(o la aplicación práctica del Método Pastega)
por Mario Linovesky
Si necesitásemos sujetos profesionalmente incompetentes y de la más baja estofa para algo, no nos costaría mucho encontrarlos y en la cantidad que nos viniese en gana. Por ejemplo en las redacciones de los grandes diarios escritos en lengua castellana (desde ya que con excepciones) y sobre todo en los españoles. A partir de sus directivos más encumbrados, pasando por redactores, columnistas y también correctores cuando los hay, pareciera que los que tienen a cargo editar periódicos tales como El Mundo, El País, La Vanguardia y otros muchos de la península ibérica, ostentan en grado superlativo una manifiesta incapacidad y/o mala intencionalidad informativa. Por cierto que no son los únicos, cruzando el charco y de los que yo conozco, también se estacionan en ese sitial honorífico cronistas y escribas de rotativos como Clarín y La Nación de Argentina, El Día de Uruguay y algunos otros muchos, que de mi retentiva ahora se avientan. Tampoco, claro está, eluden tal podio los lenguaraces de ciertas estaciones de radio y TV, a las que, por razones de espacio, me veo imposibilitado de señalar debidamente.
Según lo expresado anteriormente, desde luego que no es sólo la mentada incapacidad profesional lo que distingue a quienes publican los susodichos medios; también está su palpable mala intención de por medio. Ésto porque a veces, cuando ponen atención y buena voluntad en lo que hacen, hay noticias que son correctamente tratadas; si no en su redacción y en el cuidado del idioma, al menos con una cierta y loable imparcialidad.
Así y todo, existe un caso donde los que elaboran los nombrados diarios invariablemente se pasan de la raya, trastocando la información o directamente inventándola, para acomodarla a sus dudosos manejos. Y eso ocurre cuando las crónicas que publican se refieren al Medio Oriente y, más concretamente, a Israel. Aquí, según podemos constatar con una mera lectura, el paso de la información a la desinformación es totalmente descuidado y carente de tapujos. Empezando por el cambio de nombres, e inclusive de situaciones geográficas o traducciones idiomáticas, todo lo importante se les escapa o lo dejan escapar a propósito. Rafiaj , por citar un caso, es una localidad árabe palestina situada en el confín de la Franja de Gaza, donde ésta hace frontera con la península del Sinaí, territorio devuelto por Israel a Egipto al firmar los acuerdos de paz. Por ese límite los terroristas contrabandean misiles y otros armamentos con los que luego atacan a poblaciones israelíes, lo que promovió el escarmiento del país atacado, ampliando, en una reciente acción militar, lo que conocemos como Corredor Filadelfia. Una operación de justicia defensiva que los países árabes quisieron hacer aparecer como infundada y por tal presionaron a la prensa mundial claramente pro islamista para que falsease la información. Allí es cuando empezó a mencionarse repetidamente a Rafiaj. Pero, en nuestro caso, por tratarse de diarios escritos en español y como el nombre original del lugar es árabe, deberían, por respeto a su propia lengua y cultura, escribirlo en fonética; o sea, sencillamente: Rafiaj. Sin embargo y dado que informar correctamente les importa un bledo, comenzaron, así al descuido, a citarlo tal como lo hacen los medios norteamericanos y británicos, quienes normalmente sí usan su propia prosodia. Y entonces el fácilmente pronunciable Rafiaj pasó a llamarse Rafah (que en inglés, vaya a saber porqué, se lee Rafiaj) para luego, como la hache la reputaron de inútil, rebautizarlo Rafa, terminando en última instancia por colocarle un brutal acento agudo y conseguir así su actual denominación, made in diarios en lengua castellana: “Rafá” . No se trata sin embargo del único supino error en este destrato periodístico, porque otro tanto ocurre con el nombre propio de la banda terrorista palestino-libanesa “Jizbalá” (traducido: Partido de Dios, aunque seguramente Él no lo ha autorizado) , a la que los medios en lengua inglesa para aludirla escriben Hezboláh, pero leen como se debe. Sería harto ilusorio pensar que con este solo cambio, los notables artificieros de la lengua cervantina que escriben en los diarios habrían de terminar su práctica de transformar la verdad en deposiciones ventrales. De ningún modo, luego y tal como nos tienen acostumbrados, al Hezboláh anglo capitalista le infirieron otra transformación más, y lo convirtieron (metiéndole una u en cambio de la o y una doble ele en lugar de la simple), en: Hezbulláh... y ésto porque sí, o sea, porque se les dio la gana. Por supuesto que con ésto no terminó la cosa, dado que un locutor de una radio argentina allegada a estos grandes medios, adscrito también al transformismo calificativo, se animó a vocear su propia versión rioplatense de la mencionada palabreja árabe, pero ignorando la hache inicial que en inglés se lee jota; y entonces, el original Jizbalá, terminó convirtiéndose en: ¡¡¡Esbuyá!!!. Cosa de locos ¿verdad?
