Comunidades Autónomas |
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ESTATUTO DE AUTONOMÍA: LO 3/82, de 9 de junio (BOE 146, de 19 de junio de 1982)
POBLACIÓN: 263.644
hab. (Padrón 1.998)![]()
SUPERFICIE: 5.045 Km2
Principales indicadores socioeconómicos Rioja.zip (7 K)
(Fuente: Ministerio de Administraciones Públicas: www.map.es).
Por Ana-Maria Diaconu y Laura Berbecel
Si
hay una sola circunstancia que caracteriza la historia de La Rioja, al
menos hasta poco después de la Edad Media, es su situación en el
cruce de dos rutas de fundamental importancia: el camino de Santiago, que
trajo a celtas, francos, sajones y judíos, y el otro desde el Mediterráneo
hasta el río Ebro, que trajo a los iberos, romanos y árabes.
Cuando
llegaron las tropas romanas, alrededor del siglo II a. C., La Rioja estaba
principalmente ocupada por dos tribus de origen celta. La región fue
posteriormente invadida por los musulmanes a principios del siglo VIII,
comenzando así un período de incursiones y batallas con los incipientes reinos
cristianos. Paradójicamente, fueron las influencias tan diferentes de
la cultura árabe y la posterior repoblación cristiana las que establecieron la
identidad de las zonas de LA RIOJA.
En
el curso del siglo XII, continuaron las disputas fronterizas entre
Castilla y Navarra para tomar el control de La Rioja, hasta que el arbitrio
solicitado a Enrique I de Inglaterra y dado en 1177 decidió en favor del reino
de Castilla. Entre tanto, el nombre de La Rioja apareció por
primera vez en un documento en la Carta de 1099.
En
1369, Aragón y Navarra sellaron un pacto en el que La Rioja era
transferida a aquél, aunque pronto volvería a manos de Castilla. Este tipo de
cambio sucedió varias veces, hasta que Enrique IV finalmente la recuperó para
Castilla.
Durante
la Guerra de Independencia fue tomada por los franceses y no fue recuperada
hasta 1813.
La
decisión de las Cortes constitucionales declarando La Rioja como
provincia independiente se produjo en octubre de 1812 y en enero de 1822 se creó
por decreto la provincia de Logroño, ocupando en su totalidad el
área geográfica histórica de La Rioja. Sin embargo, Fernando
VII anuló estas decisiones y los pueblos de La Rioja fueron una vez más divididos entre
Burgos, Soria,
Álava, Navarra y Aragón.
Finalmente,
en noviembre de 1883, un decreto real esbozó una versión menor de La
Rioja
que, en forma de la provincia de Logroño,
ha permanecido hasta el presente.
El
autogobierno de LA
RIOJA
fue el más dificil de obtener. Al principio, por razones de inercia, la
administración central intentó incluir la provincia de LOGROÑO
en la región de CASTILLA
Y LEÓN,
mientras que parte de la oposición de izquierda votaba por la creación de un
agrupamiento regional al lado del PAÍS
VASCO Y NAVARRA
Y
otros aceptaban la posibilidad de una LA
RIOJA
autónoma.
El
4 de octubre de 1979, el Ayuntamiento de Logroño puso en marcha inesperadamente
el proceso autonómico, basando su iniciativa en el artículo 143 de la
Constitución.
El
22 de noviembre, la provincia de Logroño cambió su nombre por la de RIOJA.
En abril de 1981 fue aprobado el proyecto del Estatuto y en junio de 1982 se
estableció como COMUNIDAD AUTÓNOMA.
LA
RIOJA se ESTABLECIÓ como COMUNIDAD AUTÓNOMA bajo la ley ORGÁNICA 3/1982 del 9
de junio (B.O.E.9-6-82).
