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Mis primeros articulos

 

TE CUENTO, IANKL...

Por Mario Linovesky

 

Era la media mañana de un día laborable de no hace mucho, cuando frente a mi domicilio estacionó un desvencijado automóvil, el cual, por ciertos detalles que lo tornaban atípico, promovió mi curiosidad. En mi posterior e inevitable pesquisa, lo primero que vi salir de dicho vehículo fue una arcaica bota imitación cuero de cocodrilo, de esas que hoy ya no usan las personas decentes; luego si lo hizo el resto del hombre, tan turbador en su aspecto general como lo era con su calzado. En el asiento aledaño al del tan raro conductor, quedó sentada su acompañanta. Los atuendos del increíble personaje, por lo anacrónicos y aparatosos, me señalaban, casi sin dejar lugar a dudas, a alguien de una muy turbia moralidad; cosa que yo por otro lado, no tardaría mucho en comprobar. Una vez afuera del auto y erguido, el individuo de marras dejó semi abierta la portezuela como para no encontrar trabas en caso de tener que emprender una pronta retirada, cruzó la calle con largas zancadas y entró en la ferretería de la acera de enfrente. Yo, olfateando que ocurriría algo especial, quedé esperando por el desenlace. Apenas cinco minutos después el tipo volvió apurando el paso, como si tuviese al mismísimo diablo pisándole los talones. Cuando se aprestaba a ingresar al carro, su compinche femenino, sin poder ocultar la ansiedad, lo abordó con la para mí casi lógica pregunta: -¿Pudiste “engancharlo”? (término que por estos lares significa: “estafarlo”). –Imposible- le contestó el malhechor a viva voz- éste, es “peor” que los “judíos”. Acto seguido arrancó el motor y se alejó velozmente haciendo chirriar las ruedas, seguramente en procura de alguien “mejor” que los judíos para poderlo embaucar.

Créeme Iankl, que quedé surumbático por lo que acababa de presenciar y oír. Y encima, no terminó allí la cosa, ya que el ferretero, que conocía sobre mi persona y confesión, desde la otra vereda me miraba y sonreía sobrador, en parte contento por haber podido eludir el engaño y en parte porque él tampoco sentía simpatía por aquellos que como yo, “sin participar” en ese preciso evento, habían sido blanco del agravio que profiriera el malviviente recién fugado. Entonces el judío que cargo conmigo las 24 horas de todos los días se rebeló ante la situación, lo que llevó a que le hiciese al comerciante vecino un gesto poco sociable, mezcla de amenaza e insulto. Tras ello reingresé a mi hogar y, como me ocurre siempre en casos parecidos, mi rebelión té caliente de por medio se fue disipando poco a poco, hasta desaparecer por completo.

Errores como el mío Iankl, esos de olvidar prontamente las continuas afrentas a que somos sometidos, cometemos los judíos en todo momento y lugar. Y a la larga, ésto se paga. Quedó demostrado en el medioevo, en la Rusia zarista y en la Alemania de los años 30. Y también antes y después de aquellas nefastas épocas. O sea, siempre.

Y en los tiempos presentes, lamentablemente, las cosas no han cambiado. El especial ensañamiento contra los profesantes de la fe mosaica, que aparentemente había quedado adormilado o circunscrito a algunas minorías luego de la Shoá, hoy ha renacido con no poca ferocidad y amenaza expandirse en todas direcciones. Visto lo cual los judíos deberíamos ir consolidando de una buena vez por todas nuestras defensas, antes que todo esto se desmadre.

Pero si está todo tranquilo por aquí, lo que me contaste del patán con botas es un hecho diario y trivial, contra el que no se puede o no conviene levantar polvareda.- me contestó Iankl.

Para vuestra información, Iankl en realidad no se llama Iankl, sino que su verdadero nombre es Jacobo; pero él no lo usa por sonar demasiado judío. Prefiere utilizar su segundo nombre, José, que aparece como mucho más neutral. Nosotros le decimos Iankl justamente por eso, porque es un judío renegado que busca ocultar su procedencia, aunque no deje de concurrir a la sinagoga para las grandes fiestas. Por respetar la memoria de sus padres, se justifica él cuando se lo señalamos. La cuestión es que Iankl heredó una considerable fortuna y tuvo la habilidad para conservarla e incluso incrementarla. Por ende, lleva una vida muy cómoda, a la que por nada renunciaría. Como hicieron no pocos judíos alemanes, cuando ya Hitler era canciller del Reich. Además es Ingeniero Civil y profesor en la Universidad donde se recibió. Y fue justamente en ésa, en su época de educando en la tal casa de altos estudios, cuando, encandilado por una agraciada jovencita entre otras cosas militante fanática de izquierdas, se puso también él a militar. Su padre, judío cabal y observante, juraba que: “me ot im dortn araingueshtipt” (en idish, algo así como que lo metieron en eso... engañado).

