| Tierra de policías. Película de James Mangold, con Silvester Stallone y Robert De Niro. Título original Copland |
COPLAND O LA TIERRA MEDIOCRE
COPLAND (Tierra de policías, 1997) es la apoteosis del tono menor provincial norteamericano, televisivo, correlato enfermizo de los libros de la semana Readers Digest. El guionista director James Mangold amalgamando dormidas secuencias, ahueca el tono para contar un drama moral en el que Stallone reasume su identidad: la carne maciza, ya aflojada por la edad en la cintura, el conformismo (ver el Show de Geraldo en la T.V., escuchar a Willie Nelson, ¿o era Bruce Springteen?, en discos de vinil, soñarse policía), pero sobre todo el esclerótico resentimiento del hombre medio y su existencialismo endulcorado, lloroso, despreciable. Mangold va en la senda de realizadores como Clint Eastwood, que insisten en la épica de los solitarios que arrancan algo al mundo casi siempre cerrado, y peligroso, de los valores norteamericanos. Pero si Eastwood logra a veces ser ríspido, incluso arcaicamente poético, Mangold nos ofrece el dulcete aliño de este sherrif inútil y medio sordo. El realizador insiste en convencernos, después de tanto Rambo, que los ojos de Stallone no son del todo feos, gracias a los insistentes primeros planos. Por otra parte que su corazón no puede ser menos azucarado: choca el carro cuando un venadito le cruza delante, ¿sería Bambi? Salva la vida de una mujer pero esta no le pone mente (sexualmente quiero decir). Con tanto dulce resentimiento, en esta película Stallone acaba luciendo como una glándula inflamada por adiposidad y lágrimas. Copland cumple con la torpeza de identificarse crasamente con la imagen iconográfica tradicional de Silvester Stallone. Desde Rocky era macizo, torpe y de una estupenda contextura mental media, melodramática, resentida y proclive al reaccionarismo de suburbio. Allí su mascota era una tortuguita. En Copland, se ocupa de recuperar la tortuguita de tela de la mujer que ama, lo cual puede resultar significativo. Ya para los tiempos de Reagan, el forzudo y tozudo muchacho había degenerado en la bestia antivietnamita de Rambo, una metamorfosis esperable. Ahora, con todo y los deslices liberales de Clinton, el sheriff Stallone demuestra que puede ser un héroe de baja intensidad, provincial, patético y cumplidor. Se me olvidaba decir, a propósito, que bajo la almohada del realizador Mangold, se encuentran los rollos de Forrest Gump, un idiota con mucha más suerte que la de este sherriff. En Garrison casi no sucede nada, en apariencia, pero es tierra podrida. La policía esta aliada con la mafia y es racista. El investigador de la agencia especial Moe Tilden (Robert De Niro figurando de incognito y anónimo) no puede demostrarlo. A partir de un asesinato de negros, el culpable (otro policía) es dado por muerto, falsamente, y escondido en casa de su tío, el mandamás del pueblo de policías. Es una obvia falta al deber que subsana Freddy (Stallone), el alguacil que hasta entonces era cómplice de las fechorías, y entrega al falso difunto. Así Copland cierra su lección moral: incluso los idiotas forzudos tienen su coranzoncito y sus proezas éticas. Garrison decae, Garrison, el pueblo fundado al amparo de los años setenta, ¿no es sintomático? Por supuesto, aunque la historia esta úbicada en los noventa, el clima moral conformista y somnífero remite a los setenta y aun más atrás, a los cincuenta, cuando todo era quieto, se podían contar pleitos entre hombres buenos y malos, y la paz de la tierra podía ser reconquistada con lecciones de hombres medios y patéticos. Copland es como un teleplay de domingo que se usa para dormir luego del almuerzo, con la esperanza puesta en que ya no es necesario derribar helicópteros y matar vietnamitas para ser un héroe, como pensaba Reagan cuando podía pensar. El sheriff Stallone es tan fiel a su época, que es incurablemente puritano, un besito en la mano y ya, nada de esos abusos extramatrimoniales a lo presidente Clinton, ni siquiera casado el tipo, soltero, tozudo, sordo. Con veinte más como él y ni siquiera el Apocalipsis será interesante y violento, será un Apocalipsis de baja densidad. Deje entonces Ud., Señor(a) lector que se hunda esa monótona Copland, para mientras esperamos el hundimiento del Titanic. Así sea.
|
Más películas
|
| Más películas | Otros artículos |