Esta Comunidad, ubicada en el vértice occidental del valle del Ebro, presenta, a pesar de sus reducidas dimensiones, una privilegiada variedad de paisajes, flora y fauna, debido a las diferentes características geográficas de sus comarcas naturales, dando vida los ríos que la atraviesan a fértiles vegas.
En la Rioja Alta domina el clima atlántico de suaves temperaturas (en invierno las mínimas se sitúan en los 4º C, y en verano las máximas son de 15º a 22º) y moderadas precipitaciones, que van disminuyendo hacia la Rioja Baja. La zona oriental es llana y de tendencia mediterránea, aunque sus inviernos son fríos. La mayor diferencia de temperaturas se sitúa en sus sierras, donde en invierno se alcanzan temperaturas inferiores a los 0º C.
Siendo la más pequeña comunidad de España, ha participado de manera importante en todos los momentos históricos de ésta. Ocupada por los romanos y musulmanes, fue en la Edad Media centro de disputas entre Navarra, Castilla y Aragón. En este mismo período, el Camino de Santiago supuso un fenómeno determinante para su desarrollo cultural, convirtiéndose en un centro de influencia de primer orden, especialmente a través de sus monasterios, verdaderos focos del saber y en donde se fraguó el primer texto escrito en castellano. De este modo se encuentra el camino jalonado por villas monumentales de gran belleza, como Calahorra, Arnedo, San Millán de la Cogolla, Santo Domingo de la Calzada y Logroño, ya fundada por los romanos y que es hoy la capital.
La edad moderna fue muy agitada para la región, siendo a finales del siglo XIX cuando se produjo el despegue de la industria vinícola riojana, que recogió lo que desde tiempos remotos fue una auténtica cultura del vino. Haro es el centro más importante de su producción, cuya anual "batalla del vino" se cuenta entre las más originales fiestas de la región.
La Rioja disfruta, pese a su escaso territorio, de una gran fauna muy diversa y de importantes colonias de aves rapaces. La Reserva Nacional de Caza de Cameros es clara muestra de este particular, estando parte de la misma declarada como Zona de Especial Protección. Todos estos recursos naturales permiten la práctica de una amplia serie de actividades: senderismo, montañismo, pesca, caza, deportes náuticos en el embalse de González Lasaca y de invierno, como el esquí, en la estación de Valdezcaray y las modalidades de fondo o travesía en Hoyos de Iregua y el Collado de Sancho Leza.
De viaje por La Rioja, no puede faltar un recorrido por la Tierra de Cameros, rica en tradiciones, historia y hermosos paisajes. En ella encontramos una interesane arquitectura serrana y famosas grutas, en forma de viviendas excavadas en la roca.
El peso en reputación que los vinos de La Rioja tienen en su patrimonio gastronómico, denominación de Origen con siete variedades, cuantro en tintos y tres en blancos, no debe hacernos olvidar una interesante cocina, que destaca quizás de manera especial por sus verduras, entre las que resaltan sus deliciosos pimientos del piquillo. En lo que se refiere a las carnes, el cordero triunfa con recetas de cuidadosa preparación. Su huerta ofrece además excelentes frutas, como los melocotones. Sus dulces tradicionales son variados, pero cabría destacar los mazapanes de la Sierra de Cameros, sierra que además produce excelentes quesos.
La perfecta armonía entre el vino de La Rioja y la gastronomía de la región eleva a sus más altas cotas el placer del buen comer y buen beber. ¿Cuándo podemos decir que se da una perfecta armonía entre un plato bien cocinado y un vino? Cuando la persona que los toma y sabe del arte de bien comer encuentra plena satisfacción. Esta es sin duda la principal norma a tener en cuenta.
Algunas reglas para combinar vinos y platos
El vino rosado combina bien con arroces, verduras, pastas, pescados, carnes blancas.
Los blancos secos armonizan muy bien con los mariscos, los pescados, los quesos frescos.
Los tintos ligeros acompañan muy bien a fiambres, pastas, carnes blancas, quesos semicurados.
