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¿ALÓ ALÁ?...ALÓ ALÍ

¿Dialogando con qué?

Por Rafael T.Perez

¡ Si supieras qué pocas cosas me importan, y de ellas, qué pocas log

Gonzalo Torrente Ballester

Hasta aquí he hablado como un príncipe; ahora hablare como un monstruo... "

Cayo Julio César Germánico - Calígula


  Que el presidente iraní, Mahmoud Ahamadinejad, habla con dios no lo dice la  propaganda sionista, a la que siempre recurren todos los descerebrados del planeta con el objetivo evidente de ocultar su, también evidente, estado catatónico resultado de sus crasos errores de existencia y su nulo compromiso con la única causa defendible como es la causa de la humanidad. No, el que Ahmadinejad hable con dios lo ha dicho él mismo y no una ni dos sino múltiples veces. En cuanto tiene oportunidad lo suelta y supongo que se retirará plenamente seguro de que ha dejado del todo convencido al atónito auditorio, convencido y temeroso de su  familiaridad con la cosa divina  -Yo hablo con dios- dice y seguidamente le susurran al oído "presidente, tiene una llamada del grande y misericordioso" a lo cual y con esa familiaridad que le caracteriza en sus comunicaciones con lo divino responderá con un tono condescendiente "estoy ocupado, dile que me llame luego".

                         Aunque no creo que sea prudente hacer esperar a los dioses no vaya a ser que en uno de sus arrebatos de ira incontenible le de por arrasar con rayos y centellas la tierra del engreído hombrecillo del desierto. En cualquier caso sospecho que no hemos avanzado mucho del dios empastador de muelas, que algunas afortunadas sectas evangélicas tienen como dentista, hasta este que no sabemos si utiliza las modernas tecnologías de la comunicación o recurre a la clásica bola de cristal.  No obstante, ese dios con el que Ahmadinejad afirma que mantiene una fluida conversación está demostrando tener una paciencia superior a la de Job, ya que si el objetivo principal es la destrucción de Israel y la aniquilación del pueblo judío por las hordas islámicas, las cuales según dicen vienen a salvar al mundo con una capacidad nuclear pacífica, desde el siglo VII ha estado por ahí sin poder hacer nada al respecto y esperando catorce siglos a que alguien se dotara del poder devastador para cumplir ese sueño de exterminio. Si el dios con el que dice hablar el presidente de Irán es tan poderoso y el pueblo judío, desde que el islam es el islam, debe ser borrado de la faz de la tierra ¿por qué causa o razón aquel grande y "misericordioso" no hizo el trabajo siglos atrás? ¿o es que acaso un todopoderoso dios necesita alguna de las míseras capacidades del hombre?. Ah como adquieren significado las palabras de Anne Lamott; " Se puede asumir con cierta seguridad que uno ha creado a dios a su propia imagen cuando resulta que ese dios odia a toda la misma gente que uno. " ¿Qué puede hacer el mundo libre para enfrentar a este paquidermo de la paranoia compulsiva? ya que ni los incentivos que han ofrecido europeos, norteamericanos y rusos le han satisfecho, ni la amenaza de unas sanciones que, nunca terminan de concretarse en la práctica, le producen la menor preocupación , ni nada de lo que cuanto pueda acordarse en una de esas conversaciones interminables logra persuadirle de sus objetivos absolutamente claros y contundentemente expresados por él y por su gobierno teocrático islamofascista como son, borrar a Israel del mapa y alcanzar la cima del gobierno mundial, ¿qué puede hacer el mundo que todavía es libre? Lamentablemente quedan tantas opciones como tiempo, prácticamente el reloj está a punto de marcar la hora final. Las naciones democráticas occidentales pueden arrasar sus instalaciones, bombardear los centros de poder, amedrentar a una población compuesta, además de por aquellos insanos que comparten la locura de su divino líder, también por hombres y mujeres que asisten con profunda inquietud al destino que se cierne sobre su país atraído por la megalomanía esquizoide de un individuo que afirma estar en contacto permanente nada menos que con un dios.

                     Si el presidente iraní es incapaz de escuchar la estruendosa voz de la historia cuyo clamor audible reverbera aun en las apagadas vidas de los supervivientes de la Shoa, si no oye el grito de libertad que brota de entre los oprimidos de su propio pueblo ¿cómo se atreve a afirmar que escucha la voz de un dios?, ¿qué dios es este que guarda el sospechoso silencio de lo inexistente ante el dolor y la muerte de millones de seres humanos por falta de pan, por la sed de una justicia real, torturados, masacrados, pisoteados en su dignidad de seres humanos en nombre de sí mismo? ¿Acaso más preocupado por borrar a Israel del mapa que por traer el sol de la justicia, las frescas aguas de la libertad, el pan de la paz, la dignidad, la salud y el beneficio de la prosperidad a quienes viven sometidos a las tiranías de todos aquellos que se rodean del aura de lo divino y actúan en su nombre?. Más efectivo que destruir las bases de su poder será transformar en polvo el centro de comunicación desde el cual cree sostener sus amenas pero desvariadas conversaciones con los dioses.

