copyright - asgraphic - alex segal - modiin - israel
Articulos nuevos

LA CULPA NO ES DEL CHANCHO...

Por Mario Linovesky

 

Lo que les cuento ocurrió cierto viernes en Israel, cuando, justo al sonar el pitido de las 13 en las radios, se produjo la clásica estampida de los obreros que dejaban sus lugares de trabajo; porque en pocas horas más entraba el Shabat y todos estaban sumamente apurados por llegar a sus casas, para prepararse a recibirlo. Salir de la fábrica no nos significó ninguna demora, por cuanto todo el trámite consistía en cambiarse de ropa, saludar y simplemente irse. Pero en el camino de salida del Parque Industrial de Rishón Letzión hasta la Autostrada, de una extensión de algo así como 4 kms., las dificultades comenzaron a incrementarse por cada pequeño tramo recorrido. Esta situación, que se repetía de viernes en viernes, la soportábamos con todo el estoicismo de que éramos capaces, en vista de que una vez superada la desazón por la larguísima pérdida de tiempo que el viaje nos insumiría, nos aguardaban la libertad y el ocio por el próximo día y medio, espacio en el que haríamos lo que nos viniese en gana. Yo era el que manejaba ese mediodía la camioneta doble cabina, en la que aparte viajaban otros cinco obreros residentes en Ashdod. Todos ellos con sus testas engalanadas con kipá, siendo la única cabeza que se hallaba descubierta, la mía. Ya llevábamos unos 10 minutos atascados en medio del bocinante tránsito, sin poder avanzar ni siquiera un metro y era la quinta detención de ese tipo desde que saliéramos al camino. Y todavía teníamos por delante más de 2 kms. de ruta atiborrados de autos y camiones, casi sin luz de separación entre uno y otro, de modo que las esperas se seguirían sucediendo sin solución de continuidad. A cada tanto, sin embargo, algún desesperado, además de vivillo, se adelantaba por la banquina de tierra, para recuperar aunque más no sea algo de tanto tiempo perdido. Esta actitud desaprensiva y atropelladora, por lógica, resultaba duramente recriminada por nosotros, observantes como éramos de la legislación “rutera” existente, con duros epítetos que se referían a la condición moral de la madre del, o de los aprovechadores.

De ese modo íbamos matando el tiempo, entre bromas e insultos a los afortunadamente muy pocos insociables que se nos adelantaban, mientras que nuestro trasero sufría el normal aplastamiento, debido a la prolongada hora y algo que llevábamos sentados sobre él. De pronto, advertimos que por la ya mencionada banquina, zona prohibida para avanzar, se desplazaba levantando polvareda un largo automóvil Mercedes Benz de lujo, con apariencia de limusina. Cuando nos pasó, se dio el mismo ceremonial de maldiciones a quienes viajaban a bordo del costosísimo carro, tal como ocurriera en las anteriores oportunidades. Con una salvedad, el único que los insultaba, con la vehemencia propia de un energúmeno, era yo. Y algo más ridículo aún, mientras lo hacía advertí que mis compañeros, que también habían sido burlados y bañados de polvillo, no se la tomaban con los del otro auto como lo habían hecho antes, sino que me insultaban directamente a mí; rematando todas sus diatribas hacia mi persona, con esta frase en hebreo: ¿Ma atá omer? ¡Em tzadikim! (¿qué cosas decís? ¡Ellos son “santos”!) . Demás está decir que en el otro coche, viajaban, vestidos de caftán negro, ensombrerados, con peiot y grosísimos anteojos, 7 rabinos, de nunca supe que tendencia, sector o casta.

Discúlpeseme este largo introito, que no sirve para otra cosa más que para resaltar un hecho común en Medinat Israel: la permisividad de gran parte de la ciudadanía a cualquier antojo o atropello de los profesionales de la religión. En no pocos casos, hasta encantamiento, hagan lo que hagan. Siendo que a medida que se van tolerando los excesos de ese tipo de gente, indefectiblemente habrá de llegarse a los extremos. En un primer momento, por caso, se admitió y sigue admitiendo todavía el tradicional trueque de favores que en política hacen los partidos religiosos, en afán de sacar ventajas de sus exiguos aunque decisorios votos en el Parlamento. Más luego se hizo la vista gorda ante la apropiación indebida de capitales públicos, acto real perpetrado por un ministro que además era rabino, a fin de destinarlos a sus Ieshivot. Y así como se toleró una y luego se admitió la otra, a los efectos de que esta gente no se encocore ni se pase de agresiva como tienen por costumbre, así se deja franca la puerta para permitirles hacer todo lo que les venga en gana. Y pasando por los desplantes de un Ovadia Ioseff y luego por los del Rebe de Lubavitch, inevitablemente habremos de llegar a tener, por obra y gracia de nuestra dejadez, un deleznable y ácido postre: la secta de los Naturei Karta (Centinelas del Templo) . Y esta cofradía liderada por un tal Isroel Weiss (bendita sea su madre,... lástima que no haya sido estéril) , cuyos componentes viven en el barrio ultraortodoxo de Mea Shearim en Jerusalem, hoy tiene a mal traer a los permisivos y además distraídos israelíes. Porque ¿qué es lo que buscan estos sujetos? Pues ni más ni menos que el desmantelamiento total del Estado de Israel, basados en cierta escritura del Tanaj que la mayoría de la gente no lee o desconoce, donde según ellos dice que los judíos no construirán su país usando la fuerza, que es preciso esperar la llegada del Mesías para que componga el mundo y otras estupideces por el estilo.

