LA VIDA ES SILBAR (1998)
Película de Fernándo Pérez.
Con Bebé Pérez, Luis Alberto García,
Claudia Rojas, Coralia Veloz, Isabel Santos.

LA VIDA ES SILBAR



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La vida es silbar está entre las mejores del 2000


Con el derrumbe del socialismo europeo, en Cuba comenzó una nueva etapa. Quizá no tanto por impulso propio de las fuerzas internas sino por la aceleración del deterioro que implicó el que sus aliados principales [los gobiernos socialistas] hayan sucumbido. Pero, claro, estos factores han acabado por replantear desde dentro otra mirada. Más escéptica, menos confiada, más alegórica, menos "realista". El ambiente político asimila en su mayor parte las producciones literarias y cinematográficas que, en medio de las carencias, son también especie de objetos de intercambio "ideológico".

Las dos películas paradigmáticas de esta nueva articulación son Fresa y Chocolate (1993) y Guantanamera (1994), ambas codirigidas por Tomás Gutiérrez Alea (ya fallecido) y Juan Carlos Tabío. La utopía propuesta por el personaje principal de Fresa y Chocolate , y sofocada por las circunstancias políticas, es un arte nacional marginal, una especie de nueva autoconciencia posterior a los derrumbes. Por algo, la figura principal que mueve a este personaje es José Lezama Lima, como símbolo poliédrico: nacionalista, escritor elitista, barroco y fantástico, homosexual.

Creo que es Guantanamera la película que alegoriza mejor la situación de la Isla, y avizora de manera más controversial el futuro. Por ejemplo, en la figura de la niña que representa a la muerte y que marca el final de cierto tipo de política (encarnada en el militante del partido, mecanicista y ortodoxo). Dicen que el propio Fidel Castro dijo que esta película significaba una burla a las necesidades del pueblo cubano en el peor período de escasez que le haya tocado vivir. Alfredo Guevara, el dirigente de los cineastas cubanos, se declaro, por su parte, "consternado" por los comentarios de Fidel. Lo cierto es que Guatanamera, que en algún sentido me parece más significativa que Fresa y Chocolate, roza el límite de lo antiproyectivo. Después de la muerte inevitable del ortodoxo del partido y del nacimiento del amor en la pareja de desplazados (Jorge Perugorría y Mirtha Ibarra), el filme no presenta horizontes claros, o todos están lastrados por la ironía y el escepticismo.

La vida es silbar (Fernando Pérez, 1998) se coloca en cierta medida en una posición contraria a la de Guantanamera. En vez de escepticismo, nueva relectura de los orígenes por medio de una fe heterodoxa que incluye las supersticiones, la psicología, la sexualidad, los ritos afrocubanos, la música popular, la religión cristiana, el mito del éxito personal, la ecología. En vez de decantar la realidad con el cinismo, asentar un pequeño reino de valores dispersos. La vida es silbar recurre, asimismo, a la alegoría, pero ya que sus objetivos "débiles" son proyectivos, y por eso mismo complejos, sus lecturas son menos "objetivas".

En sentido general, La vida es silbar es una película experimental que trata de integrar lo insólito a su narrativa. No se trata de un simplista "realismo mágico". Las extrañezas del argumento expresan preocupaciones sociales demasiado presentes para divorciarlas de sus crisis, y verlas con los lentes del folklor. Tres huérfanos se buscan (aunque no saben que se buscan) en una Habana cotidiana, más que fotogénica o mitológica. Una misteriosa narradora (Bebé Pérez) , ubicua como un ángel y necesaria para zurcir la dispersa realidad, conecta las historias de estos tres huérfanos que sólo alcanzarán un sentido personal algo trascendente cuando se encuentren. La posición "trascendental" de la narradora habla de los niveles místicos, como aclimatación de la realidad [una realidad post socialismo], que La vida es silbar persigue. Por otra parte, el hecho de representar a la juventud cubana con estos huérfanos, habla de la orfandad generacional, sobre todo en el sentido espiritual, cuando los modelos sociales de "hombres nuevos" deben ser replanteados.