                    Tiberio dijo de Calígula que este tenía todos los vicios de Sila y ninguna de sus virtudes, tal vez no sean públicos los vicios de Ahmadinejad pero lo que a la luz de las evidencias queda claro es que carece de las virtudes que la humanidad necesita. En el presidente iraní confluyen las ánimas de los grandes tiranos de la historia, al principio haciendo creer a los pueblos que habían sido revestidos de un halo otorgado por los cielos, halo portentoso que los procuraba intocables, Ahmadinejad ha afirmado lo mismo, que su dios protege sus intenciones de exterminio y dominación mundial y ningún país de occidente podrá alterar esos planes.

Y aunque Calígula logró imponer su locura a todos los pueblos bajo su dominio, no pudo, por más que lo intentó, doblegar la determinación del pueblo judío que fue el único de todo aquel mundo conocido que se negó a ser víctima de sus pretensiones divinas y blanco de sus desvaríos.

                    Un dios al que le preocupa más que su nombre aparezca en el cono de un insolente helado en lugar de preocuparse porque todos los niños del mundo (y los no tan niños) puedan disfrutarlo, un dios al que presentan agraviado por el hecho de aparecer en unas caricaturas en lugar de preocuparse para que no haya lugar para el analfabetismo, un dios que se complace con palabras como las del jeque Taj Din Hilaly, líder espiritual de la comunidad islámica de Australia, cuando señala que la mujer sin hijab es como un pedazo de carne que para no ser violentada es mejor recluirla en la casa *  en lugar de preocuparse por arruinarle la vida al violador, un dios del que dicen clama desde las alturas por el exterminio de todo un pueblo, el judío, en lugar de preocuparse porque las enfermedades sean al fin vencidas,  ¿qué dios es?, antes observamos que no es un dios el que habla por la boca de un hombre sino un hombre que habla como si fuera un dios. Ahmadinejad habla consigo mismo y ha confundido la voz. Así pues, Occidente no se enfrenta a un político al uso, ni al líder de una nación que atiende al juego de la diplomacia sino a un auténtico Calígula que pretende poner la efigie de una teocracia en el centro de toda plaza y en la cima de toda montaña, los imperios antiguos sabían como doblegar la moral invencible de los pueblos  y era derribando los templos y quemando sus dioses, si aquellos no habían podido socorrerlos en tales trágicas circunstancias es que no eran dioses sino tamos inútiles y secos que arrebata el viento de los tiempos.

                   Ahmadinejad se comporta como un remake de aquel Calígula enfermo cuyos delirios atrajeron su propia destrucción, delirios de un poder que se sustentaba en el terror, Calígula fue el emperador del terror y gobernó con y por el terror. Pero cuando el terror se adueña de la psique de un enfermo que no espere adhesiones sino odio y como Calígula, este Ahmadinejad no traerá el orden sino el caos, no la certeza de la paz sino la incertidumbre de la destrucción. De alguna forma occidente fue copartícipe de la creación del moderno terrorismo islámico al permitir el surgimiento de figuras revolucionariamente terroristas como la de Arafat, no fue Israel ni fue el pueblo judío quien lo creó ni quien lo estuvo alimentando durante décadas excepto con la sangre de las víctimas judías que cayeron por su mandato con la anuencia comprensiva  y el beneplácito de una comunidad internacional que creyó tener controlada a la bestia.

Ahmadinejad puede exclamar como Calígula Oderint dum metuant! -que odien mientras teman!.

                  Ahmadinejad ha podido demostrar que su único poder es el terror, el terror ejercido desde el poder y de un poder insano que se fundamenta en las elucubraciones propias de un Calígula reencarnado y de cuyas locuras nada más puede surgir sino tragedias, para el emperador de Incitator, su palabra era divina y así practicando únicamente el terror prefirió la táctica a la estrategia inteligente. Ahmadinejad está siguiendo la táctica del guión que marca la yihad, primero invitar a la conversión y si esta no se produce entonces apelar a la espada y extender su conquista mediante el empleo del terror, por esta causa y no por otra el pueblo judío representa para sus sueños de grandeza la principal piedra de tropiezo la cual necesita perentoriamente apartar del camino, con Ahmadinejad el mundo del siglo XXI se ha reencontrado de súbito con el mundo del siglo VII. Los usos, creencias y costumbres son los mismos, y occidente no podrá detener lo que se le viene encima si antes no pulveriza esa conexión. El peligro son las fuentes de las que se nutren todos los tiranos, que son las mismas de las cuales los antiguos déspotas bebían, los tiranos de todos los tiempos son hijos de los más crueles monarcas del terror por ello Ahmadinejad puede exclamar hoy como Calígula:

 Hasta aquí he hablado como un príncipe; ahora hablare como un monstruo...

Rafael T.Perez

30 octubre 2006

http://www.kolisraelorg.net


 

 

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