|
Los muchachos no lloran (Boys don´t cry, 1999) Película de Kimberly Peirce. Con Hilary Swank y Cloé Sevigni.
|
LA CRUELDAD DEL PROFUNDO MEDIOESTEDonde los muchachos no lloran
“En mi infancia conocí los sentimientos amorosos más intensos, ajenos a toda atracción sexual, hacia niñas de mi edad, y también hacia niños. Mi alma niña y niño, como decía Lorca.”
La discusión de la identidad va en esta película de la epifanía al desafío, y después al horror. Primero hallamos a Teena Brandon (Hilary Swank) decidida a saltar por sobre la identidad genérica: será un muchacho en su primer cita a ciegas con una muchacha. Lo básico es lo imprescindible: corte de pelo masculino, jeans y camisa a cuadros. Luego Brandon (ya sin el molesto Teena como nombre, sino como apellido), a quien se le cuentan algunas actividades delincuenciales menores, viajará a Falls City, a 100 km. de su pueblo natal, donde encontrará, en un grupo de amigos muy diferenciados en cuanto a género sexual (los hombres rudos, las mujeres obedientes), la posibilidad del desafío. Este punto, nos lleva al tercero: la asimilación de Brandon como muchacho es improbable, así de impermeables son las duras identidades. Aunque Brandon acumula, con todo derecho, no pocos triunfos amorosos con las chicas, en los que siempre recurre al truco y la fabulación, su desafío y actuación masculina sigue siendo periférica, si de una verdad existencial profunda se trata. Al conocer el amor con Lana (Chloë Sevigni), y de hecho ser aceptado en su ambigüedad, es vengado cruelmente por los “vaqueros” de la película – que no arrean vacas sino su propia consciencia genérica -. Es un viejo truco, una vieja violencia, de los machistas. “Hacer mujer” a una mujer que ha optado por amar a otras mujeres, implica usar su cuerpo para “despertarlo” y devolverlo a la “normalidad”. En nuestros viejos pueblos rurales (Managua, León, Granada) se dice de la lesbiana procesada por los machos: “la hicieron parir”. Un castigo ejemplar de incidencias dramáticas claras. En los viejos Estados Unidos, más bien en los profundos y rurales Estados Unidos, y según Los muchachos no lloran, las raíces van hasta los viejos vaqueros. Pero la directora del filme, dirige su crítica no sólo en contra de estos demonios de la singularidad, sino en contra de la propia Teena Brandon, criatura humana vista en la película con ternura y valentía. La crítica del disfraz de vaquero y la sumisión de Brandon a parámetros que no le corresponden, es evidente. La directora del filme, no reduce todo a una consigna del feminismo radical (incluso en una historia que tiene no poco de esquemática). Y esto es así por su sobriedad al mirar, la delicadeza artística y el tenso y acertado ritmo de la película, los que dejan a Brandon/ Teena la posibilidad de respirar como personaje, la facultad y libertad de vivir y equivocarse, de mentir y ser cándido en sus mentiras, y tratar de reparar los daños. (Una diferencia evidente con los encorsetamientos sobre los personajes del cine hollywoodense más popular.) En este sentido, Los muchachos no lloran es un ejemplo paradigmático de “cine comprometido”, es decir, un cine crítico, en donde es tan refinada la crítica social que ejerce, como el planteamiento artístico que practica. Tómese como una hipótesis quizá verificable: no puede haber crítica social mostrenca, no puede haber planteamiento artístico chato en una obra de arte crítica (valga la redundancia). El resto es taller.
La utopía del margenLos muchachos no lloran está más acá de la mera fotogenia o afán paisajístico. El envés neocapitalista es marginal: Brandon cree haber encontrado la comunidad utópica, en Falls City, en donde conviven muchachos y muchachas en una exaltación apuntalada por los estupefacientes y la delincuencia de poca monta. Brandon conoce, en este grupo, a Lana, la frágil poseedora de “los ojos azules más bellos de Texas”. La historia de amor entre ambas sobrepasa el mero interés amarillista: resulta verdadera, fuerte y sostenida (que yo recuerde, desde El paciente inglés nada tan arrebatador al respecto). Todo bien mientras todos crean que Brandon es un hombre. Pero el tropiezo está a la vuelta de la justicia: atrapado en raterías menores, Brandon inicia su desenmascaramiento. Este llega a su culminación de manera humillante primero: John (Peter Saasgard) y Tom (Brendan Sexton) registran sus genitales para descubrir “la verdad” (¡qué científicos!). Después se acelera la tragedia: Teena Brandon es violada de manera múltiple. Y más tarde, mediando su plan de huida con Lana, asesinada. ¿La utopía del margen? Sólo si el margen comprende la miseria de la identidad, la ceguera de la “normalidad”. Los muchachos no lloran es como un paisaje humano y geográfico de la felicidad posible que se va degradando, que sucumbe ante la secreta (o vocinglera, según se vea) crueldad del mundo. Kimberly Peirce es capaz de expresar esto no sólo en las visiones elípticas del paisaje semirural amenazado o dominado por la modernidad, sino también en el cálido diseño de los personajes, la seguridad con que cuenta la historia y la admirable dirección de actores y actrices. Por otra parte, no se celebrará suficiente el talento de Hilary Swank y el contrapunto que establece con Cloë Sovengny, en el papel de Lana, con su sobria y concentrada actuación. Al final de la película uno se entera que Los muchachos no lloran está basada en un historia real, y se agradece que la película no incurra en la propaganda “realística” (al estilo de Inocencia interrumpida o Huracán), sino que se limite a parecer verdadera en base a todos los posibles que plantea. Más allá del “white trash” (los blancos criminales del submundo), el paisaje, y el indeleble romanticismo de Los muchachos no lloran, prometen que en un mundo “verdadero” la ambigüedad será dejada en libertad para retornar al mito o al lirismo (como en el epígrafe de Buñuel y el verso de Lorca). Los muchachos no lloran es eso mismo: la tragedia que no reniega del poderío lírico. Alguien recordará, y con razón, a Romeo y Julieta. | |
|
Un domingo cualquiera (Any Given Sunday, 1999 Película de Oliver Stone. Con Al Pacino. |
PARA CUALQUIER DOMINGO
|
Más películas |
| Más películas | Otros artículos | Correo |