En esta sección podrás encontrar información sobre los diferentes períodos de la historia de la literatura española, biografías de escritores y escritoras, sus obras más importantes, anécdotas, enlaces...
Por Andreea Giura
Recopilado por Andreea Giura
Historia de la Literatura española
Por Andreea Giura
División cronológica de la Literatura española
Dividir
convenientemente en épocas o períodos una literatura cualquiera resulta
bastante difícil. El paso de unos a otros nunca es tan concreto que pueda
determinarse con precisión. Cada período funde, con sus propios rasgos,
corrientes viejas -o simplemente rezagadas- y tendencias futuras, haciendo tan
problemáticos los límites de entrada como los de salida.
Hoy goza de general prestigio entre nosotros -sobre
todo para aplicarla a los tiempos más recientes- la división por generaciones,
suponiendo que las personas de la misma edad, sometidas al influjo de factores
idénticos, tienen que construir un grupo de cierta afinidad.
En líneas generales, los grandes períodos de la
historia literaria española coinciden con los de las otras literaturas
fundamentales de Europa.
La más admitida clasificación divide la historia
literaria española en los períodos siguientes :
1. EDAD MEDIA
Se
extiende desde las primeras manifestaciones de la historia literaria española
-límite muy impreciso hoy– hasta el comiienzo político de la Edad Moderna en
España, es decir, hasta el principio del reinado de los Reyes Católicos.
Dentro
de una larga etapa se establecen las siguientes subdivisiones:
a)
Época denominada ”anónima”,
que concluye con el siglo XIII.
b)
Siglo XIV, caracterizado por la aparición de las primeras personalidades
literarias como Don Juan Manuel, Arcipreste de Hita, el Canciller Pero López de
Ayala.
c)
Los dos primeros tercios del siglo XV, auténtico prerrenacimiento español,
durante el cual se producen los primeros intentos de adaptación de las
corrientes italianistas.
2.
RENACIMIENTO Y ÉPOCA BARROCA
Representan
en su conjunto la Edad de Oro de la literatura española.
El
humanismo de Nebrija, el teatro y la poesía de Juan del Encina, las quimeras
caballerescas del Amadís de Gaula y el portento de
La Celestina representan las más altas creaciones de este momento
inicial.
El
Renacimiento cubre, en términos aproximados, la totalidad del siglo XVI, y en
él suelen distinguirse dos períodos, las dos mitades del siglo,
correspondientes casi exactamente a los reinados de Carlos V y de Felipe II. Es
frecuente denominar a estas dos partes como Primero y Segundo Renacimiento Español,
calificados respectivamente de "pagano” y ”cristiano”.
Ya
en tiempos del Barroco encontramos los dos genios mayores de la historia
literaria española, Cervantes y Lope de Vega, que crean respectivamente la
novela y el teatro de los tiempos modernos, con fórmulas de validez nacional y
universal al mismo tiempo.
En
el siglo XVII, en plena maduración del Barroco, se desarrolla la picaresca y el
teatro y se intensifican -en acelerado proceso- el conceptismo y el
culteranismo, tendencias específicamente barrocas.
La
muerte de Calderón de la Barca, cima del teatro de este período, en 1681,
suele considerarse como el fin de la época y a la vez del periodo áureo español
en su literatura. Los años que siguen hasta el comienzo de la nueva centuria,
conservan los caracteres generales del siglo, pero en medio de una decadencia
general.
3.
EL SIGLO XVIII
Es
un siglo ”corto”. Su nota característica es la penetración de la
influencia francesa, no sólo en las formas del neoclasicismo literario, sino en
el espíritu ideológico general, inspirado en las corrientes enciclopedistas y
reformadoras. En ambos campos se enciende en España la lucha entre innovadores
y tradicionalistas. Bajo el aspecto literario, el neoclasicismo no da sus
primeros frutos válidos hasta las primeras publicaciones de Feijoo (1726) y la
aparición de la Poética de
Luzán y del Diario de los literatos en 1737; de aquí la aludida
”brevedad” del siglo.
Su
final asiste ya a la aparición de los primeros brotes románticos, que limitan,
en su desenlace, la plenitud y la duración de la época neoclásica en cuanto a
creación literaria se refiere.
La
Edad media
La
Edad Media literaria
Durante la Edad
Media nacen y se desarrollan las lenguas romances derivadas del latín. Y es en
esa Edad, por tanto, cuando surge la literatura en tales lenguas; entre ellas,
en el naciente idioma castellano.
