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Y viva... España

Por Mario Linovesky

El estribillo de esta famosa canción nos viene de perlas para despertar a los ibéricos de una pesadilla que aunque estruendosa y con olor a pólvora, ellos persisten en ignorar. Sucede que España, al igual de lo que suele pasarle a ese tipo de mujer de físico monumental y vida licenciosa cuando decae con el transcurrir del tiempo, añora, con morriña y desesperación, sus mejores momentos. Se mira al espejo y la imagen de derrumbe que éste le devuelve, le promueve no poco dolor y una indeseable actividad a sus glándulas lacrimales. Todo ello a causa de los excesivos usos y abusos conque una y otra vez sometió a su cuerpo y con los que por simple vicio se engolosinó. Alguna vez fue Imperio; y por tal no necesitó de permiso alguno para hacer lo que le venía en gana. Y también y hasta el presente, vivió y vive de su recuerdo y de sus consecuentes regalías. Pero, ¿de qué España estamos hablando?. Porque, prescindiendo de cualquier chicana maniquea por encontrarse ésto a la vista, arribaremos a la conclusión de que coexisten en la península ibérica dos Españas bastante bien definidas: una buena y la otra peor. Para referirnos a la primera, deberíamos dedicarle una inmensa cantidad de tiempo al inventario de sus mejores rostros. Porque entremezclados en una larguísima ristra de genios España cuenta en su riquísima historia con personajes como Góngora, Lope de Vega y Cervantes, Pablo Casals y Picasso, Velásquez, Goya, y tantos, pero tantos otros, que la tarea de hacer su suma resulta apabullante en verdad. Pero está la otra España, la oscura, cruel y cobarde. Por un lado, la de la conquista de América, que comienza con un aporte inestimable a la humanidad: el descubrimiento de ese nuevo continente, pero que pierde consistencia tras el arrebato sistemático a sus aborígenes tanto de sus vidas como de sus pertenencias. Casi paralelamente o poquito tiempo antes a ese importantísimo hito (el descubrimiento mentado por supuesto), había desalojado de su suelo al invasor musulmán tras haberlo tenido metido en casa durante 8 siglos y, dominada como estaba por un clero cristiano fundamentalista y criminal, también expulsó de allí a los judíos. O los quemó en públicas hogueras o los convirtió compulsivamente a su credo. De cualquier modo, así como se quedaría luego con los bienes materiales de los indígenas americanos, también se guardó para sí el inestimable capital cultural que judíos y moros dejaron, en su forzada huida. Y por estos hechos ingresaron en su historia negra los reyes católicos, el fanático Torquemada y aquellos otros a los que llamaron “adelantados”, quienes a punta de lanza y espada asesinaron y saquearon a los nativos del nuevo mundo.

Pero como este artículo no pretende ser un tratado de historia, ni un ensayo tampoco, demos un salto en el tiempo y situémonos en épocas más recientes. En las que los españoles se vieron enfrascados en una sangrienta guerra civil, y tras ella, por espacio de 40 años, sometidos por un autócrata fascista apellidado Franco, a una de las peores tiranías que se llegaron a conocer en la región. Lo que dejó no pocas sino muchas secuelas y reacciones indeseables, por cuanto la libertad posterior se transformó, en cantidad de casos, en libertinaje liso y llano. Además, España tiene una particularidad que se da en muy pocos pueblos: su segmentación. Son contadas las naciones a tal punto fragmentadas, donde sus ciudadanos se aferran de modo tan pertinaz a su propia región, renegando de su pertenencia al conjunto. Los catalanes son ellos mismos, antes que españoles y también los gallegos y por qué no los asturianos, cada uno con su propio idioma y costumbres y su anhelo separatista. Pero quienes descuellan en tal empeño son indudablemente los vascos, muchos de los cuales se sienten asaz agredidos cuando se les endilga el gentilicio de “español”. Al punto que para apartarse del resto, engendraron una organización terrorista, cuya lista de asesinatos al voleo alcanzó dimensiones impensables. Se la conoce por el nombre de ETA y por su falta de piedad.

Y así llegamos a nuestros días, a ayer nomás, en que esa banda de asesinos anuncia que depone “definitivamente” su actitud beligerante y voluntariamente se suma al quehacer político nacional. Cosa en la que todos los ibéricos quisieran creer, pero en la que en realidad pocos creen, vistos los antecedentes facinerosos de sus autores. Así y todo, nadie está en condiciones de pronosticar que es lo que ocurrirá con esta promesa y sólo el tiempo dirá si la misma es verdadera o no.

De cualquier manera estamos ante un hecho conmocionante, el que por su beatitud la mayoría de la gente de bien ruega por que se concrete.Dejémoslo por lo tanto en “espera” hasta que podamos comprobarlo, siempre con el deseo implícito de que esta paz anunciada llegue a buen destino. Lo que no significa que bajemos la guardia y descuidemos el comportamiento fronteras afuera de los actuales gobernantes peninsulares, hoy acreedores de una popularidad dudosamente merecida. Porque mientras gozan por este logro en su propio suelo, que no es atribuible a su accionar sino a la decisión unilateral de sus contrarios, son de los que más se inmiscuyen en las políticas foráneas, las que no deberían ser de su incumbencia, fomentando el terrorismo ajeno. Así se han transformado en los máximos propugnadores por mantener la ayuda económica al gobierno islamista palestino (Moratinos, Solanas), encabezado por Hamás. También los abanderados de una utópica “Alianza de civilizaciones” (Zapatero y cia.), la que intentan llevar adelante contra viento y marea, pese a que la realidad les está diciendo a los gritos que la misma es inviable. Por eso se engañan y engañan a los demás. Pretendiendo recuperar un prestigio “sui géneris” que alguna vez quizá tuvieron, tratan de transformarse en adalides del pacifismo universal, inmiscuyéndose confusamente en asuntos que no son de su competencia. Olvidando la premisa de que es necesario limpiar el propio habitáculo, antes de exigir aseo en el ajeno.

Por eso y porque le deseamos lo mejor al pueblo español, a ese pueblo español que tantas satisfacciones dio a la humanidad, invitamos a su dirigencia reingresar a la realidad. Abandonando el cretinismo que hoy los tiene por abanderados, recordándoles que su acceso al poder no se debió en modo alguno a sus méritos, sino a unas cuantas bombas que sus actuales defendidos, los islamistas, les pusieron cerquita de su corazón: Madrid.


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