Elpidio Valdes (Luis Alberto García) es una especie paria, o delincuente menor, que vive como marginal en La Habana Vieja, dado que al parecer ha fracasado como músico, aunque Benny Moré y Bola de Nieves (los paradigmas con los que Cuba, la mujer que lo crió,lo ha educado) le envían mensajes "morales" o cotidianos sobre lo que debe ser su vida. Su esperanza es encontrar a Cuba, quien lo abandonó, cuando él no llenó los requisitos de "hombre nuevo" que se le exigía. La visión simbólica es algo más que transparente en esta figura. En cierto momento, tras su encuentro amoroso con una turista (Isabel Santos), Elpidio decide romper con Cuba, y aceptar su huida junto a su amante en un globo (que significativamente trabaja para Greenpeace) .

Mariana (Claudia Rojas) es una excelente bailarina conocida por su afición a los hombres. Sin embargo, para lograr el papel de Giselle promete ante dios, que no se acostará más con ningún otro. Y cumple su promesa incluso cuando se enamora profundamente de su pareja de baile en el ballet. Mariana hace una excelente Giselle a costa de sacrificar sus apetencias. Este extraño ascetismo o sublimación artística, habla un poco del "rostro" de una Cuba que vive el sacrificio del consumo compensada por cierta "trascendencia" histórica.

Julia (Coralia Veloz) se esconde a sí misma el recuerdo de haber abandonado a su hija de meses. Su neurosis se expresa en que cada vez que escucha la palabra "sexo" se desmaya. Con ayuda del Dr. Fernando (Rolando Britto) se cura de su enfermedad y descubre además que en Cuba pululan las personas que le temen a las ideas y las palabras. Así, en la que tal vez sea la mejor secuencia de la película, el Dr. Fernando, ingresando a otra "situación límite", sale gritando palabras mortíferas (bueno, al menos somníferas) para muchas personas que caen desmayadas cuando las escuchan.

Estos tres personajes principales coinciden el día de Santa Bárbara (4 de diciembre), tras un largo aguacero (en Guatanamera también había una aguacero curativo), en la Plaza de la Revolución. Aunque este encuentro resulta críptico en el desarrollo narrativo de la película, y la narradora principal acaba sentada triste en el Malecón habanero, mientras alguien (Bola de Nieve otra vez?) silba La vida es rosa. Un final melancólico.

La película aparece, asimismo, obsesionada con encuentros marginales y significativos, que hablan en sentido simbólico de ciertas realidades. El taxista que siempre sale al paso de Julia, por ejemplo. O el otro taxista que en medio de la escacés devuelve una maleta llena de dinero a un turista. O el hombre (Jorge Molina) que contempla caracoles. O el otro que se autoacusa de feo. La presencia de estos personajes configura una especie de "mural" de la marginalidad, ya sea fuera de los discursos oficiales o integrados de manera paradójica a ellos, pero siempre "santificados" por la carencia.

Fernando Pérez ha realizado antes dos películas más o menos realistas. La semi épica Clandestinos (1987) y el drama Hello, Hemingway (1991). En ambas demostraba cierta seguridad para el desarrollo dramático y sostenida ambientación. No conozco su película de 1994, Madagascar. Sin embargo, La vida es silbar supone cierto rompimiento con lo referencial, y como ya dije, su ubicación en un campo más experimental y alegórico. En general, el cambio responde a la nueva hora cubana, y como tal La vida es silbar es una respuesta transicional muy valiosa. Al menos la apropiación subjetiva de la orfandad social y el ascetismo nacional, es un referente que no ha sido explorado mucho. A pesar de plantearse como comedia, esta película no es para reír, sino para meditar (silbando). Y en esta meditación alcanzan muchas inseguridades tanto del planteamiento narrativo de la película como de la lectura de los diversos espectadores. En este sentido sólo me atrevería a reclamar cierta tendencia de los actores (sobre todo Claudia Rojas y Luis Alberto García) ha "interiorizar" demasiado los dramas de sus personajes. Creo que actuaciones distanciadas (como las que hasta cierto punto ofrecen Coralia Veloz y Rolando Brito) habrían ensanchado las posibilidades y riquezas de una lectura alegórica.

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