Con respecto a la información propiamente dicha, usaré de ejemplo un artículo publicado por Clarín (de Gustavo Sierra, su corresponsal en Oriente Medio) , mellizo calcado por donde se lo busque (el artículo, no Sierra) de otros salidos en el resto de los medios antes nombrados, u oídos por las radios, o vistos en la TV. En este caso el cronista desarrolla un reportaje hecho a ciudadanos israelíes, en el cual sugiere, o trata de dar a entender, el miedo que estos israelíes sienten a las para él justas represalias palestinas, resultado de la política de ajusticiamientos selectivos llevados a cabo por el gobierno de Sharón. Pero no es el simple relato del muchachito Sierra (es su derecho escribir como se le antoje) lo que en realidad molesta al lector avisado, sino ciertas traducciones que hace del hebreo al castellano. Que, aunque él lo niegue, dejan traslucir su verdadera motivación y la manera de cómo se informa,... trampeando. En tres oportunidades apunta la palabra hebrea “mejavel” (a mis oídos siempre sonó “mejabel”, con be larga, aunque puedo estar equivocado) y tras cartón la traduce. En la primera mención aclara: “mejavel”= militante, en la segunda, “mejavel”= kamikaze, en la tercera, “mejavel”= combatiente palestino. En ninguna de ellas, por supuesto, pone el verdadero significado de “mejavel” o “mejabel”, que, por más vueltas que se quiera darle, es uno solo: TERRORISTA. Que Ben Iehuda lo perdone, así como no tendrían que perdonarlo los miles de lectores de los cuales se burla falseándoles la información.
Se me dirá que tales bloopers, o gazapos como les dicen otros, o deslices lingüísticos como los llaman algunos otros más, carecen de importancia. Lo cual, ciertamente, no deja de tener un fondo de verdad. Aunque... si una cosa simple como un nombre propio la escriben tan cambiada, o para la traducción de una mera palabra no citan su legítimo equivalente, sino otros que nada tienen que ver con ella, ¿quién me da garantías de que el resto de la información es veraz?.
A otro asunto (que sin embargo es el mismo) , en el subtítulo mencioné: Aplicación práctica de Método Pastega. Seguramente, queridos lectores, querrán enterarse Uds. de que demonios se trata. Pues se lo explico: un amigo mío, estudiante de derecho, aunque asegurar que estudiaba pueda resultar una exageración, por eso mismo pergeñó el referido método para zafar de las preguntas comprometidas que le hacían sus profesores. Especulando que éstos tampoco sabían demasiado de las materias que oportunamente trataban, respondía a sus inquisiciones poniendo en boca de un hipotético doctor, o diputado, o profesor, o lo que en ese momento se le ocurría, al que invariablemente apellidaba Pastega, las respuestas más desenfadadas e insólitas. Y, aunque cueste creerlo, la mayoría de las veces conseguía aprobar.
Aun cuando parezca extravagante, con ligeros cambios, los diarios, radios y emisoras de TV hacen exactamente lo mismo. En lugar de informarse e informar, que no es o no debiera ser otra su misión, aplican, claro que sin saberlo, el Método Pastega inventado por mi amigo. Comportamiento mediante el cual, sin duda, tratan de imbéciles a su desdichadamente ingente cantidad de lectores.
Sería por ello interesante poder de reírse de la ineficiencia o mala voluntad de estos medios periodísticos a los que mencionamos anteriormente, tal como hacen los niños en la escuela para burlarse de un compañerito cuando le ponen el bonete de burro. Pero... en este caso, el jolgorio nos está vedado. Porque la desinformación descripta más arriba, si bien ridícula, no obstante influye en el ánimo de muchos más lectores que los que imaginamos y da ínfulas al terrorismo para cometer los más deleznables y atroces actos. Y en ellos mueren personas que, por supuesto, son inocentes. Siendo que además, en las inevitables represalias, mueren otras personas también inocentes, pertenecientes al bando contrario. Y ésto, sea quien sea el que muere, no es cosa para tomar a risa.
* parte del tango que dice: “Ya no sos más mi Margarita, ahora, te dicen... Margot”.
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