Ahora bien, si lo de ellos fuese solamente una mera ejercitación de sus lenguas, pues hasta se podrían ignorar sus exabruptos por cuanto los tales fanáticos creen ciertamente en lo que dicen y hacen. Después de todo, su pasaje por la vida no tiene demasiados matices; a ellos los parieron, los disfrazaron, les inculcaron una creencia y no conocieron otra cosa más que mirar hacia arriba y pedir que les den, en vez de trabajar y crear. El problema es que haciendo una excepción en su ocio normal estos hombres se volvieron de pronto gente de acción y por ende han actuado como lo hace ésta y siempre de acuerdo a sus fanáticas convicciones. ¿Y cómo?: aliándose con el enemigo, ese que manda chicos con bombas para explotarse en Israel y matar a nuestros chicos. Formando parte también de la OLP, besuqueándose con Arafat, Yassin, Rantissi y hoy con Haniye y los ayatolás de Irán (oh, Baltasar Gracián, ¿fuiste tú el que dijo: “cada uno muestra lo que es, en los amigos que tiene?) . Apoyando asimismo la iniciativa del nuevo Hitler islámico, el presidente persa Hajmadinejad, quien manifiesta sus intenciones de borrar a Israel del Mapa, inclusive matando a los árabes que anden por allí en la zona; primero que nada a los palestinos, cuya causa por liberarse ¿¿¿??? dice defender.

Lo curioso del caso, es que estas gentes (los Naturei Karta) viven en Jerusalem, salen al exterior para pedir la destrucción de Israel y vuelven lo más campantes, sin que nadie les diga nada. Y aquí es donde surge las pregunta crucial: ¿por qué se les permite conspirar libremente contra el país, cosa que se reitera con harta frecuencia, cuando en algunos casos simples muchachitos laicos, por manifestarse “objetores de conciencia” pero ofreciéndose a servir a su país de cualquier otro modo, son víctimas de pesados castigos?. Para estos individuos ¿no hay o no se puede votar una legislación especial que los reprima?. En Israel ¿no existe como en otros países, la figura de Traición a la Patria?. ¿O es que Israel tiene que seguir demostrando a los de afuera que es democrático a ultranza y acepta el disenso interno por más que ello le duela o afecte? ¿O peor aún, que no reaccione frente a esta mugre, para seguir guardando un pretendido respeto por las organizaciones religiosas y no molestar al “sensible” público creyente?

Sea por lo que fuere, no se puede seguir por este camino. Tener esa quinta columna mezclada dentro de la sociedad israelí, pero a diferencia de la del General Mola en Madrid exhibiendo sin pudor su aspiración de que se desintegre el país y que los gobiernen los árabes, viviendo los judíos como dhimmis, es algo inadmisible y que habría que arrancar de cuajo. Castigarlos con todo el rigor de la Ley, si es que existe alguna o si no votarla especialmente, como se hizo con la pena de muerte en el caso de Adolf Eichman. No se asusten, no pido que los maten, pero si que los encierren para que no puedan seguir con sus correrías. Como su única meta es rezar y estudiar los libros sagrados, pues cuidar que se cumplan sus anhelos, proporcionándoles una celda amplia y cómoda, avituallada con todos los libros que necesiten, en la que puedan cumplir con sus apetencias espirituales. Pero libres, en tanto persistan con su actitud, no pueden seguir. Porque después de todo, hagamos la suposición, si en nuestra propia casa estamos, por cualquier circunstancia, obligados a mantener unas cuantas hienas, que tonto sería dejarlas deambular libremente y así quedar al alcance de sus dientes. Y estos, tengámoslo en cuenta, son peores que aquellos deformes bichos manchados. Sin embargo, deberá partir del pueblo la exigencia de meterlos en un encierro, tal como se obra con los delincuentes comunes o de manera más rigurosa aún. Cosa difícil de llevar a la práctica, en tanto siga siendo el componente religioso de esta cuestión, el que permite que esa gente ande libre.

Parece mentira, tan inteligentes que nos consideramos los judíos y vea de que manera pueril le proporcionamos material gratis al departamento de propaganda del enemigo. Porque de no ser por el aprovechamiento publicitario que hacen los árabes del comportamiento irracional de esta gente, su presencia sería un hecho folclórico como tantos que hay y no habría nada de qué preocuparse. Pero lo que sus actitudes (de los Naturei) contribuyen a la causa de los descendientes de Ismael, de modo alguno lo podemos, ni debemos admitir. Tenemos por el contrario que recordar siempre aquella remanida frase: “La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer” y tener en cuenta que son muchos, demasiados, los cerdos que estamos nutriendo, usen caftán o keffiyah. Y fundamentalmente saber que es de nosotros de quien depende, aplicando estrictamente la justicia, el retacearles, a unos y a otros, tanto y tan buen alimento.

 

 

 

 


Hosted by www.Geocities.ws

1