Soldado Universal. El regreso
(Universal Soldier: The Return, 1999)
Película de Mic Rodgers.
Con Jean Claude Van Damme.

En defensa de los ejércitos conquistadores

¿Informé ya que no soy un entusiasta de Jean-Claude Van Damme? La reciente Soldado Universal. El regreso (Universal Soldier: The Return, 1999) no me ha hecho precisamente cambiar de opinión. Un filme sin corazón ni nervios y de una torpeza asombrosa cuando trata de reproducir ambientes y espacios.

Todo comienza con una persecución en lanchas sobre un viscoso río tropicalizado. Los UNISOL (o soldados universales) persiguen a Luc Deveraux (Van Damme) y dama de compañía (Kiana Tom). Los decibeles de la música crap metal son elevados al límite máximo (como en Matrix). Metrallazos y golpes. La secuencia alcanza resolución cuando descubrimos que es sólo un entrenamiento de los UNISOL, en el que Van sirve de histriónico conejillo.

Luego estamos en un campamento militar. En éste se hace de los soldados muertos en las guerras (no se nos informa cuáles) maquinarias invencibles y obedientes. Son los UNISOL. El propio Van se encarga de informar a los que no somos duchos en su filmografía que estamos en una secuela, que en la anterior película él fue un "soldado universal" y que ahora es una especie consejero áulico de un proyecto de defensa que mezcla el vudú y la biotecnología.

El complejo militar que uno podría imaginar cuando menos singular en sus decorados, y laberíntico en su concepción, resulta ser de una clamorosa ordinariez. Es más, el director Mic Rodgers se esfuerza en revelar el andamiaje de película B que tiene este edificio transmoderno. Eso no es lo más ridículo, la computadora Seth, cerebro del proyecto UNISOL y administrador del complejo militar, se reduce a ser una especie de dado mágico que rota metido en una campana de cristal.

Seth, fiel y servicial, entretiene a la hija de Van. La película da a entender que esa hija (Karis Paige Bryant) es importante sentimentalmente para ese padre. Seth se entera (recuérdese que es una supercomputadora) que se ha ordenado suspender el proyecto UNISOL. Seth enloquece en un gesto de sobrevivencia (perdónese este tropo atropellado) y organiza rápidamente su ejército de UNISOLs, los que se salen de madre y toman el poder en el complejo militar.

Lo de Seth es una variante muy poco conveniente, y menos convincente, de lo que sucedía con Hal (otra supercomputadora) en 2,001 una odisea del espacio (Staley Kubrick, 1968). El objetivo de Seth es seguir adelante con el proyecto de UNISOLs, descubrir un código que le permitirá no morir y, por último, encarnarse en un ser humano para superar a hombres y máquinas.

Todos los objetivos los logra, menos vencer a Van. Para encarnarse en el cuerpo musculoso del actor Michael Jai White recibe la ayuda de un hacker resentido (como todos los hackers y críticos que en el mundo han sido). Soldado Universal. El retorno. difunde la idea (que no es nueva) de un hacker superconectado, es decir, lleno de artilugios tecnológicos, que es marginal a la vez y un poco cómico. Esta vez, sin embargo, la mezcla da como origen a un hacker idiota (Brent Hinkley), que se alimenta de pizzas a domicilio.

Cuando los UNISOL toman el poder, parece que nadie los detendrá. Una periodista en busca de "su noticia" (Heidi Schanz) se va convirtiendo en pareja del héroe Van. Se dan besitos de despedida cuando Van va a recuperar a su hija secuestrada por la encarnación de Seth. Van mata, de manera increíble, a Seth y salva una vez más a la humanidad.

Podría uno preguntar qué fábula quiere que creamos El soldado universal. ¿Las guerras con bajas reciclables? ¿El corazoncito de Van Damme? Más bien me inclino a creer que su tesis es el humanismo indoblegable y sufrido de los ejércitos de conquista. Pero aquí la tesis se doblega ella misma ante lo deshilachado del argumento, la imposibilidad de vincular humanamente a los personajes entre sí (algunas lagrimitas de Van no se las tomará en serio el espectador/a que se precie de tal) o ni siquiera "argumentar los espacios", aun cuando estos sean espacios B.

Veo venir al minimalista gárrulo a decirme que peco otra vez de "intelectual", que no he echado de ver que Van sabe karate y que por más señas es "carilindo". Sí, le digo yo, pero en arte se trata de alzarse sobre los vicios y las rutinas, aun cuando defienda algo tan poco inmaculado como puede ser un ejército conquistador. El arte no es "natural", sino estilizado, y los Wachowski en Matrix demostraron que la coreografía es importante para las batallas. Además, estos son artículos de crítica y no la columna semanal de los "bufidos, palabrotas y situaciones sexuales".

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