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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LA CÓLERA MUSULMANA

Por Mario Linovesky

En 1985 Gabriel García Márquez publicó la novela “El Amor en los Tiempos del Cólera”, una “historia” que hurgaba en los vericuetos de ese tan noble, ponderado e indispensable sentimiento humano, pero que empezaba relatando la cruel anécdota del suicidio de un amigo. Este artículo por el contrario, pese a estar titulado de manera parecida aunque con una inevitable extensión, trata sobre la “historieta” que hoy vive la humanidad toda, totalmente careciente de amor y que le puede significar, si acaso no reacciona a tiempo, su suicidio colectivo. Ateniéndonos al principio de causalidad, sin duda que deberemos remontarnos al origen del hombre, el de las religiones o el de Darwin, lo mismo da, para encontrar los empieces de todo ésto. Sin embargo, es en los tiempos posmodernos cuando se ha acentuado y tomó visos de cosa real. ¿Sus basamentos?: el poder, el fanatismo religioso, la judeofobia, el miedo y la incredulidad de las masas. ¿Sus vehículos?: la avalancha de información de todo tipo, en la que verdad y mentira se entremezclan sin ton ni son en una macabra danza que despista a cualquiera, y la violencia indiscriminada y sin, aparentemente, un blanco prefijado.

Pongo a la consideración del lector dos ejemplos, entre muchísimos que tenemos a la mano: se comenzó a insistir que nunca se hizo el viaje a la Luna y que tampoco existió el genocidio del pueblo judío durante la época nazi; una comunidad la nombrada a la que aun así, sin haber existido dicha matanza según nos tratan de aleccionar, se le prepara una repetición corregida y aumentada pero sin campos de exterminio ni cámaras de gas, sino por medio de un mortífero artefacto nuclear. Del alunizaje se dice, cada vez con más frecuencia, que se trató de una filmación trucada, y de la Shoá e inspirado en el “negacionismo” (término éste remozado y devuelto a la palestra por el presidente de Irán), que fue una maniobra publicitaria arreglada por los judíos, a fin de justificar la presencia del Estado de Israel en tierra islámica. Burdos manejos estos del fundamentalismo islámico y de su séquito alquilado de SS's como veremos después, que no obstante se hacen a la luz del día y sin tapujos de ninguna especie.

La credibilidad en lo de Armstrong, Aldrin y Collins dejémosla a un lado, porque se trata de una epopeya científica y tecnológica que en poco afecta al discurrir de la especie humana en estos momentos de quiebre. No ocurre lo mismo con la negación de la Shoá. En este punto las cosas deben tomarse con extrema seriedad, porque su desplazamiento o minimización en la conciencia colectiva implica inevitablemente su repetición y pone en peligro en primer término la permanencia en esta vida de la totalidad de un pueblo y más tarde la de la humanidad en su conjunto. Además, ese negacionismo, conlleva una evidente provocación al mundo moderno, por lo descabellado e infame. Veamos un ejemplo: en mi paso ocasional por Frankfurt, en el mismísimo aeropuerto, pude ver el emplazamiento de un museo de recordación al Holocausto judío. Con esto sólo, los sucesivos gobiernos alemanes de posguerra reconocían, indubitablemente, la autoría de sus predecesores nazis en la consecución de la matanza que hoy el fundamentalismo musulmán, infantilmente además, trata de ocultar o ningunear. Como a confesión de parte, relevo de prueba, la actual actitud iraní y del integrismo mahometano, con su “congresito” en Teherán como ariete, grita claramente a los teutones su condición de cómplices en el armado de una fabulosa mentira. Y les hace saber de esta manera que no sólo los judíos están en su mira, sino que ellos también. Y por extensión sus vecinos y amigos, y todos aquellos que tengan el desparpajo de vivir en sociedades medianamente libres y democráticas.