En la literatura
española, la Edad Media se extiende desde los primeros textos artísticos
conocidos (jarchas mozárabes de fines del siglo X y principios del XI; Cantar
de Mío Cid, siglo XII), hasta finales del siglo XV. La última obra
medieval, importantísima, es La Celestina (1499), de Fernando de Rojas.
Las primeras voces
romances que conservamos por escrito aparecen en las Glosas Silenses (de Silos)
y Emilianenses (de San Millán), redactadas hacia el siglo X. Algún monje, con
el fin de facilitar la lectura a quienes ya no entendían ciertos vocablos
latinos, escribía encima de ellos su traducción al romance. Tales anotaciones
se denominan glosas.
La
épica primitiva
Las más antiguas
manifestaciones conocidas de la literatura castellana corresponden a la poesía
épica; más concretamente, a la epopeya. El descubrimiento de unas pequeñas
formas líricas, llamadas jarchas, anticiparía en más de un siglo los límites
cronológicos de la literatura española y exigiría comenzar su historia por la
poesía lírica como más antigua.
Sin embargo, es
preferible seguir la más extendida costumbre de estudiar la épica en primer
lugar: de un lado porque las citadas jarchas, más que poesía castellana
propiamente dicha, son fragmentos muy breves de romance mozárabe adheridos a
composiciones líricas arábicas y hebreas; y además, porque siendo escasa
también la diferencia cronológica, el valor intrínseco del Poema de Mío
Cid, primera obra épica conservada, excede hasta tal punto a las jarchas líricas,
que bien merece ser el pórtico de la historia literaria española.
Pero lo más
probable es que épica y lírica nacieran a la vez, y que ni siquiera se
distinguieran en sus comienzos.
Las cancioncillas
andalusíes denominadas jarchas se descubrieron en 1948. La jarcha más antigua,
de fines del siglo X o principios del XI, es esta:
¡Tant’amare, tant’amare;
Habib, tant’amare!
Enfermiron uellos nidios,
ya duelen tan male
[¡Tanto amar,
tanto amar,/amado, tanto amar!/Enfermaron [mis] ojos refulgentes,/duelen con
mucho mal].
Los
juglares
La difusión, y
casi la existencia, de esta épica primitiva está ligada íntimamente a la
persona del juglar. La obra épica no se componía para ser difundida por
escrito, sino por vía oral, por mediación de los llamados juglares. Estos
hombres recorrían los pueblos y castillos, en incesante peregrinar, recitando
relatos de diversa índole y cantando composiciones líricas que acompañaban
con instrumentos musicales; recibían su paga de los mismos oyentes, que
aguardaban su aparición con apasionado interés. Las obras que ellos cantaban o
declamaban (anónimas) se denominan obras juglarescas. Y la escuela
literaria de los juglares recibe el nombre de mester de juglaría.
Los
“cantares de gesta”
Los relatos épicos
que difundía el juglar reciben el nombre de cantares de gesta. Eran poemas de
carácter en general heroico, y tenían por objeto la vida de personajes
importantes, sucesos notables o acontecimientos de la vida nacional que
merecieran ser divulgados. La palabra gesta ha venido así a convertirse
en sinónimo de “hecho hazañoso”.
Las gestas se
componen y difunden porque satisfacen dos profundas necesidades del pueblo:
- la curiosidad
admirativa ante el suceso notable que provoca interés de índole podríamos
decir novelesca;
- el afán de
conocer aquellos hechos que de alguna manera afectaban al destino de la
comunidad.
Menéndez Pidal ha
definido perfectamente el carácter esencialmente informativo de estos poemas:
«El cantar de gesta nace como substitutivo de la inexistente historiografía,
cuando a falta de amplios relatos en prosa, se daba noticia de los sucesos
importantes en el canto que los popularizaba…». Y explica luego más
ampliamente: «Es aquella edad en que todo un pueblo, llevado de un vivo interés
nacional bastante unánime, poseído de un sentimiento político cálido y
afectivo, más que práctico, requiere una habitual información sobre sus
propios acontecimientos presentes y pasados, y no habiendo llegado aún, en su
desarrollo cultural, a poseer una literatura regularmente escrita, ni menos un género
prosístico historiográfico en lengua vulgar, emplea el metro, la rima y el
canto como medios de publicación para fijar y difundir los relatos de interés
común. Multitud de noticias cantadas en esa edad parecen efímeras, pero se
salvan aquellas que los oyentes eligen, las preferidas del público, y el canto
que goza de favor colectivo, refundiéndose de generación en generación,
perpetúa al héroe, confiriéndole consagración poética inmortal».
Bibliografía:
- Alborg, Juan
Luis, Historia de la literatura española. Tomo I (Edad Media y Renacimiento),
Editorial Gredos, Madrid 1981.