Ahora bien, si hacemos la sumatoria de que era un hombre rico, profesional exitoso y que fue militante de izquierdas no sé si animarme hoy a llamarlas “fascistas”, el resultado de esa mezcla será, invariablemente y si alguien no está de acuerdo conmigo que me lo haga saber: “un progre”... con toda la barba. Porque un “progre”, aunque ninguno de ellos lo admita, no es otra cosa que un burgués con culpa, que trata de aparecer, hipócritamente, como simpatizante de lo popular. De cualquier modo el mero hecho de serlo no es gratuito, puesto que además hay que demostrarlo en todo momento. E Iankl, habiendo optado por esa si que culposa ideología, lo demuestra siendo, lo que se dice: un tipo “políticamente correcto”, según se ha puesto de moda llamarlos en estos tiempos. Y como esta última actitud implica el denostar como y cuando se puede al Estado de Israel, por el que la “progresía” siente una especial animadversión, de paso, como se trata del país de los judíos, tampoco está bien visto reconocerse como tal.

Claro que a nosotros, que lo frecuentamos desde siempre, no nos puede negar sus orígenes. Entonces, al verse impedido de abjurar totalmente de su judaísmo, trata de minimizar las responsabilidades que el mismo conlleva. Y la mejor manera de hacerlo que él encontró, es negar la judeofobia circundante y cada día más manifiesta. Yo por mi lado trato, cada vez que puedo, de convencerlo que se maneja erróneamente, aunque en lo más íntimo de mi ser tengo la certeza de que se trata de un empeño inútil. De cualquier manera me he dado a esa tarea, y, como previamente él me había invitado a que lo acompañara hasta la Universidad, en el trayecto voy gastando mi saliva a fin de hacer a fin de hacer que comprenda que el antisemitismo en el mundo está creciendo y de los peligros que los judíos estamos a punto de afrontar, allí donde nos encontremos. No para asustarlo, pero si para alertarlo, no resulte que sea cogido por sorpresa. Porque si bien no es novedad la presencia del antisemitismo en países como Alemania, Francia, Inglaterra, España, Bélgica y otros tantos donde su ponzoña está incrustada desde hace siglos, ya también empieza a tomar relieve en sitios antes levemente tolerantes con los judíos como lo es el caso de la democrática Suecia, de donde me llegaron noticias más que alarmantes sobre casos de judeofobia. Y por tal motivo, mientras se señala a Israel como excusa, es que en el galut estamos todos los judíos en la mira. Por ser judíos y nada más que por eso. Pocas dudas caben que el Islam, hoy día principal promotor de dicha judeofobia, está en franca expansión. Con la inocultable pretensión de gobernar a y en todo el planeta, implementando sus creencias y costumbres como único modo de vida. E ignorar que en esta avanzada islámica los judíos, dada la vieja cuenta que mantenemos con Mahoma, seremos el blanco primigenio del invasor de occidente, sería imitar la conducta pueril que, como es de fama, distingue al avestruz. El ejemplo palpable lo tenemos con la explosión de la Amia, cuando los fundamentalistas islámicos cruzaron un Océano entero y varios continentes, para asestar su golpe mortal. No sobre un objetivo israelí, como se quiso convencer a la gente, sino sobre uno fundamentalmente JUDIO y por el solo hecho de serlo. Además, le decía a Iankl y esto si que es grave, tenemos la penetración cultural islámica. Por caso la del publicista estrella del terrorismo islámico Tarik Ramadán, invitado por el gobierno español a integrar un importante simposio. O la del ¿embajador? palestino en Argentina Suhail Hackel lanzando diatribas en los medios de comunicación, donde de tanto en tanto entremezcla su fobia anti israelí con los “judíos”, sin otro añadido. O...

Mi pretensión de continuar detallándole a Iankl hechos comprobables sobre la directa ligazón del Islam expansionista y la más rancia judeofobia, que se vienen dando a lo largo y ancho del mundo, se vio abruptamente interrumpida. Habíamos llegado a la Universidad. Antes de apearse del automóvil, mi anfitrión y amigo Jacobo, al que llamo Iankl buscando con ello incomodarlo en su placenterísimo limbo financiero y social, abrió la boca que había mantenido cerrada durante todo el viaje y me espetó con bronca: -Ya hablaste bastantes tonterías y espero que en el viaje de vuelta cambies de repertorio, porque me cansé de tu pesada cantinela. Sobre todo de esa soberana zoncera que llamas “penetración cultural islámica”, en la cual solamente los muy reaccionarios pueden creer.

Quedé sentado en el coche de Iankl a la espera de su regreso y pensando en lo vanos que habían resultado mis esfuerzos por posicionarlo debidamente en una realidad que él se niega tozudamente a aceptar. También debo admitir que sus últimas palabras, me pusieron en duda de si sería cierto eso de la penetración cultural islámica, de la que últimamente tanto se habla. Y mientras elucubraba al respecto encerrado en mí mismo, mis ojos se enfocaron, sin ninguna animosidad, en un conjunto de estudiantes que conversaban en el playón de estacionamiento. Serían siete u ocho los jóvenes, que en nada se diferenciaban de cualquier otro grupo de los de su edad. Salvo por el detalle, bastante significativo para quien está perennemente en alerta, de que tres de ellos lucían, quisiera creer que por seguir alguna moda y nada más que por eso, una paradigmática “keffiyah” * enroscada a su cuello.

*Keffiyah: el clásico pañuelo árabe.

 

 

 

 

 


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