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Mis primeros articulos

 

 

ELD IN GATIES

(De Josué a la actualidad)

 

Por Mario Linovesky

 

A menudo ajetreo se vieron sometidos Josué y sus huestes antes de poder vulnerar las defensas de la antiquísima ciudad de Jericó, paso estratégico para entrar a la tierra de Canaán, territorio que Dios les había concedido para siempre “algún” tiempo atrás. Eso aconteció apenas terminada la famosa y fatigante caminata que se extendió a lo largo de unos 40 años después de escapar de Egipto, cuando tuvieron que rodear la ciudad y derribar sus murallas a soplos de “shofar”, ya que las mismas se mostraban inexpugnables a cualquier otro tipo de embate.

Además y como necesitaban de la luz diurna, aprovechando que todavía faltaban algunos siglos para que naciese Copérnico, se dieron a la tarea de, rezos mediante, implorar al Creador para que detuviese el desplazamiento del sol; cosa a la que Dios accedió misericordiosa y gustosamente, dejándolo paralizado en medio del firmamento. Aunque de cualquier modo, se supone, tampoco les hubiese negado, rogativas mediante, frenar la rotación de La Tierra, en caso de haber vivido entonces el descubridor del heliocentrismo. Pero de una manera u otra los liberados hebreos lograron su objetivo a fuerza de tozudez, consiguiendo ingresar en la añeja ciudad y luego a la tierra prometida.

Entre 2500 y 3000 años después, día más, día menos, sus lejanísimos descendientes, ya asentados definitivamente en esos territorios, se vieron empujados a repetir el operativo. Pero ahora, vean lo que es la tecnología, no precisaron del shofar y menos aún les hizo falta desestabilizar la armonía planetaria; porque contaban con los modernos “bulldozers”, esas máquinas que derriban con pasmosa facilidad y en un mínimo de tiempo, ya sea murallas, paredes, tabiques, o cualquier otra cosa que se les ponga por delante.

Su objetivo al asaltar la cárcel de Jericó, puesto que de ese sitio puntual se trataba, era intercambiar algunas palabras con un tal Ajmed Sadat, que se encontraba allí detenido. ¿Quién es ese Ajmed?. Ajmed es un prominente luchador, activista, militante y otros cuantos apelativos de parecido tenor, según la terminología de los medios de comunicación occidentales, que abrazó “valerosamente” la causa de la liberación de su pueblo, el palestino. Un pueblo bien flamante en la historia, porque hasta los años 60 era otra cosa bastante diferente y estaba compuesto por gente de los orígenes más diversos. Que advirtió su pertenencia a esa tierra recién cuando los judíos, sus legítimos herederos, secaron sus muchos pantanos, edificaron ciudades y crearon riqueza a través de todo un siglo de duro trajinar. Fue entonces cuando ese pueblo casi sin uso notó cuanto amaba el lugar y lo reclamó para sí.

Ajmed es uno de sus dirigentes más emblemáticos, aunque quizá endilgarle semejante tilde resulte un tanto exagerado. El de dirigente, no el de emblemático. Porque más vale se trata de un raro perito en determinado arte militar, reclutador de “milicianos”, a los que manda al asalto mientras él permanece escondido en la retaguardia. En una osada estrategia, impar por otro lado, que evita que sus “bravíos guerreros” emprendan cualquier tipo de combate de frente con los soldados israelíes, que son malos en serio. En lugar de ello, eligió un camino menos riesgoso y más fecundo según la visión militar árabe- musulmana-extremista, asesinar por la espalda a ancianos, mujeres y niños, en el momento y sitio menos pensado. Un método además único y letal, que los palestinos ultras vienen usando desde que dejaron de ser advenedizos en “tierra santa” y por obra y gracia de esa Europa que se está disgregando a grandes pasos, se convirtieron en una nación con todos sus beneficios y aparentemente sin ninguna obligación.

Entre las hazañas de Ajmed, a más de las mencionadas, se cuenta el haber ordenado el asesinato de un Ministro israelí. Razón por la cual se encontraba detenido en la cárcel de Jericó, en base a un acuerdo hecho entre el Estado Hebreo y la ANP (Autoridad Nacional Palestina). Acuerdo que esta última, tras la asunción de la banda criminal Hamás a su conducción estaba a punto de traicionar, liberando al malhechor de marras. Sin considerar siquiera que Israel hace rato que perdió el humor como para soportar semejantes cosas, razón por la cual persistieron en su intento. E Israel entonces hizo lo que tenía que hacer, asaltar la cárcel y capturar al bandido.