Los tintos de cuerpo muestran una perfecta armonía con las carnes rojas, los potajes, la caza, los quesos curados.
Si sólo tomamos un vino en la comida debemos elegirlo en función del plato principal.
El vino que se haya utilizado para la elaboración de un plato será el más indicado para acompañarle en la comida.
El modo de servir un vino en una comida tiene una importancia capital tanto para el sabor del plato como para el propio sabor del vino. Los caldos deben servirse con un cierto orden:
Los vinos secos se servirán antes que los dulces.
Los vinos blancos antes que los tintos.
Los vinos jóvenes antes que los más viejos.
Los vinos ligeros antes que los de mayor cuerpo.
Asimismo, presentar el vino en la mesa a su temperatura justa es primordial.
Los tintos jóvenes a unos 14º.
Los tintos crianza, entre 16º y 17º.
Los blancos y rosados se sirven fríos pero no helados, entre 6º y 10º.
Los blancos fermentados en barrica, entre 12º y 14º.
Los tintos reserva, entre 16º y 18º.
Los tintos gran reserva entre 17º y 19º.
La perfecta armonía
Siempre se ha dicho que los vinos blancos son los mejores acompañantes del pescado, pero siempre hay excepciones; por ejemplo, los pescados fuertemente salseados o los pescados hechos al horno, donde haya intervenido el ajo, agradecen más un vino tinto. Los vinos blancos jóvenes armonizan con pescados cocidos, a la plancha o ligeramente salseados. Pero si la salsa que acompaña al plato es de cierta contundencia, tampoco le iría mal un blanco de crianza o un rosado.
El vino, producto riojano por excelencia, es el origen de sabrosos platos. Comida y vino congenian perfectamente para conseguir logros gastronómicos que satisfacen los más exigentes paladares. Como prueba de esta perfecta armonía he aquí un par de sabrosas recetas:
Morcillo de ternera estofado a los dos vinos
Ingredientes para 4 personas:
Kilo y medio de morcilla (jarretes).
100 grs. de salsa de tomate.
2 cebollas grandes.
2 dientes de ajo.
1 ramillete de tomillo seco.
1 dl. de aceite.
1/2 l. de vino blanco seco.
1/2 l. de vino tinto de crianza.
1/2 l. de agua.
Sal y harina.
Se cortan en 4 trozos los morcillos una vez limpios, se sazonan con sal, se pasan por harina y se fríen en una sartén hasta que adquieran un color dorado. Se retiran de la sartén y en el mismo aceite se añaden las cebollas cortadas, los ajos, el vino blanco y el vino tinto y se reduce. A continuación, se añade la salsa de tomate y el agua y se pasa todo por un colador fino.
Se pone la mezcla en una cazuela, se añade los morcillos y el tomillo y se deja cocer aproximadamente durante una hora y media, comprobando el punto de sal.
Sírvase acompañado por unas patatas al vapor y un ramito de tomillo.
Patatas a la riojana
Ingredientes para 4 personas:
750 grs. de patatas peladas y picadas groseramente.
2 pimientos choriceros (sólo la pulpa).
1 cucharadita de pimentón picante.
1 cebolla grande muy picada.
1 pimiento verde muy picado.
250 grs. de costilla de cerdo muy troceada.
250 grs. de chorizo de guisar.
1 dl. de aceite de oliva.
Hay muchas maneras de realizar este plato. Todas incluyen chorizo, mientras que la costilla suele ser optativa. Todas las fórmulas son respetables si se emplean buenos productos. Los ingredientes, fuera de la patata y el chorizo, pueden ser motivo de polémica. Esta receta es una opción más.
Se colocan en una cazuela el aceite y la costilla y se pone al fuego hasta que la costilla coja un color dorado, momento en el que se le añade la cebolla, el pimiento verde, la pulpa de los dos pimientos choriceros y el pimentón. Bajando el fuego se rehoga unos cinco minutos. Al cabo de ese tiempo se incorporan las patatas y el chorizo, dando a todo un par de vueltas y cubriendo el conjunto con agua. Se deja cocer durante 25 minutos y se sirve.
