en el que el planeta entero clama por “justicia”, pero por una justicia parcial. Donde los únicos beneficiarios son los palestinos y en desmedro de Israel. Ejemplo de ello es ver a la actual Europa pre-islámica en unos casos y pre-nazi en otros, entontecida por un mismo grito: ¡Viva Palestina, Muera Israel!. Allí especialmente, izquierda, centro y derecha parecen haberse puesto de acuerdo y por primera vez tienen un mismo objetivo: condolerse por el pueblo palestino y denostar al pueblo judío.

Entretanto, sus muchísimas bandas terroristas por lo menos, nos dan a conocer sus verdaderas intenciones para el futuro. Y vista la cantidad de homicidios que cometen, no me caben dudas que así seguirán comportándose por más tratados de paz que firmen sus dirigentes. Sus brazos armados, Hamás y la Yihad Islámica (atiéndase bien la traducción de estas dos últimas palabritas árabes, puesto que significan, ni más, ni menos: Guerra Santa del Islam y que hoy afecta a los judíos, pero que mañana habrá de volverse en contra de cualquiera que no lo sea) , están prometiendo centenares de atentados. Véase si no que mientras el Ejército Israelí se va retirando de los territorios e intenta comenzar a delinear la paz, los “intocados” brazos armados palestinos están fabricando bombas para seguir matando. Quien dude sobre la veracidad de esto, hará bien en recordar la cara extraviada, desencajada, directamente enloquecida del “Premio Nóbel de la Paz” Arafat y sus agresivas declaraciones, no bien lo liberaron de su reclusión en Ramallah. Y hoy, desaparecido aquel criminal Rais, aunque tratando de disimularlas, no otras son las manifestaciones de sus seguidores en la conducción palestina. Y ya que de recordar se trata, sería bueno traer también a la memoria el linchamiento de los soldados israelíes y a los árabes que lo hicieron danzando y gritando su júbilo con sangrantes órganos de aquellos en la mano. Y por qué no a las concentraciones populares palestinas, donde en lugar de pedir por la paz hacen disparos al aire, queman banderas israelíes y piden la muerte de los hebreos.

En tal situación, la reacción de los judíos donde quiera que se encuentren, además de la de cualquier hombre de buena voluntad en cualquier punto del globo, debe ser la de plantarse de una vez y gritar “basta”. Y la de Israel, seguir defendiéndose en tanto lo sigan atacando. La muerte de un solo hombre en actos violentos es una barbaridad. El hombre que muere, indefectiblemente, lo pierde todo, pertenezca al bando que sea. Por eso es que de nada vale hacer estadísticas, para concluir que los palestinos van en pérdida porque murieron más de ellos. Uno o mil, para quien murió o para sus cercanos, da lo mismo. Lo importante sí, es la circunstancia en la cual ese uno murió. No es igual morir por propia voluntad haciendo un atentado, que morir víctima de ese mismo atentado. No es lo mismo morir mientras se tirotea a las fuerzas israelíes, que sentado en una confitería, ómnibus o cuando se camina por la calle. No es tampoco lo mismo morir siendo un chiquillo porque sus mayores lo sacan de la escuela para ponerlo a la vanguardia en el apedreamiento a soldados armados, que morir siendo un chiquillo mientras se está en su escuela y un enfermo onanista coloca una bomba para hacerlo saltar por los aires.

Visto ésto debo reconocer, y espero que no sea tarde, que me equivoqué al escribir anteriormente en contra de Sharón. Hoy por hoy su “decisión” para enfrentar a las hordas terroristas fomentadas por la Autoridad Nacional Palestina, es quizá la única que me puede dar alguna seguridad. Porque Sharón tiene un algo que a otros les falta. No espera a los terroristas mientras muere su pueblo. Por el contrario, va a buscarlos a su casa y los detiene o elimina. Y lo hace de manera si se quiere bélicamente obsoleta, arriesgando la vida de sus propios soldados, para dañar mínimamente a la población civil palestina, cosa que ocurrió en la persecución de terroristas en Jenín. Por eso Shimón Peres y otros adversarios políticos siguen a su lado, aunque hagan declaraciones censurándolo. A un sector criminal y enloquecido como el que alberga en su seno el pueblo palestino (sus des-organizaciones guerrilleras) , solamente un hombre determinado como Sharón puede enfrentarlo. Por eso y por el momento, digo: ¡Perdón Sharón! ¡Adelante Sharón!. Que es como decir: ¡Perdón Israel! ¡Adelante Israel!

Aunque mis amigos progresistas se enojen...

Y que me perdonen también los árabe palestinos, pero fueron sus dirigentes quienes hicieron desbordar con nuestra sangre el contenedor del que les hablaba.

Gotas de sangre judías. Raudales de gotas de sangre judía.


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