Lo que no evaluaron los militares judíos, fue que el tal Ajmed no se amedrentaría ante el asalto y reaccionaría de un modo tan excepcionalmente valeroso; aunque si escucharon sus gritos desde el interior del establecimiento: -La única manera en que me sacarán de aquí, - los retaba el luchador- será muerto . Para horas después de estar asediándolo y al ver que se entregaba mansamente y sin chistar, darse cuenta que habían sido objeto de una simple broma, propia del humor de tan singular guerrero. Y también comprobaron, ya que estaban, que el hombre no tenía entre sus planes el convertirse en shahid (mártir). Porque esa actitud no resultaba propia a un dirigente de tanto nivel, sino que estaba reservada para los infelices e ignorantes muchachones que él comanda y adoctrina. Entonces hicieron un cuadro de situación y dedujeron que el canalla, además y como buen integrista, resultaría ser también un iluminado y por tal tendría acceso directo a las esferas celestiales, desde las cuales le habrían comunicado que se había agotado el stock de vírgenes y que no sabían para que fecha lo iban a reponer. Entonces, seguramente pensaron los hombres de Tzahal, fue cuando el valentón se habría persuadido a sí mismo y tratando de que no lo escuchase Alá, el misericordioso y compasivo, se habría dicho: ¿para qué ir allá, si tanta falta hago acá?. Y con eso sólo, bastante convincente por cierto, dio por terminada la enervante cuestión y se entregó sin decir esta boca es mía.

Mi abuelo (zeide) llamaba a tales sujetos: “eld in gaties” (héroe en calzoncillos) y razón no le faltaba para etiquetarlos de ese modo. Porque tal dicho deriva de concienzudos estudios en los que interviene la sicología de los comportamientos (cosa que los viejos judíos por supuesto ignoraban citándolo sólo por instinto) y cuya conclusión era que el hombre, cuando lo atrapan en calzoncillos, tiende a perder todo su equilibrio emocional y combativo. El sentido del ridículo en semejante situación se torna a tal punto humillante, que prepondera en la actuación posterior de cualquier individuo, sea éste cobarde o valiente. Pero mayormente se refiere al fanfarrón que amenaza con graves puniciones, y cuando debe jugarse se echa atrás para evitar represalias y/o castigos.

Y con ésto, la traición a lo pactado por parte de la ANP y la bravuconada posterior e inconclusa del bribón, finaliza este capítulo, a grupas de su innoble capitulación. ¿Finaliza? Para la mayoría de la gente sí, aunque siempre quede por ahí algún borracho lidiando con su resaca. Por caso el comunista bien trajeado, mejor comido y de vida fastuosa apellidado Llamazares (o algunos de sus acólitos, ésto no está claro, aunque sí que actúan con su imprescindible venia), que acusa/n a los gritos a Israel de haber empleado el “terrorismo de estado” para capturar al sabandija Sadat, además de criminal también legislador del flamante gobierno palestino. Llamazares, ¿les suena?, ¡claro que sí! Si no es otro Llamazares que ese admirador de la fenecida Unión Soviética, que jamás abrió la boca para denunciar los miles o cientos de miles de asesinatos que cometió la KGB de su devoción; un verdadero “terrorismo de estado” el antedicho cometido contra sus propios ciudadanos por parte de la policía secreta moscovita, (ésto para que se dé por enterado el cabrón ibérico citado) y de la cual uno de sus últimos jefes fue el actual presidente ruso Vladimir Putin. El mismo Putin que ahora trata de suavizar la imagen de los iraníes, cuyo mandamás amenaza con hacer desaparecer definitivamente a Israel de la faz de la Tierra, proponiéndoles enriquecer uranio en Rusia para que ellos puedan armar su bomba nuclear tan apetecida tras bambalinas y de tal modo evitar que el Consejo de Seguridad de la ONU los sancione como se debe.

Y aquí doy por terminada esta cháchara porque estoy entrando en el terreno de las digresiones, y en un cuento de nunca acabar. Con un humilde razonamiento: “cuantas cosas locas pasaron en este mundo, desde las épocas de Josué a la actualidad”.

 

 

 

 

 

 


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