Logroño fue, hasta el siglo XI, una pequeña aldea, una sencilla explotación agrícola en las fértiles orillas del río Ebro. Varea, en cambio, había sido una importante ciudad en tiempos de los berones y de los romanos, así como la ciudad de Cantabria, situada en lo alto del cerro de su nombre y de la que se conservan numerosas ruinas. En algún sentido, se puede decir que Logroño es la continuadora de estas dos ciudades antiguas.
La capital de La Rioja se encuentra en la orilla del río Ebro, edificada sobre la extensa llanura que formaron los aluviones cuaternarios del Río Iregua. El río camerano buscó su cauce hacia Varea y el Ebro dejó tierra libre amoldando el suyo al contorno de los cerros terciarios de la orilla izquierda. Logroño tiene al norte, al otro lado del Ebro, los cerros de Cantabria y Corvo y, como una invitación al ensanche de su casco urbano, el cerro del Cristo. El cerro o monte Cantabria es una elevación troncopiramidal, esteparia en la cima y hosca y árida en su base. El Ebro lame el escarpe de areniscas y arcillas y la cohesión de estos materiales litográficos del terciario dan lugar a una serie de hondonadas, sinuosidades y demás accidentes bien palpables en el lecho del río. Hoyas y pozos, lastras que son delgados estratos de arenisca, vados como accesos superficiales que hacen posible la comunicación entre ambas orillas y permiten atravesar el río por distintos sitios. Por eso, los expertos filólogos dan como muy probable que la voz Logroño se derive de gronno o gronio germánico y el latín ille. En el Fuero de Logroño, dado por Alfonso VI en el año 1095, consta illo Gronio, es decir, el vado, el paso.
Investigaciones arqueológicas dan como cierto un asentamiento prerromano y romano en el cerro Cantabria, cerca de la romana Varea. El solar logroñés se conforma a partir del Fuero y del desvío del Camino de Santiago. A principios del siglo XI cabe suponer ya un Logroño de cierta importancia, a tenor de varios documentos, con el Puente de Piedra y las arterias paralelas al río Ebro de la Ruavieja Barriocepo y las Excuevas, y las transversales de la Rúa Mayor. En el siglo XII existían las iglesias de Santiago y Santa María de Palacio y el convento benedictio de Valbuena, extramuros de la villa. A finales del siglo XII, el recinto amurallado ocupaba desde la puerta del Puente hasta el Revellín y desde la orilla del río Ebro hasta Portale. Juan II de Castilla le otorga el título de ciudad en 1431; trece años más tarde le añade el de Muy Noble y Muy Leal en recompensa por la fidelidad de Logroño a la corona de Castilla. La situación estratégica de la urbe, en el límite con Navarra, propició una serie de luchas por tomarla a lo largo de los siglos XIV, XV y XVI. En 1521 tuvo lugar la gesta contra las tropas del general francés Asparrot. Logroño resistió el cerco y el 11 de junio, día de la retirada del francés, quedó para siempre como fecha histórica de fiesta logroñesa en memoria del día de San Bernabé, desde entonces patrono de la ciudad.
