Si bien no fue el único motivo o excusa para llevar a cabo el ataque, sirvió sí como detonante para justificarlo. Ocurrió en 1939 cuando el gobierno de Hitler fraguó un asalto de fuerzas militares disfrazadas con uniformes polacos a una casilla fronteriza germana, falsa ofensiva que no obstante su poca monta le sirvió de pretexto para desatar la peor de las guerras que llegó a conocer la humanidad, con millones de muertos pertenecientes a todos los bandos en pugna. En aquellos tiempos, el simple traspaso de una frontera, aun como en este caso, inventado, se consideraba una acción bélica inadmisible y ameritaba la consecuente represión, cosa que finalmente aconteció apenas el aparato propagandístico nazi hubo publicitado el mismo. Por el contrario hace unos pocos días, a finales de junio de 2006, una banda de criminales palestinos ingresó desde Gaza, pero no ficticia sino materialmente en territorio israelí, asesinó a dos soldados que estaban de guardia e hirió y secuestró a un tercero, al que hasta el día de hoy mantiene en su poder. Además y simultáneamente dichos canallas (“militantes”, según una jerga impuesta en determinado periodismo) secuestraron también a un jovencito de 18 años en Cisjordania, al que asesinaron de un tiro en la cabeza y tiraron en un baldío. Israel, tal como resultará fácil suponer, no podía permanecer de brazos cruzados ante tamaña agresión y por ello se dio a la tarea de recuperar a su ciudadano arrebatado y cobrarse los asesinatos previos, invadiendo con blindados y aviones al país atacante. Corrijo, proyecto de “país”, que sólo llegará a serlo verdaderamente luego que se firmen los ineludibles tratados de paz entre las partes, del reconocimiento palestino a la existencia del Estado de Israel y el desarme de las gavillas de asesinos que pululan en ese territorio árabe. Y ésto debió haber sido todo: la resolución por medio de las armas del litigio desatado por una de las partes con un ataque artero, y la reacción de la otra, ultrajada por un invasor extraño, en su propio suelo. Más aún cuando desde el norte de la Franja de Gaza, sitio desalojado por propia voluntad por Israel poniendo fin a una ocupación de decenas de años, en agradecimiento a tan elocuente gesto de paz las ingobernables células terroristas palestinas desataron, luego de la conocida retirada, una lluvia de misiles caseros sobre sus ciudades y granjas.
Pero claro, quien reacciona aun cuando se trata de una clara operación defensiva es Israel, y eso no está permitido por la comunidad internacional, sojuzgada económicamente por el poder petrolero islámico. Un chantaje basado en las necesidades energéticas de Occidente, que la perfidia árabe aplicó sobre esa parte del planeta (Europa y América principalmente) sólo con amenazas de desabastecerlo del preciado combustible y corriendo así la menor cantidad de riesgos posibles. Y para ello armó paralelamente una campaña donde sin dudas predomina la potestad del dinero, que en especial la prensa del llamado “mundo libre” aceptó gustosa llevar a cabo, para engrosar sus ya obesos patrimonios. De modo tan eficaz, que hoy son ciertos (y muchos) periódicos, radios y TV quienes tienen contra las cuerdas a Israel, sin la necesidad de que los árabes arriesguen más que algunos pocos sobrantes de sus inmensas fortunas.
Confieso que sólo puedo leer y evaluar lo escrito y dicho en castellano, ya que ignoro otras lenguas, pero me resulta suficiente para establecer una tendencia. Y hasta me permitiré disentir en algunas cosillas con la mismísima Pilar Rahola, a la que nadie ignora que admiro profundamente, ya que ella toma con cierta seriedad a un periodismo que yo miro con repulsa. Ayer me llegó un pequeño artículo de nuestra amiga catalana, donde resalta la inequidad en el tratamiento mediático del conflicto meso-oriental, en el cual y de la mano de un maniqueísmo totalmente impropio se adosa el rol de la maldad exclusivamente al accionar de los judíos y el de víctimas inocentes y bondadosas a aquellos situados en el campo árabe, pese a que los mismos bombardean incesantemente terreno israelí, sin importarles donde esos misiles hagan impacto. Esto, además de no ser para nada equitativo, tiene connotaciones mucho más graves. Basta revisar la prensa española, para comprobar la falta de ecuanimidad mencionada en el trato de esta confrontación, pero en la que “además” campea un especial ensañamiento contra todo lo que huela a judaísmo y que constituye el “quid” de la cuestión. Si bien estoy de acuerdo con Pilar que la “verdad” es un espejo roto y que Israel tiene en su poder muchos fragmentos del mismo, resulta imperioso resaltar un detalle y es dejar bien en claro “quién” fue el que rompió dicho espejo. Una rotura ésta que para sorpresa de nadie se produjo en 1948 cuando los árabes (y no los palestinos, que fueron inventados recién en 1967) desconocieron el derecho a la existencia del hogar nacional judío y la partición de un terreno que desde 4000 años atrás pertenecía a dicho pueblo, cediéndole parte de esa heredad a una runfla de sirios, egipcios y libaneses que por conveniencias políticas pasarían a ser una incierta y “milenaria nación palestina”, no registrada en ninguna tradición o libro existente en la zona ni en el mundo.