Este planteo, que forma un peligroso cóctel donde se entremezclan como dijimos más arriba el poder, el fanatismo religioso, la judeofobia, el miedo y la incredulidad de la gente común, es el que actualmente nos tiene jaqueados. Y sin atisbos, aun cuando amenaza nuestra propia existencia, de que haya por parte de las futuras víctimas la intención de reaccionar preventivamente. Sus hacedores, aunque una importante porción de la mediática mundial los trata condescendientemente para evitar que se encocoren, provienen de otra civilización (si acaso les cabe el término de seres civilizados), y de ahí que se trate de un choque parcial de civilizaciones, aunque a algunos les duela reconocerlo. Convengamos por tal que no todo el Islam está involucrado en este avance contra nuestra forma de vida ni avala esa flagrante mentira con que intentan someternos, pero al mismo tiempo tenemos el hasta ahora insoluble problema de no poder distinguir entre sus fieles a los provocadores; salvo a los Ajmadinejad, ayatolás y compañía, que motorizan públicamente todo ésto. Y que provienen de y tienen otra visión de la existencia, donde predominan la misoginia, las teo y autocracias, los intereses clánicos, y una cantidad de modos de transcurrencia, totalmente ajenos a la idiosincrasia occidental. Pero para llevar a cabo la arremetida contra nuestra civilización, no obstante, precisan embarullarnos. Fijémonos que para ello se realiza, pomposamente publicitado por sus organizadores fundamentalistas chiítas como ya dijimos, algo denominado como “congreso” y cuyo fin es ilustrarnos sobre que la matanza industrializada de 6.000.000 de personas durante el hitlerismo, es en realidad un invento sionista. Los exponentes, unos 60 nazis y judeófobos, la mayoría ex convictos, fueron reclutados en todas partes del planeta. Pero paralelamente sus organizadores cuentan con la complicidad de multitud de marchas, editores de medios de comunicación y organizaciones con nombres engañosos pertenecientes a una dudosa izquierda y al progresismo, que ofician de teloneros a esas “estrellas” del exterminio. Y aquí justamente, tenemos que hurgar en el campo occidental, para establecer cómo han podido mezclarse tan diferentes aguas y aceites, en una amalgama persistente y letal cuya actuación encubridora (me refiero a los infatigables y gritones marchantes) acabará por afectarlos a ellos mismos. Izquierda, progresistas, intereses particulares y no pocos aprovechados circunstanciales (hasta que el verdugo les haga probar su medicina) conforman ese conglomerado de seres cercanos a los que saludamos amablemente cada día y que apoyan taxativamente a aquellos que hoy en Teherán amparan al grupúsculo nazi-negacionista, convirtiéndose así en alcahuetes gratuitos de una ideología que se da de cabezazos con la suya, sin evaluar siquiera que su accionar errático puede llevarlos a su propia tumba.

Debemos revisar por ello nuestra conducta, para establecer el origen de este despropósito. Aunque está bastante a la vista y se alimenta de nuestro fallo primordial como sociedad. ¿Cuál?: es tan del día a día, que no amerita, aparentemente, el que le prestemos atención. Por caso, cuando ocurre un cataclismo cualquiera, lo primero que tomamos en cuenta es la reacción de las Bolsas. Ésto habla a las claras que en nuestro modo de vida prevalecen los intereses individuales y es más importante el dinero que cualquier otra cosa, incluidas las vidas humanas. Entonces, quienes deberían representar la fortaleza de nuestras sociedades, los miles de millones de componentes del pueblo común, excluidos, menospreciados o explotados, sin pensarlo o a propósito lo mismo es, se inclinan por el que consideran el enemigo... de su enemigo diario. Y así sin complicarse no obstante hacen la vista gorda, suponiendo que se enteren por cualquier motivo fortuito, al accionar de los infiltrados fundamentalistas que se esconden entre ellos, y ven con simpatía las manifestaciones de esas agrupaciones de frustrados, que marchan en respaldo de aquellos.

En consecuencia, es preciso despertar, pero al mismo tiempo o antes aún corregir nuestra conducta, a fin de que haya un mínimo de justicia y equidad para con nuestra propia gente y así conseguir su apoyo. Caso contrario se comenzará como el boxeador “grogui” a lanzar golpes desesperados, ya sea vía dictaduras o mano dura que de poco servirán, porque finalmente nuestros antagonistas, mancomunados tras un idéntico objetivo, acabarán por derrotarnos.

Empecemos a pensarlo o mejor todavía poniendo manos a la obra más pronto que tarde, solucionando las situaciones sociales exasperantes y el desaliento de millones de seres que temen por su mañana. Un modo fundamental éste de responder a las agresiones de ese Islam desbocado y provocador, que no está haciendo otra cosa que aprovecharse de nuestras debilidades. Caso contrario, quienes están aguardando que los Bush, Merkel, Blair y otros exponentes de nuestras dudosas democracias nos liberen del enemigo, tendrán que hacerse de un buen asiento y aguardar pacientes, porque ésto de seguro no ocurrirá. No se trata de pesimismo, sino de pragmatismo; para derrotar a semejante oponente se necesita de la unión y aliento de las mayorías y ésta se consigue entre conformes, nunca entre explotadores y sometidos. En síntesis: que se impongan aunque más no sea un poco la cordura y el amor, para enfrentar, con la anuencia del ciudadano probo, a la cólera del enemigo. ¿Será demasiado pedir?.

 

 

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