Por el plano amurallado del siglo XVI, Logroño mantenía los esquemas urbanos anteriores y en los grandes espacios abiertos surgen las edificaciones de la iglesia de San Pedro de los Lirios o de San Agustín, el palacio del obispo. Pero desde la Herventia (hoy calle Portales) hacia El Espolón se observa una irregularidad en el trazado de las nuevas calles. La de Portales gira unos 30 grados en relación con los ejes principales anteriores. El ensanche del recinto supuso un crecimiento urbanístico en toda la zona ancha de la calle del Laurel a la de San Juan y Ollerías. El lienzo se cerraba por las calles Norte, Revellín, Once de Junio, Bretón de los Herreros, Muro de la Mata, Muro del Carmen y Rodríguez Paterna. La ciudad no sale de este espacio hasta el siglo XIX, a excepción de los edificios religiosos del convento de Madre de Dios, los de Carmelitas, el de la Trinidad y la ermita de San Sebastián. En este casco antiguo se produce a mediados del siglo XIX una fuerte actividad renovadora, en la que destaca la apertura de la calle Sagasta y la construcción del Puente de Hierro. La extensión de la ciudad es facilitada por el derribo de las obras defensivas y la instalación de la estación de ferrocarril. El Logroño moderno fue paulatinamente creándose de espaldas al Ebro por el sur, este y oeste. En la década de los sesenta, con el traslado de la estación del ferrocarril a su actual emplazamiento, dejando abierta lo que hoy es la Gran Vía del Rey D. Juan Carlos I, se conformó la gran ciudad que es hoy la capital de La Rioja, con más de 130.000 habitantes.
Logroño es el corazón de la Comunidad Autónoma, el centro industrial y comercial de la región, ciudad de paso, bien comunicada, de atractiva oferta hostelera y cultural. Para el visitante, además de la legendaria hospitalidad de los logroñeses, visitar Logroño es llenarse de tranquilidad y de alimento material y espiritual. El casco antiguo ofrece la secular presencia de sus piedras nobles, la monumentalidad histórica. Las iglesias de Palacio, con su aguja piramidal del siglo XIII; la de Santiago el Real, en estilo Reyes Católicos y monumental portada con Santiago a caballo sobre el frontis; de San Bartolomé, de estilo ojival y portada gótica de fines del siglo XIII y torre de base cuadrangular mudéjar; la catedral de la Redonda, levantada en los siglos XV, XVII y XVIII, sobre la primitiva iglesia románica de planta circular, con sus torres barrocas de Martín de Beratúa y un valioso patrimonio artístico en su interior, donde reposan los restos del general Espartero y su esposa, Jacinta Martínez de Sicilia. El Museo de La Rioja fue residencia del general, príncipe de Vergara, y es una construcción barroca del siglo XVIII. La estampa típica logroñesa son las torres de sus iglesias, los puentes y el monumento a Espartero en el centro del paseo del Espolón, con la estatua ecuestre del general. Pero la ciudad ofrece al visitante más atractivos en el casco antiguo, como la Casa Gótica, el palacio del marqués de Legarda, hoy sede del Colegio de Arquitectos, la Casa de la Virgen, donde se hospedó el emperador Carlos I en 1520, y el actual Parlamento de La Rioja, antiguo Fábrica de Tabacos edificada aprovechando el espacio del convento de La Merced.
Los restaurantes de más solera se hallan en la parte antigua de la ciudad y el ambiente popular de los establecimientos de bebidas, típico chiquiteo logroñés, se centra en las calles Laurel, San Juan, Plaza de la Imprenta y Calle Mayor. Logroño es una ciudad abierta a todos los caminos, lugar de paso entre la costa mediterránea y la cantábrica, frontera natural entre el País Vasco y Castilla. El comercio logroñés ha sido desde hace siglos una manifestación exterior de la riqueza agrícola e industrial de la comarca. La gastronomía, la artesanía, folclore, las fiestas de San Bernabé y de San Mateo, la potencia, se concentra en la capital. Una ciudad que abre sus brazos en los parques del Carmen, de Chile, de las Chiribitas, del Ebro, de San Miguel, en la zona residencial de la carretera de Soria y las instalaciones deportivas municipales de Las Norias con piscinas, frontones, pistas de tenis, mini golf, fútbol y servicios de ocio y tranquilidad. Logroño es el lugar ideal para pasar los fines de semana y para ser visitado en sus populares fiestas patronales. La oferta es completa.