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Los Verdugos Voluntarios de Hitler (Ratzinger y la culpa europea ):

Lic. Patricio A. Brodsky

31/5/2006

El pasado 27 de mayo se produjo la histórica visita del Papa Benedicto XVI al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Su discurso ha sido la demostración palmaria de un mal que aqueja a los europeos: la virtualización de la memoria real. Su vergonzoso discurso fue un descarado intento de desculpabilización colectiva como si hubiese sido posible que una pandilla de matones de cervecería hubiese podido sumir a la humanidad entera en una feroz guerra y haber montado la primera fábrica de exterminio de la historia sin el consenso y el involucramiento activo de millones de sujetos.

 

Los hechos históricos nos muestran que siendo un joven de unos dieciseis años Ratzinger integró las Juventudes Hitlerianas. Este oscuro precedente pareció guiar la conciencia del Papa cuando afirmó en un intento de autoexculparse: "Soy un hijo de ese pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de proyectos de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su relevancia, con previsiones de bienestar y también con la fuerza del terror y de la intimidación, de forma que nuestro pueblo pudo ser usado y abusado como instrumento de su manía de destrucción y dominio". El problema de esta afirmación es que no explica el masivo apoyo popular al nazismo en las elecciones de principios de la década de 1930 ni tampoco el involucramiento activo de cientos de miles de alemanes (y austríacos, letones, ucranianos, croatas, bosnios, etc., etc., en suma: de europeos)  en la implementación de políticas belicistas y genocidas, ni tampoco da cuenta del multitudinario consenso pasivo sin el cual los nazis no hubieran podido acceder y luego ejercer el poder en Alemania.

 

Asimismo Ratzinger transformó la culpa concreta en duda metafísica cuando se pregunto: "¿Dónde estuvo D'os en aquellos días?". La repuesta a esta pregunta la brinda el filósofo Emile Fackenheim cuando planteó que no hay que interrogarse dónde estuvo D'os sino dónde estuvo El Hombre, transformando la cuestión de la metafísica beata a la hermenéutica secular, alejando la discusión de cuestiones místicas y subrayando ineluctablemente el tema de la responsabilidad de los hombres en el genocidio.

 

Si bien es importante la advertencia de Ratzinger sobre el integrismo islámico alertándonos acerca que hoy en día: " emergen nuevamente las fuerzas oscuras" en el abuso del nombre de D'os para justificar la violencia y "en el cinismo que no conoce a D'os". Contra la manipulación de la figura divina, en clara referencia al integrismo retrógrado y fanático, Ratzinger defendió un "D'os de la razón y el amor". Habría que recordar a Ratzinger que casi todas las matanzas de judíos que los católicos y musulmanes han realizado desde el medioevo hasta la Shoah se han realizado en nombre de D'os, hoy en día se han secularizado y se siguen realizando en nombre del Antisionismo. Por otro lado aun cabe a la iglesia católica explicar el por qué, tanto de su inacción como de su silencio ante la matanza de judíos durante la Shoah. La postura oficial en relación al genocidio judío de El Vaticano con Pío XII a la cabeza fue por lo menos dudosa. Si bien cabe destacar la valentía personal de muchos sacerdotes, hay que repetir que la jerarquía eclesiástica calló o peor aún fue cómplice por encubrimiento del genocidio. Finalmente recordemos aquí también el papel del obispo Alois Hudal en el rescate de nazis en fuga otorgándoles salvoconductos. Gracias a él llegaron a nuestro país notorios asesinos como Adolf Eichmann o Joseph Mengele entre muchos otros .

 


 




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