De todos modos la prensa española (buena parte de ella) se encargó de ensuciar unilateralmente el accionar israelí y colocar en el sitial de víctima al agresor. Para ello no tuvo reparos en utilizar cualquier recurso, aun aquellos rayanos en el ridículo, a saber:
ABC se llevó las palmas, publicando, producto de la confundida pluma de un patán que firma Juan Cierco, un relato en forma novelada, donde el pretendido escritor fabrica historias, mintiendo más y mejor. Decididamente pésimo en la construcción gramatical, va confundiendo al lector incauto con una trama vista exclusivamente desde el lado palestino, al que trata con una indulgencia digna de mejores causas. Y llevado por el entusiasmo de que un medio que se dice serio le publique esa basura que escribe, no encuentra inconvenientes en creerse el mismísimo John Le Carré, para, al referirse a los delincuentes de Jamás, endilgarles el mote de “topos” (porque están escondidos en cuevas para evitar que Israel los cace y haga pagar sus muchos crímenes) parangonándolos así con los míticos espías surgidos de la creatividad del escritor inglés, en vez de motejarlos como las “ratas” innobles que en realidad son. Estas historietas las firma Juan Cierco, aunque a veces la mentira se le transforma en tan abrumadora, que tiene que escribir alguna contrapartida, justificando la furia israelí. Claro, en este caso deja de firmar con su nombre y apellido y estampa un casi anónimo J.C., para enseguida volver a las andadas y hacer apología del crimen, mientras expresa no demasiado subliminalmente su admiración por el accionar cobarde de sus admirados “militantes”, en un artículo titulado: “Así se disparan los Kassam”. Sin que los lectores que por miles lo siguen, se hagan siquiera la pregunta de “cómo” los terroristas le permiten participar de veedor en operaciones que se suponen son secretas y de que manera tiene acceso a las covachas de tales asesinos.
ABC no es el único. La Vanguardia por ejemplo, utilizando la misma terminología de militantes, nunca de terroristas, faltaría más, informa con igual falsedad los hechos que vienen ocurriendo, para al mismo tiempo publicar una encuesta titulada ¿Quién tiene razón en Medio Oriente?. No aclaran desde luego razón de qué, pero eso carece de importancia, porque la motivación del diario evidentemente es confundir. Y lo consiguen, al punto que millón y pico de incautos votaron, sin saber por qué motivo, ni por quién lo estaban haciendo.
Del Diario El Mundo, más vale no hablar, porque esos están volcados desde siempre a favor de los árabes.
Y aquí la cereza del postre. Como les resulta imperioso hablar mal de los judíos sea del modo que sea, el Diario El País redacta una frase que denota que hacer el ridículo les resulta indiferente. Dice la misma: un avión israelí, lanzó un misil “no tripulado” sobre una aldea palestina.
Quienes no crean lo antedicho, pues no tienen más que leer por Internet los diarios mencionados y comprobarán su veracidad, palabra por palabra.
Entretanto, los árabes y no sólo los palestinos, exigen la ayuda internacional para detener el “genocidio” de… 40 personas que llevó a cabo el ejército israelí, sin mencionar que la mayoría eran “asesinatos no del todo selectivos” como gusta llamarlos Juan Cierco, haciendo uso de un eufemismo que considera apropiado a fin de eludir mencionarlos como criminales terroristas que mataron indiscriminadamente a civiles, mayormente ancianos, mujeres y niños en suelo israelí y para cuya captura o eliminación se montó el actual operativo militar. Paz y sólo paz, claman entretanto los musulmanes en cualquier sitio (ésto mientras aplauden a los suicidas que se matan asesinando a civiles) y para lograrla, se aglomeran como sucedió en la Argentina frente a la Embajada Israelí, junto al grupo de izquierda-derecha Quebracho (no se sabe qué ni quiénes son, porque siempre van encapuchados) , quienes desde su aparición están involucrados en todos los hechos de extrema violencia que ocurren en este país sudamericano. ¿Paz?
Con todo, esperemos que esta ofensiva termine lo antes posible. Pero su final depende más de los palestinos que de los israelíes y lo pueden lograr inmediatamente. ¿Cómo?: devolviendo en buenas condiciones al soldado Guilat Shalit, cesando definitivamente de lanzar misiles sobre suelo israelí y sentándose a negociar una paz permanente y garantizada con su vecino. De no ser así, y como dice nuestra amiga Pilar aunque con mejores palabras que las mías, el mundo no tiene derecho a exigirle a Israel, ante los constantes ataques a que es sometido, de que no se mosquee y reaccione para salvaguardar la vida de sus ciudadanos.
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