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  La izquierda también tiene miserias y monstruos

Pilar Rahola

Es una de las voces de la izquierda más respetadas en su país y en el mundo. La trayectoria de Pilar Rahola incluye el periodismo, la representación política, el feminismo, el activismo ecológico y antitaurino, entre otras muchas cosas. Lo más importante, sin embargo, es su reconocida solvencia moral.

AUTOFICHA:
Nací en Barcelona, en el 58; no tengo problemas en decirlo -me gustan todas mis edades-. En la Guerra Civil, muchos de mis familiares se involucraron en política; hubo ministros, diputados, senadores, exiliados y mártires. Si me metí en política fue porque me compliqué la vida. Yo me formé leyendo a Vargas Llosa, García Márquez, Neruda. en Barcelona había muchos escritores latinoamericanos. Soy de izquierda en un país que fue dictadura y, luego, monarquía; soy feminista en un país machista y antitaurina en un país taurino. Soy una libre pensadora en todos los niveles.

ENTREVISTA:
"Yo incumplo todos los motivos para ser feminista; mi padre es fantástico igual que todos mis novios y maridos -bueno, he tenido solo dos-. Y he tenido éxito profesional. Pero no puedo ignorar el dolor de la mujer durante tanto siglos y ese machismo que corta las alas de las mujeres. afirma Pilar Rahola, autora, entre otros textos, de Mujer liberada/Hombre cabreado.

¿Cómo es ser feminista hoy a diferencia de los años 70?
Respeto mucho a las primeras feministas, que tuvieron algunas posiciones extremas que no comparto en absoluto, pero fueron pioneras. Pienso que no debemos olvidar que el tema de la mujer no está resuelto. Mientras haya un Estado en el que no se tengan derechos por ser mujer, el problema seguirá. Pero se debe luchar por ello no por ser mujer, sino por ser demócrata.

Usted tiene tres hijos, dos de ellos son adoptados. Cuénteme.
Mi primer motivo para adoptar nació con la guerra de Etiopía y Eritrea, que me tocó cubrir para la TV. Era uno de mis primeros trabajos y estuve en una zona donde había unos dos mil niños huérfanos de la guerra. Yo ya tenía una hija biológica y quise ser madre adoptiva. Pero voy a matizar esto: es un tema de maternidad, uno no adopta para salvar al mundo. Y pensar que un hijo nos va a redimir de algo... olvídelo.

Quiere decir que la adopción no tiene ningún mérito moral.
No hay que sobrevalorar la adopción, porque es, primero, un acto de amor hacia nosotros mismos. Cuando mi hijo llegó a casa, tenía 18 meses y vino con malos tratos. Recuerdo que el primer beso de mi hijo tardó tres meses en llegar. Fue algo brutal. Costó mucho trabajo. Fue un trabajo por la felicidad.

Su segunda hija la adoptó en Siberia. ¿Cómo llegó hasta allá?
Al cabo de un tiempo, mi segundo esposo me planteó adoptar otro niño. Buscamos en Rusia y un día nos dijeron que teníamos un niño en Siberia. Y ahí nos fuimos, toda la familia. Nos llevamos un montón de maletas. Recuerdo que el vecino nos vio y nos dijo, '¡parece que van a Siberia!' (ríe). Cuando llegamos donde mi hija -de 18 meses-, ella tenía neumonía, había tenido dos bronquitis, hepatitis, salmonelosis, y yo pensé que era la niña más triste del mundo... Ahora es la niña más sana del mundo y la más alegre.

Usted es de izquierda. Ahora la derecha y la izquierda no se dibujan con tanta claridad, ¿no?
Algunos grupos de izquierda han sido lo más reaccionario que ha existido. No me extraña que Chávez (el presidente de Venezuela) sea amigo de Irán, que es una teocracia islámica claramente fascista. Porque hay una izquierda que ha ido por la vida diciendo que Pinochet es un criminal -con lo que concuerdo-, pero no Stalin ni Castro. ¡Por favor! Yo no puedo justificar el terrorismo, las cárceles o las dictaduras porque son de los míos. La izquierda también tiene miserias y monstruos, y creo que esta doble moral nos ha hecho daño.

¿Y qué es ser de izquierda ahora?
Lo fundamental es recordar que el único manual de izquierda que no se puede manchar es el de los derechos humanos. A partir de ahí somos gente que apuesta por la sostenibilidad, por los derechos de la mujer, de la infancia, por intentar que los grandes movimientos económicos no sean depredadores, etc. Y todo eso no tiene nada que ver con dictadores.

Usted está a favor de Israel. Hoy eso es incluso 'políticamente incorrecto'.
Lo políticamente correcto se ha convertido en una forma de censura. Creo que la primera misión de la izquierda es ser dialéctica. No quiero respuestas hechas, quiero preguntas. Eso nos ha dejado el marxismo. Pero ahora no; si eres de izquierda, tienes que ser antiamericana. Pero, luego, todos los aparatos y la tecnología que uno usa son de allá . Y también hay que ser pro Palestina acríticamente. O sea, me tengo que comer con papas que haya gente enloquecida entrenando chicos para ser suicidas y matar 60 personas en un bus. Soy crítica con la política de Bush y hay políticas americanas que hay que combatir, pero no puedo ser antiamericana. No soy antiisraelí, pero eso no significa que me guste todo lo que hace Israel. Ser de izquierda es decirles tanto a los palestinos 'ustedes tienen derecho a un Estado, luchen por ello democráticamente' -uno tiene que ser amigo de la causa palestina, pero no del terrorismo-, como decirles a los israelíes que hagan lo posible para hacerlo realidad. Esa es nuestra obligación democrática. Israel tiene culpas, pero creo que la gran culpa es árabe, porque nunca quisieron una democracia en la zona y porque aun ahora justifican el terrorismo islamista.

Muchos valoran su opinión porque le adjudican fuerte solvencia moral. ¿Cómo lo toma?
Es el único elogio que estoy dispuesta a aceptar. Creo que, como cualquiera, me equivoco. Pero sí me mueve una condición moral que, además, es el único legado real de mi familia. No hablo de religión, hablo de ética. Hablo de pensar y de superar este pensamiento 'fast food' que no ve lo importante.




 


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